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Soberano Supremo De Orbis - Capítulo 26

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26: Capitulo 26 26: Capitulo 26 Volumen 01: Descenso al Abismo.

Capitulo 26: Aquello que emergió de la oscuridad.

Comparadas con los humanos y los hombres cabra, las Diablillas tenían cuerpos pequeños, apenas de la mitad del tamaño de esas razas.

Por eso, una simple flecha fue suficiente para lanzarla hacia atrás.

De inmediato, Vera y Curvus corrieron hasta su amiga e intentaron ayudarla, pero… ¿qué podían hacer?

Nada.

No tenían forma alguna de curarla.

Solo podían reconfortarla mientras gritaba de dolor.

“¡No llores!

Te vamos a curar…” decía Vera mientras sostenía su cabeza con desesperación.

¡Ces va a morir!

¿Qué hago…?

Las lágrimas caían sin control al ver el sufrimiento de su amiga.

Entonces, una idea cruzó su mente.

Con cuidado, acomodó la cabeza de Ces sobre el suelo y avanzó hasta colocarse frente al hombre cabra.

Se arrodilló y apoyó la frente contra la piedra.

“¡Por favor… curen a mi amiga!” declaró con la frente pegada al suelo, mientras las lágrimas no dejaban de caer.

“Prometemos jurarle lealtad a su señor.” Lo que hizo Vera dejó a sus amigas completamente en blanco.

Aun así, no dejó de morderse el labio ante semejante humillación.

Pero si podía salvar a Ces de ese modo, no se arrepentía.

Voy a hacer lo que sea… “Haré todo lo que me pidan…” continuó con la voz temblorosa.

“Incluso… incluso hagan lo que quieran con mi cuerpo, si así lo desean.” Apretó aún más la frente contra el suelo, al punto de hacerse un raspón que comenzó a arder.

“¿Escucharon eso, chicos?” “Yo, Jirv, jefe de este escuadrón, he atrapado por fin a estos mosquitos revoltosos”, dijo con burla.

Los demás hombres cabra estallaron en carcajadas.

Jirv apoyó su pierna sobre la cabeza de Vera y comenzó a frotarla con rudeza.

Sus amigas se llenaron de rabia, pero Vera levantó una mano hacia atrás, deteniéndolas.

“Es una pena… eres una chica bastante linda”, continuó Jirv con desprecio.

“Pero no pienso acostarme con una raza inferior como los diablillos.” “Sería una vergüenza que alguien como yo tenga relaciones con algo como tú, ¿sabes?” Su tono estaba cargado de asco.

“Lo que usted diga, mi señor”, respondió Vera.

Por dentro, deseaba destrozarlo con sus propias manos, pero por fuera se mostraba completamente sumisa.

“Oh… ya que soy tu señor, se me ocurrió una idea para complacernos”, dijo con una sonrisa pícara.

“Sí… lo que usted ordene”, respondió Vera sin levantar la mirada.

“Ya que nos causaron tantas molestias mientras las perseguíamos, lo mínimo es que nos devuelvan el tiempo perdido.

Así que, para poder divertirnos…” —hizo una breve pausa— “…métanse dentro del Abismo.” Señaló la oscuridad frente a ellas.

Tanto Vera como sus amigas se quedaron en blanco.

Por un instante, Vera creyó haber logrado lo imposible… pero nunca fue así.

Al escuchar esas palabras, su mente quedó completamente vacía.

“Mi señor… no hay forma de que nos lleven con—” Fue interrumpida de inmediato.

“¡No!” —la voz de Jirv fue fría y cortante—.

“Eres mi juguete.

Haz lo que te ordeno, raza inferior.” Así que… de todas formas vamos a morir.

¿Por qué nada sale como quiero?

Me humillé de esta manera… y ni aun así se me dio la oportunidad de vivir.

¿Por qué todo tiene que ser así?

Su mente se quedó en silencio.

Ah… otra vez me comporté como alguien débil.

Soy débil.

¿Debería haber luchado desde el principio?

De pronto, levantó la cabeza con fuerza, apartando el pie que la presionaba, y sacó rápidamente la piedra filosa que llevaba en la cintura.

“¡Si voy a morir… que sea sin ser alguien débil!” declaró sin rodeos.

Sin pensarlo, hundió la piedra filosa en el pie de Jirv, arrancándole un grito de dolor.

Antes de que el hombre cabra pudiera reaccionar, Vera se lanzó hacia atrás con la piedra en alto.

Curvus y Maoe, contagiadas por su decisión, apuntaron sus propias armas improvisadas contra el enemigo.

“¡Malditas!

¡Ahora sí se van a lamentar no haber hecho lo que les ordené!” gritaba Jirv con dificultad, dando pequeños saltos hacia atrás.

Me cansé de ser débil.

Me cansé de comportarme como tal.

¡Quiero luchar!

¡Quiero decirles, aunque sea una vez, a las razas superiores que aquí estoy… y que no pienso rendirme!

“Y tú vas a lamentar haberte metido con nosotras” dijo Vera, con la voz temblorosa pero firme.

“¡Mátenlas!” gritó Jirv, consumido por la furia y el dolor.

El ambiente se tensó de inmediato.

Ambos bandos quedaron a un paso del enfrentamiento.

O al menos, eso fue lo que todos pensaron.

“Ehh… ¿interrumpo algo?” preguntó una voz desconocida, con un tono tan despreocupado que resultaba fuera de lugar.

El tiempo pareció detenerse.

Tanto los hombres cabra como las Diablillas se congelaron en sus posiciones.

Vera giró lentamente la cabeza hacia la dirección de aquella voz, y en el instante en que vio de dónde provenía, todo su cuerpo comenzó a temblar sin que pudiera evitarlo.

Desde el interior del abismo emergía una figura.

Caminaba como si la oscuridad absoluta no significara nada.

Como si aquel lugar, temido incluso por los más fuertes, fuera simplemente… su hogar.

Era mucho más alto que ellas.

Su piel morena contrastaba de forma inquietante con la tez roja de las Diablillas, y sus ojos carmesí parecían imponer sumisión con solo ser observados.

Nadie habló.

Ni los hombres bestia.

Ni las Diablillas.

El silencio era absoluto.

“¿Tú… tú quién eres?” preguntó Vera, con la voz quebrada por el miedo.

-Fin Del Volumen 1-

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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