Star wars: Nace una leyenda - Capítulo 33
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- Capítulo 33 - 33 RYLOTH AAYLA SECURA Y DARTH TALON
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33: RYLOTH: AAYLA SECURA Y DARTH TALON 33: RYLOTH: AAYLA SECURA Y DARTH TALON Minas de Ryloth Un joven Quinlan Vos se encontraba descansando después de una dura batalla contra esclavistas.
Su maestro, el caballero Tholme, había sufrido graves heridas en un intento de salvarlos de un derrumbe.
Ahora se encontraban en su nave, listos para regresar a Coruscant.
En el momento en que se preparaban para partir, sintió una extraña conexión con la Fuerza.
Algo lo llamaba.
Sintió que si abandonaba el planeta perdería algo muy importante, pero su maestro estaba herido por su culpa; si no recibía atención médica especializada, su vida estaría en riesgo.
Su mente se encontró en un estado de confusión elevado: la vida de su maestro o la pérdida de lo desconocido.
Al final, la culpa pesó más.
Encendió la nave y abandonó el planeta, sintiendo cómo aquella sensación desaparecía en el espacio.
Mansión de Logg Salac Nunca pensé encontrarme con la futura maestra Jedi más sensual de la galaxia.
Esta pequeña niña florecería como una hermosa mujer y demostraría su valía como general en las Guerras Clon.
Aunque había visto las películas y algunas series de Star Wars, había muchas cosas que ignoraba.
Este universo era enorme, sería imposible premeditar el futuro por completo.
Mi llegada aquí lo había demostrado.
Aayla Secura sería encontrada por la Orden Jedi, entrenada en sus artes y en el lado luminoso de la Fuerza.
Pero ahora acabo de salvar su vida, conectando su destino con el mío.
Sería tonto si dejara que se uniera a los Jedi.
Desde que la salvé, se convertiría en mi futura aprendiz, una general de mi futuro imperio…
tal vez algo más.
Mis compañeros no demoraron en bajar, dándose con la sorpresa de que el Wampa estaba muerto.
Aunque era el guardia de Xeon el Hutt, desde que este lo dejó atrás ya no tenía ningún valor.
Se sorprendieron al verme sosteniendo la mano de la pequeña niña.
Nunca demostré esa faceta protectora o, mejor dicho, siempre intenté ocultarla.
Efi y Ali fueron las primeras en darse cuenta de lo que pasaba.
Se acercaron lentamente, intentando conversar con la pequeña, pero esta se acurrucó cada vez más cerca de mi pierna.
Val fue la primera en hablarme: —Azmar, ¿qué vas a hacer con esa niña?
Parece haberte ganado cariño.
No le di muchas vueltas a la situación.
Simplemente les dije que la tomaría como aprendiz.
Como Guardián Lobo Oscuro estaba en la capacidad de tomar discípulos.
Ante tal afirmación todos quedaron sorprendidos.
El Lobo de la Calamidad y futuro líder de la Casa Fen’ruus tomaría su primer discípulo.
Todos se encontraban sumidos en sus pensamientos cuando sentí que jalaban de mi armadura.
La pequeña me miró con sus ojos azules, que reflejaban la calma después de la tormenta.
—Benefactor, le agradezco por salvarme, pero no puedo irme con usted.
Pertenezco a Xeon el Hutt —dijo en tono triste.
—No te preocupes, pequeña.
Yo me encargo de esos pequeños detalles.
¿Tienes algún familiar de quien te quieras despedir?
—Benefactor, soy huérfana.
Mis padres murieron, no conozco a mi familia, pero…
—Tranquila, puedes confiar en mí.
Haré lo posible para ayudarte.
Sintiendo la sinceridad de mis palabras y acciones, la pequeña se armó de valor.
Mirándome a los ojos, en un tono suplicante habló: —Benefactor, ¿podría salvar a mi amiga?
No sé si aún sigue viva, pero ella siempre me cuidó desde que llegué aquí.
Fue encerrada en las celdas subterráneas por haber lastimado a un funcionario cuando este trató de golpearme.
Acepté rápidamente.
No quería que mi futura discípula tuviera arrepentimientos.
Además, tenía que saldar la deuda con su benefactora, que la protegió.
—Está bien, llévame ahí.
Yo me encargo.
Seguí a la pequeña Twi’lek por unos pasajes más profundos.
