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Secreto de alumna - Capítulo 7

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7: Capítulo 7 7: Capítulo 7 [las escenas de este capítulo están realizadas por mayores de edad con consentimiento] Seraphine’s pov: —¿No me vas a contar a dónde te fuiste anoche?—me interrogó Saultie desde la otra cama.

—Estuve con este chico, Diggory—dije y mi amiga sonrió de costado.

—¿Y, qué tal?

—Bien, igual no pasó mucho—aclaré.

—Pues deberías hacer que pase entonces.

Está bien dotado, eso me dijeron en los vestuarios— La ví sonriendo y mordí mis labios con incredulidad, casi convencida de que ella entendía lo indiscreta que era.

—Me voy, tengo que ir a la oficina de Dumbledore— caminé hasta el pasillo y me puse a pensar lo que realmente había cautivado mi atención la noche anterior.

Aunque me sintiera una tonta por haberme ido de boca con un par de confesiones, no podía dejar de pensar en Snape y su manera de mirarme mientras se las decía.

No quería ilusionarme en vano, pero una parte de mí había sentido la tensión entre nosotros.

Su compañía por el pasillo me envolvió en un sentimiento de protección tal que me olvidé de que estábamos en el colegio.

Todavía podía sentir en mis labios la dulce caricia de su respiración, el perfume a un bosque lleno de naturaleza, el cuero frío en la parte de atrás de mis muslos, su mano afirmándose en mi barbilla para poder hablarme más de cerca.

Sabía que Snape se tomaba esos atrevimientos.

No era un profesor común y corriente, le gustaba provocar miedo y eso me atraía a él a un nivel atroz.

Sin dudas quiso intimidarme más de una vez, como era su costumbre.

Aunque no se percataba de que ese esfuerzo que hacía para imponerse ante mí era lo que más me excitaba.

Caminé perdida en mis pensamientos y antes de llegar a la oficina del director me crucé con Luna que venía caminando junto a Cedric.

Mi amiga me saludó con una sonrisa como si no nos hubiéramos visto hace semanas.

—Te extrañé —exclamó al abrazarme.

—Yo también, ¿Cómo estás?

—Excelente, venimos de la charla de los elfos domésticos, deberías venir tú también.

Son criaturas muy vulnerables y poco entendidas.

—Tienes razón en eso, dime e iremos juntas la próxima— Luna sonrió y se hizo a un lado para que Cedric me pudiera saludar.

Hubo un silencio y Luna nos vió a ambos.

—Bueno, seguiré mi camino hacia el campo, Ginny me está esperando para ayudarme a alentar a Hufflepuff.

Nos vemos, Sera—dijo la rubia para irse por el pasillo.

—¿Pudiste dormir anoche?—me preguntó en tono de burla y lo único que pude pensar fue en el despacho de Snape.

Aunque él se refería a otra cosa.

—Muy poco—no mentí—¿Y tú te sientes bien para jugar hoy?

—Me impresionó el estado físico del tomador serial, en su lugar cualquiera habría quedado de cama.

—Sí, claro.

Estoy mejor que nunca—me dijo sin pensarlo mucho —¿Vendrás, cierto?

—Sí, estaré ahí —sonreí y quise seguir caminando pero Cedric se acercó a mí peligrosamente.

—Bien, entonces nos veremos en un rato—terminó de decir rápidamente en la comisura de mi boca para darme un pequeño beso y se fue por el pasillo.

La verdad es que me sorprendió su actitud, él había entrado ese año y quizá no sabría que los besos entre alumnos estaban rotundamente prohibidos.

Me alivié de que Mcgonagall no anduviera deambulando y continué dando algunos pasos con mi mirada algo perdida.

Aunque para mi poca suerte, la persona que menos esperaba ver en ese momento me interceptó a los pocos segundos.

—Señorita Blackwood— dijo Snape con rigidez haciendo que se me aflojaran las piernas.

—Profesor —llegué a decir con voz taciturna.

—Acompáñeme, por favor.

—En este momento no puedo— respondí suavemente, mirando el par de ojos negros que me fulminaban entera —Dumbledore me llamó a su oficina.

—Lo sé, de eso quiero hablarle —lo miré confundida—Venga conmigo, es una orden.

Snape me tomó de la mano de forma impaciente y me arrastró con él hasta el salón de clases.

Sólo me soltó una vez que atravesamos la puerta y entonces esperé su explicación al respecto.

Parecía alterado pero eso no cambió el tono que usó para hablarme: la misma forma sería y pausada de siempre.

—Señorita Blackwood, como ya sabrá, usted es la que tiene el mejor promedio de mi clase—se detuvo un segundo para aclarar su garganta, regalándome una vista casi poética de su cuello cuando aflojó la cinta que lo apretaba —Así que Dumbledore me pidió que usted hiciera una tesis de mi materia y además participará representando a Hogwarts frente al ministerio —me quedé pasmada sin emitir sonido ¿Trabajar en una tesis de pociones con Snape?

¿Sólo nosotros dos?

Dí un paso hacia atrás para apoyarme en el borde del escritorio.

No esperaba esto en absoluto y al ver que yo no respondía, él continuó—¿Le comieron la lengua los duendes?

—Lo siento —tragué— es que me tomó por sorpresa.

—Bueno, ya sabe la noticia —resolvió—Puede tomar asiento y empezaremos.

