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Secreto de alumna - Capítulo 6

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6: Capítulo 6 6: Capítulo 6 [Las escenas narradas en este capítulo y este fanfic en general están hechas por mayores de edad con consentimiento.] Severus pov: Al fin la tenía en la palma de mi mano.

Respirábamos el mismo aire mientras yo la sostenía de su barbilla.

Le miraba esa boca perfecta que me había dicho que me quería.

A mí.

Ella me deseaba, o al menos una parte de ella que estaba ebria me deseaba.

No quería aprovecharme de ella así, no de esa forma.

Aunque debo decir que un impulso dentro mío me pedía a gritos que la acorralara y me sumergiera en su cuerpo para hacerlo de mi propiedad.

Todo lo que quería era llevarla a mi cama o cgerla en el medio de ese sillón.

La verdad es que el sitio me tenía sin cuidado, sólo la deseaba a ella.

Pero sabía que no debía.

Un sólo movimiento más hacia su tierna boca y terminaría encerrado en una celda en Azkaban.

Yo era su maldito profesor.

—La llevaré a su sala común—declaré sin rodeos y bajé mi mano.

A ella no le gustó mi propuesta, me di cuenta de eso cuando sus ojos me miraron tristes.

<Si tan sólo supieras que yo también quiero devorarte entera, Blackwood.

Mi sangre está hirviendo desde que respiré tu perfume de vainilla, un aroma al que me volví adicto y sigo siendo.

Tus ojos verdes me miran desilusionados, pero bien conocen el peligro cuando lo tienen enfrente.

Yo soy peligroso para tí, Blackwood.

No te conviene meterte conmigo> —No es justo—me dijo haciendo una especie de puchero, casi molesta de que yo no le daba lo que buscaba.

—Mi paciencia se está acabando Blackwood—le dije en tono severo.

—No quiero hacerlo enojar—miró mis ojos de a uno por vez y me habló suavemente —todo lo contrario, profesor—mi falo creció al punto de querer atravesar mis pantalones.

Esta chiquilla se creía tan astuta desafiándome de esa manera que no se daba cuenta del peligro que eso podía provocar.

—Blackwood, escúcheme atentamente —me incliné y la miré de cerca, ella asintió condescendiente— No voy a hacer nada con usted en este estado.

¿Me escuchó?

—¿Por qué?—suspiró con cansancio.

—Porque no está en condiciones de dar ningún consentimiento — Tragué en seco, intentando creer que hacía lo correcto mientras mis entrañas me pedían que la comiera entera.

Tuve que alejarme de ella y fue lo peor que me tocó hacer esa noche.

De verdad me sorprendí de mi propia fuerza de voluntad y terminé acompañándola a la sala común de Slytherin.

Luego de eso me dí una ducha para poder relajarme, aunque estaba incómodamente excitado y las venas de mi miembro me dolían.

Debajo de la lluvia de agua caliente me toqué apretando mi vrga como hubiera deseado que ella me la apretara con su mano y con su boca.

Llevaba inconscientemente mi cadera hacia adelante, a una Seraphine imaginaria que me masturbaba sin obstáculos.

Que hacía resbalar esos dedos con ayuda del agua y los apretaba contra mi tronco lleno de semen.

Su voz en mi oído diciéndome que yo era el único hombre que quería.

Gemí como un loco escuchando su voz suave en mi oído junto al dulce sonido de la lluvia estrellándose en el suelo de la tina.

Ella seguía bombeando mi verga pasando por todos lados, de arriba a abajo, su mano delicada ejerciendo fuerza cuando debía y después soltando un poco al llegar a la punta sensible.

<Se ve tan bien así, profesor: su rostro desesperado, su cuerpo sintiendo el fuego de la excitación.

Deme lo que tanto quiero, libérese> <Oh, mierda> Mis ojos cerrados hicieron que encontrara mi orgasmo bajo el agua vaporosa.

El semen salió disparado fuera de mi alcance, jadeé cuando lo saqué todo.

Me sostuve de la pared mientras la lluvia pegaba en mi pecho y maldije un poco más.

Ya eran dos veces seguidas que me tocaba esa semana pensando en Seraphine.

<Maldita sea, chiquilla insolente ¿Te crees capaz de calentarme y dejarme sin probar ese maravilloso cuerpo que tienes?

¿Piensas que tu performance aparentando inocencia me pasó desapercibida?

Te muestras inteligente, pero creeme que te salvaste sólo porque yo te dejé ir esta noche.

Estás al borde de mi inminente roce, Blackwood.

Sigue provocándome y me conocerás de verdad> A la mañana siguiente me dirigí al gran comedor dispuesto a tomar mi té sin levantar la mirada a nadie que no fueran los demás profesores.

No pude mirarla, el sólo hecho de hacerlo me habría remontado a la noche anterior en donde la tenía prácticamente entre mis brazos y a un paso de comer su boca.

—Severus, ¿Podrías pasar por mi oficina luego de las 10?

Necesito hablar contigo—me interceptó Dumbledore sacándome de mis pensamientos y yo asentí con seriedad.

Luego de desayunar fui a buscar unos pergaminos que había dejado en el salón de clases.

