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Sistema de Evolución Universal - Capítulo 174

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Capítulo 174: El orden se resquebraja.

—Están perdidos, todos están perdidos.

La voz hizo eco en el salón.

Los ancianos miraban con la cabeza gacha.

Érase una vez un hombre de temibles ojos azules que llegó de improviso y fundó un gran monasterio.

Era fuerte, era tranquilo.

Tal vez por eso nadie lo notó.

Un suspiro recorrió la sala y erizó la piel de cada persona reunida.

Con ojos melancólicos, habló:

—Mi querida secta… donde todos podían alcanzar el esplendor.

Sus ojos se movieron de pronto hacia una mujer que dejaba asomar una sonrisa. La descarada lo ocultaba muy mal: su lenguaje corporal, las manos cubriéndose los labios, las mejillas… era como si cortejara a la muerte.

Pero no lo hacía. Aquella mujer no tenía aura, como un estropajo riéndose al viento.

El hombre devolvió la mirada a una lista de integrantes.

—Ciento cincuenta y tres. No sería raro que, en toda la historia, mi secta haya formado a millones de cultivadores y magos… pero solo tenemos este número ahora…

El líder de secta giró la cabeza.

Sus ojos se encontraron con una mujer de rostro vendado; su aura nauseabunda, como si cultivara venenos en su cuerpo.

—¿Por qué aseguras que los perdimos?

La mujer sonrió y dio un paso al frente.

Estudió el mapa un momento: todo parecía normal.

Entonces la espalda de todos se enfrió.

Estiró la mano, editando el funcionamiento del mapa; lo que enhebró los nervios de todos fue la visión del qi verde.

Aquella cosa se entrometió en la formación, dándole al mapa un ligero brillo esmeralda; no solo eso, un interminable estropajo de líneas verdes apareció por todas partes, apuntando a un solo lugar.

Las personas se incorporaron, empuñando sus armas.

La mujer sonrió.

—No se les ocurra hacer nada. No soy enemiga. De ser el caso, el cielo ya me habría expulsado.

Aun con reticencia, retrocedieron. Pero muchos mantuvieron una mano lista.

La mujer tomó aire antes de retirarse la venda.

Al abrir los ojos, el verdor hermoso como perlas recibió la silenciosa admiración del líder de secta.

Una ligera chispa azul saltó en su pupila, pero se contuvo.

—Bien, criatura —dijo él—. Ahora que te revelaste, me gustaría saber qué propones hacer… además, ¿qué te da la seguridad de venir aquí?

Una sonrisa dulce se formó en la criatura.

—¿Yo? Solo hago lo que debo por mi bien futuro. Además, ¿piensan que pueden hacer algo contra mí? Incluso si lo intentan, no pueden matarme.

Él entrecerró los ojos, mientras la mujer se inclinaba apenas, con una expresión de dolor.

—¿Qué es lo que nos estás mostrando? —preguntó la mujer que antes se reía.

La criatura se alisó la ropa; sus movimientos eran demasiado perfectos, casi ensayados. Su indiferencia al dolor… ¿acaso sentía realmente dolor?

—¿Esto? —señaló el mapa—. Nada más es un mapa. Las líneas siguen el desplazamiento de las almas en sus últimos momentos.

El líder de secta levantó una ceja.

—Media ciudad vacía, media ciudad llena. Me parece que esta cosa está mal. No hay una distribución adecuada de las masas.

La criatura negó lentamente.

—Eso es porque, en esta ciudad en específico, las personas fueron atacadas por los vampiros. Sus almas fueron a parar a algún lado antes de la tragedia.

Tras pensar un momento, él asintió.

—Entiendo. Es decir, esas almas deberían haber estado con los vampiros. Entonces deberíamos involucrarlos a ellos… qué fastidio.

Una risita llenó el salón.

La criatura parecía indiferente a los modos de llamar la atención, saltándose por millas la etiqueta.

—¿Para qué involucrar a esos novicios? —Con un dedo, siguió el trazo del mapa hasta el límite visible—. Nada más sigan en línea recta desde esta ubicación. Les enseñaré el método, si tanto les incomoda mi propia energía.

Cruzó las piernas; casi levanta los pies sobre la mesa, pero la mujer insolente de ojos dorados se los apartó de un manotazo.

El líder de secta entreabrió los ojos.

«Ella parece ser más fuerte que la criatura… ¿tal vez encontró la forma de domarlo con un contrato?»

Su pensamiento fue respondido con una leve negativa de la mujer.

—Rin, compórtate.

La criatura se encogió de hombros.

—Me estoy comportando. El problema es que ellos requieren de un lenguaje muy complicado para entenderse.

Un ambiente ligeramente hostil se formó, aunque apenas.

Desapareció tan pronto como apareció.

La criatura giró la mano. La secuencia visual fue rápida, pero perfectamente visible para todos los cultivadores: la mano simplemente se desprendió; mientras aún caía, los dedos se adelgazaron, la piel se estiró. Cuando una nueva mano terminó de crecer, atrapó un abanico similar a las alas de un murciélago.

Con indignación, la criatura se abanicó el rostro. Casi no se diferenciaba dónde terminaba la mano y empezaba el abanico.

—Por favor, no me amenaces así.

La mujer insolente se cruzó de brazos. Giró ligeramente la cabeza, casi como si no quisiera hacerlo, y el dorado se encontró con el azul.

Se inclinó en una reverencia muy agachada; los ojos quedaron ocultos, el cabello colgando.

El dirigente mostró abiertamente una gran mueca.

«Cabello reseco, teatralidad y esas botas… tanta incoherencia. ¿No piensa mostrarme su respeto?»

Entonces la mujer habló; la mente de todos pareció calmarse, y el interior del salón notó un sutil aroma a moho.

—Acabo de recibir una misión de mi maestro, así que debo retirarme. Pido disculpas por este atrevimiento.

Él apretó el puño y golpeó la mesa.

—¡¿Qué maestro?! Yo soy el líder de esta secta…

El silencio se impregnó en el lugar por varios segundos.

—Esa mujer… ¿en qué momento se fue?

Un resoplido deshizo el asombro.

—Ustedes, ¿pueden ser más tontos? Ella les dice que se calmen, pero aun así no saben escuchar. Realmente tienen un habla terrible.

El líder de secta apretó los dientes.

La humedad y el moho se volvieron frescos, coloreando las paredes de negro y verde. Pequeñas gotas de agua se asomaban como agujas.

—Criatura, hubo veces en las que realmente quise comprobar si sienten dolor. Ahora que no queda nada, no temo comprobarlo.

La criatura alzó una ceja, acompañada de una sonrisa burlona.

—¿Qué es esto? No me invites a comer. Tu cuerpo parece bastante bueno para usar y ya te ves sabroso. Solo termina de ponerle condimentos y me harás sentir contrariado.

Él se incorporó lentamente, ajustando la silla.

—Señor, no se precipite. Esta podría ser nuestra única manera de salvar la secta.

Los demás se levantaron de sus asientos; algunos se acercaron, suplicantes.

El aire mismo se solidificó a su alrededor.

Entonces el suelo recibió un golpe sordo.

La expectativa hinchó los corazones de todos.

El líder de secta agrietó el piso con una rodilla, mientras apoyaba el antebrazo en la otra.

—Si deseas mi cuerpo para salvar el futuro de mi prominencia, entonces haría ese intercambio con gusto.

Alzó la mirada y se encontró con esos ojos perla.

Rin hizo una mueca de desagrado.

—Olvídalo. Acabas de quitarle todo el condimento al asunto. Además, no me gustaría enfadar a Maribel. ¿Quién sabe si me inculca cosas para torturar mi mente?

Afuera, el aire corría con una fría humedad en la atmósfera.

Las nubes y la lluvia lejanas se filtraban entre las montañas.

Una tela larga se agitaba al viento; los colores eran floridos, el sol brillante, la ciudad casi limpia, las calles silenciosas… las paredes con hollín… el aroma pestilente.

«Esto es insólito. ¿Qué hago sin nuevas generaciones? Sin contactos, ni economía que me brinde los recursos para ascender… yo estaba en la cima de este lugar.»

Entre los dedos jugueteaba una piedra espiritual, ligeramente más brillante que el resto.

