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Sistema de Evolución Universal - Capítulo 170

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Capítulo 170: De Adentro Hacia Afuera.

Los rayos del sol descendían como rendijas del cielo.

De fondo las montañas adornaban un paisaje gigantesco.

Pasos de una persona resonaban tranquilos; mientras alguien más lo seguía descalzo, sin ruido en sus pies.

—Sinceramente, esa poca comida no podría saciarme…

Maribel caminaba detrás de Nadir, quien guiaba el camino.

—¿A dónde me llevas?

Sin palabras, él señaló un lugar en la montaña.

Ella levantó la mano, trayendo sombra a sus ojos empañados.

—Así que… el comedor… —una exhalación resignada escapó. —detesto ese lugar, pero al menos hay comida.

Nadir levantó una ceja.

—¿Por qué lo detestas?

Maribel se encogió de hombros.

—Mucho ruido, los olores se acumulan y la humedad prácticamente se respira. Mejor dime, ¿cuánto tardarán los magos con su formación?

Nadir observó mediante su visión divina.

—Les doy como una hora.

Soltando un suspiro, Maribel se sentó en el aire.

—Perfecto… tengo tiempo para llevar este camarón a cierto lugar.

Los ojos de Nadir se abrieron, sus pupilas temblando.

—T-tú, ¿cómo haces eso?

Ella ladeó la cabeza.

—¿Qué es lo que hago?

Un dedo se extendió, rodeando la figura de Maribel.

—Eso… no hay qi sosteniéndote.

Ella lo miró sin palabras, parpadeos cortos denotaban una leve confusión. Respondió tras un momento de silencio.

—Eso… bueno, preferiría no responder. No es perpetuo.

Respirando suavemente, Nadir insistió.

—¿Es una técnica?

Ella negó, considerando sus palabras.

—Es un estado del ser.

Nadir entrecerró los ojos, la curiosidad pudiéndole.

Unas hebras de qi se mecieron, rosando el cuerpo de Maribel.

Ella lo miró extrañada, pero no hizo nada por detener la curiosidad.

Tras carraspear, la voz masculina sonó un poco respetuosa.

—Maribel, ¿podrías decirme cuál es tu cultivo actual?

Una sonrisa arrogante pasó por sus labios.

—No.

Los ojos de Nadir se entreabrieron, su boca abierta para exclamar. Antes de darse cuenta; sus ojos que reflejaban a Maribel le habían estado engañando, no había nadie más, como si siempre hubiera estado solo.

El viento soplaba incluso en el piso de piedra, agitando todo el hanfu de un Nadir descontento.

Vegetación quieta, ciudad silenciosa.

Bajó la mirada y apretó el puño.

—Ella… ella es mi estudiante, ¿verdad? ¿por qué parece que le hablé a un fantasma?

Rebuznó, una expresión de desagrado marcaba todo su rostro.

Giró sobre sus pies, dispuesto a retirarse, entonces una voz le detuvo.

—Nadir.

Él espero con la espalda recta.

Maribel tenía la mirada gacha.

—Este… bueno… me disculpo, creo que fui irrespetuosa.

Cuando giró a verla, los pies de la mujer estaban mojados, el camarón en sus manos desaparecido.

Escaneó un poco, el orgullo en su rostro reemplazado por serenidad.

Una emoción conocida se asomó en Nadir.

«Va y viene con el corazón indiferente, ¿tan poco piensa de mí? Esto es insultante…»

Maribel juntó ambas manos rápidamente, su voz traicionando un poco de angustia.

—Yo… creo que… como decirlo. No se qué me pasa…

La boca de Nadir se entreabrió, sus ojos suavizados.

Tomó aire con pesar, su voz llegó más calmada.

—Pasaron demasiados años desde que tuve pupilos, sinceramente ya no se cómo tratar a mis estudiantes. Eso si es que aún lo son… después de todo están por cambiarse de secta.

Exhaló como si expulsara un pésame, con los dedos en los lacrimales.

—Te perdono, seguro tienes tus problemas.

Maribel se relajó.

—Gracias. En cuanto a mi nivel de cultivo, actualmente es superior al de usted, pero es solo temporal.

Ladeando la cabeza, Nadir preguntaba con los ojos.

Ella se aclaró la garganta.

—¿Si sabe que morí?

Él asintió.

—Bueno, pues cuando el cielo se abrió—

—¡¿EL CIELO SE ABRIÓ?!

Nadir prácticamente corrió a interrogar, la sorpresa en sus ojos.

Maribel casi parecía asustada, estirando una mano para que no se acerque más.

Relajando su corazón un poco, el maestro se aclaró la garganta.

—Perdón, puedes seguir.

Ella asintió.

—C-como decía… cuando el cielo se abrió, pude regresar a la vida. Además… bueno, esto es raro, pero me subió de nivel… temporalmente.

Nadir parpadeó incrédulo.

Recibiendo esa expresión, la mujer se cubrió el rostro, con el carmesí asomando por sus mejillas.

—No me mires así, se que sueno como una loca. Ni siquiera yo me creo del todo lo que digo, pero es verdad.

El hombre caminó en silencio hacia una banca cercana, simplemente se dejó caer, procesando la información.

Maribel miró entre sus dedos.

—¿Estás bien?

Él asintió repetidamente.

—No lo estás. —concluyó Maribel. —joder, esto es tan…

El viento sopló trayendo un susurro a sus oídos.

Tras un momento de silencio, ella se acercó.

