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Sistema de Evolución Universal - Capítulo 147

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Capítulo 147: El paso que el cielo no concedió.

Una suave brisa se esparcía por la hierba seca. El aire era extrañamente fresco. La visión mostraba un cambio abrupto en la naturaleza.

Una montaña, un risco, una pendiente directa al abismo. Pero al otro lado, casi a un kilómetro, un mundo verde.

Un aliento con neblina fría fue exhalado por Abby, quien miró el entorno con ojos curiosos. Richard apretó su espada, poniendo un pie delante del otro. Detrás de ellos, las ramas y troncos crujían.

De pronto, los árboles se alborotaron; un gran vendaval los elevó sobre sus propias raíces. Aether chasqueó los dedos y un campo de energía envolvió al grupo, empujándolos hacia un costado. El risco se derrumbó: un desprendimiento violento de tierra y piedras.

No hubo una caída trágica, sino un deslizamiento. Amara surcó el viento, Abby flotó ligeramente, y Maribel, con los brazos extendidos, controló la bajada. Todos llegaron al suelo a salvo.

Miraron hacia arriba. Las secuelas de una batalla demencial estaban ahí, pero no se atrevieron a perder tiempo.

Un rayo de luz salió disparado entre el fuego que cruzaba el cielo. La silueta de un cultivador se dejó ver. El hombre agitó la mano; una espada acudió a su rescate. Tomó aire y volvió a la pelea. Mientras volaba, sus ojos se movieron ligeramente hacia un costado, abriéndose con sorpresa. Detuvo el vuelo en seco. Los demás, en el suelo, también se paralizaron.

Maribel apretó los dientes.

—Sofía, usaremos ese talismán otra vez para llevarnos a todos.

La mujer sacó un trozo de papel, que al tacto con Maribel se agrandó al instante. Todos montaron sobre él y el objeto los llevó volando con suma facilidad.

Manos y pies tocaban la hoja, entregando tanta energía como podían. La velocidad era temible.

Una sonrisa se formó en el rostro del cultivador en el cielo.

—El demonio del Dragón Rojo. La anomalía del cultivo.

Su aura explotó. El campo de batalla se volvió extrañamente más silencioso. Las brasas en lo profundo del bosque se concentraron en un área más pequeña, mientras siete personas salían del campo de batalla.

Un mago estaba de pie sobre un círculo mágico. Miró al cultivador. No hubo palabras: solo un brillo en los ojos, un chispazo, una sinapsis mental. La sorpresa se hizo evidente en el mago, quien observó el campo de batalla y tomó aire.

—Luces del cielo, estruendo de la noche, vienen del mismo origen y traen la misma desgracia. Cielos, dejen que la mano dura caiga sobre este mundo; calcinen a mis enemigos… —un brillo verde cruzó su mirada por un breve instante— y llévense toda la vida presente.

Las nubes se arremolinaron con brusquedad. Los árboles se agitaron aun sin hojas; primero unos cuantos fueron arrancados de raíz, luego toda roca y tronco comenzó a elevarse.

En cuestión de segundos, la luz se distorsionó por el calor de un cielo alterado. La presión atmosférica se torció, el mundo pareció girar. Las nubes se volvieron negras y tenebrosas. Un trueno cayó, sacudiendo la tierra y reverberando en los corazones de quienes huían, luego como si fuera una lluvia, muchos más iguales le siguieron.

El mago se inclinó ligeramente.

—El Dragón Rojo aprecia sus sacrificios, hermanos. —con ojos afilados, su voz viajó por el campo de batalla. — Retengan al Maestro Soberado de Las Hierbas Secas con sus vidas.

Los ocho se dieron la vuelta mientras una letanía de truenos caía sin control. El bosque, sin embargo, no podía ser consumido por el fuego… pero algo distinto, más rápido y más explosivo, lo convertía en carbón.

La mirada aguda de los persecutores se centró muy a lo lejos. Un pulso de qi se expandió por kilómetros. Nadie encontró a los buscados, pero todos sabían hacia dónde habían ido.

Entre la maleza, el vehículo improvisado avanzaba con locura. Algunos árboles eran cortados por la mitad por la espada gigante de Richard, dejando un largo tramo de troncos caídos.

Sofía miró el horizonte, con los labios apretados.

—¿Dónde está el refugio?

Aether negó con la cabeza.

—No había hierbas verdes cerca del refugio. Estamos demasiado lejos. Probablemente fue destruido durante la batalla.

El viento agitaba la ropa con violencia mientras todos se sujetaban como podían, hasta que ocurrió un fallo, una ruptura que interrumpió el flujo de qi. Los ojos de Sofía se abrieron con sorpresa cuando comenzaron a caer.

En las manos de Abby, donde antes había papel, ahora había un agujero. La mirada incrédula de la dhampir se transformó en una expresión de horror. Apretó los dientes; al ver lo que había ocurrido, suministró energía por su cuenta, conectando y completando el circuito. Pero luego llegó otra falla, no de ella, sino de otra persona.

Amara tenía la misma expresión de sorpresa. Pero no sabía cómo completar el circuito, empujándolos a una caída inevitable. Ella miró a su costado, gritando.

—¡Maribel, conecta nuestras mentes!

No pudo hacer nada. Cayeron sobre el suelo húmedo, rodando varios metros, hasta que poco a poco la hierba volvió a ser verde.

Maribel rodó y se puso de pie con rapidez. Los demás no tardaron en imitarla.

