SEVEN RIDER - Capítulo 22
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Capítulo 22: Cap 22 : la furia de Yumia
Capítulo 22: La furia de Yumia, un poder del Inframundo
El aire dentro de la iglesia abandonada había cambiado.
No… eso no era correcto.
El aire seguía siendo el mismo.
Pero la sensación de existir dentro de él… ya no lo era.
Calius fue el primero en notarlo.
Su respiración se volvió irregular. No porque faltara oxígeno… sino porque algo en su interior se negaba a inhalar.
Como si su propio cuerpo intentara advertirle:
> No respires… algo aquí no es natural.
—…¿Qué está pasando…? —murmuró, apenas audible.
Ernest no respondió.
No podía.
Sus rodillas ya habían tocado el suelo.
Frente a ellos, Rudes había desatado un poder monstruoso tras sacrificar a sus propios seguidores. Su aura oscura llenaba la sala como una niebla densa, cargada de violencia.
Pero eso… eso ya no era lo peor.
Lentamente…
Ambos giraron la mirada.
Detrás de ellos.
Y entonces la vieron.
Yumia.
Levitando.
Su cuerpo estaba rodeado por una energía negra que no se comportaba como el maná normal. No fluía… no vibraba…
Latía.
Como si estuviera viva.
Como si respirara.
Como si… observara.
Los ojos de Yumia, normalmente apagados, ahora brillaban con una profundidad antinatural. No era solo poder.
Era algo más antiguo.
Algo más… consciente.
Rudes sonrió.
—Vaya… así que decides mostrar tu verdadero rostro.
Pero su sonrisa duró poco.
Porque, por primera vez desde que comenzó todo…
Sintió algo.
Un escalofrío.
Uno que no provenía del miedo.
Sino del reconocimiento.
—Ese flujo de energía… —murmuró, entrecerrando los ojos— …no es invocado.
Silencio.
Yumia descendió lentamente.
Sus pies tocaron el suelo sin hacer ruido.
—Te lo advertí… —dijo con voz baja.
No gritó.
No tembló.
No dudó.
—Los demonios no te dan poder…
Levantó la mirada.
—Te convierten en alimento.
El ambiente se volvió aún más pesado.
Rudes frunció el ceño.
—¿Alimento? Qué absurdo. Yo soy quien controla este poder.
Yumia negó suavemente.
—No.
Una pausa.
—Solo eres el recipiente.
El sacerdote oscuro soltó una carcajada.
—¿Y tú qué eres entonces?
Silencio.
La respuesta tardó un segundo en llegar.
—Yo… soy la puerta.
El suelo vibró.
No por un ataque.
No por un hechizo.
Sino por la presión.
Calius apretó los dientes.
—Ernest… retrocede…
—N-no puedo… —respondió él, temblando— …mi cuerpo no responde…
No era parálisis.
Era algo peor.
Desesperación.
Un miedo primitivo que no necesitaba explicación.
Un miedo que nacía sin razón.
Un miedo que crecía… sin control.
Yumia cerró los ojos.
Por un instante.
Solo uno.
Y entonces…
El flujo cambió.
Hasta ese momento, su cuerpo había estado en constante pérdida.
Su maná, drenado por el “Pie del Sheol”, desaparecía segundo a segundo.
Pero ahora…
Algo respondía.
El Inframundo.
No como un lugar.
Sino como una presencia.
Invisible.
Lejana.
Pero conectada.
Las emociones comenzaron a manifestarse.
El miedo de Ernest.
La tensión de Calius.
La incertidumbre de los cultistas muertos.
Incluso…
La duda de Rudes.
Todo eso…
Se convirtió en energía.
Y esa energía…
Fluyó hacia ella.
—¿Qué… es esto…? —susurró Calius.
Sus manos temblaban.
Podía sentirlo.
No como magia.
Sino como algo más profundo.
—Está… absorbiendo…
—No —corrigió, con esfuerzo— …está convirtiendo…
Rudes dio un paso atrás.
Instintivamente.
—Esto no es posible…
Su voz ya no era segura.
—Yo… yo sacrifiqué a mis hombres…
Su aura aumentó.
Violenta.
Descontrolada.
Pero…
Insuficiente.
Porque frente a él…
Había algo distinto.
No alguien que buscaba poder.
Sino alguien que…
Era poder.
—¿Sabes qué es lo más irónico? —dijo Yumia, abriendo los ojos.
Rudes no respondió.
No podía.
—Tú sacrificas vidas para obtener fuerza…
Un paso.
—Yo no necesito sacrificar nada…
Otro paso.
