Secreto de alumna - Capítulo 15
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15: Capítulo 15 15: Capítulo 15 Sev’s pov: Otro día sin besarla.
Cada día que pasaba sin probarla me parecía más tortuoso que el anterior.
Y si bien yo estaba acostumbrado a sufrir, nunca me imaginé que podría sentir pasión de nuevo.
Mucho menos a mis treinta y cuatro años.
Mucho menos por mi alumna de dieciocho.
Lo único que me aliviaba era pensar que ése sería el último año que Seraphine cursaría en Hogwarts, que después de diciembre yo ya no sería su profesor y, por consiguiente, no habría problema en encarar nuestra polémica relación —si es que había alguna—.
—Severus, qué bueno que te encuentro —me interceptó Lupin con su cara de tipo inocente.
—No puedo decir lo mismo.
—Deja de renegar conmigo, ya te dije que dejáramos el pasado atrás.
—¿Qué quieres, Lupin?
—¿Por casualidad esta tarde tienes clase de tesis?
—apreté mi puño.
—¿Por qué?
—Estoy algo atrasado con la mía y ya que Seraphine es tan brillante te la quería pedir prestada esta tarde para que me ayudara a avanzar.
Mi sangre empezó a calentarse y apreté mis dientes dentro de mi boca.
—¿De qué demonios estás hablando, Lupin?
¿Que acaso Malfoy no está cumpliendo ese propósito?
—Sí, pero ya faltó varias veces y debo entregar los pergaminos este lunes.
—No es mi problema.
—Me dí la vuelta para salir caminando, pero él me siguió por el pasillo y me enfrentó.
—Vamos, hombre.
Seguro que ustedes están hasta adelantados.
—Mira, te lo diré por última vez porque veo que no entiendes.
—Me aproximé y le hablé pausado—.
No quiero saber nada relacionado contigo, no quiero que me hables como si no pasara nada y en tercer lugar; Seraphine no es un “objeto” para que te lo pueda prestar.
Es cuestión de decencia, no te va a matar serlo alguna vez en tu vida.
Me retiré de esa situación sin esperar una respuesta.
¿Cómo se atrevía a pedirme tal cosa?
Lupin me hacía revivir unos de mis peores momentos en Hogwarts, una adolescencia dura en la que él junto con sus amigos se habían empecinado en hacerme la vida imposible.
Aunque si había algo que me consolaba era el hecho de que ahora todos ellos estaban en lugares mucho peores que el mío.
Pasé a buscar a Seraphine por la entrada de la Sala común de Slytherin.
Era sábado y ese día cumpliría su castigo ordenando mi cuarto de pociones.
—Ésta es la llave, Blackwood.
No la pierda, es la única que tengo.
—De acuerdo, profesor.
—Estaré con usted en un rato, Dumbledore me necesita para arreglar unos asuntos del ministerio.
—No hay problema, lo esperaré —me dijo con voz suave.
Debo decir que me hubiera encantado encerrarme con ella en ese pequeño cuarto ahora que tenía la oportunidad.
Me lamenté de eso en mi camino al despacho de Albus.
Enderecé mi espalda ya que tenía la mente como un torbellino de pensamientos oscuros.
Creía que huyendo de su cercanía podría dejar de sentir como la sangre me hervía y se acumulaba en mi entrepierna.
Caminé por el pasillo imaginando mi mano metiéndose debajo de su blusa blanca, llegando al brasier que envolvía sus pechos y que distinguía a la perfección a través de la tela.
Hoy estaba particularmente hermosa vistiendo ropa casual en vez del uniforme, pero la verdad es que cualquier prenda que ella usara me era indiferente porque, al fin y al cabo, lo único que quería era quitársela.
[…] Seraphine´s pov: Creí que Snape me acompañaría al cuarto de pociones, pero sólo me entregó la llave y se retiró.
Supuse que eso era mejor, tendría tiempo suficiente para cumplir mi castigo sin que él se enterara del arma que usaría a mi favor.
Snape me prohibió hacer magia, aunque no me dijo nada acerca de los elementos mágicos.
Llegué a la puerta del pequeño cuarto y giré la llave para entrar.
Luna me había prestado unos lentes con los que podría ver el contenido de cada poción y así acortar el tiempo de mi tarea a la mitad.
Me puse esos anteojos notando lo evidente que era el color de cada frasco y sus texturas.
Debo decir que fue más fácil de lo que pensé y al cabo de un rato ya estaba por terminar.
No contabilicé el tiempo a reloj, supuse que no había pasado mucho, pero todavía estaba sola y no había señales de Snape.