—¿Ahora?—mi pregunta hizo que él elevara sus cejas.

—¿Tiene otros planes?—juntó sus finos labios y me miró con expresión fastidiada—¿Algo más interesante acaso?

Inspiré y retuve el aire en mi pecho, no quería hacerlo enfadar, pero le había prometido a Saultie que iría a verla.

—Iba a ir al partido de hoy —lamí mi labio, sabía que él me retaría ya que lo veía más enfadado que de costumbre.

—¿Va a alentar a Slytherin?

Porque si no me equivoco la ví fraternizando con un Hufflepuff hace un rato —esa mirada penetrante que me regalaba me volvía loca y su pronta actitud de celos me empezaba a gustar.

—Claro que alentaré a Slytherin —dije sin titubear y obviando mi interacción con Diggory mientras él seguía viendo mi rostro, paseando por mis ojos y mis labios, intentando descifrarme.

—Pues lamento decirle que no podrá asistir —conjuró cortante.

Me atreví a sugerir que empezáramos después del partido a lo que él se acercó aún más a mí y apoyó su mano en el escritorio, a un costado de mi cadera.

—No sé si no fui lo suficientemente claro —exhaló en mi rostro y sentí unas ganas fervientes de cerrar los ojos, aunque no lo hice— Espero completa obediencia de parte suya, Blackwood.

Aceptará mis órdenes sin quejas ¿Entendido?

Enfatizó esa última palabra a centímetros de mi rostro, tan cerca que podía sentir su perfume amaderado y el calor de su cuerpo a un paso del mío.

Mi piel se erizó por completo y mi ropa interior ya empezaba a molestarme.

Quise sumergirme en él, quise apretar su nuca con la palma de mi mano y devorarle la boca como una maldita loca.

Su cercanía era magnética y me invitaba a sostenerme de su hombro vestido de una capa negra hasta los tobillos.

Quería que me envolviera en ella y no me dejara escapar.

Quería que me dejara desprenderle esa hilera de botones que vestían su torso y accediera a que yo lo desnudara.

—Como usted diga, profesor—dije suave y condescendiente, obviando la poca fuerza de voluntad que me quedaba para mantenerme en pie.

—Buena niña, ahora siéntese o la haré clasificar mis pociones en orden alfabético —miró mi boca de vuelta— y no la dejaré usar magia.

Sus amenazas me incitaban a seguir desafiando su paciencia.

De verdad quería redoblar la apuesta.

Sus piernas encerrando las mías, su brazo como poste de prisión, tentándome a agarrarlo para sostenerme de él.

Tragué en seco y suspiré.

Me moví apenas para que él me dejara salir del vallado que había hecho con su cuerpo, entonces, se hizo a un lado y yo caminé hasta mi pupitre.

Levanté la mirada suponiendo que encontraría la suya al haberlo dejado sin presa para cazar.

Y estaba en lo cierto, me miraba peor que antes: apoyándose en su escritorio, tapándose con su capa y cruzando sus brazos.

—Necesita un pergamino, Blackwood —me ordenó sarcástico sabiendo que yo no había llevado absolutamente nada.

Sin bajar la mirada, le contesté suave y casi sonriente.

—¿Me regala uno, profesor?

No sabía si mi actitud le gustaba, al contrario, parecía enojarlo más.

Suponía que se trataba de una simple guerra de egos.

Después de todo, ambos éramos Slytherin, ninguno quería dar el brazo a torcer.

Pero ¿y si realmente le gustaba mi cercanía?

Ya se le había hecho costumbre encerrarme y tenerme a solo unos centímetros.

¿Quién se acercaría tanto a alguien si le molestara su presencia?

Más él, Severus Snape, cuya frialdad era una extensión natural de su cuerpo.

Una capa más que vestía con orgullo.

Sentí su sombra antes que su voz.

Ese silencio condenatorio que lo anunciaba siempre llegaba primero, deslizándose por la sala y posándose sobre mí.

Volvió a regalarme el paisaje de sus ónix cuando se acercó a mi pupitre y me entregó la hoja.

Sus dedos largos rozaron el papel como me hubiera encantado que rozaran la piel de mis mejillas.

Tuve el impulso de cerrar los ojos otra vez, este hombre me iba a matar.

No de un golpe, sino lentamente, con cada gesto medido, con cada mirada que parecía sostenerme y desnudarme a la vez.

Respiré hondo, pero el aire no alcanzaba.

Sus movimientos eran precisos, calculados y esa intensidad con la que me observaba me llegaba a quemar el vientre, descendiendo como una llama indisciplinada que no sabía obedecer.

Me odié un poco por ello.

Por la traición de mi propio cuerpo, por la manera en que reaccionaba ante alguien que jamás daría un paso en falso, alguien que preferiría el silencio antes que una confesión.

Apreté la hoja entre mis dedos, consciente de su presencia aún allí, demasiado cerca.

Podía sentirlo incluso cuando se apartó, como si hubiera dejado una marca invisible en el aire.

Sólo podía pensar en lo empapada que estaría mi ropa interior durante las siguientes dos horas junto a él, en ese tormento exquisito que era compartir el espacio con Severus Snape, sabiendo que jamás cruzaría una línea… y temiendo, con una esperanza culpable, que en algún momento lo hiciera.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES Luisinasebert hola amis!

espero que hayan disfrutado el cap!

las amo!

gracias por leerme 🙂

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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