Sistema de Evolución Universal - Capítulo 169
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Capítulo 169: De Afuera Hacia Adentro II
El sonido de las llamas era un soplo constante, mientras la imagen del horizonte se deformaba detrás.
Humo negro se elevaba al cielo, ceniza teñía las calles cercanas. El lugar casi parecía normal, puertas resecas y ropas tendidas fueron las principales víctimas del negro hollín y su penetrante aroma.
Los pasos sonaban cual pequeños guijarros de piedra, las botas de un soberano de hierbas secas encaminaban al centro, donde el mundo era oscuro.
Con el corazón anonadado, Maribel suspiró a medias. No expulsó el aliento, su rostro se contorsionó en desagrado.
—¿Así huele el canibalismo?
Una mano cubría su nariz, otra su boca; pero nada silenciaba el rugido de su estómago.
—Mierda… ¿cuántas horas llevo sin comer?
Elevó la mirada al cielo, el sol vertical sobre sus cabezas, sus ojos encarando el fulgor.
—Esto se ve mal…
Nadir avanzó, con sus botas resonando.
—¿Cuál de todos prefieres ver primero?
Ella arrugó la nariz.
—Primero quiero saber si hay diferencia alguna entre todos ellos, ¿las fosas se dividen en estratos sociales?
Nadir ladeó la cabeza.
—¿Eso importa?
Ella se encogió de hombros.
—Podría importar.
Miraban la montaña encendida, las ropas y carne perdiéndose en lenguas de fuego. Una prenda consumida dejó expuesto un rostro con orejas largas y caninos enormes.
Nadir levantó una ceja.
—Hay humanos y vampiros, pero ambos murieron igual. ¿Te sirve de algo?
Maribel parpadeó rápidamente, con las rodillas apenas cediendo.
—¡¿Qué hacían los vampiros acá?!
Sonriendo con ironía, Nadir guardó silencio.
Al agitar la mano dos especímenes llegaron, sus rostros quemados mostraban los dientes.
Maribel levantó una ceja, luego volvió a mirar al sol.
—¿Por qué no se hizo cenizas?
Soltando un suspiro, Nadir admitió.
—Eso nos preguntamos, los magos tienen sus conjeturas, pero no hay forma de comprobarlo.
Ella miró de reojo al maestro.
—¿Qué conjeturas?
Entre incredulidad y burla, él admitió.
—Dicen que su vampirismo fue consumido, o que sus almas abandonaron el mundo, cosas locas como esas.
Sus ojos se encontraron, él notó la confusión.
—¿Pasa algo? —preguntó el Soberano de las Hierbas Secas.
Asintiendo, ella admitió.
—Esperaba otra explicación… una más terrenal.
Ella reflexionó un momento, sus ojos se movían ligeramente, dos dedos posados en el mentón.
—Puedo intuir que las almas de los vampiros no se van, ¿es correcto?
Nadir asintió.
—Es conocimiento común, los vampiros no reencarnan y sus almas son prisioneras incondicionales del mundo. Por eso esa idea es ridícula.
Maribel levantó las cejas, mirando de reojo a los muertos.
«Tengo un mal presentimiento de esto…»
Acercándose a los cuerpos, ella propuso una idea.
—Si sus almas siguen ahí, entonces deberíamos poder comunicarnos con ellos y estarían vivos.
Nadir aclaró.
—Al inicio supusimos que siguen dentro de sus cuerpos, porque así no se ve un vampiro muerto. Pero deberían estar quemándose.
Podía verse grabado el emblema del Dragón Rojo.
Ella arrugó las cejas, mientras un brillo esmeralda cruzó sus ojos.
—Detesto este símbolo.
Nadir contempló la escena, esperando alguna idea de la mujer.
«Sistema, trata esto como una defunción endémica, buscaremos rastros de zoonosis y similares, ¿qué porcentaje de especies no humanas murieron?»
[Respuesta aproximada: 0.000001%]
La respiración se detuvo bruscamente.
Su sentido se expandió en muchas direcciones.
«Déjame percibir solo las conciencias de este espacio y de tamaño macroscópico.»
Aparecieron en su alrededor muchas vidas, una gran variedad de animales e insectos, los sobrevivientes parecían estar refugiados en el interior de la Primavera Eterna, además de algunos espías cercanos.
Levantó una ceja, mirando a una casa caída.
Un sonido, un movimiento.
Ella rodó los ojos.
—Chismosos.
Nadir rio entre dientes.
—Ignora a esa gente, ¿qué descubriste?
Maribel se aclaró la garganta.
—No hay conciencia en estos cuerpos, tampoco hay subconsciente. —con ojos entrecerrados, afirmó. —lo que significa que solo pueden estar muertos… pero no hay almas.
Nadir palideció un poco.
Tras un suspiro, miró a la Primavera Eterna construir pilares de piedra.
Las paredes de los edificios públicos cayeron con vistas a las rocas en levantamiento.
Magos dibujaban a mano diversos símbolos en cada nivel del edificio.
—Entonces será útil la gran formación de los magos.
Bajando la cabeza, ella tomó un suspiro.
—No creo que sirva, no encuentro las voces de estas personas. ¿Hay algún objeto, hábito o actividad que compartan en común?
Nadir guardó silencio, con la expresión contraída en angustia.
El viento corría en un cielo muerto mientras en la tierra Maribel desviaba la mirada, sus pasos descalzos encaminados a las escaleras de la secta. La brisa en el suelo, la mano extendida tocando el viento… cada vez que daba un paso, el aire rozando fría y suavemente las plantas de los pies.
La silenciosa marcha hacia las escaleras, solo mostraba suciedad negra bajo los pies.
Nadir miró aquello, cerrando los ojos en comparecencia.
Los edificios, las plantas, el aroma del aire… la vista del cielo. Todo era igual, pero… pero simplemente muerto.
Apretó los labios, con una amargura en el rostro.
Reposando bajo la sombra de un edificio, se sentó en una gran roca cercana y contrajo las rodillas para apartar los pies del suelo.
Nadir se elevó, el aire a su alrededor distorsionado con el qi.
—¿Estás bien?
Ella reaccionó por instinto, sus ojos casi se encuentran, pero retrajo la mirada. Asintió distraídamente.
—Solo… necesito descansar un momento.
Nadir la miró extrañado.
—No tardes mucho. —dijo —Traeré algo del pico espiritual.
Ella asintió.
Los pasos de Nadir sonaron en el camino, sus botas sobre las limpias y pavimentadas escaleras.
Ella miraba su espalda en retirada, bajó los ojos al suelo ardiente.
Su atención robada por sus propios pies.
Un suspiro escapó sin permiso mientras admiraba el entorno.
«Esas escaleras fueron por donde entré a dar el examen.»
Girando su visión, encontró un camino diferente.
«En esa dirección está biblioteca…» sonrió con dulzura. «¿Esa mujer… podría seguir viva? El color de su piel era extraña, pero ella era buena.»
El suelo liso, pero con pequeños rastros de tierra, madera y piedra llenaban el camino. El sol era caluroso, los rayos se reflejaban con vigor.
En su cabeza asomaba un escozor, el paso lento y en silencio.
Su mirada giró a la izquierda, los silenciosos árboles de sus recuerdos la llevaron al pasado.
Una mujer y un niño caminaban, ella vestía un blanco percudido y el niño mostraba un cuerpo desnutrido, cola y orejas lupinas.
—¿Ocurre algo? —preguntó la mujer.
La mirada del niño era casi indiferente, pero sus ojos fijos presionaban.
—¿Soy un animal?
Ella casi no reaccionó, pero solo respondió tras un breve silencio.
—No lo eres, eres una persona.
El niño bajó ligeramente la cabeza.
—Entonces, ¿por qué me estoy quedando contigo?
La persona adulta lo pensó, luego dijo con severidad.
—Porque yo quiero que te quedes conmigo, pero tú no eres un animal, eres una persona; si fueras un animal, no te dejarían entrar aquí bajo mi cuidado.
Levantando la vista, el niño entreabrió los ojos.
—¿Tú me vas a cuidar?
Ella sonrió, las palabras superpuestas entre la Maribel del recuerdo y la persona actual.
—Algo así…
Sus labios bajaron, saliendo de aquél recuerdo.
Suspirando sin prisa.
«Parece que no pude alejarlo del peligro.»
Sus oídos la llamaron.
El sonido de pájaros cantando frenó sus memorias.
Observando los árboles, un brillo pasó por sus escleróticas.
Una sonrisa ambivalente.
—Parece que se escaparon las aves… —su voz se quebró en un susurro. —quiero volver a casa.
Ella levantó las mangas de su ropa, mojándolas con cuidado.
Su espalda se inflaba y saltaba esporádicamente, pero su voz era contenida.
Apretó los dientes con rabia.
«¿Cuántos me podrían escuchar? ¿Cuántos lo podrían buscar?»
Una imagen llegó a su mente.
«Su padre biológico.» apretó los puños, el peligro en su mirada. «Espero encontrarlo pronto.»
Algo en su corazón se movió, casi parecía un pulso, pero no… realmente se movía.
Cerró los ojos, buscando la causa.
Ojos negros la recibieron, su misma figura reflejada, pero más pálida.
El reflejo sonrió con amargura, volteando hasta darle la espalda.
Desapareció.
Bajó la mirada, observando el reflejo en el agua.
Un aliento frío la sobrecogió al encontrar sus ojos verdes.
Fue una sacudida que surgió desde lo más profundo, una mirada severa y opresiva, el jade en sus ojos… era putrefacto.
Sus brazos se movieron, sus manos aruñando su propia piel.
Desistió y el sol regresó.
Ojos abiertos, dientes mostrados al mundo, mirando sus propias uñas sobre su piel roja. Su estómago se movió desde abajo hacia arriba, la cabeza bajó acompañado de un ardor en la garganta.
«¿Te sientes mejor?»
Preguntó el sistema.
Maribel respiró profundo, limpiándose los labios.
Negó lentamente aún con la cabeza gacha.
«No tanto…»
Tras un momento de silencio, el sistema volvió a hablar.
«Creo que no hace falta decirlo, pero lo haré igual. Aquello es parte de tu camino, no lo confrontes… deshazlo.»
Ella sonrió con amargura.
«¿Eso es a lo que te refería con que “aún cargo con aquellas cosas”?»
El viento sopló trayendo algo de calma.
«No. Eso es a lo que tú te referías cuando interpretaste mis palabras.»
Una sonrisa amarga se asomó.
«Si pudiera deshacerlo, lo haría.»
Una mano se posó sobre su cabeza.
«Si fuera tan fácil, no sería cultivado. Si no te brindase ayuda, no sería tu maestro.»
Sus ojos temblaron, una luz amarilla bajó por su cabeza y blanqueó hasta los huesos. Un ligero calor en su cuerpo se asomó, trayendo calma.
Ella se levantó, pero no encontró a nadie.
El blanco puro desapareció, brotando desde lo profundo una opacidad nueva.
Los ojos dorados ahora estaban en calma.
—Gracias.
Miró en dirección a una montaña.
—Creo que iré a visitar a ese felino… me pregunto si está bien.
Una voz física interrumpió.
—¿No prefieres comer algo antes?
Maribel volteó. Ante ella estaba Nadir, quien sacaba de su anillo un conjunto de platillos que desprendían un aroma especial.
Ella levantó una ceja, mirando el qi brotar de la carne y los vegetales.
—¿Está bien desperdiciarlos en mí?
El Maestro Soberano de las Hierbas Secas se rio.
—¿Desperdiciarlo? En mis ojos veo un gran talento que acaba de sufrir un golpe a su corazón dao. No veo nada malo en que comas.
Ella bajó la cabeza y sonrió ligeramente.
—No es eso… es que en mi cultivación, los recursos no me sirven.
Parpadeando, Nadir dio una mascada a su trozo de carne.
—Ya veo, es una condición interesante aquél método. Gran velocidad, pero sin recursos… parece ser que encontraste un manual interesante.
Ella agitó la cabeza y estiró la mano, viendo al sinvergüenza comer.
—No es que no pueda comer, es que no tiene efecto. ¡Así que no te comas mi parte!
Nadir se rio por lo bajo, tendiendo una pierna de pollo.
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