Secreto de alumna - Capítulo 18
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18: Capítulo 18 18: Capítulo 18 Seraphine’s pov: Mis piernas temblaban mientras caminaba por el pasillo.
Ya eran las ocho, casi toque de queda y yo seguía dando pasos torpes y lentos.
Las embestidas de Snape me habían dejado estúpida, aunque profundamente satisfecha.
Debo admitir que me costó separarme de su lado, todavía seguía recordando el orgasmo que me había regalado en el salón de clases.
Podía sentir su perfume cada vez que movía mi cuello porque lo traía impregnado en la piel.
Mis labios me picaban, suponía que de lo hinchados que habían quedado al haberlo besado tanto.
Pero todo este “dolor sensual” era parte de mi placer.
Y me atrevo a decir que habría continuado cojiéndolo si no hubiera sido por su advertencia de regresar antes de que Filch me descubriera fuera de mi habitación.
Estaba feliz, no podía evitarlo.
Tener sexo con Snape había roto mi psiquis por completo y ahora anhelaba el siguiente encuentro con él.
No quise que me acompañara.
La verdad es que necesitaba respirar sin que él se diera cuenta de que me había dejado completamente enamorada.
Más de lo que había imaginado.
Rogué para llegar a la entrada de mi sala común lo antes posible pero, antes de doblar por el pasillo, el profesor Lupin me encontró y tuve que frenar.
—Buenas noches, Seraphine —sonrió dulcemente al verme sosteniendo una vela para alumbrar el camino.
Intenté ocultar mi rostro con un poco de mi cabello y agaché mi cabeza cuando le devolví el saludo.
Quise pasar por un costado casi sin verlo, aunque me habló antes de que me pudiera escapar.
—¿Pensaste en lo que te dije?
—me detuve confundida.
No recordaba a cuál de todas las cosas se refería.
Lupin exhaló divertido y me explicó—.
Te dije que el Hufflepuff no era un buen partido.
Noté como sus ojos celestes bajaron a mi cuello y supe que me estaba viendo las marcas rojas que lo adornaban esa noche.
Eso me obligó inmediatamente a sacar mi lado actoral, entonces también le sonreí.
—Sólo fue por hoy —expliqué suavemente, esperando que no siguiera indagando, aunque eso no era propio de su naturaleza curiosa.
—Debí suponer que no era un bruto sólo en lo académico.
Te lastimó.
Tragué en seco y mi profesor sacó su varita para conjurar un encantamiento.
Sentí al instante cómo curó la picazón y suspiré.
—Tienes una piel muy linda para que te la lastimen de esa forma.
—Seguí respirando con fuerza, procurando salir de esa situación—.
No dejes que te hagan eso, mereces que te traten bien Seraphine.
Sus palabras me quemaron.
Si bien él quería que entrara en razón, no se imaginaba que la sesión salvaje que había vivido con Snape me sació de tal forma que las marcas ya eran parte de mi placer.
—Gracias, profesor —le dije cordialmente, entonces lo vi sonreír de vuelta—.
Últimamente me meto en muchos problemas.
—Propio de una Slytherin ¿No?
—procuró viendo mi rostro—.
“Estos adolescentes que sólo piensan en una cosa”, balbuceó en espera de que yo confirmara que mi compañero había sido Diggory, cuando la única imagen que se me cruzaba por la cabeza era la de mi profesor.
—¿Le molesta que haya roto las reglas?
—me animé a cuestionar, casi susurrando, y él frunció su nariz.
—Me molesta que te pase algo malo.
—No fue nada, profesor.
—Discrepo contigo.
Debo decir que no te cuida lo suficiente al dejarte así.
—Yo… puedo cuidarme sola, profesor.
—Lo sé.
Eres fuerte.
—Un suspiro se escapó de su boca—.
Eres mucho para él.
Su confesión me hizo aclarar mi garganta y morder mis labios un poco incómoda.
—Debo… irme a la sala común.
—Piénsalo.
Cuídate Seraphine, por favor.
Asentí y me fui por el pasillo hasta doblar y entrar en mi sala común.
Sin dudas, Lupin me tenía bien estudiada y no debía pasarlo por alto.
Ya me había demostrado en varias ocasiones que podía ver a través de mí, así que tenía que estar más alerta que nunca.
Crucé la sala y subí por las escaleras hacia mi habitación.
Necesitaba darme una ducha caliente con urgencia, pero ya era tarde para salir al baño.
—No sé si preguntarte de dónde vienes con esa cara —me interceptó Saultie.
—Tampoco te gustaría saber.
—¡Por Merlín!
No me digas que de la habitación del niño Hufflepuff.
Saqué mi pijama del cajón, empecé a desvestirme y negué con la cabeza.
—No querrás saberlo, Brigadier.
—repetí.
Mi amiga subió a la cama para enfrentarme y me tomó de los hombros.
Su rostro me decía todo sin que tuviera que hablar.
