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Star wars: Nace una leyenda - Capítulo 22

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22: HONOR 22: HONOR Bosque Rojo Nos encontrábamos frente a un bosque de gigantes árboles rojos.

Mi tía guiaba el camino; ya estábamos cerca del clan Luna Roja.

En el camino me enteré más sobre este clan.

Tienen un sistema matriarcal: sus principales líderes son mujeres.

Su actual líder se llama Vela Moon, una joven guerrera que sucedió a su madre después de que esta falleciera en Mandalore.

Aunque es joven, se ganó un nombre y honor al matar al asesino de su madre en una batalla uno contra uno.

Su principal método de combate es cuerpo a cuerpo.

Porta dos dagas rojas con patrones de gotas de sangre.

Su clan usa trajes de batalla de color rojo con bordes grises.

Algunas utilizan ballestas láser rojas hechas de la corteza de sus árboles.

Alguien nos observaba.

Comencé a sentir la presencia de seres vivos a unos cien metros de nosotros.

Supuse que era una patrulla del clan Luna Roja.

Continuamos avanzando en nuestras monturas; ya estábamos cerca de nuestro destino.

Nadie se nos acercó.

Supongo que fueron intimidados por Ragnar y los demás lobos.

Antes de mejorar su linaje, solo Fen’rar era el más intimidante en tamaño.

Por fin llegamos a la entrada del clan Luna Roja.

Ya nos esperaba un grupo de sus guerreras.

—Bienvenidos, miembros del clan Fen’ruus.

Mi señora los espera.

Por favor, síganme —dijo una de las guerreras de mayor rango.

Nos bajamos de nuestros lobos y la seguimos.

Solo se quedaron Alf y Ali para cuidar a Ragnar y evitar problemas.

Llegamos a un edificio amplio.

Todas las casas y estructuras que habíamos visto estaban hechas de los árboles rojos del bosque, y este no era la excepción.

—Entren, por favor, estimados invitados.

Procedimos a ingresar.

El espacio era amplio; había varias personas y, en el centro, estaba sentada la líder.

Vela Moon.

Llevaba su traje de batalla mandaloriano, a excepción del casco.

—Bienvenidos, estimados miembros del clan Fen’ruus.

Espero que su viaje haya sido tranquilo, aunque en compañía de tales bestias supongo que solo los tontos se atreverían a enfrentarlos —dijo en tono sarcástico.

Mi tía dio un paso al frente.

—Estimada Vela Moon, líder del clan Luna Roja.

Agradezco tu hospitalidad, pero ya debes saber qué nos trajo aquí.

La guerra toca nuestras puertas.

Se han tomado decisiones en nuestro clan, y hoy las cumpliremos, porque el destino está de nuestro lado.

Vela sonrió levemente.

—Palabras muy suaves para la Loba Escarlata… así te llaman, ¿verdad?

Sí, sé por qué están aquí.

Sé de la creación de su nueva casa y de la anexión de Concordia.

Pero… ¿tienen lo necesario?

Sus ojos se posaron en mí.

—También está aquí su futuro líder… o debería llamarte el Lobo de la Calamidad.

Continuó: —Supongo que me enfrentaré a ti.

Sería fácil que la Loba Escarlata me venciera, pero mi clan no lo vería como una batalla justa.

En cambio, tú representas algo más… el futuro de tu clan.

—Acepto el desafío.

La batalla se realizará esta noche.

—Si gano, su clan deberá proporcionarnos esos alimentos que tanto adoran las élites planetarias.

No crean que se ocultaron lo suficiente.

—Si pierdo, mi clan estará bajo su protección, no como esclavos, sino como guerreros, como dicta la tradición.

¿Están conformes?

Antes de que mi tía respondiera, di un paso adelante frente a ella y hablé.

—El clan Fen’ruus siempre cumple su palabra.

Las condiciones son justas.

La miré fijamente.

—Esta noche formarás parte de la casa más grande que haya existido en Mandalore.

—Grandes palabras —respondió—.

Espero tengas la fuerza para sostenerlas.

Se retiró junto con su escolta.

Pasamos a retirarnos y esperar la noche.

Nos alojaron en un complejo de invitados.

La noche había llegado.

Yo estaba listo.

Extrañamente, no tenía miedo ni ansiedad.

Los años de misiones constantes habían forjado mi carácter y espíritu.

La batalla La batalla la realizaríamos en el mismo lugar que estuvimos en la mañana, pero esta vez parecía más amplio, ya que todos se encontraban más alejados del centro.

Vela llevaba su traje mandaloriano rojo sangre con bordes grises.

Su casco era más parecido al de un espartano.

Sus dos dagas colgaban de su cintura mientras se movía con destreza.

Yo llevaba mi lanza en la espalda y mi armadura completa.

Mis compañeros me animaban, mientras mi tía me dio una mirada clara: tu momento ha llegado.

—Veo que estás listo —dijo Vela—.