—No hay tiempo —dijo—. Si logramos salir de la distorsión espacial, debe haber una zona con distorsión de qi cerca donde podamos ocultarnos.

Richard la tomó de los hombros. Mirando a sus ojos con urgencia.

—No podemos buscar eso ahora. Esos sujetos son almas nacientes. Llegarán en segundos.

Apenas logró reaccionar, asintió.

Comenzaron a correr de nuevo. El bosque se volvía cada vez más reconocible: patrones más normales, suaves altibajos, hundimientos y elevaciones causadas por raíces.

Corrían con tal velocidad que, al pasar junto a los arbustos, estos casi se doblaban o desprendían. Las botas de Maribel cedieron, quedando hechas un estropajo de cuero machacado. El hanfu de cultivadora resistió mejor, pero no salió ileso: la tela se acumuló en los hombros y se rasgó sin oposición ante un movimiento brusco.

Corrían con los dientes apretados. Dar la vuelta era morir; girar en curva era dolor puro, con los órganos internos presionados por la velocidad.

Finalmente, encontraron otro risco. No pudieron frenar, ni lo intentaron. Saltaron sin miramientos. La caída era enorme; los ojos de todos temblaron por la impresión. Abajo había una nube, arriba más nubes, y más allá un bosque limpio de árboles multicolores. Era como un salpicado de diversas pinturas visto desde el cielo.

No volaron ni se sostuvieron en el aire, pero descendieron deslizándose. Al poner los pies en el suelo, tuvieron un breve respiro. Se ocultaron entre las raíces de un árbol ancestral, donde un hueco en la tierra los albergó a todos.

La luz caía como luciérnagas desde sus hojas moradas. Había más árboles extraños cerca: algunos amarillos, otros rojos, otros esmeralda. Apenas tomaron aliento, bebieron con rapidez de la savia que brotaba en el interior, llenando sus cuerpos de vitalidad. Entonces escucharon una voz en el aire.

—No te escondas, demonio. El Dragón Rojo ya te tiene en la mira. El insulto al salir de sus tierras, el semihumano que ocultas, el espíritu al que llamas maestro… mi rey te ha declarado su enemiga.

El grupo miró a Aether. Él negó con la cabeza.

—No están cerca. Debe ser una técnica.

Se reclinaron unos instantes para tomar aire, el ambiente se calmó por instante, luego una sensación ominosa surgió de Richard, quien miraba el agujero donde entraron con hostilidad y rabia contenida.

Entonces la voz volvió, esta vez con un tono casi condescendiente, como si le hiciera un favor.

—Es mejor que entregues tu cabeza. Vivirás menos, pero con más honor. Si huyes, solo sufrirás más en esta vida.

Un ligero brillo cruzó los ojos de Maribel. Apretó un puño; la otra mano se llevó a la frente, soportando el dolor, como si su cabeza fuera a estallar.

Con una mano cubriéndose un ojo, permaneció recostada, sudando y jadeando. El calor concentrado de todos juntos era asfixiante. Entonces, de pronto, un mensaje llegó.

[Procesamiento del núcleo unitario completado. El paso prodigioso retorna a su lugar de origen. Advertencia: el paso prodigioso no pertenece a la anfitriona y no puede terminar su evolución. Se recomienda no solicitar la separación del sistema hasta que se estabilice en el abdomen.]

Una luz descendió desde su cabeza, atravesó el pecho y se asentó en el abdomen. Por un momento, las náuseas recorrieron su estómago; su tez palideció y llevó una mano a la boca, pero la sensación pasó rápido.

Una voz resonó en su interior.

«Finalmente», dijo el sistema. «Ahora podrás estar más cómoda.»

Maribel entrecerró los ojos.

—¿Por qué vuelves recién ahora?

«Estaba ocupado con algunas cosas. Entre ellas, hacer que esto funcione. Es muy valioso y extremadamente difícil de crear en tu nivel… si no imposible.»

Ella suspiró.

Abby permaneció en silencio, con los ojos moviéndose en todas direcciones.

—¿Nos encontrarán? —preguntó la dhampir.

La voz resonó sin provenir de ningún lugar.

«Sí. No hay duda.»

Maribel gruñó suavemente mientras se quitaba las botas y se las arrojaba a Richard.

—Quémalas.

Así lo hizo.

—Debemos seguir avanzando —dijo él.

Todos asintieron sin darse cuenta.

Aether apretó los puños con frustración.

—Otra vez el maestro Nadir se queda para salvarnos.

Sofía se puso de pie, con una mano temblorosa.

—Mientras su alma no muera, una técnica lo hará volver. Es cuestión de tiempo. —miró a Maribel—. ¿Sabes usar ese paso prodigioso?

Maribel negó con tristeza.

—El sistema dice que explicarlo es tabú. —entrecerró los ojos—. Tal vez puedas explicarlo tú, creador.

«Explicarlo es tabú», respondió la voz. «Además, no es algo que puedas usar ahora. No pertenece a tu nivel. Te lo di solo para completar un conjunto de condiciones.»

Las bocas de los presentes quedaron abiertas. Pensamientos de maldiciones se dirigieron al responsable de semejante decisión.

Maribel giró lentamente, su aura se volvió amenazante. Todos reprimieron sus pensamientos, movieron los pies y salieron.

Abby tomó un poco de savia entre las manos y la bebió antes de salir, arrastrando su vestido. Miró sus prendas con una lástima fugaz. Una brisa fría pasó y sus ojos regresaron a la realidad.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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