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Sistema de Evolución Universal - Capítulo 161

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Capítulo 161: No Lo Saben Usar.

Ojos dorados miraban desde lejos.

Dos mujeres, una recostada, otra de pie con dignidad y elegancia.

En su visión: vidrio, arena, una franja con plantas apenas vivas. Y un hombre moribundo, pronto un cadáver.

Los ojos dorados podían ver, en secreto, una magia cargándose en el trono. No lo lograría a tiempo.

Tomó aire.

—El mundo cumplirá su promesa. —murmuró.

—¿A qué te refieres? —preguntó la elfina.

Negando, volvió a mirar a lo lejos y apuntó.

—Él va a morir. Además, esos tres están cansados, ve a matarlo.

Los ojos de Vaelithra se abrieron. Una sonrisa exquisita, bajo la atenta mirada de Maribel.

La temperatura cayó bruscamente.

El mundo estaba dividido entre día y noche, visible a plena vista. Cápsulas de luz iluminaban las sombras nocturnas.

Vaelithra ya no estaba.

Maribel giró la mirada, observando el campo de batalla destrozado.

—Pensar que todo esto era la capital de un reino… que horrible.

Entonces en la distancia una luminiscencia verde se elevó, para después caer como un pilar atravesando las nubes.

Con una queja incómoda, Maribel llevó una mano al pecho. Dolor opresivo, falta de aire. En un instante sensaciones alarmantes y antinaturales llegaron, pero no hubo cambio en su expresión.

Al contrario.

Una sonrisa inesperada surgió en Maribel, quien miró un poco más. No pasó mucho hasta que rodó los ojos con ironía.

—Ni siquiera sabe usarlo.

El viento sopló, trayendo el olor de la batalla.

Vidrio, arena y líquido negro.

Entonces ocurrió.

Un susurro recorriendo el mundo, preguntando desorientado.

Ya no estaba.

##########################

Una sonrisa inesperada surgió en Maribel, quien miró un poco más. No pasó mucho hasta que rodó los ojos con ironía.

—Ni siquiera sabe usarlo.

El viento sopló, trayendo el olor del agua salada.

Sal, arena y agua espumosa.

Observó en silencio el entorno, acompañada por el sonido de las olas. Finalmente, Maribel dejó de reposar la cabeza entre las manos, poniéndose de pie.

Aparecieron huellas en la arena, mientras ella aún bajaba de una casa. Al salir, sus pies pisaron exactamente ahí.

Viendo su propio caminar, una sonrisa irónica brotó.

Los pasos siguieron su rumbo, posados sobre las sombras de sus pisadas, las que aún no llegaban.

Levantó la mirada.

Entonces encontró un rostro desconocido.

Adulto, masculino, sentado sobre la arena en posición de meditación, se dio vuelta para encontrarla.

—¿Fuiste tú quien me tocó? —preguntó el hombre.

Ella llegó caminando, sin cambiar el ritmo de sus pasos. Tranquilamente estiró una mano, dando un suave golpecito en la espalda del hombre.

Sonrió.

—Así es, fui yo. —apuntando con el dedo a la piedra dijo —Esa cosa es peligrosa, ¿Qué haces con eso?

Rápidamente el hombre lo escondió, con los ojos temblando.

Se arrojó al suelo, con las rodillas dobladas.

—P-por favor… se lo suplico, no me quite esto. Mi hija… mi hija… es solo… quiero guardar su recuerdo.

Los ojos de Maribel se entreabrieron, mirando al mortal postrado.

—Está bien, déjame ayudarte.

Sorprendido, el hombre levantó la mirada.

Ella sintiéndose un poco incómoda, esquivó esos ojos. Al observar en cierta dirección, decidió acercarse a donde la playa tenía mucha arena, una zona extensa.

«Sistema.»

[Dígame ¿Qué desea?.]

Maribel se lamió los labios.

«Tráeme a Rin.»

[Orden aceptada.]

El viento ya se agitaba. Viajando y ondulándose, esta vez de formas inesperadas sobre la arena, un círculo mágico se formó, casi naturalmente.

Primero fue un brillo, luego como un fuego, después como luces led. El verde brilló, encendido, elevándose hasta cinco metros.

La boca del hombre cayó de sorpresa.

Cuando la luz cesó, desde el interior del círculo podía verse a un hombre, vestido elegantemente como mayordomo, aunque con algo de polvo.

Se sacudió la ropa observando el entono. Al echar un vistazo a la mujer delante suyo, reclinó la cabeza confundido.

—Juraría que moriste, salió en muchos periódicos.

Ella se encogió de hombros.

—No quería morir. —apuntó a la piedra verde que sostenía el hombre. —Puedes regresarlos al mundo, ¿Verdad?

Gruñendo, Rin respondió.

—¿Qué te hace pensar que te obedezco?

Ella guardó silencio, mirándolo a los ojos.

La tensión aumentó a cada segundo.

—No pienses que puedes presionarme, Maribel.

Ella tomó aire, luego lo dejó salir en un suspiro.

—En realidad… no me gusta portar las malas noticias, pero parece que no podrás tener un hogar en el corto plazo.

Los dedos de Rin temblaron, causando que Maribel levante una ceja. Lentamente, ella levantó la mirada, encontrando una expresión indiferente.

—¿A qué te refieres con eso…?

Ella levantó la otra ceja.

—Impresionante, parece que no todas las reacciones están internalizadas.—

—Responde… por favor. —agachó la cabeza al final.

Maribel se rascaba la cabeza, mirando de reojo al hombre a lo lejos.

—Está bien… en realidad no es culpa tuya, si no mía—

Guardó silencio un momento, tropezando con sus palabras.

—¿Y bien? Explícate.

Tras unos segundos de pensar, ella levantó la mirada.

Rin casi cae de espaldas. No se sabe qué vio. Toda rección desapareció, suplantado por una quietud extrema. No hubo suspiro, ni movimiento ocular, no sudó ni tembló.

Parecía un cadáver tieso.

—Es por esto. —dijo Maribel.

Rin tomó aire.

—Ya veo. Así que por eso era. —la miró a la ojos —por ahora está bien… que los míos no puedan venir acá es suficiente.

Maribel asintió.

—¿Me ayudarás, pequeño brote?

Rin se puso de pie, su energía verde rebosando sin control. Tomó aire y lo sostuvo un buen rato, tras relajarse respondió.

—Claro que sí.

Una sonrisa confiada en Maribel bastó, tras su emoción, un pulso perdiéndose a lo lejos.

Rin se estremeció. Rascándose el brazo, miró al hombre, quien tembló al encontrar aquellos ojos verdes. Sus pasos sonaron en la arena, acercándose al mortal estiró la mano para recibir la piedra.

El hombre, congelado, solo pudo entregarlo.

Rin acercó el objeto a sus ojos, luego volteó para mirar a los jóvenes cuerpos en la arena.

—Tal como pensé, no están aquí. —dijo agitando la piedra.

Maribel se acercó a los niños.

El joven con escamas, la niña humana.

Se puso de cuclillas, estirando la mano sobre la frente de la niña.

—Rin, parece ser que ella misma aún no ha sido devorada.

—¡¿Qué?! Eso es… —volvió la mirada al hombre. —Eres un gran suertudo, normalmente los míos eliminan al huésped.

—Este niño tampoco. —informó Maribel.

El padre se desinfló como si su alma escapara, cayendo de rodillas. Entonces una pregunta apareció.

—P-pero ¿Por qué no despiertan?

—Parece que están atrapados en sus mentes. Tal vez los brotes pensaban usarlos para algo más.

El hombre tenía las manos sobre la arena, temblando. Un llanto contenido que dejaba huellas húmedas. Al calmarse, la arena marcaba con sombras donde alguna vez estuvieron sus manos.

Maribel se arrodilló, secando las lágrimas con la manga de su hanfu. Inclinó la cabeza en dirección al hombre.

—Lo arreglaré.

Poco después, tomó en brazos a la niña, llevada cerca del padre. Una mano sobre la frente, tomándose un momento de concentración.

El hombre juntó las manos cerca de la boca, soplando nerviosamente para calentarlas.

Pasaron unos minutos, un movimiento ocular se observó en la niña, reanimando el espíritu del padre.

Maribel no dijo nada, simplemente la entregó tan rápido como pudo, dando la espalda a la escena. Ya estaba caminando en dirección al otro cuerpo, cuando algo llamó su atención.

El padre se tensó.

Una luz verde afloró en el centro la ciudad, muy arriba.

Con movimientos contenidos se dio vuelta, temblando, solo para presenciar algo que no esperaba.

La luz se agitó, mientras pequeñas estrellas verdes salían de la piedra, formando nuevamente a la gente perdidas.

Antes de darse cuenta, personas desnudas caminaban por las calles, corriendo en busca de alguna prenda.

Maribel observó el espectáculo con seriedad, los contornos de sus ojos brillando en verde. Finalmente se despreocupó de la escena, colocando una mano en la frente del niño.

—Parece que no podrá hacerse en menos de una noche.

La luz del sol comenzaba a asomarse.

—Aún quedan muchos lugares más…

—«»[]

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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