SEVEN RIDER - Capítulo 2
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2: capitulo 2 ” La Heredera” 2: capitulo 2 ” La Heredera” CAPÍTULO 2 – La Heredera I.
El camino del mundo Finalmente, Lya, Solrack y los hermanos goblin dejaron atrás la Montaña Congelada.
El sol brillaba con fuerza frente a ellos, tan distinto al cielo pálido de la nieve eterna, y un largo camino de piedra se extendía hacia el horizonte.
Por él transitaban numerosos carruajes: algunos tirados por caballos comunes, otros por bestias de distintas razas, y unos cuantos avanzaban impulsados por cristales mágicos que reaccionaban al maná de su conductor.
Para Solrack, aquello era una escena completamente nueva.
El mundo se movía… y avanzaba sin él durante todo el tiempo que había permanecido dormido.
En medio del camino los esperaba un carruaje especial, tirado por dos caballos distintos: uno era un caballo de hielo, cuya respiración dejaba escapar vapor frío; el otro, un caballo común de pelaje oscuro.
Gracias a esa combinación, el carruaje podía avanzar tanto en el clima gélido de la montaña como en las regiones templadas más abajo.
Junto al carruaje se encontraba un elfo de aspecto serio y porte elegante.
—Señorita Lya —saludó inclinando la cabeza—.
Me alegra verla a salvo.
Su nombre era Kyo, un elfo de unos cincuenta años de apariencia, aunque su mirada revelaba décadas de experiencia.
Era un sirviente de confianza de la familia de Lya.
Fue entonces cuando Solrack descubrió algo inesperado.
Lya pertenecía a la nobleza.
Su padre era primo directo del rey de aquella nación.
Tras las presentaciones, todos subieron al carruaje y emprendieron el viaje hacia Aain, la ciudad principal del reino de Aincraft.
II.
El precio de la injusticia El viaje avanzó con tranquilidad… hasta que llegaron a una serie de puestos de peaje.
Había tres en total.
Cada uno exigía tres monedas de cobre por persona, cuando el peaje oficial era de solo una moneda.
Lya frunció el ceño al notar la irregularidad, pero lo peor ocurrió cuando vio al carruaje detenido delante del suyo.
Una mujer viajaba a caballo junto a sus dos hijos pequeños.
No tenía más dinero.
—Entonces págalo con el caballo —insistió uno de los soldados—.
Te daremos dos monedas de plata por él.
Lya apretó los puños.
Cada moneda de plata equivalía a cien de cobre.
Y cien monedas de plata valían una de oro.
Aquel caballo tenía un valor real de cinco monedas de plata.
Era un abuso descarado.
—¡Eso es injusto!
—intervino Lya, descendiendo del carruaje—.
El peaje oficial es de una moneda de cobre, no tres.
Y lo que ofrecen por ese caballo es un robo.
Los soldados la ignoraron.
—No te metas, niña —respondió uno con desdén.
Fue entonces cuando Lya respiró hondo… y sacó de su cuello un objeto brillante.
Un Amuleto Noble.
El símbolo de la familia real de Aincraft.
El silencio cayó de golpe.
Los soldados palidecieron, y sus cuerpos comenzaron a temblar.
—¿U-una afiliada directa a la familia del rey…?
—murmuró uno, aterrorizado.
Lya no se detuvo allí.
Sacó de su bolsillo un pequeño artefacto mágico de comunicación y habló con voz firme.
Al otro lado, alguien tomó nota inmediata de la situación.
Minutos después, el encargado de los peajes respondió personalmente, prometiendo el cierre inmediato de ese puesto… y de muchos otros que operaban con los mismos abusos.
La mujer y sus hijos fueron liberados sin pagar nada.
Solrack observaba todo en silencio.
Por primera vez, veía el poder de la nobleza… y también la diferencia entre quienes lo usaban para oprimir y quienes lo usaban para proteger.
III.
La ciudad de Aain Horas más tarde, el carruaje cruzó las enormes puertas de Aain.
Una ciudad vibrante, llena de torres, canales mágicos, mercados flotantes y edificios donde la magia y la ingeniería convivían como algo cotidiano.
Los hermanos goblin se despidieron de Lya con sonrisas nerviosas y agradecimientos sinceros antes de perderse entre la multitud.
Lya, por su parte, se giró hacia Solrack.
—Ven conmigo —le dijo—.
Te ayudaré a encontrar un trabajo.
Necesitas dinero si quieres quedarte en la ciudad… y no pienso dejarte solo.
Solrack asintió.
Aún no lo sabía, pero ese simple gesto lo llevaría a un lugar que jamás imaginó.
Y mientras Aain seguía con su vida cotidiana, muy lejos de allí, bajo el continente… el eco que Solrack sentía continuaba creciendo.