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Sistema de Evolución Universal - Capítulo 136

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Capítulo 136: La Técnica Que No Existe

Los hombres del Dragón entrecerraron los ojos. La desconfianza era evidente.

Maribel alzó la mano y apuntó. El instinto de peligro, la autopreservación, se apagaron en sus mentes.

Tal vez fue un error.

Se abalanzaron de inmediato.

—¡Intenta hacer algo!

Aether desapareció sin sonido. Richard apenas se movió, su espada describió un arco limpio. Uno de los hombres fue partido en dos. Otro fue atravesado por una cola formada de qi condensado. El tercero quedó atrapado por Abby; su grito se ahogó cuando la sangre empezó a abandonarlo.

Jiāng Róngxuān detuvo al último. Lanzó una espada voladora por la espalda mientras sostenía otra en la mano. El hombre de rojo ignoró por completo el ataque posterior y alzó la mano. Picos de piedra emergieron del suelo y atravesaron el torso de Róngxuān.

Sus ojos temblaron.

—Un ataque suicida… Está loco.

Cuando el hombre de rojo murió, los picos se derrumbaron. La carne de Róngxuān comenzó a regenerarse; en cinco respiraciones, la mitad de su torso se había recompuesto.

Los restantes no dudaron. Atacaron sin coordinación, sin defensa.

El anciano Zhao movió los dedos, lanzando cortes de qi. Se detuvo un instante, sorprendido.

—¿Qué clase de habilidad monstruosa es esta? —murmuró—. Atacan sin protegerse… como si no temieran morir.

Sus ojos se deslizaron hacia Maribel, pero su atención se fijó pronto en Aether.

«La mujer y su protegido… ambos tienen talento. Debo asegurar al menos a uno. El niño… parece cercano a mi nieta.»

Sonrió apenas.

—En el clan Zhao poseemos defensas impenetrables y una formación de teletransporte—

Se interrumpió.

Un coro de presiones descendió como una sola.

Desde las grietas del espacio emergieron varias figuras. Sus ojos eran completamente verdes. La intención asesina era desnuda, sin disfraz. Sus presencias resultaban aberrantes, como si la realidad misma las rechazara.

Del otro lado del portal se vislumbró un mundo distinto.

Un edificio de hormigón que se alzaba cientos de pisos.

Una nube en forma de hongo elevándose hacia el cielo.

Una presión imposible que avanzaba, borrándolo todo.

El edificio colapsó. La onda expansiva alcanzó el umbral del portal justo antes de que este se cerrara de golpe.

El anciano Zhao reaccionó al instante, desplegando una barrera de qi. La presión lo empujó varios pasos hacia atrás.

—¿Qué… clase de mundo…? —susurró, con el ceño fruncido.

Los invasores verdes sonrieron.

Uno se lamió los labios y alzó la mano, formando una señal extraña: los dedos índice y meñique extendidos, el pulgar presionando los otros dos.

—¡Qué onda! —dijo, probando las palabras—. Creo que así se decía…

El gesto quedó suspendido en el aire.

Los cultivadores reaccionaron de inmediato.

El rostro del anciano Zhao se endureció. Un murmullo de ira.

—Esa señal… —escupió —. Es una burla al Cielo. Un desafío abierto a las leyes del mundo.

El invasor no mostró reacción alguna. Sus ojos verdes permanecieron vacíos, como si no comprendiera el peso del insulto.

Otro de los seres inclinó ligeramente la cabeza.

—Solo está saludando —dijo con indiferencia—. Luego los mataremos.

Se prepararon, pero se detuvieron de repente. Sus miradas se desviaron hacia Aether y Maribel. No era posible saber a cuál de los dos observaban… o si a ambos.

—¿Qué… es esto? —dijo uno—. ¿Por qué estás aquí?

El anciano Zhao no perdió tiempo. Su poder de Alma Naciente estalló. Un trueno descendió de los cielos y se ramificó entre los invasores como un hilo de juicio.

—¡Vayan al clan Zhao! ¡Pónganse a salvo!

Uno de los seres del vacío imitó una sonrisa.

—Esa mujer… la conozco. Debe volver a donde pertenece. Debe volver a casa. Debe morir.

Maribel tembló. Una sensación conocida le apretó el pecho. Apretó los dientes y lo fulminó con la mirada.

—Tú… eres quien me asesinó en el hospital.

Richard la sujetó del brazo y la jaló. Abby tomó a Aether.

Maribel alzó la vista y vio una paloma verde descender del cielo.

«Rin. Diles que nos encuentren en el clan Zhao. Tienen una matriz de teletransporte.»

El ave la observó un instante, luego miró el combate.

«Ya envié a dos personas», respondió. «Son de fiar.»

Maribel suspiró. El grupo se internó en un callejón.

—¿Por qué nos escondemos? —preguntó Abby—. Es inútil.

Richard se pasó una mano por el rostro.

—Tienes razón. Aether, ¿puedes llevarnos al clan Zhao?

—Puedo… pero no a todos al mismo tiempo.

—No importa —dijo Abby—. Solo hazlo rápido.

Aether asintió. Tomó a Maribel y desaparecieron. Abby alzó su varita; sobre la cabeza de Richard flotó una espada robusta.

Las personas corrían en todas direcciones.

—¿A dónde van? —preguntó Abby.

—¡Al refugio subterráneo! —gritó un hombre desaliñado.

Ambos parpadearon.

A lo lejos, destellos de una batalla desgarraban el cielo.

El anciano Zhao y Jiāng Róngxuān combatían contra siete figuras verdes. Nadie se detenía a mirar… excepto un ser: un ave blanca.

El fuego se fundió con el aire, formando una columna giratoria. El calor se concentró hasta volverse insoportable. Los ladrillos se derritieron. Si quedaban mortales, ya no quedaba nadie.

Los líquidos corporales hervidos se agitaron, cobrando vida propia. Atacaron como sarcillos de carne quemada.

Los siete se recompusieron poco después, dejando partes de sí mismos atrás. Sonreían con burla.

Entonces Rin descendió.

Sus alas se transformaron en lodo. Su cuerpo cayó sin vida, pero su alma oscura siguió volando. Se introdujo en el anciano Zhao por los ojos y la nariz.

Jiāng Róngxuān sintió que la esperanza se extinguía. Esperó la mutación. No llegó.

Rin escaneó el cuerpo del anciano y exhaló aire oscuro, que fluyó hacia Róngxuān, disipando el dolor.

Los invasores hirvieron de indignación.

—¿Qué crees que haces, camarada?

Rin emergió del cuerpo. No tenía rostro, pero su voz destilaba desprecio.

—¿Camarada? —rió—. ¿Cómo se atreven?

Uno ladeó la cabeza, observándolo con atención antinatural.

—No puede ser…

Otro retrocedió.

—Eres… Muerte Azul.

—El que nació de la niebla —gruñó un tercero.

No esperaron más.

La niebla brotó de Rin. Un fuego verde se encendió. Desapareció.

Sonaron los disparos.

Uno.

Dos.

Tres.

Las balas atravesaron los cráneos. Un líquido azul brotó y se evaporó en vapor verde espeso.

Los cuerpos temblaron.

—Esto no es daño… —balbuceó uno— esto es—No terminó. Su cráneo fue aplastado.

Rin hizo la misma señal de cuando el hombre llegó, los dedos índice y meñique extendidos, el pulgar presionando los otros dos. Una sonrisa burlona salió de sus labios.

—Que onda… viva el rock ¿Verdad?

El anciano Zhao cerró los ojos. Su conciencia se expandió. Analizó el qi residual. Buscó estructura, método, ley.

No encontró nada.

Abrió los ojos, horrorizado.

—No… hay método —susurró—. No hay estructura. No hay ley.

Rin caminó entre los cuerpos.

—Veamos —dijo con calma— si se curan de eso.

Jiāng Róngxuān aplastó el cráneo de uno con el pie.

—Anciano, su poder está desapareciendo.

Zhao sintió un escalofrío.

«No sabemos cómo matarlos. Él sí.»

