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Secreto de alumna - Capítulo 13

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13: Capítulo 13 13: Capítulo 13 —Estas muy linda.

—Estoy igual que siempre —contestó Sera queriendo sonreír, aunque sin hacer mucho espamento ante el cumplido que Diggory le hizo y siguió copiando de la pizarra.

Él sonrió de costado mientras la observaba.

—Me gusta cuando dejas abierta tu capa —le dijo por lo bajo, sentado a su lado—.

Pero me encantaría que te la quitaras.

Ella lo atacó con la mirada.

—Sigue soñando, Diggory.

—¿Tienes planes para hoy?

—dijo el muchacho y se estiró en su silla mirando hacia el frente.

—Tengo tesis, pero a las siete de la tarde.

—¿Quieres salir?

¿Vamos a Hogsmeade?

—ella hizo una pausa.

Definitivamente no quería tener más problemas con Snape, así que aceptó siempre y cuando volvieran a Hogwarts a tiempo.

El castaño sonrió y siguió escribiendo.

La clase había finalizado al fin, pero antes de que Sera saliera, el profesor habló en voz alta.

—Señorita Blackwood, usted quédese un momento por favor —le pidió Lupin a lo que ella aceptó sin contrariarlo.

Guardó sus libros viendo cómo los demás salían del salón y ella iba quedando sola.

Cuando por fin se fueron todos, ella habló.

—¿En qué puedo ayudarlo, profesor?

—él suspiró.

—Hace varios años que no veo trucos de la índole que ví anoche —sonrió nostálgico.

Ella se tomó unos segundos para responder y, aunque supiera perfectamente a lo que se refería Lupin, actuó con una suerte de inocencia.

—¿De qué habla?

—Sus habilidades me sorprenden, Blackwood.

Debo decir que aunque ahora tengo que mantener la cordura de un profesor, yo también fuí un rebelde cuando era joven.

No hubo lugar para seguir mintiendo.

Ella se encontraba expuesta luego de haber logrado conjurar un hechizo a la perfección y eso, así de difícil que pareciera, no había tenido éxito en frente de Remus Lupin.

Tragó con su boca seca.

—Siento haberle mentido, profesor —ella sintió calor en sus mejillas, como si hubiera sido una principiante avergonzada.

¿De verdad creyó que podría engañar a uno de los famosos Merodeadores?

Pues por un momento creyó que lo había conseguido.

Lupin la observó desde su escritorio, todavía luciendo su media sonrisa.

—No se sienta apenada porque descubrí su hechizo.

De hecho fue muy convincente y de un nivel superior para su edad —elogió el profesor—.

¿Dónde aprendió ese tipo de encantamientos?

Ella ahora dispersó sus ojos de los de él y comenzó a recordar cuando su padre le enseñaba los hechizos, cuando su madre le escribía mini lecciones en pequeños cuadernos.

—Mi familia fue la que me enseñó.

—Debe tener padres muy estrictos —ella volvió a mirarlo.

—Lo eran, sí.

Pero también muy amorosos —Lupin se paró de su asiento.

—Lo siento, no sabía.

—No hay problema, profesor —él rodeó el escritorio para enfrentarla.

—En fin, quería decirle que me parece una gran bruja, y seguramente será igual o más brillante el día de mañana —Sera le agradeció—.

Y ya no necesita mentirme.

Una pausa invadió la charla y Lupin inclinó su cabeza hacia abajo para enfatizar sus palabras.

—¿Me dirá entonces por qué salió de su habitación tan tarde?

—ella intentó mantener la tranquilidad, pero se le complicaba teniéndolo tan cerca y analizando todas sus expresiones.

—Es que —Mordió su labio inferior y pasó su lengua por dentro de su boca.

Esto era terrible y no podía revelarle a Lupin que estaba interesada en Snape.

Aunque pensaba en que él ya conocía la relación de ella con Cedric, entonces optó por ese camino— quería encontrarme con alguien.

Su profesor levantó una ceja.

—Oh, ya entiendo por dónde va el problema —concedió el mayor—.

Diggory… Sera no dijo nada, sólo le sostuvo apenas la mirada aunque divagó un poco y entonces él dió otro paso hacia ella.

—Sé que no me incumbe… pero creo que una bruja que sepa engañar a un profesor con un hechizo de nivel 3 le queda corto estar con alguien que a duras penas sabe lo que es un polvo Flu.

Las palabras de Remus eran decididas, ella no sabía por qué él le concedía tanta confianza y le molestaba que no fuera Snape el que le hablara así.

—Bueno, no lo pude engañar del todo profesor —sonrió e hizo que él sonriera también.

—Si mal no recuerdo, a principio del semestre leí el reglamento de Hogwarts y… ya sabe lo que le voy a decir —Lupin buscó sus ojos verdes.

—Están prohibidos los besos —conjuró y él asintió con la cabeza.

—Pero sería un aguafiestas si le dijera algo así.

—Porque usted es un profesor vanguardista —continuó Sera, haciendo que el mayor ensanchara su sonrisa tras esa descripción.

Suspiró y continuó.

—Sólo quiero cuidarte Seraphine —ahora, ella también suspiró.

—Lo sé.

Siento haberle mentido, no se merece eso luego de haber sido tan bueno conmigo.

Y también le agradezco por no sancionarme —dijo esto último un poco más bajo.

—Debes saber que esa no es mi forma de enseñar.

—Seraphine bufó.

—Ahora me siento una tonta.

Tras las palabras de la Slytherin, Lupin subió su mano y acarició su mejilla pálida con suavidad.

—No lo hagas.

Eres la chica más inteligente que conozco.

No quiso ver sus ojos directamente, creía que los azules de su profesor eran ventanas a su interior.

Y quería mantener sus secretos bajo la alfombra lo más que pudiera.

Al cruzar la puerta del salón de “Defensa contra las artes oscuras” exhaló maldiciendo en silencio.

Si bien había salido ilesa de la situación, una cosa era segura: no volvería a meterse en un problema semejante.

Ella era bastante inteligente para caer en esas tonterías, pero su astucia no había sido suficiente esta vez.

Necesitaba dar un respiro fuera del aula empolvada así que se adentró en el jardín del colegio.

[…] —Hoy estuve en el lago y pude ver un billywig ¿Sabes qué raro es encontrarlos en esta época del año?

—explicó Luna entusiasmada mientras Sera apretaba la tela de su corbata entre sus dedos.

—De esos está lleno por tu casa ¿no?

—preguntó la Slytherin, recordando aquel verano en el que Luna la había llevado a conocer a su padre.

—¡Sí!

Con los que hicimos la poción calmante.

—Me vendría bien ahora —confesó Sera, mirando la fuente de piedra que estaba en el jardín.

—Hice un poco, la tengo en mi habitación.

—La castaña sonrió y la miró con ternura.

—Gracias.

Luna se paró sacándose los zapatos y pisó el césped fresco.

—Mientras tanto prueba alternativas.

Siempre tenemos que ver más allá de nuestros miedos.

Sera la observó y estiró su mano para que Luna la ayudara a pararse.

También quitó sus zapatos y sintió el césped con sus plantas desnudas.

—¿Cuánto tiempo piensas que tardaremos en resfriarnos?—observó Sera, pero la rubia no se inmutó, sólo dio un profundo suspiro cerrando los ojos.

—Quizás mañana.

La Slytherin soltó una carcajada, aunque Luna no pareció estar bromeando.

—Siempre me haces sentir mejor.

—También cerró los ojos y se dejó llevar por ese sentimiento de calma junto a su amiga.

[…] —¿No prefieres una cerveza de mantequilla?—le preguntó Cedric cuando vió el vaso de chocolate caliente que le trajeron a Seraphine.