<Bueno, creo que eso es todo> Guardé los lentes por debajo de mi ropa porque mi profesor me había prohibido llevar mi varita, así que no había otra forma de desaparecerlos.
La sombra de un conocido se asomó por la puerta que estaba abierta y levanté mi mirada.
—¿Seraphine?
¿Qué haces aquí?
—me preguntó Lupin, aunque se notó más alegre que confundido.
—Cumpliendo castigo —expliqué con media sonrisa.
—Parece que estás bastante desobediente últimamente —me dijo, recordando algunos percances que también había tenido con él.
Entró al cuartito y se apoyó en uno de los estantes.
Parecía que quería hacer sociales.
—Esto es por llegar tarde la vez que usted me llamó después de clases —expliqué.
—Oh, ¿así que es mi culpa?
—cuestionó sarcásticamente.
—Descuide, profesor.
El único que me metió en problemas fue Diggory.
—En eso podemos concordar.
Suspiré, y a pesar de que le había dicho a Snape que lo esperaría expectante en el pocionero, ahora mi pequeña fantasía con él empezaba a diluirse ya que Lupin no parecía marcharse pronto.
—Quería consultarte —me preguntó, sacándome de mis pensamientos—.
¿Cómo vienes con tus clases de tesis?
¿Estás al día?
Me extrañé ante la duda.
—Sí, de hecho, vienen excelente.
—Qué bueno, me alegro mucho.
Porque te quería preguntar si podrías pasar por mi oficina esta tarde así me ayudas con la mía.
—No entiendo, ¿Malfoy no lo está haciendo?—Lupin soltó una risa.
—Sí que se nota que pasas tiempo con Snape.
—lo ví confundida y me explicó— Él me preguntó exactamente lo mismo.
—Oh… mire, profesor yo— —Lo sé, me vas a decir que no puedes —contestó con determinación y yo negué con la cabeza.
De repente se escuchó un estruendo por la parte de afuera y una ráfaga de viento hizo que la puerta se cerrara.
—No se abre —observó Lupin al forzar la manija.
—Yo tengo la llave, déjeme intentar.
Giré la muñeca pero la llave no daba la vuelta.
Era como si no estuviera cerrada con seguro.
Al ver que eso no funcionaba empecé a probar alternativas.
—Deme su varita— le pedí al mayor, aunque antes de dármela conjuró un alohomora para destrabar la puerta sin efecto alguno.
—Esto es extraño— expresó confundido y yo estiré mi mano para que me entregara la varita.
—Supongo que este percance debe tener algo que ver con alguna broma de Peeves.
Si es así sólo nos sacará de aquí un hechizo mixto —expliqué, ya que Peeves era un poltergeist.
Lupin asintió con la cabeza y me dejó continuar.
—“Maleficio oscuro, maligno y cruel que atraviesas la madera sin riel, es mi orden desactivarte.
Finite Incantatem” Se escuchó un clic y la puerta se abrió.
Él, entonces, me miró sin sacar esa sonrisa pícara de su rostro.
—Por algo eres la mejor, Seraphine.
Ambos nos miramos antes de cruzar la puerta, Lupin halagó mi hechizo mixto aunque, por el contrario, yo me decepcioné un poco de él.
Siendo profesor de DCAO creía que debería haber estado a la altura del encantamiento.
Antes de que pudiera voltear hacia la puerta, la voz grave y conocida por ambos inundó la habitación como un sonido parecido al trueno que habíamos escuchado antes.
—¿Qué significa esto?
Snape interceptó de manera abrupta cuando nos encontró en ese pequeño recinto.
Y aunque Lupin quiso explicar lo que había pasado, la mirada sanguinaria del pelinegro lo pulverizó antes de que pudiera hacerlo.
—¿Puedes explicarme en el nombre de Merlín qué haces en mi pocionero personal encerrado con una alumna?
Y sé preciso si quieres que te deje salir de aquí con todas tus extremidades, Lupin.
Tragué en seco como si hubiera pasado algo terrible, aunque sólo eran los celos de Snape los que me hicieron estremecer.
—Severus, deja de pensar idioteces.
Sólo se trabó la puerta.
Snape miró fijo a Lupin acercándose un poco más a él con su rostro de piedra.
Parecía que le iba a lanzar un ‘expelliarmus’ en cualquier segundo.
—Estás en la cuerda floja, Lupin ¿o debo recordarte tu pequeño incidente la otra noche de luna llena?
—Basta, Severus.
—¡Profesor, por favor!
—me animé a reclamar y ambos me vieron.