—Porque ustedes…
Una pausa.
El aire se volvió insoportable.
—Ya lo están haciendo por mí.
Los ojos de Rudes se abrieron.
Comprendió.
Demasiado tarde.
—…desesperación…
Yumia no respondió.
No hacía falta.
Su aura se expandió.
No como una explosión.
Sino como una presión constante.
Ineludible.
Inevitable.
El suelo crujió.
Las paredes vibraron.
Las sombras se distorsionaron.
—¡Basta! —gritó Rudes, levantando ambas manos—. ¡No me subestimes!
Su magia reaccionó.
Un círculo oscuro se abrió bajo sus pies.
Tentáculos de energía emergieron del suelo, retorciéndose con violencia.
—¡Pulpiel! ¡Concédeme más poder!
Los tentáculos se alzaron.
Gigantescos.
Cubiertos de energía púrpura.
Y se lanzaron contra Yumia.
Silencio.
No esquivó.
No bloqueó.
No reaccionó.
Simplemente…
Caminó.
Los tentáculos se detuvieron a centímetros de su cuerpo.
Temblando.
—¿Qué…? —Rudes retrocedió— ¡Muévanse!
Pero no lo hicieron.
Porque algo más fuerte…
Los estaba controlando.
Yumia levantó la mano.
Los tentáculos comenzaron a desintegrarse.
No por destrucción.
Sino por desobediencia.
—Ese poder… —dijo ella— …no te pertenece.
Los ojos de Rudes temblaron.
—No… no… ¡Eso es mío!
—No.
Un susurro.
—Es de él.
La presión aumentó.
—Y él…
Una pausa.
—Prefiere algo mejor.
Rudes sintió algo detrás de él.
Algo enorme.
Algo que no podía ver.
Pero que sabía que estaba allí.
Observándolo.
Esperando.
—N-no…
Yumia lo miró.
Por primera vez…
Sin compasión.
—Ahora entiendes.
Un paso más.
—No invocaste poder…
Otro.
—Invocaste atención.
Rudes cayó de rodillas.
Su cuerpo temblaba.
No por el peso del maná.
Sino por el terror.
—¡Detente! ¡Puedo ofrecer más! ¡Más sacrificios! ¡Más vidas!
Silencio.
Yumia lo observó.
—Demasiado tarde.
Levantó la mano.
El aire se tensó.
—Tu desesperación…
Una pausa.
—Es suficiente.
Y entonces…
Desapareció.
Un instante después—
Apareció frente a él.
Sus ojos se encontraron.
Y por primera vez…
Rudes vio lo que realmente era.
No una chica.
No una maga.
No una mitad demonio.
Sino un reflejo…
Del lugar del que él solo había oído hablar.
—N-no…
No terminó la frase.
Yumia apoyó dos dedos en su frente.
No hubo explosión.
No hubo grito.
Solo…
Silencio.
El cuerpo de Rudes cayó lentamente.
Inconsciente.
Vacío.
Derrotado.
La presión desapareció.
El aire volvió.
El sonido regresó.
Calius cayó de rodillas, jadeando.
—…esto…
Ernest no se movía.
Solo respiraba con dificultad.
Yumia permaneció en silencio.
Su aura comenzó a desvanecerse.
Lentamente.
Muy lentamente.
Hasta que…
Se apagó.
Su cuerpo se tambaleó.
Y cayó.
Pero antes de tocar el suelo—
Calius reaccionó.
—¡No la toques! —gritó Ernest, desesperado— ¡Podría drenarte!
Calius se detuvo.
A centímetros.
Dudando.
Pero entonces…
Algo extraño ocurrió.
El flujo había cambiado.
Ya no había presión.
No había drenaje.
No había nada.
Solo…
Vacío.
—…se quedó sin maná… —murmuró.
Yumia respiraba débilmente.
Como siempre.
Como si nada hubiera pasado.
Como si todo eso…
Hubiera sido un sueño.
Ernest se acercó lentamente.
—¿Está… viva?
Calius asintió.
—Sí…
Miró el cuerpo de Rudes.
Luego a la iglesia.
Luego a Yumia.
—Pero… esto no fue normal.
Silencio.
Pesado.
Real.
—No… —dijo Ernest— …esto fue otra cosa.
Calius bajó la mirada.
—…el Inframundo…
Y por primera vez desde que comenzaron su misión…
Ambos entendieron algo.
No estaban entrenando con alguien fuerte.
No estaban viajando con una compañera peligrosa.
Estaban…
Conviviendo con algo que apenas comprendían.
Y algo que…
Si perdía el control…
No podría ser detenido.
