Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Sistema de Evolución Universal - Capítulo 145

  1. Inicio
  2. Sistema de Evolución Universal
  3. Capítulo 145 - Capítulo 145: Donde la Creencia se Vuelve Cuerpo
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 145: Donde la Creencia se Vuelve Cuerpo

Una esfera flotaba en lo alto. Sobre las nubes. Sobre el bosque marchito. Un espejo del mundo, un invasor. Su reflejo mostraba un resurgir desde las hierbas secas, los árboles muertos y la tierra infértil. Una silueta de madera se formó.

Lejos, en el territorio del espejo, Drakar chasqueó la lengua al ver el reflejo en el Ojo del Horizonte.

Se reclinó sobre su asiento un momento, luego se puso de pie. Caminó entre los pasillos del castillo hasta llegar a un salón abierto, desolado, deshabitado.

Tomó un profundo suspiro.

Un portal se abrió, irreconocible a simple vista. Al cruzarlo, vio un campo extenso, repleto de árboles verdes. El río fluía con transparencia, pero su mirada permanecía afilada.

Observó el horizonte sobre la montaña. El sol empezaba a cambiar de color; la noche saludaba al mundo. Aún faltaba una hora, tal vez un poco más, pero la sensación de estar ya en la noche era clara.

Drakar levantó la mano a la altura de su pecho, con la palma en posición de supinación. Alzó los ojos: frente a él, los rayos del sol parecían cortarse, doblarse, evitarlo. La luz apenas era suficiente.

—Son realmente tontos al querer atacarme en mi territorio, ¿no les parece? —preguntó a la profundidad del bosque.

Al principio no hubo respuesta. Pasaron unos segundos; luego, en la oscuridad, unas luces rojizas se encendieron. Se movían como luciérnagas rojas flotando en la penumbra, acercándose poco a poco.

Drakar sonrió visiblemente.

—¿Qué los trae aquí? Este es un asunto humano.

Pisó ligeramente el suelo. Una luz roja, tenue y apenas visible, se extendió bajo su pie.

Las luces se detuvieron en seco. Entonces unas fauces surgieron de la oscuridad. No se acercaron: aparecieron, como si las sombras fueran un muro sólido.

—¿Asunto humano? Cuando no queden mortales, ya no será un asunto humano. Entonces será nuestro asunto.

Un brillo cruzó los ojos de Drakar. Abrió ligeramente la boca, como si fuera a decir algo. Una leve luz apareció en sus pies al pronunciar:

—Noctu—

Su voz fue ahogada cuando la sombra se manifestó. Como agua espesa, se extendió y atrapó su hombro.

El fuego iluminó el lugar, pero fue consumido por la sombra. Entonces Drakar se derritió, como un dibujo al ser quemado. De las cenizas que volaron, una brilló en rojo, y Drakar reapareció. Rodó los ojos, como si aquello no hubiera sido nada.

—Eso es muy violento, poco común en ustedes, que suelen ser más refinados y decorosos —dijo, levantando la mano como si sujetara algo—. No olviden dónde están. Muestren respeto o los haré polvo.

Cerró la palma.

En el interior del bosque, una gran bandada de cuervos se elevó, espantada. Un murmullo silencioso e insidioso recorrió el aire, haciendo cosquillas en la nuca. Drakar frunció el ceño.

—¿Tu territorio? —preguntó la sombra—. Tu territorio no existe. Solo existen las personas.

Entonces se reveló. Del interior de la sombra emergió un hombre con capa roja y ropas oscuras. Piel pálida, ojos blancos. Sonrió, mostrando una hilera de caninos que colmaban toda su dentadura.

—Y el corazón de las personas puede cambiar de amo… con mucha facilidad.

Drakar alzó una ceja y, al mismo tiempo, el dedo. La temperatura se elevó de forma errática; su rostro mostraba solo ironía. La silueta del vampiro se onduló, como si el aire fluctuara a su alrededor. Aun así, su sonrisa no desapareció.

—¿Qué crees que haces, serpiente?

Una espada fue desenvainada. La plata reflejó la luz del sol decadente, cegando a Drakar durante apenas un microsegundo. Al siguiente instante, el vampiro ya estaba frente a él. Drakar se movió apenas, esquivando la estocada, pero el ataque real llegó con la mano desnuda del adversario.

El vampiro golpeó el pecho de Drakar. El torso se transformó en fuego, dejando pasar la mano sin resistencia.

—Qué saludo más desagradable —comentó Drakar.

El vampiro escupió al suelo.

—Mandaste un ataque sin invitación. Es lo menos que podemos hacer.

Drakar estiró un dedo. Entonces, como un fusil de asalto, pequeñas flamas fueron expulsadas con gran potencia, perforando al vampiro.

