Sistema de Evolución Universal - Capítulo 166
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Capítulo 166: Agua Salada, Sol Lejano.
Calma, silencio, ecos.
El mundo bajo el agua parecía haberse adormecido.
Profundo, enorme y oscuro.
Luces verdes flotaban en el abismo como faros solitarios, dejando reflejos en el agua.
Un cardumen estaba quieto, temblando; otro estaba en movimiento, errático.
En la superficie el agua se agitaba potente y demencial, acompañado de los cielos cayendo en lluvia.
Con calma, ella salió de lo profundo, sus extremidades quietas, su cuerpo a flote.
El mar agitado empequeñecía en furia al de hace unos minutos.
Llevó una mano a las cienes, intentando salvar sus ojos de la intensa lluvia, deseando ingerir aire mientras el agua buscaba sus fosas nasales.
Abrió la boca para respirar.
Suspirando, habló entre dientes.
—Esto fue asqueroso.
Acto seguido escupió un cúmulo de saliva negra, mientras un relámpago serpenteaba en el cielo.
No había sol, ni estrellas.
—Si no hubiera visto llegar el día antes, juraría que es de noche.
Un escalofrío le recorrió el cuerpo, seguido de un aliento visible.
—El frío no hace más que empeorar…
Alzando la vista: el cielo negro y relámpagos. Más abajo una cúpula de luz, rodeada de sombras por dentro y fuera.
En el aire, la lucha parecía caótica.
Si algo compartían todos, el silbido del viento en sus oídos, y Drakar escuchaba ese mismo ruido sibilante.
El Dragón Rojo se movilizaba sobre su cúpula de luz en una frenética batalla… cuando de repente su mente se enfrió.
Aquella conciencia fue robada por un instante, tal vez por un milisegundo.
«Alguien me indujo el sueño.»
Su cuerpo tenso.
“No tenías que llegar tan lejos… pero sigues haciendo exactamente lo que hacías.”
Ante él aparecieron ojos dorados y verdes.
«¿Qué es esto?»
Su corazón se tambaleó.
«Te dejé seguir demasiado tiempo…Y si alguien tiene que responder por esto… entonces seré yo.»
Él llevó una mano a su pecho, casi por instinto, y era pesado.
Sus ojos temblaron, su conciencia dolió. Pero lo aplastó con determinación.
«¿Intentas redimirme? Tonterías… ya lo comprobé. Cuando alguien intenta salvar a las personas, el cielo lo destruye.»
La voz regresó con una emoción complicada.
«Nunca lo alcanzarás así. No es un barrera, es una condición.»
Con una risa frívola, Drakar cortó con la mano el vacío.
«Todo cede ante suficiente poder.»
Mientras el mundo de ensueño se difuminaba, Maribel dejó unas últimas palabras.
«Eso es lo único que no.»
Drakar escupió al suelo.
«Qué eficiente… ahora también forman mártires.»
La alucinación desapareció, remplazada por la imagen del venerable de las sombras, extendiendo los brazos.
Sus ojos temblaron.
La noche pareció inundar el interior de la cúpula, pero él ya conocía ese movimiento. Circuitos brillaron afuera, movilizando el qi ambiental.
Una luz roja se expandió desde dentro, consumiendo la cúpula de luz, vaporizando incluido la lluvia.
—Tsk, esta vez gasté mucho.
Escupió el agua de lluvia.
Las sombras se movieron, mientras volvían a formar un cuerpo.
Una lanza carmesí se formó en manos de Drakar, se encendió en calor, repentinamente inalcanzable para la lluvia.
El arma voló en vertical hacia las profundidades.
Bajo el mar, un colosal cuerpo se retorcía en dolor.
Desviando la mirada, Drakar buscó la dirección de quien le indujo el sueño, pero solo encontró el vacío.
«¿Por qué siento que conozco al dueño de esos ojos?»
Levantó una ceja, algo extraño estaba ocurriendo.
Era como un murmullo irreconocible, como si debiera escuchar algo, pero incapaz de percibirlo.
La confusión lo invadió, trayendo un espasmo.
Sobre las nubes, la luz.
Bajo los cielo, las sombras.
Pero lejos de todo, pasos descalzos tocaban tierra.
Ella sonrió apenas, sintiendo las mejillas pesadas.
—Hey Naryon, no seas un perezoso, despierta.
Todo era sol.
El agua escurría en una sola porción del terreno, por lo demás seco, sin rastros de caminata.
El entorno era cálido y silencioso.
Un grupo de tres personas estaban tendidas en el suelo.
A lo lejos podía verse una llanura vidriosa.
Ella ladeó la cabeza.
«¿Están inconscientes?»
Estiró un dedo bajo la nariz de Naryon, luego sintió el pulso carotídeo. Tras un momento de reflexión, se asomó una sonrisa pícara.
Extendiendo un dedo, dejó gotear sobre la frente el agua salada.
Los segundos pasaron.
Un segundo, dos segundos, tres segundos.
Los ojos de Naryon se abrieron, levantándose de un salto.
Miró a todos lados, preocupado; mientras ella sonreía divertida.
Sus ojos se encontraron.
Él se secó la frente.
—¿Te estás burlando de mi?
La sonrisa se borró, levantando las manos ella negó con vehemencia.
—No, no… claro que no… bueno… si. En mi defensa, no reaccionabas.
Él suspiró, cubriendo su rostro con ambas manos.
—Estoy agotado.
Asintiendo, ella apuntó con el dedo a las mujeres en el suelo.
—Despierten.
Sus ojos se abrieron de golpe.
Naryon miró esto con ojos acusatorios.
Elien se giró en reclamo.
—No me arrastres del sueño a la vigilia sin permiso.
Maribel se encogió de hombros.
Posicionada a la vista de todos, juntó las manos.
—La montaña sigue al cultivador.
Acto seguido, se sentó.
El qi en el ambiente se concentró de forma abrupta. No hubo brillo, ni señal visible, pero de un momento a otro parecían estar en la sima de una montaña espiritual.
Los tres se miraron.
Rostros calmados, pero lenguas silenciosas.
Seren se aclaró la garganta.
—Es una gran técnica.
Maribel volteó ligeramente.
—Ese leviatán y Velithra forman equipo, están enfrentando a Drakar y a un hombre lobo que parece usar relámpagos.
Naryon fue el primero en sentarse para absorber el qi.
—¿Por qué nos ayudas?
Maribel reclinó la cabeza.
—Porque quiero evitar muertes.
Asintiendo Naryon concluyó.
—Entonces el golpe debe ser certero.
Las dos mujeres restantes se sumaron, recuperando energías.
No pasó mucho hasta que un espectáculo de luces se formó en ese pequeño lugar.
Cuando las pestañas de Elien se movieron, el viento cesó.
Soltó una respiración contenida y se puso de pie.
Fue la primera.
Instantes después, bajó los ojos y miró a Maribel aún sentada.
«¿Quién eres?» se preguntó.
No esperaba respuesta, tal vez por eso se sobresaltó cuando la respuesta llegó a su mente.
«Yo tampoco lo se.»
La voz sonaba dudosa, incómoda.
Pronto cuatro figuras estaban de pie.
Naryon miraba a una persona en concreto.
—Seren, ¿piensas ir? Podrías terminar interfiriendo con Varn.
Ella rio entre dientes.
—¿De qué hablas? Sombra y luz son complementarios, no opuestos.
Acto seguido, la mujer juntó las manos hacia Maribel, ofreciendo un saludo.
—Soy Seren Luminar, mucho gusto. Gracias por tu ayuda.
Asintiendo con la cabeza, ella se presentó.
—Maribel.
Hubo un silencio incómodo.
«Debería decir algo más… mis apellidos.»
Rápidamente, se aclaró la garganta y habló.
—¡Oh! eh… abandoné mis apellidos en esta vida. Mi familia no existe en este mundo… ¿Qué cosas digo? Bueno, no importa…
Seren la miró con una expresión complicada.
—Así que no haces gestos de saludo… tiene sentido.
Maribel parpadeó confundida.
«¿Qué tiene sentido?» quería preguntar.
Soltando un suspiro, dio un paso.
El entorno perdió sonido, ese instante pareció volverse eterno.
Las hojas de los árboles quietos, las aves en pleno vuelo congeladas, las motas de luz reflejadas en el sol… quietas.
Soltando un suspiro, se quedó quieta.
El mundo cambió.
No comprendieron lo ocurrido: dos actos realizados al mismo tiempo. Pero las olas del inmenso mar despertaron sus sentidos.
Repentinamente, el caos reinaba.
Seren negó con una sonrisa.
«No importa, el enemigo está a la vista.»
Ella ya se encontraba sobre las nubes. Arriba las nubes ya no eran negras, sino blancas, abajo las sombras se realzaron.
Elien desapareció en el viento, repentinamente silencioso y pesado, el pitido parecía ejercer presión mental.
Naryon no se movió.
Maribel lo miró de reojo.
—¿No vas a ir?
Él sonrió, su voz profunda.
—Ya estoy en la pelea, porque ellos están enzarzados.
Miró abajo, en el mar. Sus cejas se movieron con preocupación.
—Esas piedras… ¿las pusiste tú?
Maribel se abrazó a sí misma, con un ligero estremecimiento.
—Así es, allá abajo hay alguien más, se llama Rin. No lo mates, viene conmigo… pero tampoco confíes en él, traicionó a toda su especie.
Asintiendo, Naryon informó.
—Cuidaré los peces por ti… solo hasta que llegue el momento adecuado en el enfrentamiento de arriba.
Él saltó al mar.
Ahora sola en la lluvia del mar abierto, Maribel sintió un estremecimiento subirle por su columna.
—Carajo… ese tipo me trae nerviosa.
Ajustó sus prendas y se arregló el cabello.
Pero la lluvia arruinó toda su apariencia.
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