—Ya te dije, tengo tesis más tarde, no puedo tomar alcohol.

—Cierto—ella se llevó la taza a los labios pensando en que quizá no había sido buena idea salir de Hogwarts.

Lo único que pensaba era en que no se le hiciera tarde para su clase con Snape.

—¿Cómo estuvo la práctica?—le preguntó la castaña para sacar charla.

—Bien, hoy derribé al bobo de Weasley, ni se dió cuenta de que lo seguía—mientras Cedric hablaba, ella dió una vuelta con sus ojos por el mobiliario de las “Tres escobas”, pensaba que la decoración de las cabezas reducidas colgadas le daban un aire algo grotesco.

—¿Y tú cómo haces?

—¿Yo?—Sera no tenía idea lo que le había preguntado.

—¿Cómo haces para aguantar dos horas al murciélago, además de las clases de pociones?—ella se quedó callada por un momento.

Si hubiera sido honesta, le habría dicho lo mucho que disfrutaba la compañía de Snape, le habría contado cuántos segundos tardaba en mojarse tras escuchar esa voz gruesa y áspera.

Le habría confesado la intensidad con la que se tocó pensando en el pelinegro la noche que descubrió que él se la imaginaba en su oficina.

—Bueno, a mí siempre me interesó la investigación de pociones, creo que viene de familia—no mintió del todo.

—Está bueno que seas el cerebro, yo vendría a ser la fuerza—constató el castaño provocando un rostro confundido en Sera.

Ahora pensaba en lo que le había recomendado Lupin aquella vez—Hey.

—Dime.

—¿Terminaste?—ella vió su taza medio vacía—¿Vamos afuera?

Cuando salieron del bar, Cedric tomó a Sera de la mano, la atrajo más cerca y apretó su cuerpo contra el de él.

—¿No es grandioso que aquí nadie nos pueda decir nada?—bajó un poco su cabeza para adentrarse en los labios de Seraphine a lo que ella no se negó.

Pudieron besarse con más libertad gracias a estar fuera del colegio y no tener reglas que cumplir.

Pronto los besos de Cedric escalaron y se volvieron más apasionados, ella siguió su ritmo hasta que el muchacho volvió a hablar: —Ven—la llevó a un lugar por donde la gente no molestaba en el medio del paso.

Cedric puso a Seraphine contra la pared de ladrillos iluminada por una cálida luz anaranjada y comenzó a besarla otra vez.

Ella disfrutó del ida y vuelta, debía decir que venía con ciertas ganas de que algo pasara desde la noche de la fiesta, pero tampoco deseaba hacer un espectáculo en la mitad de la calle.

Él apoyó su pelvis en la de ella para que sintiera su erección y así se mantuvieron un buen rato en un vaivén sensual.

En uno de esos idas y vueltas, de besos y agarre, Sera vió el reloj de la calle de Hogsmeade que marcaba las 6:15.

—Cedric—le dijo entre besos—ya debo regresar.

—¿Justo cuando estamos así de bien?—él hizo un movimiento de pelvis y la apretó más.

—Lo siento.

El muchacho bufó fastidiado.

Sabía que no podían hacer nada en la calle, pero se venía quedando con las ganas desde hace días atrás.

Él la tomó de la mano y la acompañó de regreso a Hogwarts aunque, durante el camino, un negocio antiguo llamó la atención de Sera y se detuvo.

—No tardaré, espérame aquí—Ella entró al lugar pintado de bordó donde vendían varios artículos, pero quiso comprar uno en particular.

—Oh, está de suerte pequeña, es el último que me queda—Sera sabía que no podía volver mostrándole a Cedric su adquisición ya que ni siquiera era para ella, sino, para su profesor.

Una especie de regalo si se quería.

Le pidió al hombre que se lo envolviera y salió con rapidez, casi sin darle muchas explicaciones a su acompañante.

Seraphine no solía derrochar su dinero, tampoco hacía alarde de él.

