Sistema de Evolución Universal - Capítulo 167
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Capítulo 167: El cielo No Negocia.
El viento soplaba con fuerza, incómodo, pero no doloroso como antes. Un abrazo frío y gentil.
La luz se filtraba de un agujero en las nubes negras, un pilar sospechosamente preciso.
El agua de mar, anteriormente furioso, ahora había bajado intensidad. La persona no se daría cuenta de lo alto que subió hasta formarse la cresta, por muy elevado que se encuentre.
El mundo parecía más tranquilo… no lo estaba.
Un rostro entumecido por el viento miraba a lo lejos, el lejano pilar de luz reflejándose en sus pupilas doradas.
Cabello negro, lacio y corto. Una mirada cercana mostraba rastros de pequeños cristales blancos, su piel salada por el agua de mar.
Ojos cerrados, inspirando aire con calma.
Llevó una mano a su rostro, palpando sus mejillas, pareció acurrucarse en su propio tacto.
«Esta soy yo, esta soy yo, esta soy yo. Yo soy… supongo que mi nombre actual soy yo.»
Abrió los ojos con tristeza.
«No… si olvido, entonces ya no seré yo… o tal vez sí.»
Una franja roja se reflejó en el horizonte, como si la hubieran rasguñado y ahora sangrase.
El viento sopló con rudeza, su mente zumbaba.
«Es el Dragón Rojo de nuevo, creo que había descubierto su nombre antes… ¿cómo lo hice y cuál era su nombre?»
El mundo estaba quieto, pero de alguna manera ella sentía que no. De a pocos comenzaba a sentirlo: el mundo daba vueltas.
Las olas del mar se calmaron, las sombras menos profundas, la luz menos marcada.
Pronto, los escenarios fantásticos parecían ser… naturales, encontrados en un lugar lejano y hermoso, pero mundanos.
Con la mente confundida, las rodillas tocaron la fría piedra.
El agua que la rodeaba se agitó, buscando zambullir la roca.
Soltó un suspiro tenso.
«¿Qué está pasando? Aún me queda tiempo…»
La interfaz apareció ante sus ojos.
[14:24:09]
[14:24:08]
«Sistema, hazme un diagnóstico.»
[La maestra se encuentra bien, los mareos son normales y pasarán en unos segundos.]
Perdió el sentido.
Un gemido llegó cuando los maxilares chocaron con piedra.
El frío recorrió su espalda, quemando todo su cuerpo.
«¿Por qué me mareo?… Qué inesperado, mi conciencia corporal se fue.»
No había cabeza, ni extremidades, ni torso. La visión, un recuerdo de un sentido lejano.
[Las reformas celestiales fueron completadas, ahora se ponen en marcha.]
Movimiento sin dirección.
Origen y fin.
Y entonces todo cobró sentido de nuevo.
Pequeños puntos aparecieron en su visión, como pequeñas estrellas. Pronto éstas se agrandaron, la visión se aclaraba y mostraba la profundidad del océano.
Abrió los brazos.
Las aguas se dispersaron, no lo pensó bien. Su cuerpo sin flotación cayó sobre la roca firme.
Ignorando el golpe, se puso de pie como si nada hubiera pasado.
«¿De qué reformas celestiales hablas?»
Entrecerró un ojo mientras se frotaba el rostro, el viento en sus mejillas rojas asentaba el dolor.
[Secreto celestial, no se puede hablar de aspectos específicos. Con el regreso del cielo, las formas de vida fueron afectadas: la potencia mágica se vio reducida enormemente en aspectos específicos.]
Maribel parpadeó.
Regresando la vista al campo de batalla, una idea se formuló.
«Las cosas se ven más calmadas… tal vez no lo estén.»
El aire salado era penetrante, causando una mueca de desagrado.
Se elevó en el cielo.
Cerca del campo de batalla, cuatro personas luchaban.
El enorme pulpo parecía haberse cansado, porque estaba quieto.
La elegante ropa de Vaelithra estaba desbaratada. El hombre lobo dio un golpe, destrozando en pedazos de hielo el vestido, y revelando debajo una ropa ligera de equitación.
Ese fue su último golpe, porque ella rozó con la mano aquél puño expuesto.
Las pupilas del lobo se encogieron.
Tieso, inmóvil… casi podía ver la guadaña de la muerte sobre sí mismo.
La reina sonrió, la victoria en sus espejos dentales.
Tomó una bocanada de aire, levantando su espada de hielo con esfuerzo marcado.
Las manos del lobo temblaron.
Las pupilas de Vaelithra se agrandaron.
El lobo la miró y, lentamente una sonrisa provocativa se formó.
—¿Qué pasa, ya estás cansada?
Ella apuntó al cuello, pero se detuvo, incapaz de blandir.
Sus manos temblaron de impotencia.
El lobo ya tenía las garras expuestas, su mirada decía: si yo muero… tú también.
Un ligero movimiento de sus brazos soltaba un poco al lobo.
Ella movió un pie, el lobo pudo un brazo.
Solo quedaba empujar, y los dos se despedían de esta vida.
Vaelithra tomó un respiro pesado.
—Carajo…
Una risa burlona llegó.
—Parece que llegaste a tu límite—
Luz, espada.
El lobo bajó los ojos, mirando su propio pecho.
Un golpe bajo.
Seren retiró el arma, dejando un agujero en el pecho.
El hombre lobo no se movió, porque Vaelithra no lo hizo.
Sus manos dejaron de temblar, revelando una sonrisa cansada.
—Ahora olvídate de moverte… basura.
Así fue, el lobo se desangraba de pie, como si hubieran atravesado a una estatua.
Al voltear, una vara de sombras y una lanza carmesí chocaban. No había chispas en sus impactos; la lucha estaba igualada… pero la sangre era roja y no dejaba de fluir por pequeñas heridas.
Intercambiaron golpes en un ritmo salvaje.
La lanza roja rozó el metal sombrío, la sombra respondió con garras inhumanas.
Ninguno cedía.
Apretando los dientes, Drakar exudó un aura profunda.
«Dragón ascendente»
Una esfera blanca y otra roja, ambas impactaron, pero no explotaron. Una luz deslumbrante como el sol apareció; de esta salieron dos dragones serpentinos, llevando luz a su paso.
Varn fue mordido, elevado hasta el cielo en una desgarradora danza de desmembramiento.
Pero a él no le importó, sino que miró su entorno con calma.
Su cuerpo en contraluz a los dragones, una línea sombría en el mundo. Así que la sombra se estiró, conectando a Drakar.
El venerable movió sus mejillas apenas.
Lo siguiente que el rey supo es que ante él estaban dos dragones rojos, mordiéndolo con saña.
Sorprendido, la técnica desapareció.
Bajando la mirada, descubrió su propia sombra… no, la sombra de Varn.
El venerable extendió las manos y se mutiló los brazos, cayendo con un rastro de sombras líquida, muchos ojos observando desde esa oscuridad.
Un gemido provino de arriba.
Brazos humanos cayeron del cielo.
Acompañado de una brisa helada, las sombras se movieron, uniendo nuevamente las extremidades de Varn sin una sola cicatriz.
Drakar guardó silencio, mirando sus brazos en el suelo. El viento soplando en sus oídos le decía: estás muerto.
Su rostro tembló, el chirriar de sus dientes podía escucharse con claridad. No habló, no podía; el aire no entraba a sus pulmones.
Cediendo, cayó al suelo.
A lo lejos pudo divisar pies descalzos; arriba, un brillo: ojos dorados.
«¡Qué hipocresía… ahora sí forman mártires!»
Sus ojos se movieron hacia su compañero, quieto y con un agujero en el torso, desangrándose.
Un último brillo carmesí pasó por sus ojos, una grieta se abrió.
Al principio no ocurrió nada, el mundo no se dio cuenta.
Pero luego los estómagos de todos se apretaron.
Enorme y poderosa, una presión que los achicó a todos juntos. Jaló al hombre lobo, llevándoselo a algún lado.
Del otro lado se filtró un aliento nauseabundo y una pupila enorme como un humano se asomó.
Varn y Seren entrecerraron los ojos.
—Ya vimos a este sujeto antes… pero no era tan fuerte —dijo Seren.
Maribel negó.
—Nosotros nos hicimos débiles.
Drakar se elevó en el cielo con una sonrisa victoriosa.
Entonces su mirada giró lentamente, su sonrisa transformada en una mueca de ira. Gastó el único aliento que le quedaba.
—¡Hijo de puta, no estoy para tus bromas…! si te comes a mi avatar ahora, me voy a enojar.
Lo que salió fue un hocico enorme; de un mordisco se comió a Drakar.
La figura sacó la cabeza: un lobo enorme.
Impurezas salían de su hocico como una chimenea encendida.
Una expresión casi humana se mostró, aquella sonrisa depredadora. La codicia en sus ojos mostrada con un brillo rojo.
Alzó la mirada, con el sol reflejado en sus pupilas.
—¿Dónde está la luna…? Ya tengo hambre.
A sus palabras le acompañaron un cambio abrupto.
El viento se agitó, las sombras profundas y las nubes cargadas.
A medida que su aura recorría el lugar, todos se mostraron hostiles.
Los elementos se movieron, formando armas por doquier, en posición de lucha.
Pero Maribel se sobresaltó, su mirada atrapada por la enorme cabeza, su mente un misterio.
—Prepárate —le susurró Naryon.
Saliendo de su estupor, ella asintió.
Agitó la mano; el arete en su oreja fue extraído, flotando. Creció abruptamente, revelando una lanza común, pero imbuida en qi dorado.
Sus ojos se desviaron de un mensaje del sistema.
[El sujeto infringe las leyes del cielo, castigo celestial en camino.]
El pelaje del gran lobo se erizó, y él tembló.
Del cielo, una columna de miles de relámpagos descendió.
No lo tocaron; salió de un salto, más rápido de lo que todos pudieron percibir.
Su presencia en el mundo trajo corrupción al agua de mar.
El lobo a cuatro patas se rió.
—El cielo piensa castigarme, lástima. Ahora ya no pueden escapar.
La mirada de Maribel se llenó de desprecio.
Girando lentamente, sus ojos se encontraron.
—No sabes moverte.
El lobo ladeó la cabeza.
—¿Qué… por qué no sabría…?
Su patas se doblaron ligeramente, como si un peso repentino cayera sobre él.
[El enemigo se ve afectado por las leyes del cielo. Potencia mágica en descenso.]
Apretando los colmillos, las impurezas brotaron del lobo, elevando su aura con creces.
Maribel lo miró con frialdad, los bordes de sus ojos tornándose esmeralda.
El colosal lobo giró bruscamente.
—E-esta presencia, ¡¿eres un brote?!
Ella sonrió, las piedras verdes elevándose a gran velocidad y pegándose a su pelaje. Líneas se extendían sobre la superficie del lobo, creando una formación.
—No necesito detenerte.
Las impurezas se agitaron, sino extraídas a la superficie con gran velocidad.
No se deformó; el lobo pareció realzarse, potente y vigoroso.
Su qi se elevó hasta hacer temblar el mundo.
Pero no estaba impune.
Una luz amarilla brotó de su pelaje, su cuerpo desapareciendo lentamente. Sus ojos cayeron en aquella mirada dorada.
Entrecerró los ojos, su mente ya no buscaba ganar.
«Si tan solo pudiera llevarle esto a mi yo original…»
Ella negó lentamente, irrumpiendo sus pensamientos.
«No podrás.»
El lobo abrió la boca y el qi se juntó.
Maribel sonrió.
—Estás muerto.
El aullido trajo un cañón de energía que derritió toda la isla restante, junto con los pedazos flotantes a la deriva.
Nunca llegó; la luz amarilla consumió todo.
[El enemigo ha limpiado demasiadas impurezas al mismo tiempo; el origen de su vida ha sido eliminado.]
[Un fragmento de alma ha sido destruido.]
Ojos al cielo azul, el sol saludó la vida.
Girando la cabeza, los demás también flotaban, mirando confundido a todos lados.
Mis disculpas, lo había publicado aún sin terminar de editar jajaja
La luz se filtraba en rojo, bajo un bosque de colores.
El viento soplaba con extraña libertad, sin obstáculos.
Las hojas mecidas al viento traían un festival de luces.
En tierra, las ranas eran de colores variopintos; las víboras reflectando luces en sus escamas. La vida transformada, ahora un espectáculo de luces.
En el cielo, las aves no descendían.
Un solitario y agudo zumbido sonaba atravesando del bosque, donde no habitaban insectos.
Llegó finalmente a una zona destrozada, donde el sol iluminaba una llanura en medio del bosque.
Los murciélagos se acurrucaron en sus cuevas, las aves pasaron de largo. El mosquito no, seguía zumbando alrededor del desierto.