«Esperaba llegar a ser un venerable algún día… parece que mi camino tomará un poco más de tiempo.»

El silbido del viento fue interrumpido por un estiramiento acompañado de quejidos.

Al voltear la vista, la criatura tenía los brazos levantados con una sonrisa. La ropa corta dejaba ver suficiente piel como para mostrar el ombligo.

«Y esta cosa… confío en Nadir, pero esta cosa…»

Apretó el puño, deshaciendo la piedra en pequeñas chispas que luego se tragó.

—Tú, ve a enseñarle a mi gente cómo hacer la búsqueda.

Rin se encogió de hombros y saltó del techo.

La caída fue brusca; se partió las piernas. Pero un brillo verde se elevó y restauró la condición. Su caminar iba acompañado de comentarios sin sentido.

—Esto no es como cuando estaba herido bajo ese maldito árbol, jejejeje. Este mundo tiene mucho para usar.

El líder soltó un suspiro y sacó un talismán.

[Nadir, me gustaría conocer a esa persona que decías posee un método raro, quien se cultiva siendo niño.]

Lanzó el talismán y el viento se lo llevó.

Viajó en línea recta hacia el pico espiritual.

El líder de secta levantó una ceja.

—¿Qué hace ese sujeto ahí?

Las nubes que se filtraban entre las montañas parecían congestionadas; apenas visible, un árbol lejano se torció.

Una porción de la naturaleza se pudrió a la vista, mientras otra se prendió en fuego sin consumirse.

—¿Qué estás haciendo, Hierbas Secas?

Una extraña sensación llegó a su pecho.

Se miró las manos.

Los brazos le escocían.

Pero nada de eso parecía importante; al contrario, su qi parecía fluir con mayor claridad.

Abajo, la criatura se detuvo y giró hacia el pico espiritual.

La apariencia viva se esfumó; sin cambio visible, solo el vacío en sus ojos revelaba un cadáver andante.

Alzó la mirada y ambos se encontraron.

—Señor líder de secta —dijo Rin—, creo que debería dejarme esto aquí. Usted vaya a esa montaña.

Él resopló.

—¿Dejarte sola aquí, con mis muchachos? Sueñas, criatura.

La criatura hizo algo extraño. Se llevó una mano a la cabeza, mostrando una ligera sonrisa. Jugueteó un momento con su cabello y luego puso expresión seria.

—Realmente deberías ir. Allá están haciendo algo que matará definitivamente tu secta… tal vez incluso a ti.

Tras un momento de silencio, él llamó:

—Sombra.

Una figura cubierta apareció.

—Ve a solventar el asunto y regresa con un informe.

De su anillo, sacó una esfera de cristal.

Dentro, podía ver al sujeto desplazarse por el suelo, saltando de sombra en sombra; prácticamente corría libre por el bosque.

Allí vio a dos personas: Nadir y un discípulo.

Los ojos se le abrieron.

Siete árboles ardían en llamas sin consumirse.

De alguna forma, Nadir se veía cansado, y sus técnicas carecían de la potencia que solía mostrar; más aún, con su gran avance debería tener menor control. Mientras tanto, el discípulo se veía aterrado pero enérgico: cuando tocaba un árbol, este se secaba hasta desaparecer; la hierba y el suelo se ennegrecían a su paso.

El campo de batalla era una zona muerta, donde cada paso debilitaba a Nadir.

El discípulo lanzó al cielo una estatuilla; se interpuso con el sol y, por un momento, con la luz amarilla reflejada en el objeto, pudo verse una niebla que movilizaba el qi, concentrándolo en ese artefacto y devolviéndolo al muchacho.

Entonces la energía explotó y el discípulo tuvo un avance.

—¡¿Así sin más?! ¿Qué carajo es ese artilugio?

El líder de secta realizó un conjunto de señas con las manos.

El viaje fue casi instantáneo. La sombra saltó fuera de su refugio… pero no hubo tiempo de ver al espía: salió volando.

Al instante siguiente, en su lugar había un hombre erguido, poderoso y orgulloso.

—¿Qué le haces a mi anciano de pico? Discípulo traidor.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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