Simplemente sabía en qué cosas valía la pena gastarlo.

Su fortuna heredada de sus padres permanecía en Gringotts y planeaba mantenerla allí hasta graduarse y poder utilizarla en crear su propia fundación escuela, en donde vendrían criaturas y seres de todo el mundo mágico.

Es lo que imaginaba de su futuro y lo que siempre imaginó: enseñar magia a todos los que no hayan tenido la suerte de asistir a Hogwarts o que no hayan nacido en alguna familia adinerada.

El camino a la estación de tren estuvo silencioso, también cuando se sentaron en las butacas.

Ella eligió el asiento de la ventana y Cedric ocupó el de al lado tomando sin disimulo la pierna blanquecina de Sera provocando que ella levantara su mirada para corroborar que ese vagón estuviera vacío.

Él acarició su muslo y volvió a besarla.

Subió sus dedos un poco más hasta llegar a su entrepierna.

—Déjame tocarte—le pidió entre besos.

Ella tenía sus piernas muy tensas entre sí.

A pesar de que tenía ganas, dudaba seguir con esa escena y meterse en problemas.

—¿Y si alguien sube?—preguntó Sera y Cedric continuó acariciándola.

—Nadie nos verá.

Si bien ella sabía que ese no era un lugar seguro, la situación le generó adrenalina.

Una adrenalina mezclada con peligro y ese sentimiento era uno de los que más le atraían a la Slytherin.

Así que relajó sus piernas para que el castaño continuara su camino.

Ya que Sera llevaba falda, no le costó mucho llegar a su ropa interior.

Cedric corrió su braga y comenzó a tocar su humedad haciendo círculos con sus dedos.

—Tócame tú también—le pidió entre besos, a lo que ella abrió los ojos para asegurarse de que todavía estuvieran solos.

Llevó su mano hacia el bulto que se formaba en los pantalones grises del castaño y acarició su falo por encima de la tela.

No se atrevió a mucho más, aunque eso alcanzó para que él gimiera por lo bajo.

No pasó mucho tiempo desde que habían empezado pero Cedric bajó el ritmo del movimiento de sus dedos, estaba concentrado en acabar.

El tren paró en la estación en la que subieron dos personas.

Una de ellas era un hombre de capa que se sentó a unas butacas de distancia, entonces ella apartó la mano que estaba entre sus piernas.

Cedric llegó al orgasmo gracias a un par de caricias, aunque ella tuvo que conformarse con no ser descubierta.

Cuando llegaron a Hogwarts Cedric la acompañó por los pasillos hacia la clase de Snape, pero ella sólo quería dejarlo atrás y entrar de una vez.

Sera se despidió en el pasillo antes de llegar y aceleró su paso visualizando la entrada del salón de pociones.

Supuso que no era tarde porque el tren había llegado y cuarto para las siete, así que no se preocupó por su tardanza esta vez.

Ni bien corrió por el pasillo sintió cómo su entrepierna le molestaba.

Se había quedado con ganas de culminar su orgasmo y no había podido.

Cuando llegó, se detuvo para relajar su respiración pero, antes de abrir la puerta, el brazo de Cedric la tomó y ella largó un grito corto de susto.

—Te olvidaste de algo—le dijo acorralándola contra la pared, entonces ella resopló enojada.

—¿Qué haces Diggory?

—Un beso de despedida—insistió el joven y tomó su cintura.

—No, basta.

Ya debo entrar—Sera se soltó del agarre, aunque él no se movió.

No lo hizo hasta que una voz gruesa y conocida le habló desde la puerta de madera.

—Creo que la señorita dijo específicamente que no, Sr.

Diggory.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES Luisinasebert ahhhh nos espiaba el murciélago!

hola amis!

espero que hayan disfrutado el cap de hoy.

Junté dos capítulos así era más largo 🙂 el que viene vamos a estar solitas con Sev.

besos!!

las amo!

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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