—Sera, dime que nadie te vió.
—Volví a negar con la cabeza, obviando mi interacción con Lupin y ella exhaló aliviada—.
Realmente no le temes a nada, Blackwood.
Mordí mi labio y me puse el pijama.
Sabía que ella se preocupaba por mí, sabía que me lo decía para protegerme, pero la adrenalina que sentía por encamarme con Snape nublaba la poca cordura que me quedaba.
No se trataba de estar ausente de miedo, lo que hacía ya era inconsciencia.
—La próxima vez procura que no sea en el horario de la cena, hoy te salvaste pero si ambos faltan empezarán a sospechar.
—Tienes razón.
No estoy pensando con claridad.
Me acosté intentando cerrar mis ojos, sabía que necesitaba descansar luego de ese día tan largo, pero tenía tanta energía que no me podía concentrar en dormir.
Saultie había bajado a la sala común y yo me quedé sola viendo las formas celestes que se formaban en el techo de la habitación.
Mi cuerpo ardía de deseo, giré un par de veces buscando la mejor posición, pero las manos de Snape se me venían a la cabeza.
Cómo me tocaban, cómo me tomaban con fuerza.
Pensé en sus dedos blanquecinos moviéndose con agilidad dentro mío, encontrando mi punto débil y provocándome mil gemidos temblorosos.
Involuntariamente llevé mi mano hacia mi pelvis para meterla debajo de mi short y descubrirme completamente mojada.
Toqué mi vulva con suavidad ya que el cosquilleo respondió al instante, recordándome quién me había dejado así.
Presioné mi clítoris con mis dos dedos y estaba tan sensible que el simple roce me hizo gemir y retorcerme entre las sábanas.
No podía más, moví mis dedos adentro de mi canal, los moví tan fuerte como pude.
Me ayudé haciendo presión con mi otra mano para lograr llegar más profundo.
Empecé a serpentear con rapidez, me gustó y me saqué varios gemidos, pero no se comparaba con sentir la adrenalina que me provocaba mi profesor.
Necesitaba su mano, lo necesitaba a él.
Me asusté cuando escuché el golpe que hizo un libro al chocar contra el suelo y detuve el movimiento.
Pestañeé fastidiosa por no lograr llegar al orgasmo, fue entonces cuando una silueta apareció al lado de mi ventana.
Fue como si se hubiera materializado en un movimiento, como las sombras mismas lo hubieran dibujado.
Mi respiración se cortó porque reconocía a trasluz esa cabellera en cualquier lugar.
Esa túnica negra hasta el piso que parecía propia de un vampiro o de un murciélago en la mitad de la noche.
Estiré mi brazo para alcanzar el velador y prendí la luz a mi lado.
—¿Profesor?
—me sostuve con mis antebrazos sobre el colchón y volví a respirar, ahora con más fuerza.
Él caminó hasta el borde de mi cama.
—¿Te está costando dormir, Seraphine?
—su voz calma fue una canción para mis oídos.
—¿Qué está haciendo aquí?
—le pregunté, notando como él estiraba su mano para acariciar apenas mis piernas y seguir el camino hacia arriba.
—Soy un Slytherin… —me contestó tranquilo pero seguro—.
Es mi ventaja para estar aquí.
Fruncí el ceño totalmente colmada por la adrenalina de tenerlo en mi recámara, sintiendo su mano dibujándome con suavidad.
Observé en detalle su cuerpo, enfocado en cada parte que iba acariciando como si sus dedos hubieran sido plumas.
La luz tenue de mi mesita de noche acariciando los ángulos afilados de su rostro.
Hipnotizándome, haciéndome parte de sus caricias que tentaban volverse más atrevidas.
Rápidamente salí del trance y entendí que esto nos ponía en sumo peligro a los dos.
Alcanzé mi varita y lancé un hechizo a la puerta para trabarla, ese que Snape me había enseñado en el salón de clases.
Él notó eso al instante y se regodeó.
Aprovechó que yo me había sentado en la cama y se inclinó para hablarme más de cerca.
—¿Ahora sí tienes miedo?
—No pude responderle, me quedé mirando sus ojos negros profundos respirando por la boca.— ¿Quién diría que éste sería su pijama, señorita Blackwood?
Los dedos ágiles de Snape tocaron mi hombro, por donde estaba la tira de mi blusa de seda.
Suspiré, aniquilada por el placer de su tacto y tuve que dejar de lado mis nervios para poder disfrutar de esto que me estaba pasando.
Tragué saliva y me animé a seguir con su juego.
—¿Me lo quiere quitar, profesor?
—le pregunté, haciendo que él sonriera con malicia.
Tomé la tela de su levita, provocando que Severus hundiera su rodilla en el colchón y se inclinara sobre mí.
Agarré con fuerza el borde de su saco y lo traje a mis labios.
Nos probamos, nos buscamos con nuestras lenguas escurridizas como dos serpientes sintiendo la peligrosa adrenalina que nos acechaba en cada minuto que pasaba.
