Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Sistema de Evolución Universal - Capítulo 173

  1. Inicio
  2. Sistema de Evolución Universal
  3. Capítulo 173 - Capítulo 173: Salvar lo Inexistente
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 173: Salvar lo Inexistente

El silencio parecía contener el aliento, dejando pasar solo los ruidos grotescos de una criatura alimentándose.

Un brillo verdoso opacaba las calles, dándoles a los muros fortificados una apariencia metálica.

Todo se veía bien.

Hermoso, limpio, cuidadosamente construido: la ciudad era impecable.

Las calles y los pasadizos estaban en perfecto estado; flores crecían en las ventanas de los hogares.

Realmente, todo era impecable.

…los muertos no.

El hedor a sangre y heces se concentraba en el centro, lejos de toda pulcritud.

El movimiento de la espalda era un rebote de gozo; los brazos, alargados y retraídos, se movían como las manos de una costurera experta, y los dedos… los dedos parecían instrumentos de tortura en manos de un cirujano.

Cortó la ropa de su víctima y se tragó a la persona entera.

La criatura se deleitaba.

La monstruosidad sonreía.

Y esa sonrisa apenas podía percibirse en aquel rostro humanoide y deformado, más cercano a una rana que a una persona.

Sus ojos verdes brillaban; el gran vientre rebotaba. Soltó un leve gemido de placer cuando el segundo cuerpo fue introducido en su enorme boca… hasta que algo lo congeló.

Los sonidos desaparecieron.

El viento volvió a soplar.

Una calma tal que ni siquiera el olor a podredumbre bastaba para provocar una reacción… o quizá ya no quedaba voluntad para reaccionar.

Lentamente, la criatura se dio vuelta..

Su corazón mutado se sintió… vacío.

Apretó los dientes; el sabor metálico se filtró por la garganta, mezclado con el lino, la tierra y el sudor residual del cuerpo inerte.

Pero su corazón sintió algo más; algo que no venía de un impulso artificial.

Primero llegó la calma, luego la indiferencia, después… el cansancio.

Las pisadas sonaron en aquel suelo fértil, anunciando la llegada de alguien.

El sonido llegaba espaciado, como si cada paso fuera reconsiderado; uno tras otro, con más tiempo entre ellos.

Buscó con la mirada, pero no había nadie en ningún lado.

Hasta que aparecieron las botas color crema.

No doblaron una esquina ni descendieron del cielo: simplemente estaban ahí, en un tramo recto de camino frente a sus ojos.

La figura, claramente ante su vista, era como si no existiera.

Hasta que se detuvo.

El aire sopló, cargado con el aroma de la masacre y la pérdida.

Las vestimentas blancas se agitaron; el cabello corto le cubrió el rostro a la mujer. Su silueta, empañada por el sol verdoso, proyectaba una sombra silenciosa y quieta.

Ella lo miró directamente; sus ojos dorados brillaban con filo.

—¿Qué crees que haces… bestia?

La criatura se irguió por instinto; la boca ensanchada, aún engullendo medio humano, se trabó en intentos torpes por escupir.

Maribel agitó la mano, y el cuerpo humano salió del buche con brusquedad.

La totalidad de los dientes de la criatura salieron de su sitio.

Los escupió sin reservas, mientras una nueva dentadura crecía visiblemente.

La lengua gruesa y plana se movió al hablar.

—¿Cuál criatura? ¡¿Ya no me reconoces?!

Maribel estuvo a punto de escupir al suelo.

—¡¿Qué mierda piensas que voy a hacer si te encuentro haciendo esto?! Miserable, te dejé en el mar con todas esas impurezas para ti solo… y aun así vienes a comerte a esta gente.

Los labios de Rin se abrieron enormes; la sonrisa podría haberse tragado a una persona.

—¿Es solo eso? No te enojes. Estas personas no están. Realmente solo estamos tú y yo en el nivel humano —estiró los brazos con amabilidad—. Te ofrezco mi más grande y sincera sonrisa como disculpa.

Un trueno dorado cayó del cielo; reverberó en el aire e hizo temblar la tierra.

Motas de arena se levantaron; en lo alto, las nubes oscurecieron el mundo.

—Escupe ese cuerpo de tu interior.

Rin perdió toda expresión.

Sus ojos, vacíos de vida, mostraban lo que era en esencia: un cadáver.

—¿Oh, sí? ¿Y si no qué? ¿Me matarás? Me gustaría reírme ahora mismo, pero no siento diversión. Simplemente pienso que eres muy tonta.

Bajo el suelo, muchas manos emergieron sin previo aviso; se estiraron más de lo humanamente posible hasta restringir a Rin.

La presión emanó de Maribel y, al instante, un espectro —reconocible solo por su ausencia de realidad— salió; los ojos, única parte identificable como algo, flotaban indiferentes en un rincón de la existencia.

