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Star wars: Nace una leyenda - Capítulo 18

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  3. Capítulo 18 - 18 LANZA DEL DESTINO
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18: LANZA DEL DESTINO 18: LANZA DEL DESTINO Guarida de los lobos Fen Después de pasar por la prueba y haber obtenido nuestros propios cachorros lobos, pasamos a la segunda prueba, o más que prueba, la selección de nuestros cristales que formarían parte de nuestra lanza.

Estos cristales en forma de rombo se llamaban cristales caóticos.

Se formaron a partir de la energía que emiten los lobos Fen durante los siglos que ocuparon Concordia.

—Ahora, habiendo formado el vínculo con su lobo, deberán elegir su propio cristal caótico, con el cual forjarán su propia lanza, la cual portarán durante toda su vida —dijo mi tía, empuñando y moviendo su lanza con gran destreza.

—Fen’rar, guíanos donde están los mejores cristales.

Estos reclutas se lo ganaron.

—Concuerdo.

Lo mejor para el maestro de mi rey.

Síganme —dijo Fen’rar.

Comenzó a guiarnos por un nuevo camino.

Su gran tamaño imponía fuerza y respeto.

Este nuevo poder que había obtenido sería de gran beneficio para el clan.

Ya quería ver la reacción de mi madre cuando viera a su lobo.

Después de una pequeña caminata llegamos a una cueva llena de cristales caóticos.

Era enorme y brillante.

Había de todos los tamaños, pero solo de tres colores: azul, negro y plateado.

—Bien, ahora elijan su propio cristal caótico.

Pero recuerden: su elección forjará su destino —dijo mi tía en tono solemne.

Efi, Val y yo nos acercamos lentamente, cada uno con nuestros cachorros en brazos.

Ragnar, el pequeño travieso, podía moverse entre el Bosque del Origen y este universo con facilidad, por lo que tuve que reprenderlo para que no lo hiciera cuando hubiera personas a mi alrededor.

No quería que sospecharan nada.

Ahora estaba tranquilo en mis brazos y tal vez sería de ayuda para encontrar mi cristal caótico.

Nos separamos.

Yo me dirigí hacia un estrecho pasaje.

La fuerza me decía que algo había allí, algo antiguo.

Ragnar también lo sintió al parecer; saltó de mis brazos y corrió hacia lo más profundo.

Lo seguí rápidamente, pero se movía más rápido que yo.

Lo perdí de vista y esperé que no se perdiera.

En algún momento lo vi regresar con algo en la boca.

Traía un cristal enorme de color negro.

Era hermoso.

Absorbía toda la luz a su alrededor.

Mientras más se acercaba, podía sentir cómo la luz desaparecía.

Ragnar lo dejó lentamente a mis pies.

Ya no podía ver nada a mi alrededor; todo estaba oscuro.

Pero lo sentía.

Lo levanté lentamente y sentí una conexión inmediata.

Sabía que este sería mi cristal caótico, con el cual forjaría mi lanza.

Lo guardé lentamente en mi mochila.

Después de aplicar un poco de mi fuerza, ya no emitía aquella oscuridad; todo se había condensado en el cristal.

Si lo observabas fijamente, parecía que caerías en un abismo sin fin.

Regresé con Ragnar en mis brazos.

Este estaba muy orgulloso de haber encontrado mi cristal caótico.

Efi y Val ya estaban ahí.

Cada una tenía un cristal diferente.

Efi tenía un cristal azul como un glaciar ártico, mientras que Val tenía un cristal plateado brillante que podía reflejar la luz del sol.

—Veo que encontraron su cristal caótico.

Ahora debemos regresar.

La prueba de hoy ha terminado.

Mañana los espero en la forja, donde lo usarán para crear su lanza o el arma que deseen —dijo mi tía.

Hoy fue un día inolvidable.

Un paso más hacia un mejor futuro para mi clan.

Al día siguiente.

Como imaginarán, mi madre se quedó atónita cuando vio a Fen’rar, que ahora parecía un búfalo.

Esa noche me llenó de preguntas, pero solo le dije que confiara en mí y que cuando llegara el momento le contaría todo.

Después de eso no preguntó más.

Solo me hizo prometer que no sucumbiría ante el poder.

Le respondí que siempre la protegería a ella y al clan.

Ese era el destino que forjaría.

Ahora me encontraba rumbo a la forja.

Llevaba mi cristal en la mochila sobre la espalda.

Ragnar estaba en el Bosque del Origen; allí Atena lo entrenaba en sus habilidades.

Tenía mucho que aprender.

Entré por la puerta de la forja.

Era amplia y tenía patrones de lobos, estrellas y lunas.

Val y Efi ya estaban ahí.

Se encontraban observando los alrededores.

—Val, Efi, buenos días.

Al parecer llegaron antes —dije.

—Azmar, no pude dormir.