Así que esa es la famosa lanza que acabó con el destino de muchos criminales y asesinos.

Un anciano se acercó, al igual que mi tía.

—Las reglas ya están dadas.

El desafío fue aceptado.

Que comience la batalla.

Retrocedí al instante.

Vela desenfundó rápidamente y lanzó una ráfaga de cortes veloces dirigidos a mi cuerpo.

Seguí esquivando cada uno de sus ataques.

Podía ver el asombro en sus ojos.

Pero su ritmo no disminuía.

Cada corte que evitaba la llenaba de frustración.

No se separaba de mí.

Cada vez que intentaba retroceder para sacar mi lanza, sus ataques se volvían más feroces.

Entonces cambié de estrategia.

Me acerqué de golpe.

Usé mi haki de observación.

Le propiné una patada en el pecho que la obligó a tomar distancia.

—Parece que tu estrategia no funcionó —dije mientras tomaba mi lanza.

Ella solo refunfuñó y volvió a atacar.

Ahora yo tenía la ventaja.

Desvié todos sus golpes usando la primera forma.

La diferencia de fuerza y destreza comenzó a notarse.

Imbuí mi lanza con la fuerza, haciéndola más pesada.

Pasé a la segunda forma.

Cada impacto hacía temblar el suelo.

Cada choque la hacía retroceder.

Era una guerrera formidable.

La mayoría no resistía ni diez segundos bajo esta forma.

Pero ella seguía en pie.

Intentaba cortar mis brazos o manos para inutilizarme, pero no lo logró.

Mi haki de observación me permitía anticiparlo todo.

La batalla ya había tomado mucho tiempo si esto continuaba sería beneficioso para ella que tenía más experiencia.

Era momento de terminar.

Abrí mi defensa intencionalmente.

Ella se lanzó con todo.

Sus dagas rozaron mi pecho, abriendo una herida.

Pero ya era tarde.

Mi lanza estaba frente a su rostro.

A milímetros.

Silencio.

Había ganado.

Vela soltó sus dagas.

Se arrodilló.

Todo su clan hizo lo mismo.

—Gracias por tu benevolencia, Lobo de la Calamidad.

Hoy te juro lealtad.

—El clan Luna Roja servirá bajo la Casa Fen’ruus.

—¡Viva el Lobo de la Calamidad!

—¡Viva!

—¡Viva!

—¡Viva!

Después de una gran ovación, me retiré a los aposentos que me asignaron.

Estaba agotado.

Aunque dominé la batalla, la presión me dejó física y mentalmente exhausto.

Luego de pasar un par de días organizando al nuevo clan incorporado a la Casa Fen’ruus, continuamos nuestro camino hacia el siguiente objetivo: El clan Llama Negra.

Estábamos a un día del clan Llama Negra por vía terrestre.

A diferencia del clan Luna Roja, yo ya conocía a su líder.

Como herrero en formación, busqué un maestro que me guiara, ya que la maestra Herrera de nuestro clan difícilmente me enseñaba.

Contacté con miembros de ese clan expertos en la forja.

Gracias a mi talento, conocí a su líder, de quien aprendí muchas técnicas que luego me ayudaron en la construcción de mi taller de droides.

A cambio, yo les vendía droides mineros e industriales, lo que les ahorraba grandes costos en mano de obra.

Nuestra relación creció con los años.

Alcancé el rango de herrero avanzado.

Solo existían cuatro rangos: aprendiz, competente, avanzado y maestro.

Esta vez viajamos en nave.

No llevaríamos a nuestros lobos.

Así llegaríamos en pocas horas.

Subimos a la nave y partimos.

El viaje fue tranquilo.

Aterrizamos en uno de sus puertos.

Ya nos estaban esperando.

—Bienvenido, joven Azmar.

—Gracias por la hospitalidad.

He venido a ver al maestro herrero —respondí.

—Sígueme.

Él ya te espera.

Nos guiaron hasta un salón amplio.

Ahí estaba.

Hir Besk.

—Azmar… ya sé lo que hiciste con Luna Roja.

Y sé por qué estás aquí.

—Entonces no perderé tiempo.

Se levantó.

Caminó hacia mí.

Y se arrodilló.

—No hace falta seguir las viejas tradiciones.

—Te conozco lo suficiente.

—Sé de tus capacidades como guerrero… y como líder.

Levantó la mirada.

—Mi clan ya ha decidido.

—Nos uniremos a la Casa Fen’ruus.

—Seremos la llama de sus forjas.

Todos los presentes hicieron lo mismo.

—Gracias, Hir.

—Seguirás liderando tu clan.

—Y prosperarás bajo mi casa.

Levanté la voz.

—¡Que el destino sea!

—¡Que el destino sea!

—¡Que el destino sea!

Había cumplido.

Ahora solo quedaba una cosa.

La guerra.

Contra la Casa Vizsla.

Porque su caída… forjaría el verdadero poder del clan Fen’ruus.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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