—¿Por qué te sorprendes así? —dijo con genuina curiosidad.

Él levantó la cabeza, la mujer casi no tenía rastros de rubor; pero sus labios apretados y su mirada tensa, delataban emociones contenidas.

Se acomodó antes de responder.

—No podíamos ascender al cielo, estaba cerrado. Pero tú dices que aquél evento de luces amarillas era el cielo, que te regresó a la vida y te dio poder. —miró a sus ojos amarillos con asombro recién descubierto. —No se lo digas a nadie más, ten especial cuidado allá arriba, ¿quién sabe? Nunca falta un loco que desearía refinarte en una píldora… o tenerte para sí mismo.

Bajó la mirada, encontrando las manos vacías de Maribel.

Levantó las cejas, con una duda en el corazón.

No la pronunció, pero ella respondió a su pregunta.

—Mi cultivo está escondido, por eso parezco vacía de qi. Oh… y en cuanto al camarón, ya lo envié al mar por una zona segura.

Nadir levantó la mirada.

—¿Quieres decir que incluso los reinos superiores no te pueden sentir?

Ella asintió.

Poniéndose de pie, el maestro se aclaró la garganta.

—Eso es una gran ventaja. Si los medios preguntan por tu resurrección, esconde lo importante.

Acto seguido, miró sus pies húmedos.

Nadir se rascó la cabeza.

—Tal vez quieras conseguirte calzado.

Bajando la mirada, ella pudo ver sus pies.

Por algún motivo eso la hice contraer las cejas.

—Es verdad, ya me limpié los pies.

Llevando las manos detrás de su cintura, Nadir caminó con calma en dirección al mercado, ahora vacío del bullicio.

Maribel lo siguió, sus pies quietos sobre el aire, pero con el cuerpo avanzando.

El lugar parecía una ciudad abandonada, solo unas contadas cuatro personas atendían en todo el mercado.

Sus ojos se iluminaron al verlos pasar, pero la emoción desvaneció como una llama en la tormenta. Comenzaron a meter sus cosas en bolsas y canastas, con ropa asomada en los bultos pesados.

Aclarándose la garganta, el maestro dijo con voz suave.

—Alégrense, venimos a comprar.

Sus palabras recorrieron el silencioso mercado, las cuatro personas con esperanza renovada.

Maribel forzó una sonrisa apenas, mirando la gran cantidad de productos que ellos tenían a su disposición.

«¡Qué afortunado, cuentan con todo esto! Debería felicitarlos, son ricos mientras están acá»

Dio un paso, pero las palabras murieron en su lengua.

Su mente cayó en silencio, con una pesadez agarrándola del corazón.

En su rostro se instauró una expresión compleja.

«¿Qué me pasó justo ahí? Esos pensamientos, ¿de quién… de mí…? No parecen míos, pero son míos.»

Su expresión cayó, encontrando los ojos sin luz de las personas.

«No son míos.»

Apretó los labios y saludó cortésmente.

—Que bueno que estén a salvo.

Una mujer asintió.

Su mirada bajó hacia los pies descalzos, sin miramientos fue a traer lo mejor que tenía en el inventario.

—Si estos no te gustan, hay otras cuatro tiendas iguales donde puedes buscar.

Los ojos de Maribel se entreabrieron, el cuero de los botines parecía de una criatura estupenda.

—Espera… ¿cuánto cuesta esto?

La mujer soltó un suspiro resignado.

—¿Importa acaso? Ya no importa nada… podrías darme un pedazo de plata y eso es lo que vale. —apretó los dientes. —¡maldición… incluso si me das piedra con pedazos de cobre, es mejor que nada!

El silencio impregnó todo el mercado, una nube tapó el sol, como si sus rayos quisieran ocultarse de la vista.

En los ojos de Maribel se asentó una sombra.

«Es verdad, incluso si deseasen irse no podrían, el camino es muy peligroso.»

Fue entonces cuando dos rostros pasaron por su mente.

«Esos hermanos en Puerta de Sal, ¿están bien?»

Un ruido la sobresaltó.

Levantó la mirada para encontrar en el recibidor otro par de botines, estos tan elegantes como los anteriores.

—Pruébalos y págame lo que tengas. —dijo sin rodeos la mujer.

Asintiendo, Maribel se probó los calzados.

Jugando con el tamaño, hacía crecer y achicar las partes adecuadas para que encajen perfectamente en sus pies.

La mujer miraba esto con una ceja levantada.

Finalmente, ella indicó unos de color crema.

—Serpiente blanca de alas escamosas.

Ellas se miraron.

—Encaja con tu vestimenta.

La mujer extendió una mano, esperando alguna compensación; cuando vio la paga, su voz soltó una exclamación ahogada.

Ante sus ojos se reflejaba una piedra espiritual.

Su voz contenida recorría los abandonados terrenos del mercado.

—¿Me das esto? No podemos salir del reino por culpa de las bestias, así que solo puedo entregarlo al precio del cliente…

Desviando la mirada, ella simplemente se encogió de hombros con una media sonrisa.

—Te lo regalo, seguramente la Primavera Eterna necesita recuperar fuerzas.

Llevando la piedra a su pecho, las lágrimas comenzaron a caer.

Nadir miró aquella escena en silencio, con los ojos entrecerrados.

Sacó una piedra espiritual, mirando a los otros tres comerciantes.

«No se pueden ir y no podemos perder materiales. Tal vez la bondad sea la solución esta vez, en lugar de confiscar los objetos para la secta.»

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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