La niebla se disipó. Un hombre de ojos verdes sonrió satisfecho y absorbió la corrupción restante.

—¿Quién eres? —preguntó Zhao.

—Ahora soy el conserje —respondió—. Llámame Rin. Okumura Rin.

Alzó un arma de luz dorada.

—Estas bellezas atraviesan cuerpos mágicos con suma facilidad. El anciano Zhao tembló al sentir esa aura.

*Tap tap tap*

Pisadas firmes, veloces.

Era la ciudad más tranquila que ayer. Menos tranquila que mañana.

Solo los sonidos de las personas corriendo se escuchaban.

—Maldición ¿A dónde fueron esos sujetos? —se quejó Thot.

Amara se detuvo, lo llevaba flotando. Thot puso lentamente sus pies en el suelo, mirando la entrada al refugio subterráneo.

Ante los ojos del grupo, una casa común y corriente. Amara se rascó la cabeza.

—¿Este lugar está camuflado?… o algo así… ¿verdad?

Sofía sacó un talismán especial, lo colgó en la frente y observó. Ladeó la cabeza, confundida.

—¿Qué ves? —preguntó Thot.

—Algo así como… una casa normal.

De las sombras, salió una mujer con el cabello rubio y los ojos celestes. Sofía la saludó sin sorpresas.

—Hola Abby.

La damphyr asintió. Indicando que la sigan adentro.

En el interior, ella quitó una alfombra. Bajo esta, las runas estaban dibujadas y encendidas con magia.

—Solo párense en el centro. —dijo —en el momento que esta casa se queme o sea destruida, las runas desaparecerán.

Ella miró al grupo.

Thot respiró profundo.

—¿Lograron llegar al clan Zhao?

Abby asintió.

Amara sonrió viendo la respuesta.

—Entonces, dejemos a Thot aquí. —dijo la joven, con el aura brotando. —vayamos a machacar a los invasores del Dragón.

Thot suspiró, negando lentamente.

—Maribel está huyendo, Aether está huyendo, Rin… bueno… probablemente esté peleando. Si nos ofrecen formas de escapar, deberíamos hacerlo.

El espacio se curvó, solo un instante. Un niño con orejas de lobo apareció de la nada. Hizo una ligera reverencia.

Thot levantó una ceja, luego hizo tendió la mano. Aether miró la mano tendida un momento antes de tomarla.

—Hola muchacho ¿Qué haces acá?

suspiro. —Si nosotros nos quedamos entre los mortales, es posible que los detecten. Pero Thot no puede seguir nuestro ritmo. Eso es lo que me trae acá. —dijo mirando al comerciante.

Sofía le tocó el hombro al niño.

—¿Sabías que vendríamos acá?

—No realmente, solo aposté con Abby a que sí. Y gané.

Ella miró al par de lobo y murciélago, con incredulidad. Tenía muchas que decir, pero no era el momento.

Se aclaró la garganta.

—De todas formas. Lo que dices tiene sentido. Tú en especial, tienes una presencia fuerte.

Abby miró a Thot a los ojos. Ofreció una dulce sonrisa, juntando las manos.

—¿Te importaría ponerte a salvo? Por nuestra tranquilidad…

Él asintió distraídamente, caminó sin oponer resistencia. Miró una vez más al grupo, con una sonrisa amarga.

—Supongo que en verdad me falta poder. Otra vez solo puedo estar al margen.

Sofía le dio un ligero golpe en la frente, aunque la piel enrojeció.

—No hagas esto Thot. No es tu culpa, nada de esto lo es.

Apenas hubo algo de luz, el hombre desapareció.

Abby tapó nuevamente el círculo, la alfombra puesta encima.

—¿Nos vamos ya? —preguntó a Aether.

El niño asintió, tomando su mano. Desapareció en un santiamén.

Sofía esperó con una expresión de suspicacia.

—¿Pasa algo? —preguntó Amara.

—No moriremos mientras esperamos, ¿verdad?

Su rostro palideció.

—¡Oye, tonta… no tientes a la mala suerte!

Una risita salió de sus labios, ladeando la cabeza.