—No hagamos una escena en frente de Seraphine, Severus.
—Tú no me vas a decir lo que debo hacer, Lupin.
Las aguas no se calmaban en lo más mínimo y mi única alternativa era mover la varita que tenía a mi alcance.
Invoqué un pequeño hechizo que le sacó la memoria a Lupin de forma momentánea y lo confundió un poco.
—¿Q-qué estaba haciendo?
Snape volteó con mirada cómplice.
—Váyase, Lupin.
—espetó el pelinegro y yo estiré mi mano para devolverle su varita.
—Tome, profesor.
Snape lo echó casi de forma violenta y se acercó a mí una vez que nos quedamos solos.
—¿Te hizo algo?
—No, no me hizo nada.
Su par de ojos me miraron profundamente, me quedé admirando los rasgos pálidos que adornaban su rostro pensando en lo mucho que me gustaban.
Esa boca apretada por la rabia, esa mirada asesina.
Una que yo quería ver como la de mi depredador.
Se quedó unos segundos recorriendo y estudiando mis expresiones.
Intenté que fueran nulas, tratando de enmudecer ese pequeño trago de saliva que en mi cabeza pareció más audible que el latido de mi corazón.
Luego, mi profesor estiró su brazo y agarró una poción del estante.
—¿Sabes qué es esto, Blackwood?
—me mostró la pequeña botella envolviéndola con sus dedos largos.
—Veritasérum.
—Tres gotas de esto y me dirás toda la verdad.
Lo ví con ternura.
¿Realmente pensaba que había pasado algo entre Lupin y yo?
No sabía por qué me parecía aún más lindo de esa forma tan celosa.
Me esforcé por no sonreír demasiado ya que sabía que Snape estaba molesto, pero no podía evitar sentir esa llama mezclada con electricidad que se acrecentaba en mis venas.
—No tengo problema en tomarla porque no tengo intención de mentirle a usted, profesor —le dije con total neutralidad, quizá demostrándole que yo era digna de obtener su confianza.
—Cómo si de verdad pudiera —respondió—.
Está prohibido usarla en alumnos —explicó, mirándome los labios.
Yo exhalé con cansancio, de verdad quería que Snape se llevara bien conmigo.
Sabía que él no era un hombre fácil de convencer.
Sabía que yo tendría que esforzarme por agradarle, por lograr que viera en mí alguien leal.
—¿Qué tengo que hacer para que confíe en mí, profesor?
Él hizo una pausa mientras profundizaba esos ónix en mis ojos, no sabía qué responderme.
Lo supe cuando se quedó en silencio por más segundos de los que acostumbraba.
Me armé de valor.
No quise pensar más al respecto, sólo me interesaba que mi profesor me viera de la forma que yo más anhelaba.
Así que tomé de su mano el pequeño frasco, abrí el gotero y conté tres gotas que cayeron en mi lengua.
Snape me vió expectante, casi como si yo le hubiera leído la mente y habría hecho lo que él quería.
—Pregúnteme lo que quiera.
Soy toda suya, profesor —provoqué suavemente y Snape se acercó un poco más, acorralándome contra los estantes.
Pude sentir su perfume intenso envolviéndome.
Mis párpados se volvieron pesados por los efectos de la poción y mi cuerpo se sintió más liviano cuando respiré su aire junto con ese aroma masculino.
El calor de su brazo junto a mi cabeza.
Su levita y su capa rozando mi falda y parte de mi blusa.
Yo volví a tragar, procurando mantenerme en pie mientras su figura esbelta se apoderaba de mis sentidos.
Mientras su rostro serio capturaba cada parte de mi cara como si yo hubiera sido otra poción más en ese cuartito.
Sólo Merlín sabe cuánto imaginé un momento como ese.
Toda su atención puesta en mí, hacía que mi pelvis se venciera ante su dominio.
Esa prolongación de lo inesperado habitando en mi pecho.
Esa frialdad que se había evaporado y ahora me quemaba el vientre de anticipación porque lo único que me importaba estaba a centímetros de mis labios.
Él se mantuvo callado, sólo viéndome en silencio.
Adivinaba que ese silencio era todo lo contrario en su mente.
Exhaló por la boca, logrando que su aliento me calentara los labios y finalmente me habló.
—-¿Qué sientes por mí, Seraphine?
REFLEXIONES DE LOS CREADORES Luisinasebert ahhhhhh!
qué lindo poder releer esta parte y emocionarme tanto como el primer día.
Espero que les haya gustado este cap!
las amo!!
TikTok: Luisina.sebert
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