Soberano Supremo De Orbis - Capítulo 25
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
25: Capitulo 25 25: Capitulo 25 Volumen 01: Descenso al Abismo.
Capitulo 25: Entre el abismo y los hombres cabra.
El desconcierto entre las presentes era notorio en lo poco que se podía apreciar de sus rostros.
“¡Justo ahora nos venimos a topar con una zona del abismo!”, agregó Vera, entre el miedo y el enojo.
No pudo evitar apretar los puños, maldiciendo su mala suerte.
¿Por qué nos tiene que pasar justo ahora?
De pronto, sus pensamientos fueron interrumpidos.
“Tengo miedo… ¿qué hicimos nosotras para merecer esto?”, decía Maoe entre sollozos.
No solo su voz estaba quebrada; sus piernas finalmente se rindieron ante la desesperación, dejándola caer al suelo.
Maoe no dejaba de llorar ni de temblar.
Rápidamente, Curvus se acercó a su amiga e intentó ayudarla a levantarse, pero sus piernas estaban completamente paralizadas.
El estado de Maoe era preocupante.
Y no era para menos.
Frente a ellas no había camino alguno por donde seguir huyendo.
“¡Estoy cansada!
No quiero seguir huyendo… ¿y si nos entregamos?”, expresó Maoe aún entre lágrimas.
Esas últimas palabras tomaron por sorpresa a Vera.
Ella estaba completamente en desacuerdo.
Se aferraba desesperadamente a vivir.
No quería morir.
Y, peor aún, existía la posibilidad de que les hicieran cosas peores que la muerte.
Mientras las dudas giraban sin control en su cabeza, sintió una mano apoyarse sobre su hombro desde atrás.
“¿Qué hacemos, Vera?”, preguntó Ces con una expresión asustada y confundida.
Para una chica como Ces, que siempre había sido amistosa, sonriente e hiperactiva, ver esa expresión fue suficiente para abrumarla.
No sé qué hacer… ¿qué debemos hacer?
Tengo miedo.
Si no tomo una buena decisión, vamos a ser atrapadas.
Tenía que decidir.
Ya.
No podía perder más tiempo.
Miró hacia adelante y observó el abismo.
Cuanto más se centraba en él, más el miedo comenzaba a carcomerla desde dentro.
No… no podemos entrar allí.
Incluso papá y mamá siempre le habían advertido que jamás debía entrar en las zonas del abismo.
Miró hacia atrás, observando a sus amigas.
Sus expresiones no hicieron más que empujarla al pánico.
Vera no sabía qué hacer.
Y la ansiedad, finalmente, tomó el control.
Sabía que todo dependía de esa decisión.
Y eso no la ayudaba en absoluto.
De inmediato, captó el leve sonido de varias pisadas que, con el pasar de los segundos, se hicieron más fuertes y aumentaron en cantidad, hasta que finalmente se mezclaron con varias voces.
Conocía perfectamente esos sonidos.
Después de todo, los había estado escuchando constantemente desde hacía un día, sin descanso.
No puede ser… Y al reconocerlos, entró en razón.
“¡Ya vienen!
¡Tenemos que prepararnos!”, gritó con una expresión perpleja y asustada.
Todas miraron hacia la dirección por la que habían llegado y se acercaron instintivamente a Vera.
Gracias a Curvus, Ces fue llevada detrás de ellas, colocándola del lado opuesto al camino por el que habían huido.
Acto seguido, Vera se quitó la capucha y sacó una piedra filosa y puntiaguda que llevaba atada a la cintura.
Las demás hicieron lo mismo.
“¡No tenemos más opción que luchar!”, gritó Vera.
“¿Estás segura…?”, preguntó Curvus mientras dejaba a Ces en el suelo.
Una a una, se deshicieron de las prendas que cubrían la mayor parte de sus cuerpos.
A simple vista, quedó claro que no eran humanas.
Las cuatro poseían rasgos idénticos: cabello blanco, piel de un rojo intenso, orejas largas y una cola larga terminada en forma de flecha, del mismo color que su piel.
Entonces, los perseguidores aparecieron.
Criaturas humanoides con rasgos de cabra, montando monstruos bípedos de aspecto grotesco.
“¡Diablillas, entréguense!
No tienen a dónde escapar… ni tampoco a dónde volver”, exclamó uno de los hombres cabra al descender de su montura.
Esas palabras fueron determinantes.
Aún conservaban la esperanza de que alguien de su raza hubiera sobrevivido, pero esas frases enterraron la última chispa de ilusión.
“¿Los mataron a todos?”, preguntó Vera, buscando desesperadamente una respuesta distinta.
“¡Por supuesto!”, respondió con una sonrisa torcida.
“Bueno… en parte.
Los que servían fueron tomados como esclavos.
Pero aquellos que no le resultaban útiles a nuestro señor fueron asesinados”.
Su tono carecía por completo de emociones.
Para él, las diablillas no eran más que seres inferiores.
Estamos acabados, pensó Vera, completamente rendida.
“¡Voy a matarlos a todos, animales!”, gritó Ces con furia, preparándose para correr hacia el enemigo.
Vera quedó paralizada por la sorpresa.
No esperaba que Ces reaccionara de esa manera.
Apenas dio unos pasos, una flecha atravesó su hombro.
Ces cayó al suelo de inmediato.
Y, al segundo siguiente, su llanto de dolor comenzó a resonar por toda la caverna.
Su cuerpo no dejaba de retorcerse de dolor contra el suelo frío.
-CONTINUARA-
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com