Ya quiero forjar mi lanza —dijo Efi con voz chillona.

Val simplemente me saludó y continuó observando los hornos y cómo trabajaban los herreros y técnicos.

No había mucho que hacer.

La tecnología de forja era avanzada; solo tenían que colocar los materiales en una máquina y esta creaba las piezas con los parámetros establecidos.

Pero nuestro clan era diferente.

Había un proceso extra, antiguo, que dotaba a nuestras armaduras de patrones y diseños distintivos.

Esto daba a nuestras armaduras mayor resistencia y durabilidad que una armadura de beskar normal.

De pronto la puerta se abrió de golpe.

Una anciana de rostro cuadrado, pelo oscuro y físico robusto comenzó a gritar mientras mi tía la seguía.

—¡No tengo tiempo para enseñar a unos mocosos a forjar sus lanzas!

Dejé de hacerlo hace tiempo.

Mis aprendices pueden hacerlo fácilmente.

Yo tengo mucho que investigar.

¡No me molestes más!

—dijo refunfuñando.

—Maestra herrera Yeli, se lo pido.

No solo porque son mis discípulos, sino porque la líder del clan así lo asignó.

El futuro jefe del clan debe ser enseñado y forjar su lanza bajo su guía, como se hacía en los tiempos pasados.

—¿Por qué no me lo dijiste antes?

Siempre andas con rodeos.

¿Dónde está ese pequeño bribón?

Oí que la patata fue su idea.

¡Cómo me gusta ese alimento!

Me siento más joven desde que lo consumo y puedo forjar por más tiempo —dijo la anciana en tono fuerte.

—Maestra Yeli, es lo que traté de decirle, pero usted… —¡Basta de charlas!

Llévame a ver a los mocosos.

Quiero ver de lo que son capaces y si resistirán el calor de la forja.

Esta anciana iba a ser complicada, pensé.

Pero mientras pudiera forjar mi lanza, nada me importaba.

Nos alineamos mientras se acercaban.

—Conque ustedes son los que obtuvieron el reconocimiento en la cueva del lobo.

Ahora, con su cristal caótico, forjarán su lanza o el arma que prefieran.

Pero les diré algo: mi técnica de forja no es para cualquiera.

Si no pueden soportar que el fuego les queme la piel, es mejor ir con mis aprendices.

¿Alguien quiere irse?

Nadie se movió.

—Bien.

Parece que tienen agallas.

Síganme.

No me gusta perder el tiempo.

La seguimos rápidamente.

A pesar de su edad, se movía muy rápido.

Nos llevó a un taller separado.

Tenía muchas máquinas antiguas, pero bien cuidadas.

—Lo primero que harán será fundir su cristal.

Para eso cada uno deberá llevarlo al horno y esperar hasta que esté completamente fundido.

Estos cristales tienen diferentes puntos de fusión, pero el mínimo es de 5000 grados Celsius.

Así que ya es muy tarde para irse.

Comiencen.

Hicimos lo que nos dijo y colocamos nuestros cristales en los hornos.

—No se queden parados ahí.

Eso tomará tiempo, por lo menos tres días.

En ese tiempo les enseñaré la forja antigua.

Y así pasamos nuestros días aprendiendo desde la mañana hasta el anochecer.

La anciana Yeli no daba tregua.

Pero descubrí su punto débil: las patatas.

Le gustaban mucho, así que desde el segundo día siempre le llevaba fritas o sancochadas.

Aunque no me agradecía, tenía más paciencia al enseñar.

Al tercer día, el cristal caótico de Efi fue el primero en derretirse.

Ella comenzó a forjar su arma.

Decidió hacer una lanza mediana con una hoja en forma de dos colmillos.

Al cuarto día fue el turno de Val.

Ella decidió forjar una lanza con una punta larga con forma de pincel.

Ya era el quinto día y mi cristal caótico aún mostraba pocos signos de fundirse, lo cual sorprendió mucho a la anciana.

—Es la primera vez que un cristal caótico demora tanto… tal vez sea especial —dijo.

Por fin, al séptimo día, mi cristal comenzó a fundirse.

Ya estaba ansioso por comenzar a forjar mi lanza.

Al octavo día comencé la forja.

Efi ya había terminado su lanza; le quedó fabulosa.

Val ya daba los últimos toques a la suya.

Comencé a darle forma con el martillo.

El sudor corría por mi frente.

Sería un arduo trabajo de constancia y perseverancia.

Al décimo día lo logré.

Ahí estaba.

Era hermosa: de color negro, con gemas moradas incrustadas.

Atena me las había obsequiado.

Eran gemas especiales que me ayudarían en el control de la fuerza.

Como todo creador debe hacer, nombré mi creación.

La llamé Destino.

Destruirá a mis enemigos y protegerá a mis seres amados.

Ese será su destino.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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