—¿Supongo que es tarde para exigir que desistas? —preguntó el chupasangre.

Drakar sonrió abiertamente.

—No sé cómo se enteraron, pero ya es demasiado tarde. El mundo ya está encaminado.

La boca del vampiro se torció en una mueca burlona.

—¿En serio no te diste cuenta? Eres lamentable…

Entonces ambos desaparecieron. Solo quedaron sombras y luces entrelazadas.

En lo profundo del bosque, los ojos rojos se movilizaron hacia el interior del reino. Drakar desvió la mirada hacia las sombras.

El vampiro cortó el aire con la mano, dejando un hilo de sangre casi invisible. Drakar saltó, impulsado por su qi, y entrecerró los ojos.

—¿Cuánto tiempo más vamos a jugar así? Empiezo a sentirme insultado.

El invasor sonrió con ironía.

—Qué gracioso. Pensaba lo mismo.

Su cuerpo se deformó. Partes de él se fundieron con las sombras, revelando las articulaciones de hombros y espalda. Extendió los brazos, dejando que su sombra se expandiera, llena de miles de ojos rojos observando.

—Saluda a quienes te esforzaste por expulsar, Dragón Rojo.

En el campo de batalla, un gran tornado de fuego se alzó, quemando cien metros a la redonda en segundos. Las secuelas se expandieron muchos kilómetros más.

De las sombras creadas por la luz del fuego, miles de fauces voraces se levantaron y atacaron a una velocidad increíble, sin apenas dejar rastro. Hocicos de murciélagos gigantes, con filas de dientes afilados. Cuando todo se redujo a cenizas, sin nada que interrumpa la luz, las sombras se levantaron, danzando en el fuego como una marea furiosa, con tentáculos surgiendo incluso del mismo tornado que las calcinaba.

Las personas vieron el pilar de fuego y escucharon los miles de gruñidos. Las alarmas sonaron. Las lanzas fueron tomadas. Los círculos se encendieron, formando una barrera fina en el límite de la capital. La tensión entre los guardias aumentó, esperando hechizos.

Las horas pasaron. Los preparativos se completaron. Pero no hubo ataque mágico.

Solo una infinidad de murciélagos cruzó la barrera, ignorando a los guardias.

En el muro, los soldados se miraron con confusión. Alzaron las varitas, aún esperando algo. Pasaron los minutos sin reacción, hasta que un sonido les hizo sobresaltarse: al principio era un murmullo… pronto, los gritos se escucharon con claridad.

El asedio no tuvo piedad. Algunos murciélagos se aglomeraron, formando cuerpos enormes que helaron la sangre de las personas. Pero ningún civil que cayó lo hizo estando muerto: se levantaron, mostrando los dientes a sus parientes. Bocas sangrientas, ojos iluminados en rojo.

Los nuevos reclutas parpadearon, horrorizados, al ver las torres envueltas en fuego rojo y los emblemas de tres cabezas marcando el caos.

Una mujer miraba con horror lo que tenía frente a su puerta.

Un niño sonrió gentilmente desde afuera, observándola.

—No te preocupes, mamá. Pronto te dejaré ver la verdad.

Entonces las fauces se abrieron, mostrando dos grandes caninos superiores. Cuando la sangre cubrió su pecho, esta onduló, dejando entrever el emblema del Dragón Rojo.

Afuera, los infectados bajaron la mirada hacia sus propios pechos. La sangre, aún tibia, ondulaba igual en todos. Ninguno se atrevió a tocar la marca. Estaban horrorizados. Apretaron los dientes y miraron a los humanos que conocían.

En las calles, los murciélagos alzaron los ojos al cielo. Esferas flotaban sobre la ciudad, imperceptibles para los ojos humanos, pero visibles para ellos.

La sonrisa dentada de los grotescos monstruos contrastó con la emoción en otros tres tronos: dos en la tierra, uno en el mar. Los asientos eran majestuosos, adornados con exquisitez, pero el último era enorme: una ciudad entera.

En una gran ciudad sumergida, un ojo colosal brilló de emoción, observando la esfera, apenas una partícula de tierra en comparación. Los tentáculos, de kilómetros de longitud, que envolvían la ciudad, se agitaron levemente.

Mil cantos viajaron por el agua desde la ciudad.

—Mi señor… ¿Qué planea hacer?

Un silencio pesado cayó sobre todos, con el polvo aún suspendido, como si esperaran que se asentara. Entonces unas tenazas se cerraron con fuerza. El estruendo resonó en todas direcciones.

Las criaturas se movilizaron. Especies variopintas giraron la mirada hacia las costas. Las olas cambiaron de forma abrupta, como si algo gigantesco se hubiera movido bajo ellas.

¡Juguito de fresa, compren su juguito de fresa!

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Acerca de
  • Inicio
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo