Star wars: Nace una leyenda - Capítulo 21
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21: REUNION 21: REUNION Campo de entrenamiento Me encontraba meditando.
Después de un duro entrenamiento ahora podía expandir mi haki de observación en un radio de un kilómetro gracias a los frutos del Yggdrasil, aunque solo podía mantener un radio estable de cien metros.
Hoy me reuniría con mi madre para asistir a una reunión del consejo del clan, formado por los mejores guerreros y maestros de cada especialidad.
En los últimos días habían llegado informes inquietantes.
Movimientos de tropas de la Casa Vizsla, caravanas comerciales atacadas en los bordes de Concordia y rumores de que varios clanes menores estaban siendo obligados a jurar lealtad.
La guerra ya no era una posibilidad lejana.
Era una tormenta que se acercaba rápidamente.
Yo ya había asistido anteriormente, como creador de la empresa de exportación de patatas que llamé Origen Estelar.
Mi voz ya tenía peso en el clan.
Con la incorporación de Omega, el super droide táctico, en conjunto con los droides F1, tenía un ejército capaz de imponer respeto.
No solo eso: había creado droides médicos e industriales que mejoraron la calidad de vida de la población.
Mi opinión solo estaba por debajo de los tres Señores Lobo del Abismo, es decir, mi madre, mi tía y la anciana.
Terminé mi meditación y caminé hacia las duchas.
Tenía que estar limpio para ir al salón del consejo.
Me coloqué mi armadura: una pechera con el símbolo del árbol del Yggdrasil, mis hombreras con la imagen de Fenrir en ambos lados y mi casco que representaba el día y la noche.
Ya me había acostumbrado a usarlo en todas mis misiones.
Coloqué mi lanza en mi espalda y me dirigí hacia la reunión.
Se preguntarán por qué tanta fanfarria, pero ya no era un niño.
Tenía que demostrar mi poder y, como futuro líder del clan, debía imponer presencia.
En el camino todos me observaban.
Los niños me saludaban y corrían a mi alrededor, mientras los adultos me ofrecían una leve reverencia.
Sabían que yo había mejorado su calidad de vida y llevado al clan a la prosperidad.
Después de un largo recorrido y muchos saludos llegué a las puertas del capitolio donde se realizaría la reunión.
—Bienvenido, Lord Azmar.
Su madre lo espera adentro —dijo uno de los Colmillos Feroz, abriéndome la puerta.
Entré con pasos ligeros.
Ya sabía dónde encontraría a mi madre.
Habían llegado varios Guardianes Lobo Oscuro, así como líderes de los talleres de naves, de la granja, la herrería, las minas y otros puestos del clan.
Toda la edificación era similar a un congreso romano, con diferentes niveles de gradas rodeando un centro.
Los que estaban más cerca del centro tenían mayor voz y voto.
Mi madre se encontraba en una gran silla, símbolo del líder del clan, desde donde podía observar todo.
Era el asiento más cercano al centro.
Parecía triste.
Pocas veces había visto esa expresión en su rostro.
—Madre, ya estoy aquí.
¿Sucedió algo?
—pregunté en voz baja.
—Hijo, ¿recuerdas a mi amiga de Mandalore, la que nos vendía las naves cargueras?
Hoy me enteré de que falleció en un ataque por parte de la facción de los clanes tradicionales —dijo en tono melancólico.
Me sorprendí al escuchar la noticia.
Según recordaba, cuando Satine Kryze tomó el poder solo quedaron vivas ella y su hermana Bo-Katan, quien más tarde se uniría a la Guardia de la Muerte.
Al parecer sus padres fallecieron en la guerra civil.
Ahora solo quedaba vivo el duque Kryze.
—Madre, lo lamento mucho.
Sé que fueron buenas amigas, pero la guerra continúa.
Es hora de elegir un bando y comenzar con el renacer de nuestro clan.
—Tienes razón, hijo.
Me estoy volviendo blanda.
Es hora de comenzar la reunión.
Ya todos están aquí.
Ve a tu lugar.
Me dirigí a mi asiento cerca del centro.
Mi madre se levantó de su trono con elegancia.
Aunque llevaba su armadura, sus movimientos eran fluidos y firmes.
—Guerreros y pilares del clan —comenzó—.
