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Secreto de alumna - Capítulo 4

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4: Capítulo 4 4: Capítulo 4 [todos los hechos narrados en este capítulo ocurren entre mayores de edad con consentimiento] Luego del cruce de palabras aquella vez en el aula de pociones, Seraphine no había vuelto a tener contacto con su profesor favorito.

Y si bien sentía que estaba generando más confianza que antes, sólo había logrado que Snape le deseara buena suerte en las noches de luna llena.

Ella sabía que concretar un acercamiento con un profesor era una locura.

Si lo hubiera pensado con frialdad probablemente ni lo habría intentado, mucho menos con el tipo más temido de todo Hogwarts.

Pero esto no se trataba de razonar ni de encontrar un por qué.

La realidad era que la atracción que ella sentía hacia él se había hecho más fuerte con el paso de los años y ahora no podía controlar la tensión sexual que Snape le generaba.

Necesitaba con urgencia tener otro encuentro con él, pero ya no sabía qué excusas inventar para hablarle.

Pensaba en eso mientras se llevaba a cabo la reunión de Slytherin en la sala común.

Habían puesto un par de botellas de alcohol que consiguieron en la última excursión a Hogsmeade.

Tanto Sera como los chicos del último año ya habían cumplido la edad legal en el mundo mágico, a pesar de eso, estaba prohibido beber dentro de Hogwarts.

Pero los Slytherin siempre se las ingeniaban para hacer de las suyas e inventaban maneras para infiltrarse con las botellas sin que los vieran, entonces ella aprovechó y se sirvió una copa de vino blanco de magma.

Si bien se interesaba en la dinámica acerca de quién iba a ocupar los cargos del ministerio de magia, la mayoría del tiempo los Slytherin discutían acerca de política y muchos de ellos llegaban a levantar la voz y pelearse a niveles degradantes.

—¿Vamos a la sala de los Menesteres?

Esto es una oda al aburrimiento—le sugirió Saultie—Ven, conozco al que organiza el evento de hoy.

La amiga tomó la mano de Seraphine, que aún sostenía la copa de vino y le dijo que se la tomara antes de partir.

—¿Todavía tienes algo de Mutus Silentium?—preguntó la rebelde Slytherin conociendo lo precavida que era Sera.

La castaña sonrió con obvia razón sacando de su capa el pequeño frasco de poción de silencio y le dio un poco para que nadie las pudiera escuchar en los pasillos.

En cualquier momento oscurecía así que tuvieron que ser rápidas para llegar al salón sin que las descubriera el celador Filtch.

Se aseguraron de que nadie las viera y entraron en la pared que llevaba a la Sala de los Menesteres.

Un grupo de adolescentes reía en el fondo junto a una mesa y se escuchaba una música que parecía sacada de un bar muggle.

Saultie conocía a la mayoría de las personas que habían ido ya que le gustaba hacer sociales y era muy carismática.

Estuvieron charlando con una joven Slytherin compañera del equipo de Quidditch que les presentó a un amigo de ella que había entrado ese año a Hogwarts: Cedric Diggory.

Saultie debía ser la que convenciera a la gente de otras casas de que su amiga no era una opulenta ricachona de sangre pura que se codeaba con la élite.

Aunque la castaña no renegara de su linaje, una ayuda para la gente que no la conocía hacía que no la juzgaran tan rápido.

Cedric fue seleccionado para Hufflepuff y se distinguió como deportista desde su antigua escuela.

Lo eligieron como cazador de su casa y le contaba eso a Seraphine mientras tomaban un trago cerca de la chimenea.

Si bien no habían hablado antes, el Hufflepuff ya la tenía fichada cuando compartieron la clase de pociones y DCAO.

—Lo siento si te juzgué anteriormente, creí que eras como los Malfoy—señaló Diggory.

—Bueno, en realidad mi familia era amiga de ellos.

—¿Eres amiga del pequeño dictador y su padre?—Sera apretó sus labios queriendo reír, sabiendo que Diggory tenía algo de razón.

—No los culpo por ser como son, aunque ya en esta época es un despropósito pensar en términos absolutos—él ensanchó su sonrisa.

—De verdad no eres nada de lo que me imaginaba—confesó el castaño.

Cedric invitó a Seraphine a la mesa donde mezclaron tinta traída de la India y polvo de hadas para hacer un trago mágico que se veía dorado y resplandeciente.

Era muy poderoso y con muy poco del líquido ya te hacía embriagar.

Sera sabía esto, así que fue cuidadosa con la dosis.

Aunque Diggory hizo oídos sordos a la advertencia de la Slytherin.

—Mañana puedes ir al partido a verme, si quieres.

—Voy a ir, pero para apoyar a Saultie.

Ella es defensora—sonrió Sera.

Le divertía ver cómo él iba entrando en la embriaguez de forma automática.

—Ok, no soy celoso—bromeó Cedric.

—De todas formas llegaré tarde, Dumbledore quiere hablar conmigo y tendré que verlo antes.

—Mhh, veo.

Dumbledore sin embargo es un buen partido.

Esa pelea no sé si la gano.

La chica agarró la botella de líquido y la apartó del lado de Cedric.

—Creo que esto ya ha hecho efecto.

—¿Tú crees?—la mano del castaño fue directo a encerrar el cuerpo de Sera.

La enfrentó con sensualidad y ella sonrió de nuevo con picardía.

Tenía que admitir que ese chico era guapo.

Y a su pesar, hacía bastante que no tenía un poco de diversión.

Ella no quiso pensarlo mucho.

Rodeó su cuello con sus brazos y comenzó a besarlo.

Pudo notar que algunos chismosos murmuraron a su alrededor, pero no le importó.

Sus lenguas se enroscaron en fuego, el alcohol se repartía en cada rincón de sus extremidades haciendo que sintieran calor y excitación en partes iguales.

