Sistema de Evolución Universal - Capítulo 148
- Inicio
- Sistema de Evolución Universal
- Capítulo 148 - Capítulo 148: Condensación Del Cultivo: El Instante En Que Dejó De Aferrarse.
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 148: Condensación Del Cultivo: El Instante En Que Dejó De Aferrarse.
Los vientos en el cielo cambiaron de dirección. Las nubes, flotando en calma, avanzaron en sentido contrario.
Un millar de luces brillaron a lo lejos, acompañando al sol.
Como un ejército de luciérnagas en el blanco de arriba, bajo incontables nubes.
Maribel miraba el cielo con estupefacción. El aliento se le escapó como un suspiro. La luz del cielo se tornó más brillante, sin una dirección clara de donde llegara el fulgor.
Apenas un segundo de contemplación pasó cuando un temblor ligero recorrió la tierra.
El grupo entero volteó. Los árboles de colores dejaron ver un aura expandiéndose, como si fuera vapor condensado.
Temblaron. El azul no los alcanzó por unos pocos metros.
—Debemos seguir… corramos —dijo Abby con el aliento contenido.
Las rodillas de Maribel temblaron. En la niebla azul pudo ver miles de ojos, parpadeando, mirando en todas direcciones. Cada pupila absorbía la visión a través del vapor.
—¿Qué haces? —Aether tomó a Maribel del brazo—. Debemos movernos —dijo con ojos casi suplicantes.
Los pies volvieron a moverse. Los sonidos de las pisadas no se escuchaban, las huellas no quedaban. El cuerpo de todos fue absorbido por una ligera inercia interna, mientras pequeños soportes de qi se manifestaban en su caminar.
La nariz de Aether se movió, curioso, atento. Arrugó la frente.
—El bosque… huele a ceniza.
La luz llegó antes que el calor. Poco a poco, de forma imperceptible pero veloz, el amarillo se volvió anaranjado, la frescura se volvió calor.
El bosque colorido fue invadido por ramas secas, raíces en fuego. Apenas llegó —no lo vieron—, pero los temblores se intensificaron. El peñasco por donde habían saltado antes empezó a desmoronarse. Cientos de metros: la caída hizo que las piedras resonaran con estruendo.
No hubo más palabras. Nadir no pronunció sílaba alguna. Solo los sonidos de batalla; ramas volaron por lo alto, más arriba de las nubes. No se quedaron para ver dónde caían.
Mientras corrían, el calor del mundo empezó a alejarse. Desde la visión compartida, llevados por los sentidos de Aether, las cosas quedaron claras.
Las ramas se retiraban, el humo se dispersaba. La tierra contenía agujeros subterráneos visibles desde los riscos y peñascos; los túneles habían inestabilizado el suelo, derrumbando grandes porciones, junto con la sensación de esperanza del grupo.
Entonces, tal vez guiada por la furia, una fuerte presión se elevó y luego cayó con gran fuerza sobre la tierra. Como si fuera un martillo, como una cama elástica, el bosque de colores fue destrozado. Los árboles se elevaban y caían con violencia, estrellados por pulsaciones de qi.
—¡Maldita demonio! ¡Te mataremos aunque sea con nuestras vidas!
El grito viajó medio kilómetro, un reverberar en el pecho de todos tan fuerte que la piel se erizó.
Como si fueran ratas ante un gato, el grupo corrió despavorido, sin orden alguno, con el corazón en la boca.
«Esto es imposible… ¡¿qué, cuándo y cómo?! ¡Imposible! ¡Esto es imposible!»
El rostro de Maribel se tornó pálido. Su voz interna cayó ante la resignación:
«Nos alcanzaron demasiado rápido…»
Tomó aire con fuerza. Sus ojos se abrieron. Repentinamente, su mente se aclaró, su corazón se calmó. Un último aliento pasó por su boca mientras miraba atrás.
«Vida y muerte…»
Cerró los ojos, mirando hacia adentro de sí.
«Los dioses existen, pero no están. El cielo nos abandonó. ¿Pero… qué hay de mí? ¿Qué haré al respecto?»
Su semblante se llenó de vida.
«Si no hay un dios, entonces que no haya. Me da igual.»
El grupo, a metros de distancia, frenó en seco. Miraron consternados —con la imagen del bosque siendo demolido de fondo— a la mujer que se detuvo frente a la escena.
Las cejas de Richard se contrajeron profundamente. En un instante apareció detrás de ella y tomó su mano.
—No.
Esa sola palabra sonó como una súplica.
Maribel volteó ligeramente, con una sonrisa apenas visible. Los ojos de Richard se entreabrieron; su corazón sintió un filo agudo atravesándolo. Negó lentamente, luego con más fuerza.
—Esto se debe hacer —respondió Maribel—. Los cielos no nos dejarán caer, pero no habrá descanso —dijo mirando arriba.
—No puedes. Si mueres, entonces…
Maribel sonrió ligeramente.
—Te equivocas. Sé lo que te faltó decir, Richard. No importa si muero; importa lo que estoy haciendo. —El mundo pareció temblar, como si hasta las rocas vibrasen—. Si sigo aferrándome a mi seguridad, entonces moriremos. Solo así ganará el Dragón Rojo… porque no habrá quien tome justicia por la persecución.
Los ojos de la mujer se encontraron con los de él. Por un momento, el silencio lo comandó todo. Una calma, una indiferencia, una tranquila alegría. La tez de Maribel estaba limpia.
Una sonrisa ligeramente más pronunciada apareció en ella. No dijo nada; ladeó la cabeza, parpadeando con calma.
—Todo está bien, amigo mío.
Las palabras le impactaron como un rayo. Los ojos secos y desesperados repentinamente temblaron. Apretó los dientes, bajando la cabeza. Soltó respiraciones profundas mientras tragaba saliva con fuerza.
Viendo que no regresaban, los demás corrieron, impacientes, para traerla de vuelta a la huida. Cuando llegaron, Richard estaba como siempre, pero un aire solemne impregnó todo el lugar.
Apenas la miraron un segundo; el ambiente habló por sí mismo. Los sentimientos de Maribel se filtraron en los demás, haciéndolos tambalearse. A todos menos a uno.
Las orejas de lobo se tensaron. Afiló la mirada.
«Incluso a rastras, me la llevo.»
Aether apuntó a la cabeza. Su qi brotó ejerciendo presión.
Maribel apretó su arma. Giró para ver a Aether a los ojos.
—Nos vemos en otro momento. Ahora duerme.
El niño saltó para agarrarla, esperando aferrarse y así evitar su retirada, pero su conciencia desapareció aún en el aire.
Maribel lo atrapó y lo cargó en sus brazos, dándole un abrazo fuerte.
—Perdóname… te mentí. Hoy me despido de ti.
Ella entregó al niño a Richard. El enorme hombre la miraba con extrañeza.
—¿Qué tienes pensado hacer con él?
Maribel se mordió los labios, agachó la cabeza en súplica. Tembló un poco y finalmente dijo:
—Richard, quiero que me prometas algo. No te obligaré a cumplirlo; solo quiero tu sinceridad.
Richard se tensó. Respiró con fuerza.
—¿Qué promesa?
La voz de Maribel sonaba ahogada y temblorosa.
—Por favor… si no regreso… por favor cuida de mi hijo.
Los ojos de Richard se abrieron, mientras todo el grupo quedaba en un silencio ahogado. Finalmente cerró la boca y asintió con firmeza.
Amara se tambaleó, sintiendo que el mundo perdía las direcciones. Cayó al suelo gruñendo, girando la cabeza con fuerza mientras intentaba recuperar la orientación.
—¡No te atrevas! ¡Nadie puede matarte antes de que te supere! ¡Estoy segura, tu maestro no te dejaría morir!
Maribel sonrió con tristeza.
—Ante lo que uno quiere, los dioses no se meten. Es el libre albedrío.