—¿Ya tienes miedo? Chica de las escondidas.

Amara se dio la vuelta, con una mano en su lanza.

—Solo soy precavida. La mala suerte vino cuando hablamos en la avestruz y Nadir pagó las consecuencias.

Sofía se encogió ligeramente, con los labios ahora apretados.

Estiró la yema de los dedos, tocando ligeramente su hombro, dando ligeros golpes.

—No pasa nada. Es solo una broma, ya no sigo.

No dijo nada. Ella golpeó ligeramente con la cabeza.

—Ey. No te enojes.

Un suspiro. Los brazos bajaron.

—Está bien, no estoy enojada. Solo vigilante.

Sofía arrugó las cejas.

—¡Entonces haberlo dicho antes!

El espacio se deformó una vez más, Aether volvió.

—Las llevaré a las dos a la vez. Tal vez tardemos un poco más.

Asintieron, apareciendo en uno y otro lado.

Cuando finalmente llegaron a su destino, una finca enorme y con grabados en todos lados se podía ver. Algunos símbolo flotaban en el aire, haciendo un recorrido en la entrada.

Sofía y Amara abrieron la boca de sorpresa.

Abby rio entre dientes.

—No se asombren, son solo letras decorativas sin efecto.

Asintieron distraídas, con un talismán en sus manos.

Afuera estaban coordinando la defensa, mucho caminaban en la periferia con las lanzas en mano, ya apuntándolas. Aether apareció y mostró un talismán. Pasaron.

En el interior del clan antiguo, las personas estaban movilizándose a su propio escondite. Podían verlos desaparecer cuando entraban en callejones, con los círculos brillando apenas.

Los magos estaban recitando conjuros en sus baritas, ligeros brillos salían de éstas y cubrían sus cuerpos. Uno de ellos produjo un brillo que se condensó en una esfera; ésta voló a gran velocidad hacia las montañas, mientras el mago esperaba algo.

Una mano tomó a Amara de la cintura, haciéndola saltar de sorpresa. Ella buscó la causa.

—Maribel ¿Qué me haces?

La mencionada apareció de la nada. Parpadeando con inocencia.

—No se… solo quise hacerlo. ¡Hola! ¿Te encuentras bien?

Amara se quedó sin palabras. Sofía parpadeó, rodeándola y examinando por todos lados.

—¿Eres realmente tú?

Richard apareció a lo lejos, con los dedos en las sienes.

—Está actuando raro, lo se. Simplemente… vimos algo muy loco.

—¿Qué vieron? —preguntó Amara.

—Bueno… digamos que… un mundo similar al de donde vengo está en peligro… —la voz fue apagándose poco a poco.

Amara parpadeó.

—¿Eso qué tiene que ver con que me pellizques?

Maribel la miró con ojos oscuros.

—Tú solo déjate ¿Entendiste?

Extendió la mano y volvió a pellizcar.

—En serio, estás actuando extraña.

Una sonrisa suave se formó en sus ojos cuando apareció Aether. Ella se acercó.

—Hola. —saludó Aether.

Ella no dijo nada, frotó su cabeza con esmero y luego lo abrazó.

Los ojos de del muchacho se abrieron con sorpresa. Sus brazos cayeron por un instante.

Cuando se separaron, ella miró al resto.

—¿Quieren irse o quedarse a ayudar?

Todos parpadearon sorprendidos.

Richard se aclaró la garganta.

—Bueno, normalmente creo que preferiría irme. Pero ya no se qué decir…

Amara se rascó la cabeza con una sonrisa desconcertada. Sofía se escondió tras un talismán, como si pudiera esconder su rostro.

Entonces un temblor fuerte sacudió todo.

Maribel miró a Amara con un calma.

—Luego de esto, hay algo que quiero hablar.

Ella tragó saliva.

Las personas de la finca eran cada vez menos.

Sofía suspiró, mirando el círculo de teletransporte. Los emblemas de la familia se mostraban en todos lados. Pero ellos no lo tenían.

Caminó en silencio al círculo de teletransportación más cercano.

Nadie dijo nada, simplemente la siguieron.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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