Sistema de Evolución Universal - Capítulo 158
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Capítulo 158: Condensación Del Cultivo: Evolución Universal.
Puede escucharse, resonando en el vacío, un suspiro triste.
Un alma flotando en el infinito cosmos.
En su mente, reflejadas muchas imágenes. Algunos varones, otras mujeres; algunas personas ricas, otras pobres; algunos vivían felices y otros tristes. Un desfile ininterrumpido.
Hasta llegar a cierto recuerdo.
Lentamente, siendo sus ojos más y más abierto; su voz llena de tristeza e impotencia.
Pronunció un nombre, pero sin poder entenderse.
—######### por favor ven, no me dejes de nuevo ¿Dónde estás?
Un joven vestido con ropas blancas, hechas de nubes, acompañado de un aura dorada, en forma de esfera.
Con las miradas encontradas, el llamado cesó.
Él observó, quieto en su lugar.
Sus ojos sin movimiento no delataban, el cielo, ni el vacío del espacio… solo a Maribel.
Negó lentamente, dándose vuelta con decepción.
—Ya lo vieron, pero no hay redención. Los de arriba me decepcionan, me salvo a los de abajo.
Su cuerpo emanando una luz: desaparecía poco a poco .
Maribel, ya en vuelo, le tomó un brazo con apuro.
—No… no, por favor. Va a pasar de nuevo.
Soltando un aire cargado de emociones, la luz paró.
—Fue mi último intento. Pero si tú no logras cambiar la opinión, nada puede hacerlo. Parte de mi reino deberá ser destruido.
Acompañado a su voz, un pulso helado. Las prendas nubosas temblando, como si él mismo temblara.
Maribel sostenía la mirada, sin parpadear y con los labios apretados. Forzándose a hablar con voz ronca.
—No me abandones en este mundo. Estaba feliz así…
Él negó lentamente.
Una sonrisa triste, una carica en la cabeza; no ofreció más consuelo, solo… la verdad.
—Perteneces al ciclo de la reencarnación.
Ella aún, sin terminar de escucharlo, ya hacía otro pedido.
—¡Al menos… permite que Aether siga cultivando, al menos deja que él suba y viva a tu lado! —tembló, pero ignorando su condena, siguió —Ese chico… es tu discípulo también, te llama papá.
Las túnicas quietas, la expresión invariable, como si sus palabras no existiesen. Aún así, cerró los ojos un momento.
—¿Recuerdas aquello? —preguntó.
Maribel apretó su agarre. Humedeciendo sus labios antes de responder.
—Eso no importa, no son yo.
—No lo eres —interrumpió — pero aún cargas con aquello.
Apuntando a su corazón, un ligero brillo se comenzaba a asomar.
—Tienes un corazón tal, pero aún con impurezas. Podrías cubrir este universo y aún así no extraerlo todo.
Ella, con la mirada baja, el miedo apretando su estómago.
Él, con ojos inmutables, esperando la reacción.
El tiempo no frena, ni siquiera por ellos.
Pudo ser un segundo, pudo ser un año.
Con impaciencia, levantó la mirada. Girando, su percepción la llevó a la mente de él.
Agua abajo, vacío arriba; sin división clara entre ambos, solo contraste. Con pies hundidos, en el agua no hay movimiento.
Una sensación ominosa, no por miedo, sino temor al comprender.
Un mar muerto la recibió.
Tambaleándose, perdió el sentido por un momento. Ya se encontraban ante sus ojos las galaxias dando vueltas. Su rostro azul, a punto de vomitar algo desconocido.
Hasta que algo la frenó: una mano extendida.
—No hagas eso. —dijo él— no puedes… —suspiró —no importa. Si tanto te preocupa saber, no lo abandonaré.
Asintiendo, buscó algo que atase su sentido de orientación.
Y ahí estaba.
La silueta del mundo reflejada en sus visión, la confirmación indiscutible de su muerte.
—Ya… realmente va a pasar… otra vez.
En la esquina de su visión, un mensaje con cuenta regresiva.
[Espera la reencarnación.]
Rascándose la cabeza, la ropa blanca de nubes tembló.
—Maribel. —llamó él.