Sera tomó el rostro de Cedric para profundizar ese beso que no quería cesar y él siguió sus pasos.

La piel del chico era suave, tanto como sus labios, aunque sus besos eran fuertes y decididos.

Cuando abrieron los ojos ambos sonrieron, un poco por la desinhibición y otro poco por impulso.

Diggory alcanzó su vaso de la mesa y le dió otro sorbo a pesar de las advertencias de la castaña que ya lo miraba alarmada.

—Creí que los Slytherin tomaban más que nosotros —provocó sosteniendo su cintura.

—Si hay algo que nos caracteriza es que somos precavidos —sonrió Sera.

—Y que siempre quieren tener la razón.

Ella tomó su hombro para hablarle más de cerca.

—Siempre la tenemos —dijo con suavidad en su oído, provocando que el Hufflepuff largara un pequeño gemido por lo bajo.

Diggory le pidió salir del salón, a lo que Sera observó de forma incrédula pero manteniendo esa diversión sensual que emanaba el Hufflepuff.

Él le sugirió que se encerraran en un cuarto que el celador usaba para guardar sus escobas y así tendrían más privacidad.

Ella debía aceptar que este muchacho le atraía físicamente y además ya estaba un poco ebria, lo que la ayudó a no debatirlo demasiado y terminó cediendo.

Ni bien cerraron la puerta del pequeño cuarto se besaron un poco más.

Sera tomó el rostro de Cedric con una mano para apretujar sus mejillas.

Eran blancas y le gustaba generar fricción y que se pusieran rojas al instante.

Sintió el calor de su lengua enroscándose con la de ella mientras la agitación la iba colmando.

Él pasó sus dos manos por atrás para agarrar su trasero.

Lo estaba mirando desde que ella se había volteado a servir su trago.

La apretó contra su cuerpo y le hizo sentir su erección.

Ella volvió a rodear su cuello con sus brazos, cada vez que se apretaban largaban gemidos bajos como ronroneos.

El perfume de Cedric era dulce y junto con el trago de polvo de hadas Sera sentía que estaba comiendo un caramelo cubierto de chocolate.

Él no tardó en aprisionarla contra la pared del pequeño cuarto y alzar sus piernas para que pudiera de esa forma apretarse más en su pelvis caliente.

Para este punto las bragas de Sera ya le molestaban por lo mojadas que estaban.

Se removió un poco cuando lo notó, pero sólo consiguió refregarse más contra la dureza de Cedric haciendo que él se volviera loco y quisiera devorarla.

Ella quería hacerlo, debía admitir que romper un poco las reglas era excitante, pero ¿Ahí?

¿Con él?

Le gustaban sus besos, le gustaba cómo la tomaba, era un chico muy lindo.

Entonces ¿Por qué dudaba tanto?

Sentía que estaba engañando a su verdadera “yo” que le pedía un Severus en su vida.

Un hombre misterioso y atrapante como él; duro, aunque también sensible.

Severo, pero protector.

Siempre le pasaba eso cuando intimaba con algún chico.

Se acordaba de su primer crush y nada parecía igualarlo.

—Bájame el cierre—le pidió Cedric en tono bajo y algo agitado.

Ella le sonrió.

—No podemos hacerlo aquí, apenas cabemos.

—Lo sé, quería ver qué me respondías—Diggory la soltó de su agarre y volvió a comer su boca.

Ella pensaba que sus labios eran muy suaves, su rostro era suave y también sus manos.

Sus sentidos estaban un poco más agudos esa noche gracias al cóctel que había ingerido, así que se dejó llevar bajo este fuego abrasador que crecía cada vez más.

Un ruido de llaves se escuchó desde afuera y se separaron al instante.

Ella le tapó la boca al adolescente fogoso porque, de los dos, era el que estaba más ebrio y temía que hablara y los metiera en problemas.

—Creo que ya se alejó, por un momento creí que nos encontraría—Seraphine sacó de su bolsillo la pequeña botella de “Mutus Silentium” y le dió un poco a Cedric para que pudiera volver y que sus pasos no se escucharan por los pasillos.

—¿Te veré en clases mañana?—<qué cursi> la castaña asintió para luego salir rápidamente y dirigirse a la entrada de Slytherin.

Como ya era de noche no se veía absolutamente nada, así que usó Lumos para alumbrar con su varita.

Algunos retratos se quejaron cuando ella les pasó por al lado, pero continuó su camino obviándolos.

Estaba por llegar, sólo le faltaba un tramo de pasillo y podría murmurar la contraseña para pasar a su sala común.

Gracias a su hechizo sus pasos no se escuchaban, pero la luz de su varita era notoria, así que procuró caminar con rapidez para no ser descubierta.

Rogaba mantenerse de pie ya que el alcohol se le había subido a la cabeza en un par de minutos y sentía un latido punzante en la frente.

Se obligó a concentrarse en su caminata omitiendo su repentina entrada a la embriaguez pero no se percató a tiempo de que, cuando dobló por el pasillo, otra luz se acercaba a ella.

<Mierda> Lo último que quería era encontrarse con Filch porque si eso pasaba iría directo al despacho de Dumbledore sin escalas.

Apagó su varita y se quedó inmóvil esperando que la luz se acercara un poco más, entonces lo vió.

Ella no hubiera adivinado si le preguntaban.

Su corazón galopó en su pecho de forma exagerada y sus piernas temblaron un poco cuando escuchó la inconfundible voz gruesa que tanto le gustaba.

—¿Paseando en la mitad de la noche, señorita Blackwood?

REFLEXIONES DE LOS CREADORES Luisinasebert Hola amis!!

espero que hayan disfrutado el cap!

lxs amo!

TikTok: luisina.sebert

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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