Se movió, alzándose al cielo e ignorando a Maribel.

Pero las manos lo atraparon.

Esta vez, los ojos verdosos se abrieron con sorpresa.

Como en un desfile, cientos de brazos surgieron, de distintos tamaños y alturas; al flexionarse, empujaron de vuelta al cuerpo abandonado, formando una imagen arácnida colosal.

Maribel se reflejó en los ojos verdosos, y esos reflejaron los ojos verdes de Maribel.

—Desearás poder morir.

Rin se deformó; un espectro de carne y hueso se dibujó en aquella mutación.

Opresivo, deprimente, desesperanzador.

La sensación de vacío lo marchitaba todo: las plantas, ennegrecidas y putrefactas; el aire, cubierto de miasma; las impurezas brotando en la piel de Maribel.

Entonces el mundo se paralizó.

Ellos se paralizaron.

El aire barrió unas pocas motas de polvo; los talones quedaron elevados en una embestida congelada.

Un gran ojo se reflejó en la mente de Maribel y le robó el aliento.

Tan grande como el planeta mismo, casi omnisciente.

No hubo palabras, solo silencio.

El cuerpo de Rin recuperó su forma, adoptando una apariencia humana. Su cabello largo se agitó; esta vez ocupaba el cuerpo desnudo de una mujer.

Maribel tenía la cabeza gacha.

—El mundo de nuevo… la última vez casi pierdo mi identidad…

Alzó la vista hacia Rin.

«Pensaba que me llevaba mejor con él… ella, pero no ha cambiado nada.»

Una incomodidad se le instaló en el corazón.

Entonces una voz se asomó a su mente.

«Te enojas con el manzano porque no da las peras que deseas comer, en lugar de vender las manzanas y cortar las ramas.»

Maribel protestó:

«No es mi responsabilidad vigilarlo, sistema.»

La voz respondió con calma:

«Una persona recoge sus cosechas, pero no puede comerlas. Un animal muere en las raíces de un árbol, pero no se vuelve tierra. Lo que hace el mundo es proteger la unidad. No creas que defiendo al alado de lengua de plata que se parece al estanque dorado; solo menciono su lugar.»

Ella resopló.

Rin la miró con hostilidad, pero su voz plana carecía de emoción.

—¿Qué deseas? Dímelo antes de que prefiera zanjar esta discusión.

Las cejas de Maribel se movieron.

—Rayos… al menos finge que estás molesto cuando lo dices.

Se aclaró la garganta.

—No te comas estos cuerpos, porque quiero tu ayuda para que revivan.

Rin escupió sangre, deliberadamente.

—No. Esto es un insulto, así que tendrás que pedírmelo más veces.

La boca de Maribel se abrió.

—Espera… ¿solo debo pedírtelo más veces?

Rin la observó, intentando levantar una ceja; el tono imitaba una pregunta.

—¿Te parece poco precio? Puedo aumentarlo.

Maribel se inclinó, con los labios apretados.

Tomó aire de forma audible; sintiendo que algo en ella se desgarraba.

—Por favor… ayúdame a salvar… a esta gente.

El silencio se hizo, pesado, mientras sentía la mirada de Rin sobre ella.

Tras un momento, alzó la cabeza.

Rin estaba allí, sin pronunciar palabra, indistinguible de los otros cadáveres.

—¿Y bien… ayudarás?

Otro silencio.

—Hey, Rin, te estoy hablando.

Ella solo la miró.

—Lo estoy considerando. Espérate.

Maribel sintió una punzada en el corazón, aún así esperó.

Entonces, sin aviso, Rin se movió.

—Creo que si me lo pides otras dos veces, te ayudaré.

Maribel entrecerró los ojos y se inclinó dos veces.

Rin asintió.

—Me parece bien. Volveré a actuar como humano, lo mejor que pueda. Pero no son estos cadáveres a quienes salvarás, ¿verdad?

Maribel la miró con los ojos húmedos; la voz se le quebró.

—Pienso que puedes salvar a todos en el territorio del espejo.

Rin parpadeó, luego abrió la boca, dejando que la sorpresa llegara tarde al rostro.

—Wow… estoy sorprendida.

Maribel apretó los labios; un escalofrío corría en su columna.

«Es tan incómodo verla, esa reacción es… no humana, disonante… monstruosa.»

Miró a Rin en su nuevo cuerpo.

—Ahora eres mujer… No importa, ¿eres capaz?

Ella se encogió de hombros.

—¿Por qué no? Soy capaz.

Maribel guardó silencio.

«Así que decide ser capaz… No. Bajo sus palabras intenta decir que siempre lo fue, pero finge no serlo.»

Sus ojos dorados reflejaron un brillo esmeralda en los bordes.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Acerca de
  • Inicio
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo