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Sistema de Evolución Universal - Capítulo 175

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Capítulo 175: En Busca de Promesas.

El brillo en el cielo presumía de un fulgor acogedor.

El viento frío de la montaña armonizaba con el sol.

Los vientos, en cambio, eran agitados con bravura.

El sonido de metal chocando contra metal inundaba la montaña. La batalla no era equilibrada.

Un joven luchaba con los dientes apretados. Diez espadas flotaban a su alrededor, apuntándole con sus filos.

Movió la cabeza y recibió un corte en el rostro; rodó por el suelo y saltó envuelto en un rastro de qi. El aire seguía sus movimientos.

Del otro lado, un hombre estaba de pie. Manos a la espalda, ojos calmados; su mirada no se despegaba de aquél artefacto que se asemejaba a una serpiente, pero con orejas largas y barba.

Entrecerró los ojos.

Las espadas seguían volando, obligando al joven a gastar mucho qi; pero sin dudarlo, él seguía usando tanto como necesitase.

Una sonrisa se formó en el rostro del líder de secta.

El terreno comenzaba a quedar baldío. Poco a poco, ya no había nada más que absorber.

Una risa casi elocuente salió de su boca; sus palabras apenas ocultaban la emoción.

—Joven, simplemente ríndete. Si me deja esa cosa que tienes, te permitiré salir de mi secta intacto.

Dijo con la mano extendida.

Encontró la mirada del estudiante. El joven caía en vertical, la lucha en sus ojos no admitía deseos de rendición.

El joven presionó la mandíbula.

¡El joven apretó la mandíbula.

Tomó un bocado de aire y comenzó a trazar símbolos en el aire. Sonrió.

—Yo soy el gran prodigio de esta era. No me opacará nadie. —apuntó a su enemigo. —Menos una secta que desperdicia recursos en tres inútiles.

Espadas se materializaron en lugares aleatorios, sin motivo aparente.

El líder de secta los escaneó, los ojos muy abiertos.

El ataque fue esquivado limpiamente, solo el dorso de la mano rozó los filos de metal.

Miró su palma con sorpresa. La agitó y sonrió.

—Que interesante técnica. Muchacho, serías un gran estudiante, ciertamente. — sonrió. —Pero sellaste tu destino.

Las nubes descendían visiblemente, mientras el sonido del metal seguía resonando.

El joven podía sentir la humedad descendiendo, pero solo podía seguir bloqueando con las espadas.

l líder de secta rio a carcajadas, negando con diversión.

—Los jóvenes… son estúpidos. Te di la oportunidad y la rechazaste.

El rostro de aquél hombre apareció delante del discípulo.

Su estómago se achicó y cortó al rostro sin pensar.

La espada atravesó una imagen ilusoria, pero sus pies… sintieron algo envolviéndolo. Frío, húmedo y helado.

Bajó la mirada.

Un pantano se extendía por todos lados, algas trepaban como con vida propia. Una se adhirió a su ropa, atravesando el tejido y raspando su piel, como si tuviera espinas.

El cuerpo del joven brilló.

Las algas empezaron a secar la piel de un lado, mientras del otro se arrugaba. Pronto sintió un dolor en el pecho y escupió sangre.

Apretó la mano; el amuleto que llevaba en ella brilló.

Algo se movió en la niebla. La nube descendida simplemente se abrió en dos. No hubo impacto ni empuje; como si se hubiera separado sin razón.

El pantano hizo lo mismo.

—Cuidado —advirtió Nadir. —Está por cultivar tu técnica.

El líder de secta cerró el puño en dirección al joven.

Las algas lo apretaron; el pantano hirvió e incluso la nube se condensó, acribillando con agua y relámpagos.

Ningún ataque lo alcanzó.

Motas azules aparecían justo antes del impacto; el agua hirviente desaparecía en un esplendor marino.

El joven mostró una sonrisa salvaje mientras las algas apretaban cada vez más su cuerpo.

Sus brazos temblorosos apenas podían levantarse contra el amarre verdoso.

Hasta que lo logró.

Sacó una mano y lanzó la pieza al aire, señalándola con el dedo.

Un camino se abrió entre la neblina; el sol se coló en el interior.

Entonces la nube comenzó a dar vueltas.

El mundo blanco giró; a lo lejos parecía un tornado.

Los rayos enloquecidos desaparecieron.

Y entonces… su expresión se quedó vacía.

El líder de secta miró desconcertado.

No perdió el tiempo y se lanzó al ataque. Las espadas ya volaban para hacer picadillo al traidor.

Algo extraño ocurrió.

Las espadas cayeron al suelo, rodeadas por un aura de motas azules; los ojos del líder de secta temblaron.

Un suave viento agitó la hierba. En pocos segundos cobró fuerza, y cada vez el viento sopló con más intensidad; justo en su punto más alto, el poderoso soplido se detuvo repentinamente.

La mirada borrosa del líder de secta le mostraba un mundo extraño.

Habían nubes absorbiendo qi por todas partes.

Reclinado sobre sus rodillas, tomó un gran respiro y absorbió tanto qi como pudo. Entonces, entre la lejanía de la niebla, pudo ver una cola lupina entre las ramas de los árboles.

La persona escondida se estremeció; las hojas se agitaron.

Del interior saltó un joven.

«No… alguien así… ¿es un niño?»

Una luz celeste brilló como una estrella en el cuerpo del discípulo traidor. Mientras el niño se abalanzaba sobre él, la nube entera fue absorbida: sin tornado ni sonido, simplemente fue succionado y desapareció…

En un instante de realización, la vida del líder de secta pasó ante sus propios ojos.

Motas verdes y azules se elevaron por todos lados, mientras el qi era devorado a plena vista. Pudo ver, paso a paso, cómo las plantas se secaban, la tierra fértil se convertía en arena desértica…

Y la mano del niño cayendo lentamente sobre el rostro del traidor

Entonces la sangre explotó en todas direcciones.

Los fenómenos se detuvieron de forma abrupta.

El cuerpo del traidor cayó decapitado; la cabeza rodó varios metros. El corte era perfecto, casi como si no hubiera sido cortado, sino reposicionado.

Las orejas del niño se sacudieron, sus ojos tornándose grandes.

Corrió, pasando por alto al líder de secta, llegó hasta Nadir.

—¡Maestro!

El líder de secta se sorprendió. Lentamente se dio la vuelta y encontró al niño dándole la espalda.

—¿Qué haces acá? Pensé que Maribel vino sola. —preguntó el anciano de pico, aún en el suelo.

Aether intentó ayudarlo a incorporarse, pero Nadir estiró una mano.

—No tengo fuerzas para sostenerme, no te molestes.

El lobezno lo miró con angustia.

—Vine porque pa… alguien me dijo que ella estaba aquí.

Nadir mostró una media sonrisa.

—Así que alguien te lo dijo. ¿No te advirtió que algo malo pasaba?

El niño desvió la mirada.

Riendo entre dientes, Nadir agregó.

—Cuando el corazón llama, la cabeza entiende.

Los pasos del líder de secta se hicieron oír.

Ambos giraron la cabeza. El cultivador no parecía interesado en el niño; su mirada estaba perdida, observando el paisaje desde lo alto de la montaña.

Un estruendoso sonido los sobresaltó.

Aether siguió la dirección.

La mitad de un gran edificio se había secado y derrumbado en pedazos.

El suelo bajo sus pies ya no se diferenciaba de la arena de un desierto, el marrón extendiéndose por toda una sección de la gran montaña..

Las canillas del líder de secta temblaron.

Girando lentamente, encontró un rostro juvenil.

—Gracias, niño.

No dijo más palabras, ni esperó respuesta.

Caminó de regreso al cadáver, sin embargo, su expresión fue furiosa.

Caminó de regreso hacia el cadáver; sin embargo, su expresión era furiosa.

Agitó la mano y despojó al estudiante de sus prendas de cultivador, rasgándolas con despecho.

—La maldita cosa esa, el estúpido discípulo este… ¿dónde está ese artefacto?

Sacudió la túnica en el aire, la lanzó y la pisoteó; incluso la revisó a fondo con magia, pero el artefacto no estaba.

—Esa cosa… ¿dónde está esa cosa?

Su mirada cayó en Aether.

Las venas en sus ojos dibujaban un patrón rojizo claro.

—Si tú lo tienes, dámelo ahora.

Él negó con calma.

—No tengo el artefacto. —cerró los ojos un momento y levantó una ceja. —Parece que esa figurita no está acá.

Aether retrocedió un paso, sintiendo que algo revisaba su cuerpo por todos lados.

El líder de secta chasqueó la lengua.

—Maldita sea. Desapareció… eso es lo que me temía.

Un suspiro profundo llegó del suelo.

—Sabe, cuando el cuerpo cayó yo no vi el artefacto romperse.

Ambos miraron a Nadir.

—Lo que vi fue que desapareció con un rastro de qi. Aunque no pude sentir la dirección exacta con todo el alboroto.

Dirigió la mirada hacia un punto en la distancia.

Aether entrecerró los ojos.

—Es para allá donde me dirigía al inicio.

Nadir sonrió.

—¿Entonces puedes llevarme?

Aether parpadeó.

—¿Por qué? ¿No es mejor quedarse a descansar?

Nadir negó apenas.

—No. Prefiero ser de ayuda. Además, nuestras piedras espirituales están inertes; seguro ella tiene unas cuantas para recuperar fuerzas.

Aether suspiró y se encogió de hombros.

Con un gesto de dedo, elevó el cuerpo de Nadir en el aire.

—Por cierto, brinda tus respetos al líder de secta.

La espalda de Aether se enderezó abruptamente.

Se dio la vuelta e hizo un saludo torpe.

—Mucho gusto yo soy Aether {…} {…} {…} este… em… mucho gusto.

Tras aclararse la garganta, el líder de secta tomó una postura imponente.

—Bienvenido joven. Gracias por brindarme tu apoyo antes; aunque ya lo tenía controlado, evitaste que hayan más… inconvenientes.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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