Ordené a Val que se encargara de conversar con Logg Salac sobre la compra de Aayla; él se encargaría de apaciguar al Hutt.
Mientras tanto, los demás partieron a la nave para preparar nuestro viaje.
Continuamos bajando.
Cada vez había menos luz.
Se podían escuchar los gemidos de los prisioneros que se encontraban detrás de los barrotes.
Aayla me comentó que todos los que desobedecían a sus amos eran traídos aquí y castigados por mucho tiempo.
Algunos jamás volverían a ver la luz.
En algún momento llegamos al final de un pasillo, un callejón sin salida.
Frente a nosotros había una celda oscura.
Lo único que se observaba eran un par de ojos amarillos intensos… desprovistos de vida.
Usando la Fuerza, doblé los barrotes de la celda.
Al observar que estaba encadenada, rompí las cadenas que la ataban.
Su mirada seguía vacía.
Aayla, al ver el estado de su amiga, se acercó para abrazarla, pero la detuve.
Su cuerpo había sufrido muchos traumas, tenía que recuperarse.
Por suerte, Atena me enseñó algunos conocimientos de curación a través de la Fuerza.
Coloqué mi mano sobre su cabeza y comencé a transferirle parte de mi vitalidad para que se recuperase más rápido.
Los minutos pasaron.
Podía mover sus pupilas.
Ya no parecía un zombi.
Comenzó a reaccionar ante las palabras de Aayla.
Su mano, en algún momento, tocó la mía, que estaba apoyada sobre su cabeza.
Pude escuchar su voz, lenta pero clara: —Gracias por salvarme… sentía que la oscuridad me consumía, que jamás volvería a ver la luz.
—No me agradezcas a mí.
Agradécele a Aayla.
Ella me rogó que te salvara… ella me trajo aquí.
—Gracias, Aayla… siempre serás mi única familia.
En ese momento, Aayla comenzó a llorar al sentirse reconocida y querida.
Nunca había conocido a su familia.
Antes de encontrarme, ella fue la única persona que la cuidó y le dio ese afecto que la apartó de la soledad.
—¿Cómo te llamas, pequeña?
Supongo que tienes un nombre —le dije.
—Me llamo “Talon”, señor… así me nombró mi amo.
“ :0 ” Ya no sabía qué expresión poner.
Este día fue una gran revelación.
Mi destino me guió hacia la luz… y la oscuridad.
En mis manos estaba el destino de dos grandes leyendas.
Me agaché a su altura, la miré a los ojos y le hablé: —Talon… ¿quieres ser mi aprendiz?
Aayla será entrenada por mí.
Si aceptas, podrán estar juntas conmigo.
En ese momento, Aayla saltó emocionada, mirando a Talon, esperando que aceptara.
Talon no dio una gran respuesta.
Simplemente me llamó maestro.
Cerrando el círculo de mis dos nuevas aprendices.
Ya no perdí más tiempo.
Cargué a Talon a mi espalda y nos dirigimos hacia mi nave, que nos esperaba fuera de la ciudad.
Ya no teníamos nada más que hacer en este planeta.
Claro… imaginarán las miradas que recibí de mis compañeros al saber que tomaría otra aprendiz.
Ignoré los pulgares que me daba Alf, llevando a Talon a recuperarse con un droide médico a bordo de la nave.
Ahora recién pude observar más de cerca su hermosa piel roja, poco común en los Twi’lek.
Debido a la oscuridad de la celda no pude darme cuenta antes.
Representaban el pináculo de la belleza: Aayla, con ojos como las olas del mar…y Talon, el fuego de un volcán.
Nuestra nave comenzó a salir de la atmósfera de Ryloth.
La segunda Clínica ya había sido construida.
Todo marchaba a la perfección.
Nuestro siguiente objetivo era visitar el planeta Toydaria, en el Borde Medio.
Tuvimos que cambiar nuestra ruta debido a un percance en ese planeta.
Al parecer, un grupo pirata atacó uno de nuestros cargamentos de alimentos.
Aunque nuestros guerreros los repelieron, las tropas droide F1 quedaron inutilizadas.
Nuestra misión era simple: Reparar los droides…y descubrir quién estaba detrás de este ataque.
Aayla estaba muy emocionada al viajar por la galaxia, mientras que Talon, aunque no demostraba sus emociones, dejaba sentir una pequeña chispa de felicidad.
NOTAS EDADES Talon (7 años) Aayla Secura (4 años)
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