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Sistema de Evolución Universal - Capítulo 134

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Capítulo 134: Círculos Activados, Espada Manchada.

Una mujer miró a su costado e hizo una mueca de desagrado.

—Esto ya me tiene cansada. ¿Por qué no vuelves con tu clan?

El joven maestro se encogió de hombros y se acercó con galantería. Estiró la mano para tocar las mejillas de la mujer.

Un ligero manotazo lo detuvo. La mirada de ella era seria.

Suspiró.

—Está bien. Supongo que, sin más lugares que limpiar, este asunto será solo tuyo. Que te vaya bien con lo que hagas. —Se inclinó antes de marcharse.

Maribel suspiró y rodó los ojos. Mientras él se alejaba, una voz masculina se aproximó, tranquila.

—Es un buen prospecto, ¿sabes?

Ella lo miró con una ceja levantada.

—Tú no sabes las cosas que hay en su mente.

Un bufido suave y recatado se escuchó a su lado. Esta vez, claramente femenina.

—En realidad conozco a este tipo de gente —admitió Maereth—. Suelo encontrarlos a menudo. Aunque pueden ser útiles si los sabes usar bien.

Maribel soltó una risita breve.

—Es verdad.

La puerta de la sección de mortales de la Secta del Umbral Correcto se abrió. Entraron con naturalidad, ignorando la sala de recepción. Maribel caminaba como si el lugar le perteneciera. No hubo guardias que la notaran. Dos personas la acompañaban.

Soltó un suspiro y giró apenas la cabeza.

—¿Piensan seguirme?

Richard y Maereth asintieron.

Un guardia pasó junto a ellas sin prestar atención.

Maribel se llevó una mano a la cabeza y se masajeó la sien.

—Bueno. No pienso decirles que no.

Avanzaron. Los pasadizos estaban transitados por pocas personas. Muchas habitaciones permanecían en silencio, sin placas de residentes. El suelo estaba sucio; prendas colgaban en lugares improvisados. Algunas maletas reposaban en el suelo, mientras alguien llegaba para añadir más artilugios y ropa.

Los tres observaban todo aquello de reojo.

Se detuvieron frente a una habitación. Delante de ella se encontraba una mujer. Maribel ladeó la cabeza y apareció frente a ella.

—Joven señorita Zhao —la llamó.

La joven dio un pequeño salto.

—Mier— digo… mucho gusto en verla de nuevo. —Sus ojos se movían nerviosos, como si buscara algo alrededor.

—¿Qué haces aquí? —preguntó Maribel.

La joven hizo una reverencia.

—Su hijo me pidió que la espere y le diga que está en el patio de atrás. En campo abierto —parpadeó—. Dijo que era importante.

Maribel la observó un momento, desconcertada.

—¿Por qué me esperaría ahí?

La joven se encogió de hombros.

—Dijo que eran órdenes de su padre.

Maribel alzó una ceja.

«El sistema no me advirtió de ninguna acción de Aether. Algo extraño está pasando. ¿Por qué enviarlo a campo abierto?»

Asintió y desapareció.

Antes de irse, alcanzó a ver cómo la joven entraba al cuarto vacío, se dejaba caer sobre la cama y comenzaba a dar vueltas. Maribel entrecerró los ojos y alzó un dedo, señalándola.

—¿Qué haces? Deja eso para luego.

—Tsk. Bueno.

Finalmente, avanzaron hacia el patio trasero.

El sol estaba alto en el cielo. El aire corría con tranquilidad.

El niño lobo observaba el cielo. Giró apenas al sentirlos llegar, aunque no miró directamente a nadie. Una ligera sonrisa se formó en su rostro.

—Ya estás aquí. El espacio muestra signos de movimiento.

El murciélago sobre su cabeza se agitó inquieto, vigilando las sombras con desconfianza.

Maribel apareció con una leve sonrisa, acompañada de Richard y Maereth. Aether les daba la espalda, con la mirada aún fija en el cielo.

—Hola —saludó Maribel.

Las orejas de Aether temblaron. Sonrió también, esta vez con más claridad.

—Hola.

Richard se aclaró la garganta.

—Ya deberíamos irnos, las cosas—

Una voz lo interrumpió.

—La anomalía —susurró Maereth.

Las miradas se dirigieron hacia ella. Maereth no apartó los ojos del niño lobo.

—Se me envió a investigar una anomalía de cultivación —señaló a Aether—. Y esa es una anomalía. Además… —entrecerró los ojos— ¿qué ocurre con ese rostro? Es muy similar al de ella.

Maribel se movió apenas. Richard apoyó una mano sobre su hombro.

Maereth dio un pequeño salto cuando una mirada cargada de muerte cayó sobre ella. Giró el rostro: Maribel exhalaba intención asesina por primera vez desde que la conocía.

Richard bajó con cuidado la mano de Maereth.

—Recomiendo cautela cuando tratas con él. No es simple.

Maereth asintió. Avanzó con pasos medidos y realizó una reverencia cortés. Aether devolvió el saludo del mismo modo.

—Es extraño encontrar a un cultivador entre los mortales. Pero más extraño aún es ver a un niño cultivándose —lo observó con atención; sus ojos se estrecharon—. ¿Puedo saber el nombre de tu madre?

Un espasmo recorrió el cuerpo de Aether. Parpadeó y desvió la mirada, buscando a Maribel. Ella asintió.

Aether volvió a mirar a Maereth.

—Vireya Elune de Kaelmir.

Ante los ojos de Maribel, una notificación apareció.

[Manipulación mental detectada.]

Las sombras se agitaron. Uno de los guardianes de Maereth salió disparado, con la mirada perdida.

—¡Cuidado! —gritó mientras se lanzaba contra Aether.

Richard extendió la mano. Una fuerza telequinética estrelló al guardia contra el suelo. La presión espiritual se expandió, aplastando a los demás. Pero no terminó ahí.

Otros guardianes emergieron de sus escondites, temblando, con marcas moradas brillando en sus cuerpos.

Maribel entrecerró los ojos.

—¿Qué significa esto?

El más cercano habló con voz contenida.

—No lo sé. Algo… me impulsa.

Maribel frunció el ceño. Extendió los dedos y liberó sus mentes. Todos cayeron de rodillas, despojados de fuerza.

Desde el aire descendieron figuras con ropajes celestes. Rodearon a Maereth en formación defensiva.

Uno de ellos se acercó al guardia.

—¿Qué acaba de pasar?

El guardia respiró hondo y negó despacio.

—No lo sé.

Se inclinó a modo de disculpa y regresó a su posición junto a Maereth. Los demás hicieron lo mismo.

Maribel los observó con desconfianza.

—Mis disculpas, pero será mejor que lo proteja a él.

Richard la imitó y se colocó a su lado, cerca del niño.

Entonces ocurrió.

No hubo sonido. No hubo advertencia. Solo una sombra en movimiento.

Primero brilló desde atrás.

Luego se manchó.

El rojo se deslizó por la espada como una lengua saboreando el fluido. Maereth abrió los ojos, sorprendida. Bajó la mirada lentamente y el horror se dibujó en su rostro.

Extendió la mano hacia Maribel.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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