Hoy los he convocado debido a situaciones que podrían afectar el progreso de nuestro pueblo.
—Es hora de demostrar nuestros colmillos.
—Es hora de que el mundo vuelva a presenciar la gloria del clan Fen’ruus.
—Durante años hemos ocultado nuestra fuerza y crecido en silencio.
Pero nuestros enemigos nunca dejaron de observarnos.
Ya sospechan que somos dueños de la empresa Origen Estelar.
—No nos uniremos a la guerra en Mandalore… pero tampoco dejaremos que esta destruya nuestros hogares en Concordia.
—Por ello, el mejor plan de acción presentado por Omega, cuya capacidad de análisis ustedes conocen, es claro.
—Tomaremos Concordia y fundaremos la Casa Fen’ruus.
Me levanté lentamente.
Miré a todos los presentes.
Entonces liberé mi poder.
Mi haki del conquistador se expandió por la sala como una tormenta invisible.
El aire se volvió pesado.
Algunos Guardianes Lobo Oscuro apretaron los dientes mientras el sudor comenzaba a correr por sus frentes.
Ninguno cayó de rodillas.
Y eso solo hizo que sonriera bajo mi casco.
Eran verdaderos guerreros.
Con voz firme hablé: —Hermanos y hermanas del clan.
—Hoy tenemos dos caminos.
Desenfundé mi lanza y la golpeé contra el suelo.
Una onda de energía recorrió toda la sala.
—Conquistar Concordia… —o seguir ocultándonos.
Elevé la voz.
—¡El destino nos llama!
—¿Qué elegirán?
—¡QUE EL DESTINO SEA!
—¡QUE EL DESTINO SEA!
—¡QUE EL DESTINO SEA!
El grito resonó en todo el salón.
Mi madre continuó: —Prepárense para la guerra.
—Azmar, aumentarás la producción de droides F1.
Actualmente contamos con una compañía (128).
Crearás tres compañías más hasta formar un batallón (512).
—También te encargarás de la diplomacia.
Buscarás la integración de los clanes Luna Roja y Llama Negra.
—Yo comenzaré los preparativos para la guerra contra los clanes Hacha Negra y Vask.
—Entendido, madre.
Me encargaré personalmente.
—Los haré nuestros súbditos.
Ella asintió.
—Confío en ti.
Después se retiró junto con Omega.
Salí de la reunión eufórico.
Debía hablar con Atena.
Ambos clanes seguían la antigua tradición mandaloriana: si derrotaba a su líder, todos me aceptarían como nuevo cacique.
Era el camino más directo.
Pero también el más peligroso.
Si ganaba, se unirían a la Casa Fen’ruus.
Si perdía… podría morir.
Mi fuerza ya estaba al nivel de un Guardián Lobo Oscuro veterano.
Los líderes de esos clanes tenían una fuerza similar.
Podría enviar a mi tía.
Ella ganaría fácilmente.
Pero esa era mi batalla.
Era el camino que había elegido.
Una semana después Me encontraba en las puertas del clan junto a mis compañeros y mi tía.
Todos llevaban sus armaduras y sus armas.
Los lobos de Val y Efi habían crecido lo suficiente para llevarlas sobre sus espaldas, protegidos por cotas de malla resistentes.
Mi tía montaba su loba, que parecía un león gigante.
Yo montaba sobre Ragnar, incluso más grande que la loba de mi tía.
No llevaba armadura, pero su piel tenía una resistencia comparable al beskar.
Alf y Ali viajaban en un landspeeder cargado con provisiones.
Estaríamos fuera entre tres y cinco días.
Nuestra primera parada sería el clan Luna Roja, ubicado a un día de distancia.
Podríamos haber usado una nave.
Pero llegar montados sobre nuestros lobos demostraba nuestra fuerza.
Era una declaración de poder.
Me despedí de mi madre, que había venido a verme partir.
Me pidió que tuviera cuidado.
Sabía que mi tía intervendría si mi vida corría peligro.
Pero no lo permitiría.
Ganaría mis batallas.
Conquistaríamos Concordia.
Y cuando la guerra de Mandalore terminara… el nombre del clan Fen’ruus sería conocido en toda la galaxia.
Porque el destino no se espera.
El destino se conquista.
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