Al salir y caminar por los pasillos, Minerva me preguntó por mi expresión que lucía más “cansada que de costumbre” y tuve que echarle la culpa a los alumnos por mi estado horroroso.

No mentía del todo si consideraba que había sido una alumna la que no me dejó dormir.

Mi ansiedad estaba por las nubes esa mañana.

No sabía lo que quería decirme Albus, pero rogaba que no se tratara de Seraphine.

Porque si así lo fuera me arrepentiría de no haberla besado la noche anterior.

De todas formas ya estaba condenado.

Llegué a la oficina del director y entré luego de golpear la puerta.

—Adelante, Severus.

—¿Me quería ver, señor?

—Oh, sí.

Quería preguntarte algo importante—tragué en seco y acaricié mi mano con la otra para contenerme a mí mismo—El ministerio está organizando una tesis académica y Hogwarts, por supuesto, participará.— Mi estómago volvió a su estado natural y mi corazón dejó de oprimirme el pecho.

—¿Y qué necesita que haga, señor?

—Estoy queriendo reclutar al mejor alumno de cada materia para que realice esa tesis.

¿Podrías entregarme el legajo de notas de la clase de pociones?—otra vez volví a desesperarme por dentro, sabía perfectamente quién recibía todos mis dieces y durante años había sido ella.

—Seraphine Blackwood.

Claro, debí suponerlo —constató Dumbledore luego de ver mi pergamino— sobrepasó al Sr.

Malfoy, un destacado también.

—Sí, ella posee un conocimiento muy amplio—expresé brevemente.

—Y no sólo en pociones, déjeme decir que en Defensa contra las artes oscuras también es la mejor de la clase.

El mismo Lupin me lo dijo ayer— Maldito Lupin y su nueva faceta de profesor.

Me molestaba verlo y recordar cómo me hacía la vida imposible cuando estudiábamos juntos.

Ahora su sola presencia me seguía molestando.

—Es una niña muy aplicada—remarqué y Albus asintió confirmando lo que yo decía.

—Naturalmente no puedo hacerla competir en dos tesis, así que será la representante de pociones.

Veo que hay algo de diferencia de puntajes entre ella y el Sr.

Malfoy.

En conclusión: haré que él figure para Lupin y la señorita Blackwood figurará para tí.

Inspiré y sostuve el aire en mi pecho.

Por más que quisiera dejar de pensar en ella, ahí estaba siempre para provocarme.

Albus me pidió que le hablara a mi peligroso enigma para comunicarle las noticias así que me retiré de su oficina.

Exhalé algo preocupado.

No iba a mentir, me alivié cuando supe que la reunión no se trataba de mi inmediata expulsión por haber llevado a una alumna a mi despacho pero, por otro lado, sabía que ahora tendríamos que vernos a solas.

Eso no sería una buena idea, dado las ganas fervientes que tenía de devorar su recuerdo como si fuese un dulce prohibido.

Caminé por los pasillos con la túnica rozando la piedra.

Cada antorcha parecía inclinarse hacia su sombra.

La veía en el reflejo de los vitrales, en la curva de una escalera, en el silencio entre los pasos de los demás.

No estaba allí, lo sabía y, aún así, mi mente insistía en dibujarla con una precisión cruel.

Ese castillo que antes había sido tan cómplice de mis desvelos, ahora parecía conspirar contra mí cada vez que daba la vuelta por el pasillo.

Control, me dije.

Esa palabra había sido siempre mi refugio.

Control sobre pociones inestables, sobre juramentos imposibles, sobre una vida entera de renuncias.

Y, sin embargo, bastaba pensar en ella para que el control se agrietara como un error que no estaba previsto.

No era deseo lo que me corroía (o no solamente) era la obsesión de una idea que se repite hasta volverse ley.

Me detuve.

Cerré los ojos.

La imaginé apoyada en el marco de una puerta, observándome con esa calma mezclada con osadía.

Su voz no sonaba, pero la escuchaba igual, un murmullo que no necesitaba palabras.

No mires, me ordené.

Miré.

Siempre miraba.

La culpa me mordía.

Albus había hablado tan ligeramente de ella, como si no supiera que el más insidioso enigma era el que yo llevaba adentro.

Yo era mi propio experimento fallido.

¿En qué momento su ausencia se volvió más presente que cualquier cuerpo real?

¿Cuándo comencé a buscarla en el vapor de los calderos, en el perfume amargo de la raíz de valeriana, en la pausa exacta antes de un hechizo?

Seguí andando.

Cada paso era una negociación con mis fantasmas.

Me prometí no pensar en su nombre, pero el nombre apareció, insolente.

Me prometí no imaginar su mirada, pero la sentí clavarse en mí.

“Esto terminará” me juré con una fe cansada, la misma que usan los mentirosos refinados cuando ya no creen en sus propias palabras.

Hasta entonces, cargaría con su espectro como con una cicatriz nueva: invisible para todos, aunque ardiente y vívida para mí.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES Luisinasebert hola amis!

ahora que estoy subiendo otra vez los capítulos, me tomé el atrevimiento de reescribir y agregar algunas cosas 🙂 espero que les guste.

las amo!

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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