Abby apareció de la nada y la miró a los ojos con intensidad, un rojo profundo en ellos. Pero fue inútil. Ella misma se rindió; en su lugar se postró. Maribel seguía caminando. En última instancia, Abby se arrojó a sus pies, su cuerpo siendo un lastre, su vestimenta rasgándose, pero no se soltó ni miró su ropa.
Maribel regresó la mirada. Una voz contenida llegó hasta Abby.
—No lo hagas. No hagas esto más difícil.
—¿¡Pero qué piensas que le debo decir a Aether cuando despierte!? No puedo…
Maribel no volteó.
—Solo dile la verdad: que yo lo amo, que él me dio una razón para vivir… aunque ustedes también. —Sonrió cansada—. Este cadáver regresa a su destino. No quiero nada más de ustedes.
Abby soltó a Maribel. Sus ojos quedaron repentinamente en blanco.
Maribel miró a Sofía de reojo. Ella abrió la boca, dudó un momento. Maribel suspiró.
—Sé que las cosas pasaron muy rápido, que no hay tiempo para digerir lo que ocurrió. Pero el mundo no espera.
Desapareció de un salto.
[El juramento “Mientras respiremos, nadie caerá” se encuentra siendo atacado por la anfitriona.]
[La resonancia del grupo se encuentra inestable.]
Setecientos metros más atrás, siete cultivadores al nivel del Alma Naciente —magos de aire de rango divino, uno del elemento tierra, otro del aire y otro del agua— perseguían al demonio declarado enemigo del Dragón Rojo.
Inesperadamente, ese mismo demonio apareció.
Mientras los ojos de los presentes se abrían con sorpresa, muy a lo lejos, envuelto entre sábanas, los ojos dorados de un dragón-humano se abrieron en confusión.
Mirando la esfera de cristal, se preguntó en voz alta:
—¿Qué hace? ¿Está loca?
Me disculpo si no estuve escribiendo últimamente. Probablemente no esriba a menudo estos días, también me falta actualizar en RoyalRoad, pero haré un esfuerzo por redactar los capítulos más a menudo.
Maribel caminaba descalza. Una túnica blanca y amarilla, decorada con la figura de una mujer de piel vainilla clara, recibía a sus enemigos.Los ojos negros de Maribel parecieron brillar en amarillo por un instante.
Suspiró.
—Sistema, tengo una orden que darte.
[Te escucho, anfitriona.]
—Solo por esta vez… dame todo el apoyo que puedas.
El sistema tardó en responder.
[Entendido. El sistema… yo… te seguiré y apoyaré con todo lo que pueda para esta batalla, Maribel.]
Ella sonrió débilmente.
—¿Cómo es que recién dices mi nombre? Tonta máquina.
[La anfitriona nunca insistió. Además, solo ahora puedo ver realmente a mi maestra.]
Maribel alzó la vista.
En el cielo estaban solo sus seis enemigos… pero ante sus ojos había más de cien figuras: espíritus del clan vampiro.
Un conglomerado silencioso.La mayoría con ojos fríos.Otros, con emoción en sus miradas brillantes.
Esos la observaban con respeto. Con admiración.
«Sistema… ¿cómo incremento mi potencia?»
La respuesta no vino del sistema.
«Un corazón recto espanta mil demonios. No dudes. No temas.Que solo quede la rectitud.»
Maribel sonrió con ironía.
«¿Qué sé yo de rectitud… cuando intento matar a seis personas o morir en el intento?»
La voz del creador del sistema sonó segura.
«Tú quizá no lo sabes. Pero yo sí. Créeme cuando te digo: la condensación de tu cultivación está ante mis ojos.»
Maribel empezó a desenvolver su lanza.
—Eso no lo entiendo por completo… pero sí entiendo que estoy en el bando justo.
La declarada demonio retiró la tela del arma lentamente.La tela cayó al suelo con un ritmo suave y constante.
Levantó la mirada una vez más.
Y sonrió.
Una sonrisa calmada. Feliz. Genuina. Sus ojos tranquilos… también sonrieron.
La demonio habló, con voz suave:
—Cuento con ustedes.
El anciano mayor, sobre la espada voladora, sintió un escalofrío cuando el mundo mismo pareció resonar.
