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Secreto de alumna - Capítulo 16

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16: Capítulo 16 16: Capítulo 16 Sev’s pov: Sus mejillas estaban rojas como si se le hubiera subido el alcohol a la cabeza, pero sólo era el Veritasérum apoderándose de su cuerpo.

Ví cómo abría su boca para contestarme de la manera más sensual que había tenido hasta ahora.

—Admiración, respeto, compañía… complicidad.

—me dijo con delicadeza, casi sabiendo qué respuesta darme para no quedar tan expuesta ante mi pregunta indecorosa.

—¿Me admiras?

—repetí.

—Sí —dijo con seguridad— creo que usted es… muy inteligente y astuto.

Sabe cómo actuar en cada situación, provoca misterio y miedo.

—¿Tú me tienes miedo?

—cuestioné, mirando su boca y creyendo que la intimidaría, pero una sonrisa de malicia se le dibujó enseguida.

—Ya le dije, lo admiro… Me gusta que imponga miedo.

Su forma de expresarse y su lenguaje corporal me tenían realmente domado.

¿Cómo era posible que mantuviera esa calma y respondiera tan bien a mis inquietudes estando bajo el efecto del Veritasérum?

Sin dudas, ella era indiscutiblemente sobresaliente.

Me preguntaba de dónde había adquirido ese entrenamiento tan… riguroso.

Me tomé un segundo para pensar en la siguiente pregunta.

Debía ser exacto si quería sacarle información, así que ya no me importó mantener las formalidades.

—¿Estaría en la cama con un profesor?

—tragué en seco, aunque Seraphine no tardó en darme su respuesta.

—Si se refiere a Lupin, no.

No estuve, ni estaría.

Ella esquivaba las balas como una maldita serpiente.

Eso me calentaba a un punto delicioso y atroz al mismo tiempo.

Le gustaba jugar conmigo de la misma forma que lo hacía en el salón de clases.

Luego de revelarle que mis celos hacia ese perro con cicatrices eran ciertos e incontrolables ya dejé de preocuparme por mantener mi estatus de profesor.

Estiré mi brazo y lo apoyé en el estante a un costado de ella.

—Debo decir que yo también admiro la astucia que tiene para contestarme, Blackwood.

Ví cuando sus labios se apretaron, así que supuse que mi observación le gustó.

—¿Vió lo bien que acomodé las pociones, profesor?

—me preguntó provocadora, a lo que no tardé en evidenciar su pequeña trampa.

—Excelentemente, casi ni se nota el uso de elementos mágicos —le dije, llevando mi mano a su torso donde había escondido dicho objeto y pasé mis dedos por encima de su blusa.

No me di cuenta de que estaba propasando los límites al acariciarla, sólo me dejé llevar por su encanto que me invitaba a estrechar cada vez más la distancia entre nosotros.

Ella sonrió de nuevo cuando la descubrí, supe desde el principio que me quiso engañar cuando noté de reojo la silueta de esos anteojos debajo de la tela blanca.

A Seraphine no le gustaba seguir las reglas, aunque eso no era novedad para mí después de que me confesara que quería romperlas todas aquella noche en mi despacho.

Su insolencia me estaba calentando a más no poder y eso hizo que le hablara casi en un susurro.

—Deme una buena razón para no volver a castigarla.

Ella se sostuvo de la pequeña escalera de madera que estaba al lado porque mi cercanía ya era impetuosa.

—Porque soy incapaz de mentirle a usted, profesor —me contestó con tranquilidad.

Ella no tenía miedo, podía notarlo al escucharla tan segura de sí misma.

Verla de esa forma me excitaba sobremanera.

—No hay dudas de eso.

Ella me confesaba con claridad que su lealtad hacia mí era verdadera.

Claro, ahora podía saberlo gracias al Veritasérum.

—Entonces, confíe en mí.

Una punzada de placer me recorrió el estómago como vértigo.

Respirábamos en la boca del otro, me quemaba el impulso de cerrar los ojos y apoderarme de sus labios pero, al mismo tiempo, me castigaba pensando en lo peligroso que eso sería.

Yo no era un hombre impulsivo, a decir verdad, era todo lo contrario.

Sin embargo, desde que Seraphine se interpuso en mi camino ya no me reconocía a mí mismo.

