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Sistema de Evolución Universal - Capítulo 159

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Capítulo 159: Un Murmullo En El Mundo: Siempre Estuve Aquí.

El suspiro salía ahogado.

Temblaban una manos delgadas, moviéndose hacia la boca.

Amara contenía una emoción indescriptible.

En el cielo nocturno, la luz de la luna brillaba en amarillo.

El viento era frío; la noche, sumergida en ruidosos cánticos. Hasta que se iluminó.

Cayendo lentamente, se sentó sobre la tierra húmeda.

Neblina se encontraba en todos lados.

Mientras tanto, un murciélago gigante colgaba de un árbol, acariciado por unas manos pálidas.

—Gracias por informar.

Abby giró.

Mirada arriba, como si esperase otro evento similar, mas solo escuchó el sonido de Amara y su voz temblando. Una mala premonición surgió en el corazón de Abby. Sus ojo entreabiertos, sorprendida.

En un parpadeo la alcanzó.

Con las manos estiradas en protección y una voz suave, como si temiera inducir algún efecto.

—¿Qué pasó? ¿Hay peligro?

Amara se contrajo sobre sí misma, ligeros sollozos contenidos, apenas audibles. Pero sonaban como una cascada para Abby.

Amara negó rápidamente, con la mirada gacha.

—Ella… ella…—

—¡¿Quién?! —preguntó Abby con prisa.

No pudo responder. Atrapada en ese estado, tomaba bocanadas de aire con lágrimas contenidas.

Abby miró al cielo. Sin muestras de nada preocupante.

Fue ahí cuando lo notó.

Un movimiento bruco, casi un sobresalto: el enorme murciélago, Nabi, se sorprendió.

Abby tensó sus sentidos. Nadie más notó nada, Aether seguía en el suelo, profundamente dormido. Atrás, en el interior de la cabaña, Sofía y Richard descansaban.

Vestido roído, cabello enmarañado, botas rotas.

En la montaña, una niebla densa.

Abby giraba de un lado a otro.

Árboles talados, huecos artificiales, plantas creciendo en fila y orden preestablecido. Una roca en el contorno de su visión, en ella la luz se reflejaba: pulida y enorme, la espada oculta, lista para empalar.

Respiró lentamente, y eso provocó el cambio.

En sus ojos, un aroma rojo se reflejaba, visible solo para ella… pero su nariz fue causante del asombro y confusión.

Seguía buscando con la mirada, esta vez más urgida.

—¿Cómo es posible…?

Entonces apareció.

Ramas y hierbas quebradas, pisadas en la noche. Plantas en movimiento.

Despreocupadamente aquella persona levantó una hoja enorme, revelando su rostro.

El viento sopló.

En el cielo, las ramas en los árboles se agitaron, dejando pasar la luz de la luna. Como un destello fantasmal, como un recuerdo siguiendo pasos en vida. Un rostro familiar, pero ojos desconocidos.

Ella sonrió.

—Hola, Abby. ¿Cómo traes a mi hijo?

La boca de la dhampir se abrió, sorprendida. Pero se la sacudió, remplazando la sorpresa por violencia.

Agitó la mano, el metal voló desde la piedra, la espada pasó cubierto por sombras sin brillo, pero no logró dañar un solo cabello.

Un movimiento involuntario, tal vez. Un paso hacia atrás, tal vez. Una inclinación de cabeza, tal vez…

Abby no podía entender lo que pasó. Solo sabía que falló.

Sus ojos brillaron en blanco.

—¿Quién eres?

Una risa seca provino de la noche.

—Vamos… no seas así. Vine de visita, me tendré que ir en un momento. Además, necesito saber: ¿Aún tienes sangre?. Si te falta puedo llenar más para ti.

Apretó los dientes.

—Ni siquiera conoces su forma de hablar.

Ella parpadeó. Llevó un dedo a la boca, confundida.

—Apoco hablo diferente.

Mientras las sombras se tornaban profundas, la aparición ladeó la cabeza.

—Oh… ahí estás.

La oscuridad se tensó, pero antes de poder hacer algo, la persona frente a ella desapreció.

—Me imaginé que esto pasaría… —dijo la voz, detrás de ella.

Giró bruscamente. El frío le recorría la espalda.

En sus oídos, los latidos de Amara acelerando de golpe.

La aparición levantó la mano lentamente.

Abby corrió, lanzando un condensado de magia. La magia voló como un rayo, pero sin causar daño, la ropa ni siquiera se movió. En cambio, un árbol detrás cayó con un estruendo.

Nabi extendió sus alas, profiriendo un chirrido escalofriante.

Entonces se movió, esos ojos eran estelas de luz amarilla en la noche. De un vistazo, el gran mamífero se calmó.

Abby la alcanzó.

Golpeando ligeramente la espalda, su varita apuntaba a matar.

—Déjala. —ordenó con voz fría. —o despídete de tu corazón.

Entonces la mano bajó, acariciando la cabeza de Amara.

—Todo está bien. No llores.

Un escalofrío sacudió a Abby. Su sangre reaccionó.

—T-tú… ¡¿Cómo te atreves a ocupar ese cuerpo?!—

—¡Silencio! —gritó Amara.

Encontró los ojos amarillos.

—¿Cómo?

Maribel se encogió de hombros.

—Parece que gané un cierto mérito y ascendí. Entonces solo faltaba que me regresen a mi cuerpo.

Dudosa, ella seguía mirando fijamente esos ojos.

—¿P-por qué… volviste?

Una risita se escuchó en la noche.

—¿Por qué no? Les aprecio, entonces volví. ¿No es suficiente eso?—

—¿Quién eres realmente?

Un momento de silencio descendió. Solo tras unos segundos, la voz volvió.

—Soy yo, ¿Quién más sería? Incluso si traen a una copia perfecta, yo estaría aquí, ella estaría allí.

Las dos presentes procesaban sus palabras, cuando incómodamente Maribel agregó.

—Bueno… supongo que eso no explica mucho. Diría que soy la que conoces, pero no la que conoces ahora mismo. Es como la idea que tienes de mi, comprado a mi autopercepción…—

Amara estiró la manos.

—¡Espera, espera! Me confundes más, ya guarda silencio.

Abby se descompensó, completamente consternada.

Por un momento bajó ligeramente la varita, pero la subió de inmediato. Con ojos afilados, preguntó.

—Necesito una explicación. ¿Realmente eres… tú?

Volteando, la respuesta sonó convincente, sin dudas.

—Soy yo.

Un suspiro de alivio se escuchó en Amara, casi parecía desinflarse mientras pasaba las manos por su cabeza.

—Por un instante… creí que nos matarías… Maribel.

Ladeó la cabeza.

—¿Por qué haría eso?

Amara agitó las manos.

—No es nada. Olvídalo. No dije nada.

Ambas parpadearon.

Desde dentro, un par de personas salieron.

La luz amarilla en la oscuridad eran como dos luciérnagas.

Una sonrisa se mostró en Richard. Un suspiro se escuchó de Sofía..

Maribel bajó la mirada, encontrando al lobezno aún dormido.

Jugando con su cabello, hizo un pedido.

—Que no se entere de lo que pasó.

—¿Exactamente qué parte? —preguntó Abby.

Moviéndose incómoda, los ojos amarillos parpadearon.

—Bueno… la parte donde morí… supongo.

Los dedos del pie marcaban círculos en la tierra nocturna.

Abby observaba esto con una mirada contrariada.

—¿Cómo te voy a reconocer si actúas así…? —aclaró su garganta —en realidad, debería decir “perdón por atacarte”.

Maribel asintió.

—No hay problema. Solo quería avisarles de mi regreso, ahora mismo tengo algunas cosas que hacer.

La miraron confundidos.

—¿Qué cosas? —preguntó Richard.

—Limpiaré un poco cierto desastre. —dijo frotándose el rostro —¿Se quedarán acá en la cabaña?

Sofía asintió.

—Entonces me iré ahora. Debo hacer esto en menos de una noche, de preferencia.

Amara tomó su brazo.

—Espera, ¿Cómo llegaste tan rápido?

Maribel sonrió.

—¿De qué hablas? Siempre estuve aquí, incluso antes que ustedes.

Rodando los ojos, Amara bufó.

—Mentirosa.

Reacomodando la vista, la observó en silencio, como si sus ojos atravesaran la noche. Una mirada intensa.

Maribel caminó unos pasos a la izquierda, siendo seguida por esos ojos. Caminó a la derecha, aún más de lo mismo. Avergonzada, se rascó la cabeza.

—Está bien… parece que eres insistente. Ponte de pie.

—¿Para qué? —preguntó Amara.

—Tú solo obedece. —reiteró.

Entonces se acercó, con los ojos amarillos cerrados, la luz desapareció.

Un cálido abrazo.

Amara experimentó un ligero espasmo, sorprendida, dejando un suspiro entrecortado que cayó en la noche.

Un momento después escuchó la voz de Maribel.

—Ya muchacha, no estés triste. Aún no pudimos hablar como se debe, no podría morir antes de eso. Así que espera y no hagas ningún drama.

Levantando los brazos para completar el abrazo, Amara asintió.

Los brazos se cerraron sobre sí, con la superficie desaparecida, su peso la inclinó hacia adelante. Miró confundida, sin rastro de Maribel.

Fue como un suspiro, un parpadeo. Un rumor fuera y dentro del mundo. Así el mundo mismo se corrigió, dándose cuenta: Maribel no estaba ahí, sino que estaba frente a un trono, en una región helada, frente a una reina de hielo.

Vaelithra giró levemente la cabeza.

—¿Qué haces aquí? ¿Cuándo llegaste?

Con una ligera sonrisa Maribel respondió.

—¿De qué hablas? Siempre estuve aquí… además, vine para llevarte a dar un paseo. Parece que los niños son irresponsables y hacen travesuras en el territorio del espejo.

Valithra suspiró.

—Ya me lo esperaba.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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