Se posó en una mancha de sangre, la madera de alrededor parecía haberla enterrado, pero el sangrado fue abundante.
Alas rojas, probóscide alargada y ancha.
El viento se agitó, meciendo el cuerpo del mosquito con brusquedad, mientras dos manos cerradas fallaron el aplastamiento.
Aquél aplauso se extendió a lo lejos, achicando los corazones de la fauna.
Un hombre vestido con túnicas de adornos florales miraba con desprecio a la criatura.
—¿Qué hace un mosquito codiciando sangre de cultivador?
Observó con atención al insecto en vuelo, la luz del sol iluminando su figura.
Sus ojos se abrieron.
—Esto… ¿es un mutante del bosque?
Su mirada ensombrecieron.
—No se qué consecuencias podría traer que tome tal sangre, será mejor experimentar en aislamiento. Pensar que existiría un insecto acá…
El mosquito no se acobardó, posado nuevamente en la mancha de sangre seca, se frotó las patas. Pero tuvo que volver a escapar.
Una vez más, los corazones de todos se achicaron ante el estruendoso aplauso, mientras las aves de buenos ojos miraban el intento suicida.
Entrecerró los ojos.
—Si lo mato, entonces lo maté, es solo un mosquito.
Dándose vuelta, el insecto lo miró directamente.
El hombre levantó las cejas, sintiendo algo extraño. Pero su descontento volvió al ver que el testarudo no se rendía con la sangre.
Volvió a levantar las manos para aplaudir, esta vez con el qi fluyendo.
Sus brazos se movieron apenas, pero una mano lo sorprendió agarrando su hombro.
—¿Qué haces? Déjalo vivir. —dijo una voz femenina.
Dándose vuelta bruscamente, su boca se abrió en una expresión que delataba sorpresa. Llevó una mano al pecho, con aliento agitado.
—Mi vida pudo haberse acabado ya, si fueras un enemigo.
En realidad ella también se vio sorprendida.
—Un momento, estoy segura de que esta conciencia pertenece a Nadir, pero… ¿por qué ya no te ves como un anciano?
Él la miró parpadeando.
—Maribel, podría decir lo mismo de tus ojos.
Una sonrisa apareció en ella.
—Eso es eso, lo tuyo es aquello. No tiene sentido que de repente te volvieras joven.
Nadir levantó una ceja.
—Tuve un gran avance, pero lo tuyo tiene menos sentido.
Ella lo miró sorprendida.
—¿Cómo es que un cambio en el color de ojos tiene menos sentido que el rejuvenecimiento? Este mundo está loco.
Un silencio incómodo se produjo.
Nadir parpadeó.
—Bueno… si la dama desea proteger la integridad de sus saberes, este caballero retrae sus deseos de conocimiento. Mas debo preguntar cuantiosamente, ¿qué hace un fervorosa dama del bien descalza, con el cabello seco y un camarón en manos? Las aves lloran y los mares alzan, un corazón clavado en una espada cuando los reyes ven al pasado.
Maribel escuchó sin interrumpir, una ligera brisa soplaba su rostro serio.
—Si tan solo supiera, ¿qué dolorosas causas atenúan el funesto sino sus vivencias…? ¡Injusticia, injusticia! Oh flor marchita que floreció en lodo, cual lian en cultivación, para poder corresponder a su sufrimiento y dar consuelo en la primavera eterna…
El ceño en Maribel se frunció, agitando la mano.
Las palabras de Nadir se desvanecieron, miró confundido al cielo, mientras intentaba pronunciar algo.
Pronto indicó a su propia garganta, haciendo ruidos sin sentido.
—No pienso volver a la primavera eterna —se inclinó. —Me disculpo profundamente, pero no lo considero correcto.
Tras disculparse, ella le regresó el habla.
Nadir guardó silencio, suspirando.
Finalmente se lamió los labios y la miró a los ojos.
—No te culpo, llegaste en el estrato más bajo, seguro la vida no fue cómoda. Sin mencionar el estado actual del territorio del espejo… —llevó las manos a su rostro, con angustia clara.
Maribel suspiró.
—No te bloquees a ti mismo, siento que ocultas lo que dices. ¿Qué es lo que realmente deseabas?
Nadir soltó un suspiro, bajando las manos.
—Solo me preguntaba si lo que hiciste para revivir funcionaría con otros.
Maribel se tragó sus palabras, mirando fijamente a Nadir.
—¿Quién murió?
Él negó lentamente.
—¿Quién no? Casi tres cuartas partes del reino del espejo…
Un escalofrío le recorrió las espalda, la idea de una muerte tan masiva…
—¿P-pero… por qué?
Nadir negó con tristeza.
—No sabemos, la única pista son un grabado a fuego del emblema del Dragón Rojo en la carne de la gente. Por eso volví aquí, con la esperanza de que volvieras sobre tus pasos.
Él la miró esperando una respuesta.
Ella asintió.
—Llévame a la primavera eterna.
Nadir emitió un fuerte silbido, entonces se vio a lo lejos un cometa.
Maribel se acercó a su sangre seca, extendiendo un dedo para que el mosquito se suba.
«Resulta que el fúnebre sino era de él, aún así esperaba que no intentase manipularme. Dime tú, ¿qué haces acá?»
El mosquito la miró con alegría extraña.
«Vine a buscarte, mis hijos nacen como mosquitos normales y débiles, ¿cómo puedo tener una progenie fuerte, longeva y que crezca sin límites como yo?»
Maribel arrugó las cejas.
Algo en su memoria se agitó, difuso y esquivo; una sombra que no era ella, pero sentía conocerla.
Una joven entrando a un hotel, cargando una pequeña cama para mascotas.
Un hombre suspira, pero aún así asiente.
La cama en recepción.
Hasta que la tierra tembló y el hotel cayó, aquel hombre desapareció. Cuando ella volvió adulta, la silueta en la cama tomó forma humana… y la abrazó. En la entrada del hotel en ruinas, había una pupila gigante.
Ella negó lentamente.
«Si tus hijos nacieran tan fuertes como tú, entonces acabarían con el ecosistema. Perdón, no puedo concederlo.»
El avestruz aterrizo, invitando a que se suban.
Sus ojos se encontraron, causando que el animal se sobresalte un poco.
Maribel guardó al mosquito en su ropa.
«No me piques.»
Mientras el sol brillaba alto y el viento se atenuaba por la barrera, ella miró abajo. Un extraño descubrimiento llegó.
«¿En qué momento esto se volvió normal?»
Una sonrisa se formó, recordando su primera vez en esta montura.
Miró el horizonte en camino.
«Solo subí a la avestruz unas cuantas veces, pero ahora la vista no me emociona como antes…»
Entonces una voz interrumpió sus pensamientos.
«¿La vista es hermosa?»
Ella parpadeó.
«Hola, sistema. Bueno… creo que sí es hermosa.»
La luz del sol se reflejaba en sus ojos, contrayendo su pupila.
«Eso es la respuesta, Maribel. Si es hermosa, entonces es hermosa.»
Tras pensar un momento, ella asintió.
«Tiene sentido, la emoción se va, lo hermoso se queda.»
Bajó la mirada, observando ciudades en silencio, mientras a lo lejos un vapor negro se elevaba junto al aroma de una hoguera.
—¿Qué hacen allá? —preguntó.
Nadir respondió con voz oscura.
—Queman las posibles plagas.
Al descender, la ciudad estaba vacía. Letreros en buen estado, casas en perfectas condiciones, ropas aún secando al sol. El viento arrastraba periódicos y los puestos de comida estaban abarrotados de productos.
Simplemente era el silencio.
Un camino pavimentado llevaba en dirección a la montaña, las puertas solitarias y abiertas, sin un alma invasora.
Volteando la vista a la ciudad, el olor a quemado y carne asada llegó a su nariz, mientras su conciencia se perdía un instante.
Una ciudad tranquila se reflejó en su mente. Mientras los ciudadanos hacían sus vidas en calma, sombras de serpientes se movieron en la oscuridad, anidando en los corazones de la gente.
Finalmente cuando el sol se ocultó, una gran serpiente se alzó para remplazarlo, tomando a las personas como armas para rasgar el mundo.
Finalmente, la imagen de la serpiente enroscada en una pila de cadáveres, mientras crecía infinitamente, se quedó sin cuerpos y cayó en un estanque, donde se retorció hasta ahogarse.
La mente de Maribel volvió a la realidad, sus ojos se volvían ligeramente vidriosos y su respiración acelerada.
—Quiero ver uno de estos cuerpos, entonces sabré si puedo ayudar.
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