Al girar, encontró un rostro con una ligera sonrisa.
Entonces ocurrió. Un pulso, tal vez un tirón.
Un estremecimiento compartido.
No era en ella, sino en el todo.
—¿Qué está pasando?
Al levantar la mirada, una luz amarilla en descenso.
Luego otra.
Luego incontables.
Sus ojos se abrieron.
—Eso es…
—Así es —con una ligera sonrisa, agregó —ahora sí te permito ver desde mi perspectiva. Aunque solo dos de ellas.
Maribel contenía, apenas, una sonrisa modesta.
—Con gusto.
Entonces lo vio.
Pilares tan grandes… cerrarían la distancia de muchos sistemas solares. Bajando a una velocidad inaudita.
Hilos dorados volaban en todas direcciones.
La visión cambió, en este espacio eran columnas, en otro era agua.
Mirando de reojo a aquél hombre, sin necesidad de preguntar, entendía que no era la apariencia final, supo que él estaba mirando más escenas.
—Lo lograste… ¿Por qué solo ahora?
El sistema le frotó la cabeza.
—Eso es algo que no te debo explicar.
Maribel ladeó la cabeza, dejando ver una mueca.
—¡Tacaño! Antes me lo decías todo sin rodeos.
Él suspiró con los ojos rodando.
—Te lo decía todo… pues mira como acabaste.
Los ojos de Maribel se desviaron lentamente.
—Está bien, te doy la razón solo en eso.
Una sonrisa apenas marcada, aclaró.
—No te lo digo, para que puedas seguir cultivando. Temo arruinarte mañana si te revelo esto.
Encontraban sus ojos sin cambio alguno, sin mentiras.
Procesando las palabras, ella sonrió.
—Así que ya sabes que cambiaría mi pedido…
Él asintió.
—Parece que no los quieres perder. No hay problema ¿Qué cultivador sensato iría a un mundo perfecto, donde no hay dificultades para el corazón?
Ella sonrió sin darse cuenta, pero entonces llegó.
Un pensamiento repentino. Una incomodidad, un temor.
—Espera… te olvidaré ¿Verdad? Ya todo acabó, entonces te irás. Cuando vuelva… ¿Ya no estarás?
Él perdió la sonrisa, negando con un suspiro.
—Aún no cumpliste tu promesa conmigo. Dijiste que me alcanzarías y me pagarías como se debe.
Ella sonrió.
—¿Qué te parece mi cultivo?
Parpadeó un poco. Ladeando la cabeza, con expresión pensativa.
—Supongo que sería genial verte realizada. Pero no digas más cosas en doble sentido… —con ironía agregó —podría confundirme y tomarlo.
Rascando su cabeza, ella habló.
—Parece que Rin deberá esperar por su hogar… ¿Podrías decirle…?
—Díselo tú, fue tu decisión quedarte.
Asintió resignada.
Ahí estaba Maribel. Una sonrisa tranquila, sin indicios de querer hablar.
Sin advertencia alguna, su figura desapareció, como si nunca hubiera estado ahí.
Una luz viajaba, siendo observada con calma. Los ojos de él siguiendo aquél recorrido, cayendo en aquella mota de polvo.
Nuevamente, ahí estaba Maribel… de regreso en el mundo.
Oscuridad. Acompañada de un gran temblor en todo el cuerpo.
No era de la anterior alegría y comodidad.
El cuerpo físico sufriendo.
—Demonios… duele como el infierno… Nadir, ayúdame… por favor.
Cada segundo, dolor. Cada respiración, perforaciones internas.
Aún así, la voz en su cabeza interrumpió.
[Has adquirido el título: Mártir.]
«¡Cállate sistema!»
Una mano temblaba con desesperación, rasguñando el capullo.
«Tal vez deba romper esta cosa.»
Primero una mano de madera, luego un jalón brusco en una de las lanzas. Nadir apareció sin aviso.
Los tres sobrevivientes contemplaban boquiabiertos el cielo… hasta escuchar un grito desgarrador.
La noche, el fenómeno, la voz conocida… sus corazones cayeron al suelo, la sangre helada.
—¡E-esa maldita perra…! ¿Acaso volvió a la vida?
El capullo vibró, acompañado de un grito… y otro más.
La noche volvió a la calma.
Un momento después, observaron atónitos la madera abriéndose.
Retrocedieron, sin necesidad de ver.
Un cambio en la atmósfera, un movimiento invisible. Como se hiciera una preparación… no para que ocurra algo, sino porque algo va a ocurrir.
Los cabellos de la nuca se erizaron, la figura apenas visible, sin presencia, como una ilusión. Un depredador frente a ellos, pero sin poder verlo, listo para saltar al cuello. Lo sabían… lo sabían muy bien.
Ella se puso de pie con algo de incomodidad, alisando su ropa. Las prendas antes rotas, ahora reparadas.
Aquel hanfu se agitó sin motivo, dejando una sensación extraña.
Entrecerraron los ojos.
Finalmente, la brisa los alcanzó. Y pese al viento, las prendas de la mujer ya no se movieron.
Ella se llevó una mano a la cabeza, observando con desgana.
—Ush… les juro, solo quiero descansar un momento. Luego vuelvo para matarlos.
La misma voz, la misma figura. Pero diferente… de algún modo.
El anciano apretó los dientes. Con expresión oscura, salto directo al abdomen, introduciendo su mano.
—Con esto no importa que truco tengas, sin dantian estás acabada.
Bajando la mirada, ella encontró al anciano.
Sacudió el polvo persistente antes de hablar.
—Eso duele, no lo hagas porque estoy de mal humor.
En él, una sacudida involuntaria. Levantó la vista.
La voz volvió, con una mirada afilada
—Saca tu mano ahora.
El anciano exclamó en furia.
—¡Eres una insolente hasta el final!
Apretó, sin que pase nada.
Mientras rebuscaba con el puño, la ira abría paso a la confusión.
Ella rio por lo bajo.
—¿Qué? ¿Sigues buscando en ese lugar? Olvídalo, no está ahí. —una amenaza cruzó sus ojos —Además… yo si fuera tú, no hubiera intentado destruir mi dantian.
El anciano saltó hacia atrás. Pero no hubo ataque.
Maribel desvió su atención.
Ante sus ojos un mensaje brillando.
[El enemigo a superado la tolerancia del cielo. Iniciando protocolos.]
Sin reaccionar, esperaba, observando la imagen de carga.
[Actualización: Ascensión Inversa desbloqueada. Ya no te esfuerzas por refinar los cielos, los cielos te alcanzan a ti. Se ha juzgado el tiempo de la habilidad.»
Un cronómetro de veinticuatro horas apareció.
El anciano miró a Maribel con sorpresa.
—¿Dónde está tu dantian?
Ella negó lentamente.
—¿Por qué debería decirte?
Lo siguiente los dejó sin aire.
Ella se elevó. Sin qi, sin técnica. Sin resistencia. Simplemente elevándose en el aire.
El anciano tropezó con sus pies.
—Es… es… ¡ES UN JODIDO INMORTAL!
Del cuerpo de Maribel surgió una mano. Se estiró hasta alcanzar al anciano, atravesando sin dañar su pecho.
Al caer, el golpe fue sordo.
La voz de Maribel era escuchada como un arrullo, casi un consuelo.
—Tú no tienes perdón. Hice lo mejor para ti.
Los demás sintieron que se enfriaban hasta la médula. Tales palabras, tal simpatía…
Corrieron como ratas ante un gato.
Con calma, sin alterar su expresión, más manos surgieron en persecución.
Con la noche en calma, bajó la mirada.
Descendiendo lentamente, sus pies dudaron apenas antes de tocar el suelo.
—¿Un inmortal?… entiendo, así se llaman ahora los Reconocidos por Acumulación.
[Has alcanzado el Reconocimiento Celestial.]
Lentamente llevó una mano a la cabeza.
—Rayos… empiezo a olvidar. Pero aún hay algo que debo hacer.
Una luz amarilla surgió.
Repitiendo los movimientos de su cultivación, la energía surgió de lo más micro cósmico de su ser y se infiltró en toda célula.
Cuando el brillo desapareció, ella parpadeó con calma. En su caminar sereno, los pies descalzos acumularon tierra, en sus ojos amarillos una estela de luz.
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