El silencio se extendió.
Mientras la noche caía fuera de la iglesia.
Y en lo profundo…
Muy profundo…
Algo…
Había despertado.
—
Continuará…
Capítulo 23: Montaña Helada
El amanecer llegó lentamente sobre la ciudad.
La iglesia abandonada, que horas antes había sido escenario de un combate imposible de describir, ahora estaba rodeada por miembros de la policía mágica.
Barreras de contención cubrían el área. Sellos flotaban en el aire, asegurando que ningún rastro de energía demoníaca se expandiera más allá del perímetro.
Dentro…
Tres figuras dormían profundamente.
Yumia.
Calius.
Ernest.
El agotamiento había sido total.
🔗 El escape
Un grupo de magos examinaba el lugar.
—No hay rastro directo del líder —dijo uno de ellos—. Solo… residuos de maldición.
Otro respondió:
—Aquí hubo una batalla de alto nivel. Pero esto…
Señaló una marca oscura en el suelo.
—Esto no es magia humana.
Silencio.
El comerciante, Garred, observaba desde atrás, nervioso.
—Yo… yo vine lo más rápido que pude —dijo—. Pero cuando regresé con ustedes… ellos ya estaban así…
Uno de los oficiales asintió.
—Hiciste lo correcto. Sin ellos, probablemente estarías muerto.
El hombre tragó saliva.
—¿Y el otro?
—Escapó.
🌒 Despertar
Horas después…
Ernest fue el primero en abrir los ojos.
—…ugh…
Se incorporó lentamente.
—¿Qué… pasó…?
Calius despertó poco después.
—Mi cabeza… —murmuró, llevándose la mano a la frente.
Yumia seguía acostada.
Quieta.
Respirando lentamente.
Un oficial se acercó.
—Finalmente despertaron.
Ernest levantó la mirada.
—¿Dónde está ese tipo?
Silencio breve.
—Escapó.
…
—¿¡QUÉ!? —gritó Ernest, incorporándose de golpe— ¡¿Cómo que escapó?!
Calius frunció el ceño.
—Eso no tiene sentido… —dijo con calma—. Él estaba inconsciente… igual que nosotros.
Miró alrededor.
—¿Cómo consiguió despertar primero?
Los dos voltearon hacia Yumia.
Ella ya estaba despierta.
Mirando el techo.
—Está acostumbrado a la magia del Inframundo —dijo con voz baja.
Ambos guardaron silencio.
—Por eso despertó antes que ustedes.
Se sentó lentamente.
—Yo… no pude hacer nada.
Pausa.
—Debo conservar el poco maná que me queda.
Ernest apretó los dientes.
—Maldito…
Yumia continuó:
—Pero… logré hacer algo.
Los miró.
—Dejé sus brazos inútiles.
Calius alzó una ceja.
—¿Inútiles?
—Una maldición —respondió ella—. No podrá usarlos por un buen tiempo.
Silencio.
Ernest soltó una risa corta.
—Bueno… al menos eso.
🕊️ Consecuencias
Durante los siguientes días, la ciudad se mantuvo en alerta.
La policía mágica investigó el lugar.
Las frutas fueron confiscadas.
Y el caso… clasificado.
Garred, el comerciante, fue interrogado varias veces, pero finalmente quedó libre.
Para sorpresa de todos…
No parecía molesto.
—Quizás… es mejor así —dijo—. Esos frutos… nunca fueron normales.
🌿 Recuperación
El equipo de Yumia descansó durante dos días.
Recuperando energía.
Recuperando calma.
Recuperando… estabilidad.
Yumia permanecía en silencio la mayor parte del tiempo.
Sentada.
Pensativa.
Como si aún escuchara algo que los demás no podían.
🚶♂️ Camino de regreso
El tercer día, partieron de regreso a la academia.
El camino era tranquilo.
Demasiado tranquilo.
Hasta que Ernest rompió el silencio.
—Oye… Yumia.
Ella levantó la mirada.
—¿Qué fue lo que pasó realmente?
Calius también la observó.
—Sí… —añadió—. Ese tipo… no era normal.
Yumia guardó silencio unos segundos.
Luego habló.
—Ese hombre…
Pausa.
—Su maná no era suyo.
Ambos se tensaron.
—Era provisto por un demonio.
El viento sopló entre los árboles.
—Por eso era tan… pesado.
Ernest tragó saliva.
—Entonces… ¿lo controlabas?
Yumia negó.
—No.
Miró al frente.
—Solo… cambié las reglas.
Calius frunció el ceño.
—Explícate.
Yumia respiró hondo.
—Los demonios… tenemos dos fuentes de poder.
—La primera es igual a la de ustedes.
Levantó la mano.
—La glándula de maná.
—Pero la segunda…
Sus ojos se oscurecieron levemente.
—Proviene de las emociones.
Silencio.
—Convertimos emociones… en energía.
Ernest parpadeó.
—¿Qué tipo de emociones?
Yumia respondió sin dudar:
—Desesperación.
El ambiente se volvió más frío.
—Cuando perdí el control…
Bajó la mirada.
—Accedí a esa fuente.
Calius entendió.
—Por eso el ambiente se volvió tan…
—Pesado —terminó ella.
Asintió.
—Sí.
Pausa.
—Y lo usé…
Miró su mano.
—Para terminar el combate de un solo golpe.
Ernest exhaló.
—Eso explica muchas cosas…
Pero entonces Yumia continuó:
—Después… no pude detenerlo.
Ambos la miraron.
—Si me quedo sin poder mágico…
Su voz bajó.
—Mi habilidad terminará por matarme.
Silencio.
—Lo siento…
Calius negó de inmediato.
—No tienes nada que disculpar.
Ernest asintió.
—Exacto. Seguro volveremos a encontrar a ese maniático.
Intentó sonreír.
—Y la próxima no se nos escapa.
Luego añadió:
—Lo importante es que los comerciantes están bien.
—Y que la policía mágica confiscó esas frutas.
Se encogió de hombros.
—Aunque ahora no podrá venderlas… el viejo no parecía muy triste.
Calius soltó una leve risa.
—Supongo que entendió el peligro.
🤝 Reencuentro
Días después…
En el camino de regreso…
Tres figuras aparecieron a lo lejos.
—¿Eh? —dijo Ernest—. ¿Esos son…?
—¡Chicos! —gritó una voz familiar.
Lya.
Corriendo hacia ellos.
—¡No puedo creerlo! —dijo emocionada— ¡Estamos regresando todos juntos!
Ernest sonrió.
—¡Lya! ¡Chicos!
Seichi se acercó con orgullo.
—¡Ahh! Por supuesto que terminamos nuestra misión.
Cruzó los brazos.
—Tenían que vernos en acción.
Gardet levantó la mano.
—Fue increíble.
Danda y Trazon llegaron poco después.
—Nosotros también cumplimos la nuestra —dijo Danda.
Glay, algo sonrojado, asintió.
—Sí… todo bajo control.
El grupo completo estaba reunido.
Por primera vez desde que comenzaron las misiones.
Yumia observó a Lya.
—Oye…
La elfa giró.
—¿Sí?
—¿Has sabido algo del profesor?
Lya negó.
—Para nada.
Luego sonrió.
—Pero gracias a Dios no lo necesitamos.
Pausa.
—Aunque…
Miró al cielo.
—Me pregunto qué habrá estado haciendo…
❄️ Montaña Helada
Muy lejos de allí…
En lo profundo de una montaña cubierta de hielo eterno…
Dos figuras caminaban frente a una pared gigantesca.
Lisa.
Perfecta.
Como un espejo.
Solrack levantó la mano.
Su ojo brilló.
El Ásteri.
La superficie reflejó la luz…
Y se desvaneció.
Revelando…
Una estructura imposible.
Una biblioteca.
Gigante.
Antigua.
Silenciosa.
Azami abrió los ojos.
—Profesor…
Miró alrededor.
—¿Qué mierda es esto…?
Solrack caminó sin detenerse.
—Vamos.
—Tengo que recuperar algo.
Azami lo siguió.
Observando cada rincón.
—Esto es… antiquísimo.
Tocó una columna.
—¿Cuánto tiene? ¿Mil años?
Solrack respondió sin mirar atrás:
—La verdad…
Pausa.
—Ya estaba aquí cuando llegamos hace 300 años.
Azami se detuvo en seco.
—¿300?
Silencio.
—¡¿300?!
Lo miró fijamente.
—¿De qué rayos estás hablando?
Solrack no respondió de inmediato.
—Es parte de mi historia.
📖 El libro
Caminaron hasta un atril.
Cubierto de polvo.
Un libro descansaba sobre él.
Solrack sonrió levemente.
—Aquí está.
Lo tomó.
—Esto es lo que vine a buscar.
Azami se acercó.
—¿Un libro?
Entrecerró los ojos.
—¿Qué clase de libro es?
—Historia —respondió él—. Escrita por mis ancestros.
—Lo traje aquí hace 300 años.
Azami extendió la mano.
—Déjame verlo.
—Olvídalo —dijo Solrack—. Está en lengua antigua.
Pero fue tarde.
Azami ya lo había tomado.
Abrió el libro.
Y comenzó a leer.
—Mmm…
Solrack se congeló.
—Cronología según el patriarca…
Sus ojos se abrieron.
—¿Qué…?
Le arrebató el libro.
Y lo guardó.
—¡Oye! —protestó ella— ¡Estaba leyendo!
—Lo siento —dijo él—. Esa información no puede ser revelada.
La miró fijamente.
—¿Cómo puedes leer eso?
Azami se encogió de hombros.
—Lengua primordial.
—Los vampiros heredamos conocimiento.
Pausa.
—No todo… pero yo puedo leerla.
Solrack pensó en silencio.
“Eso no es posible…”
“Ese libro tiene un sello…”
“Solo quien sea elegido puede leerlo…”
“¿El libro la eligió?”
Luego habló:
—Debo entregarle este libro al director.
Azami cruzó los brazos.
—De acuerdo… quédate con tu libro de historia… pero… ¿qué es eso de 300 años?
Solrack suspiró.
—Bien… voy a contarte…
La historia de la montaña helada
Hace 300 años…
El clan Asterix envió parte de su gente a vivir en esta montaña.
El propósito era claro.
Querían ver si la influencia del ambiente podía alterar la naturaleza de sus ojos.
Querían comprobar si su Asterix se convertiría en un ojo híbrido… un ojo patriarcal con poder de ojo elemental.
Los bebés que nacieron 30 años después…
Desarrollaron, con el paso de los años, ojos elementales de hielo.
Pero otros más…
Unos pocos…
Nacieron con un Asterix capaz de lanzar ataques de hielo… entre otras cosas.
Eso despertó la ambición de otros clanes.
Todos querían ese poder.
Pero ninguno logró replicarlo con éxito.
Fue entonces cuando se descubrió algo más.
El clan Asterix había encontrado una biblioteca antigua en la montaña.
De la era de los patriarcas.
Mucho tiempo antes del diluvio.
Un lugar con acceso a conocimientos olvidados por el paso de las generaciones.
Muchos clanes codiciaban esos conocimientos.
Pero enfrentarse al clan Asterix…
Era un suicidio.
Pero hubo un clan que no tuvo miedo.
El clan Xau.
Portadores del Xau.
Un poder ocular con una fuerza abrumadora.
Capaz de invocar espíritus antiguos.
Ellos decidieron atacar.
La guerra llegó a la montaña.
El clan Xau era enorme.
Y acorraló al clan Asterix dentro de la montaña.
Como último recurso…
El clan Asterix usó esa magia antigua.
Sellaron la biblioteca en otra dimensión.
Y convirtieron la montaña…
En una mazmorra llena de monstruos y trampas.
Dejando oculta aquella biblioteca.
Solo un portador del Asterix de hielo puede liberar el sello.
Luego de eso…
Los miembros que quedaban del clan Asterix huyeron.
Muchos fueron cazados.
Asesinados.
Para robar sus ojos.
Pero al arrancarlos…
Se activaba una magia antigua.
Que destruía el Asterix por completo.
Sin dejar rastro.
La otra parte del clan Asterix…
Los que no fueron a la montaña…
Se unieron a otros clanes.
Cellaton.
Sanoso.
Axu.
Shitao.
Todos juntos.
Para vengarse.
El clan Xau fue casi borrado.
Los sobrevivientes huyeron a una isla.
Lejos del continente.
Para siempre.
Eso permitió que los demás clanes se extendieran en paz durante 300 años.
Pero antes de desaparecer…
El clan Xau juró regresar.
Prometieron abandonar su isla cuando obtuvieran el poder de los antiguos.
Para destruir el continente.
Todos los clanes patriarcales…
Sanoso.
Shitao.
Cellaton.
Asterix.
Axu.
Vivieron mezclados entre los reinos.
Ninguno era exclusivo de nadie.
Cada reino convivía con distintas razas y clanes.
Así fue como el mundo encontró equilibrio.
Esa fue la historia de los 100 años de la guerra helada.
Le dieron ese nombre por la montaña.
Después de esos 100 años…
Pasaron 200 más…
Hasta el día de hoy.
Donde…
Quizás…
Han cambiado muchas cosas…
El presente
Luego de escuchar la historia…
Azami y Solrack ya estaban frente a las puertas de la ciudad.
Y no solo ellos.
Los tres equipos de la clase de Solrack…
También estaban allí.
Todos juntos.
Solrack…
Y sus diez estudiantes.