Ella dejó de lado la escalera y apoyó sus manos en mi pecho.

Me desesperaba tenerla así tan próxima a mí y maldecía en mi mente intentando tomar algún tipo de valor para continuar con mi acto.

La tenía prácticamente en mis brazos y me hacía deleitar con sus palabras.

Hacía tiempo que no sentía la adrenalina a flor de piel como la sentía cuando estaba con ella.

Me atreví a llevar mi mano a su barbilla y la toqué con un dedo.

Dudé tanto de mis palabras, aunque logré continuar luego de tragar saliva de nuevo.

—Seraphine… — exhalé.

—¿Si?

—Necesito que me guardes un secreto.

Ella me habló despacio mirándome la boca.

—Claro.

—Debes jurar que no dirás nada —continué con el movimiento de mi dedo y ahora toqué apenas su labio con mi pulgar.

Asintió lentamente y luego juntó sus labios para darle un pequeño beso a la yema de mi dedo.

Esa imagen me llevó al infierno, me condenó finalmente a sus pies y suspiré derrotado tratando de no arrepentirme de lo que estaba a punto de decir.

—Quiero comerte la boca.

Un dulce gemido se escapó de sus labios y supe que estaba igual de deseosa que yo.

Mi piel se erizó por completo cuando las palabras brotaron de mi boca.

Cuando, luego de estudiarla tanto, me atreví a verbalizar lo que había deseado por días, desafiando las reglas y envuelto en el mismo manto de peligro que ella.

Aunque el peligro no me importó esta vez.

Capturé su rostro y finalmente la llevé a mis labios.

Escuché el sonido de nuestras bocas encontrándose por primera vez como suaves oleadas de placer.

Las exhalaciones se mezclaban con una desesperación liberadora mientras decidíamos qué baile era el mejor para las puntas de nuestras lenguas.

Su sabor se sintió exquisito.

Como si siempre lo hubiera sabido.

Exploré el interior de su boca con mi lengua percibiendo lo extremadamente duro que me ponía a medida que la devoraba.

A medida que la apoyaba contra los estantes de la pared.

Ella apretó mi levita concentrada en seguirme el ritmo y emitió los sonidos más sensuales que yo había oído hasta ese momento.

Era algo mágico poder escuchar sus gemidos y aún más placentero saber que era yo el que se los provocaba.

No podía frenar ahora que conocía su forma de besar.

Ella me enroscaba la lengua, la lamía como a un maldito dulce y pensaba en lo bien que chuparía mi verga cuando decidiera atragantarla con ella.

Su boca rosada se abrió una y otra vez recibiendo con gusto cada lamida que yo perpetuaba dentro de ella y eso me hizo gemir a mi también.

Hacía tanto calor en ese cuarto o quizás era mi piel que me quemaba y me pedía despegarse de mi ropa.

Su cintura, atendida por mis manos insolentes que viajaban en un ida y vuelta por su espalda y volvían a su abdomen.

Su pelvis que aceptaba la mía para apretarse, para decirnos con nuestros cuerpos lo mucho que deseaban estar juntos.

El perfume aniquilador de su cuello, que podía percibir más dulce que antes, se metía en mis pulmones y en mi mente.

Y esa respiración.

Esa maldita respiración que se alimentaba de mis suspiros.

Cómo se mezclaban para formar uno solo, cómo se combinaba con el sonido de sus gemidos mientras me agarraba de mi saco.

Creí que moriría probándola, y no es para menos, sabiendo que hacía mucho tiempo que anhelaba tenerla sólo para mí.

Un “profesor” se infiltró en sus labios llamándome desesperadamente entre suspiros ahogados y me detuve.

Ambos nos vimos con nuestros corazones desbocados, presos de una tensión que al fin se había vuelto palpable pero que nos dejó sin aliento.

—Seraphine…  Decir su nombre en voz alta me hizo volver a la realidad.

Ella me observaba respirando de forma entrecortada, su pecho moviéndose con rapidez y yo todavía sostenía su rostro.

El peligro volvió a atormentarme cuando caí en cuenta de lo que había hecho.

Supe que ella descifró mi expresión porque habló primero que yo.

—N-no diré nada… —me dijo, frunciendo sus cejas y respirando por la boca.

—Claro que no lo harás— le aseguré con seriedad, pero muriéndome de desesperación por dentro.

—Será nuestro secreto— las palabras salían a duras penas de mi boca porque me colmaba un pánico insoportable de que alguien se enterara de mi acto inmoral.

Nadie debía saberlo, eso estaba claro.

Y si bien el impulso de besarla me ganó, sabía que ella obedecería a mi pedido con alma confidente, tal como había demostrado ser durante la indagatoria a la que la sometí.

Esto se me había ido de las manos.

Ella era mi alumna y por más que su inteligencia y su belleza ya habían acabado conmigo, también habían acabado con lo que quedaba de mi integridad como profesor.

—Profesor…—exclamó preocupada y tuve que callarla.

—No quiero que digas nada.

Prefería no saber lo que pensaba.

Me atormentaba la idea condenatoria de nuestro acto depravado.

Y si bien ella había aceptado mi beso, esto estaba mal por donde se lo mirara.

—Ve a tu Sala Común —le ordené, tentado de comerla de nuevo.

Ella formó un triángulo mirando de a uno mis ojos y luego mi boca.

Era malditamente sensual.

Me costó hacerme a un lado, debo reconocer que fue peor que la noche en mi despacho.

Su perfume de vainilla me había quedado impregnado en la piel.

Era tan dulce que me lo imaginaba en las sábanas de mi cama.

Despertando con ese suave dulzor todas las mañanas.

Me quedé en silencio cuando estuve solo en el cuarto, mi falo había crecido a tal punto que me dolía moverme así que cerré la puerta y empecé a tocarme.

<No puedo seguir así, Seraphine.

Necesito decirte lo que quieres escuchar, porque ya sé que me quieres a mí.

Hoy terminaste de confirmármelo.

No quieres a ese perro de la calle y ni me hagas nombrar al bobo niño de Hufflepuff.

Me quieres a mí, quieres que te coja sin parar y acabe contigo.

Yo soy el que quieres ver en tu cama, tocándote, comiéndote, lamiendo cada parte de tu cuerpo.

Quieres que desarme esa carita de inocencia y la cambie por la que realmente mereces: la de una serpiente enroscándose en mi lengua.

Quieres que sea yo el que te tenga en mis brazos y te robe hasta el último aliento.

Oh, Seraphine…  Voy a revelar qué escondes detrás de esa seguridad impetuosa, voy a hacer que mis dedos hablen por tí.

Cada roce, cada beso que te debo y no puedo darte.

Cada parte de tu cuerpo siendo atravesado por el mío para liberarte, para que grites mi nombre mientras dejo un rastro de mi oscuridad dentro tuyo.

Eres mía.

Ya lo eres.

No hay vuelta atrás.

Por más que yo quiera ser ese hombre de principios, por más que me haga a un lado… tú estás en mis pensamientos.

Tú, tan jodidamente perfecta para mí.

Tan devota a mi autoridad, que no necesitas decírmelo.

Hoy… hoy lo sé, Seraphine… ¿Por qué no apareces de una vez?> Abrí los ojos de a poco esperando que el espejismo de Seraphine entrara conmigo en el cuarto pero nada ocurrió.

Volví a concentrarme en mi falo y seguí con mi labor de estrangularlo pensando en su boca semiabierta; en esa blusa blanca que marcaba sus pechos, en su voz sensual respondiéndome como una maldita profesional.

Pensé en sus palabras, hablándome como si quisiera entrar en mi mente más adentro de lo que ya estaba; en su sonrisa propia de una slytherin misteriosa y de la cual yo quería sacar hasta el último rastro de elocuencia.

Tan seductora, tan malditamente entrenada para volverme loco.

Apreté mi verga con más fuerza y volví a mirar el recinto.

Nada.

Sin rastros de ella.

Estuve un rato intentando acabar.

Fue frustrante, debo decir que hasta patético.

Ahora me sentía vacío, impotente.

No la tenía a ella, tampoco su imágen.

<Mierda> REFLEXIONES DE LOS CREADORES Luisinasebert aaaah!!

uno de mis capítulos favoritos!

gracuas por aguantar la tension!

y gracias por leerme amis!

las amo!

TikTok: luisina.sebert

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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