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SEVEN RIDER - Capítulo 3

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  3. Capítulo 3 - 3 CAPITULO 3 EL HOGAR DE LYA
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3: CAPITULO 3: EL HOGAR DE LYA 3: CAPITULO 3: EL HOGAR DE LYA La ciudad de Aain no dormía nunca.

Aun cuando el sol comenzaba a ocultarse tras las torres de cristal y piedra blanca, las calles seguían llenas de vida.

Comerciantes cerraban sus puestos mientras otros recién los abrían; carruajes cruzaban los puentes elevados; y la magia fluía como una corriente invisible que sostenía el pulso de la capital de Aincraft.

El carruaje de Lya avanzó por los distritos internos, dejando atrás el bullicio de los mercados hasta llegar a una zona más tranquila, rodeada de jardines elevados y fuentes de agua cristalina que brillaban suavemente bajo la luz de cristales flotantes.

—Bienvenido a mi hogar —dijo Lya con una sonrisa sincera, mirando a Solrack.

La residencia se alzaba ante ellos como una mezcla armoniosa de elegancia y calidez.

No era un palacio, pero tampoco una casa común.

Sus muros claros estaban grabados con runas de protección discretas, casi invisibles, y amplios ventanales dejaban entrar la luz natural.

En el centro, una torre baja servía como núcleo mágico del hogar.

Solrack sintió algo extraño.

No poder.

No amenaza.

Sino paz.

Era un lugar construido para proteger, no para imponerse.

— I.

Una familia incompleta, pero unida Apenas descendieron del carruaje, la puerta principal se abrió.

—¡Lya!

Una joven de cabello castaño claro y ojos celestes corrió hacia ella y la abrazó con fuerza.

—Pensé que tardarías más —dijo entre risas—.

¿Te fue bien?

—Muy bien, Arien —respondió Lya—.

Te presento a Solrack.

La joven se separó lo suficiente para observarlo con curiosidad.

—Soy Arien, una de las hermanas de lya —dijo con una inclinación educada—.

Tengo catorce años.

Antes de que Solrack pudiera responder, otras dos niñas aparecieron detrás.

Una de cabello plateado, expresión tranquila y pasos cuidadosos.

La otra, más baja, con el cabello azul oscuro y una sonrisa traviesa que parecía no quedarse quieta.

—¡¿Ese es el chico de la montaña?!

—exclamó la más pequeña.

—¡Neris!

—la reprendió la de cabello plateado—.

Ten un poco de educación.

Lya rió suavemente.

—Solrack, ellas son Elith —señaló a la de cabello plateado—, tiene trece años.

Y la pequeña es Neris, 5 Las tres hermanas de Lya eran muy distintas entre sí, pero compartían algo esencial: una mirada honesta, libre de malicia.

Desde el interior de la casa, una voz joven se dejó oír.

—¿Ese debe ser el invitado del que hablaban?

Un muchacho salió caminando con paso confiado.

Tenía el cabello oscuro, ojos firmes y una postura que delataba entrenamiento constante.

—Soy Kael —dijo—.

El hermano mayor.

Tengo dieciséis años.

Lya infló ligeramente las mejillas.

—Solo por dos meses.

Kael sonrió.

—Sigue siendo verdad.

Solrack observó al grupo con atención, preguntándose como podian tener solo dos meses de diferencia.

No había arrogancia en ellos.

Ni rastro de crueldad.

Era una familia que había aprendido a sostenerse mutuamente.

— II.

La magia que habita el hogar Durante la cena, Solrack aprendió más sobre ellos.

El padre de Lya no se encontraba en casa aquella noche.

Trabajaba como consejero directo del rey, y sus deberes lo mantenían en el castillo durante largas jornadas.

La madre… no estaba.

Había fallecido años atrás debido a una enfermedad incurable.

No hubo lágrimas al mencionarla.

Solo un silencio respetuoso.

Vivía en cada gesto amable.

—Todos aquí usamos magia —explicó Arien—.

Es algo… natural en nuestra familia.

Kael fue el primero en mostrarla.

Extendió la mano y una luz clara se condensó alrededor de su puño, tomando forma de una hoja luminosa.

—Magia de Luz sólida —dijo—.

Puedo materializarla y usarla para combate o defensa.

La luz no era agresiva.

Era estable.

Luego fue el turno de Arien.

Cerró los ojos y el aire a su alrededor se volvió fresco.

Pequeñas gotas de agua flotaron, girando lentamente hasta formar un delicado anillo.

—Magia de Agua pura —explicó—.

Me especializo en control y sanación.

Elith dio un paso adelante.

Su magia era distinta.

La luz del ambiente se reflejó en el agua del jarrón cercano, y ambas comenzaron a mezclarse, formando hilos iridiscentes.

—La mía es Magia de Luz Fluida —dijo—.

Combina agua y luz.

Es difícil de dominar, pero muy versátil.

Por último, Neris levantó las manos con entusiasmo.

—¡Miren esto!

Un pequeño orbe de agua brillante apareció, iluminado desde su interior por destellos suaves.

El orbe cambió de forma, convirtiéndose en pequeñas figuras que danzaban en el aire.

—Magia de Agua Radiante —anunció orgullosa—.

¡Puedo hacer que brille!

Lya observó a sus hermanos con una sonrisa tranquila.

—Y tú —preguntó Solrack—, ¿qué tipo de magia usas?

Ella dudó un segundo.

—La mía es… Magia de Luz Regulada —respondió—.

Es poderosa, pero inestable.

Por eso uso la varilla.

Apoyó la mano sobre el objeto que siempre la acompañaba.

—Mi meta es aprender a controlarla sin ayuda.

Solrack asintió.

Comprendía ese deseo.

— III.

Lya, más allá de la nobleza Esa noche, Solrack fue alojado en una habitación de invitados.

Antes de retirarse, Lya lo acompañó por los pasillos iluminados suavemente.

—Gracias por quedarte —dijo ella—.

Mi familia no suele recibir extraños.

—No me siento un extraño aquí —respondió Solrack.

Lya se detuvo.

—Eso me alegra.

Por un instante, la heredera dejó de ser noble.

Dejó de ser aventurera.

Solo fue una joven que había crecido demasiado rápido.

—Quiero ser fuerte —confesó—.

No por mi apellido… sino para proteger lo que amo.

Solrack la miró.

Y comprendió que aquella casa no era importante por su linaje.

Sino por las personas que la habitaban.

Mientras las luces se apagaban poco a poco, Aain seguía respirando en la distancia.

Y en ese hogar, sin saberlo aún, se estaba formando un lazo que cambiaría el destino de más de una vida.

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