«¿Qué le pasa a este demonio…? No es como ninguno que haya visto.»
Uno de los magos respondió:
«No es momento de dudar.»
El grupo miró abajo.El viento corría.La mujer estaba en pie. Inmóvil.
«Está esperando su muerte. ¿Qué esperamos nosotros para cumplir su deseo?»
El pulso arrastró incluso al viento.
Tres presiones descendieron al mismo tiempo.Por un instante pensaron que la tenían.
Ella no se movió.
Un grito escalofriante resonó en el bosque: una banshee que heló la sangre y redobló los intentos de todos. Con los ojos rojos, presionaron con más fuerza.
Entonces, el demonio del Dragón Rojo levantó un dedo… y apuntó a un mago.
El corazón salió de su pecho.Enorme. Expuesto.Seguía latiendo.
Los restos dispersos del cuerpo del mago de tierra cayeron, muerto al instante.
Inmediatamente, la atacaron a la vez en una sucesión rápida.
Una ráfaga de viento corrió hacia Maribel. Ella esquivó con apenas unos pasos.
El mago de agua comenzó a cantar. Sostenía una espada que conducía el rayo y funcionaba como varita a la vez.
Maribel miró el arma. La reconoció.Entrecerró los ojos.
Los cultivadores no se quedaron atrás. Siete espadas volaron hacia ella.
Aunque se veían siete… a los ojos de Maribel eran catorce.
Un anciano canalizó fuego. Una columna surgió del suelo, abrazando la tierra hasta volverla rojiza.
Pero era como si el demonio viera el futuro.Sabía exactamente qué habilidades usarían.Exactamente cómo esquivarlas.
Otro cultivador sacó un arco de madera negra. Irradiaba luz azul.Su flecha, formada de Qi puro, se dividió en cuatro en pleno vuelo, moviéndose como si tuvieran vida propia.
El viento surgió cuando el demonio agitó la mano.
La tierra bajo sus pies se movió.
Comenzó a surfear sobre el suelo.
El mago de viento dibujó formaciones en el aire intentando interceptar el hechizo… pero no encontró magia en ella.
Era como si la tierra misma hubiera decidido moverla.
Cuando una espada estaba por cortarla, la tierra se elevó y ella saltó al cielo.
El anciano mayor aprovechó.
Extendió la palma.
—Sello de tres piezas.
Escrituras en forma de aro salieron de una tablilla de madera.Las letras brillantes atraparon sus manos. Ataron sus pies.
El anciano sonrió.
—El demonio está contenido.
Eso se suponía.
Todo el qi del entorno se agitó.
Una fuerza externa apareció.
El sello se pudrió.
Con un simple movimiento de manos… se quebró.
El anciano abrió los ojos.
—Mi reliquia familiar…
El filo de una lanza ya apuntaba a sus ojos.
Pero un chorro de agua a presión atravesó el corazón del demonio.
El mago de agua chasqueó la lengua.
—Tsk. Tuve que interrumpir mi hechizo.
El anciano quiso suspirar, aliviado.
Pero su sentido divino le heló la sangre.
—¡No te confíes!
Volteó a ver al mago.
Ya no estaba.
El sonido de metal chocando resonó detrás suyo.
Uno de sus camaradas retenía un ataque del demonio.Sus brazos temblaban por la mala postura.
El anciano miró los ojos de esa mujer.
La calma.La seguridad.
Su corazón se saltó un latido.
«Estamos…»
«Estás muerto.» La voz del demonio susurró en su mente.
Una sensación desconocida lo invadió.
El anciano cayó de su espada.
Sus pensamientos se volvieron lentos. Su mente no encontraba cómo contradecir esa afirmación.
Cuando incluso su subconsciente creyó que estaba muerto… su corazón se detuvo.
El golpe contra el suelo no dolió.
«¿Qué me pasa…? Me estoy muriendo…»
El grupo mercenario tembló visiblemente.
«Con una mirada lo mató.»
El viento corrió frío.
Como si anunciara que algo inevitable se acercaba.
La muerte.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com