Lo sentía como un duelo, y él no era un hombre que le gustara perder.
—Mierda, Blackwood —dijo, mordiendo mi labio—.
No me canso de probar tu boca.
Yo gemí a través de sus besos.
—Me encanta como me besas.
Hice fuerza para traerlo más cerca, mis movimientos delataron las ganas que tenía de que me cojiera por segunda vez y entonces él movió su rodilla hacia mi entrepierna para apretarla.
—¿Ansiosa?
—provocó, alejándose un poco para verme a los ojos y yo, agitada de placer, subí mi mano para correr los mechones de cabello negro de su rostro.
—No entiendo cómo estás tan calmado.
Su pierna que me apoyaba se removió en mi núcleo provocando que me quejara por la fricción y me habló sin agitarse ni un poco.
—Porque yo no le temo a nada, Blackwood —conjuró.
—Yo sí tengo miedo de que nos descubran.
—Creí que querías acabar —me contestó irónico, siguiendo con el movimiento de su pierna, provocándome hasta el hartazgo.
—Necesito… —¿Qué necesitas?
—tocó mi labio y lo acarició esperando mi respuesta—.
Dime.
—Necesito sentir tus dedos… adentro mío.
Él me sonrió malicioso ante mi confesión.
Su cuerpo arriba del mío, cubriéndome bajo el manto de su capa de sentía tan… protector.
—¿Cuánto tiempo… —preguntó con la voz pausada, mientras infiltraba su mano en la tela de mi short— …llevas temblando por mí en esta cama?
La sensación hizo que me tumbara en el colchón, vencida por el placer.
Quejándome y retorciéndome como su presa indefensa.
Mi vulva sensible no me dejaba en paz, podía visualizar mi orgasmo a los pocos segundos en los que sus dedos perfectos se apoderaron de mí.
La frialdad de cada yema de sus dedos contrastó de inmediato con mis labios calientes, con mi canal hirviendo.
Eso me provocó un espasmo.
—Ah… Merlín —balbuceé prendida fuego bajo el hombre vestido de negro que ahora se sostenía sobre mí.
El no se detuvo, ni siquiera al saber que yo estaba desbordada por su ataque reciente.
Se inclinó hacia el costado de mi rostro, sentí el calor de su aliento cuando habló en mi oído.
—Mi alumna favorita está temblando.
Entonces, encontró mi clítoris hinchado.
Jugó con él, me hizo cerrar los ojos y abrir mi boca aún más.
—¡Ah!
p-profesor… —Mhm, claro que lo soy, Blackwood —dijo y lamió mi cuello—.
Que no se te olvide que soy tu profesor.
—¡Ah!… Lamió la piel expuesta de mi cuello que ya estaba curada para dejar marcas nuevas en ella.
Lo succionó intercalando su lengua, regalándome su tacto impoluto que no parecía abatido por la escena que habíamos vivido hacía un par de horas.
—Deliciosa —susurró al probarme.
Yo me sostuve de su brazo, y de su cabeza con mi otra mano.
—S-se —alcancé a decir, entonces él se burló.
—¿Mi pequeña serpiente me habla en parsel, ahora?
—dijo grave, lento al costado de mi rostro.
—Mírame cuando caes, Seraphine.
Volvió a verme de frente.
Lo encontré tan sexy.
Iluminado por el suave velador, con una expresión perversa, propia de un depredador.
—¿Así que esta es tu verdadera cara, Seraphine?
—mis párpados me pesaron ante su toque, lo hacía tan bien que temí por los gemidos que me estaba generando.
—Por fuera eres la alumna ideal, tan inteligente —Snape movió sus dedos más rápido y volví a gemir.— Pero por dentro eres una atrevida criatura esperando paciente que la toquen.
—se acercó a mi rostro y me habló al oído de nuevo—.
A que yo te toque.
Balbuceé su nombre entre quejas y él empezó a besar mi pecho, bajó mi tira hasta llegar a mi pezón sensible mientras continuaba su tortuoso movimiento adentro mío.
El calor de su aliento en mi pezón me estremeció cuando volvió a hablarme.
—Dime, Sera ¿Fui yo el primero en descubrir tu verdadera cara?
No pude aguantar más la tensión.
Me vine completamente en su mano.
Creía que eso era imposible.
Nunca había tenido un orgasmo sólo porque me hubieran tocado.
Pero evidentemente todavía no conocía los dedos de Snape.
Mi agitación no podía cesar.
Vi su semblante de satisfacción detrás de algunos mechones de cabello que le tapaban el rostro y me rendí bajo su sombra.
—Buenas noches, Seraphine.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES Luisinasebert hola amis!!
espero que hayan disfrurado el cap de hoy!
como siempre les digo, estoy agregando cositas a los cap que ya había escrito, espero que les guste!
besos TikTok: Luisina.sebert
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com