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Star wars: Nace una leyenda - Capítulo 5

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5: PASADO 5: PASADO Un minuto más, aún tengo sueño —respondí entre murmullos a la criada.

Ella solo atinó a decirme: —Joven amo, su madre lo espera para el desayuno.

Al escuchar esas palabras, sentí como si me arrojaran un balde de agua fría después de una noche de resaca.

Sabía que a mi madre no le gustaba la impuntualidad.

Me levanté a duras penas y me vestí con un atuendo simple pero limpio ante la mirada de la criada.

Ya estaba acostumbrado; a veces ella me ayudaba, pero prefería hacerlo solo.

Me dirigí al comedor.

Allí ya estaba mi madre desayunando unas papas sancochadas.

Habían pasado seis meses y se había logrado cosechar el primer lote de papas.

Todos se sorprendieron por su enorme rendimiento y por su inusual sabor, que variaba según el tipo de cocción.

Además, no solo destacaban por su sabor: también se descubrió que eran un alimento muy alto en energía, lo cual era perfecto para los guerreros y aprendices.

Por el momento solo nos centramos en la demanda del clan; tal vez más adelante las exportemos.

Me senté frente a mi madre.

Tenía la misma guarnición que ella, solo que en menor cantidad.

Al estar sentado, me observó y lentamente comenzó a hablar, lo cual era raro.

Casi siempre comíamos en silencio, o yo comía solo, ya que ella tenía mucho trabajo como actual jefa del clan.

—Al parecer has hecho una gran contribución al clan.

Este alimento es revolucionario.

Con solo una cosecha, la anciana y yo nos dimos cuenta de su valor estratégico.

Podríamos alimentar a todo Mandalore si hubiera suficiente tierra para la plantación.

Yo estaba feliz por su comentario.

Iba a decirle que lo hacía todo por la gloria y el progreso del clan, pero notó que iba a hablar y continuó: —Pero hay algo que no te has dado cuenta.

Así como es una bendición, también es un gran peligro oculto.

¿Sabes qué pasaría si otros clanes se enteraran?

No dudarían en atacarnos y robarnos todo por lo que hemos luchado.

Desapareceríamos al borde de la historia.

Al escuchar esas palabras, por un momento me quedé frío.

Sentí que se me ponía la piel de gallina con solo imaginar el exterminio de mi clan.

Ella notó mi reacción.

Se acercó a mí y pude observar sus ojos tiernos, llenos de amor maternal.

Puso su mano sobre mi cabeza y dijo: —Aunque nuestro clan en la antigüedad era muy fuerte, la guerra y la enfermedad nos han dejado al borde del abismo.

Pero tú trajiste un rayo de esperanza.

Sobreviviste… y me diste el valor para seguir adelante.

Hizo una breve pausa antes de continuar: —Aunque ya no seamos tan fuertes como antes, seguimos siendo el clan Fen’ruus, grandes cazadores y domadores de los antiguos lobos Fen, descendientes del gran Fenrir.

Me quedé asombrado al escuchar que los lobos descendían de Fenrir.

Recordaba que, en la mitología nórdica, era un lobo gigantesco capaz de luchar contra los dioses.

Ella, al percibir mi asombro, dejó escapar una pequeña sonrisa y continuó: —Por el momento solo le dije a la anciana que guardara silencio y que todos los que trabajan en la granja no comentaran nada.

Solo nuestro clan consumirá este producto hasta que llegue el momento en que podamos defendernos y no ser presa fácil de nuestros enemigos.

Entendí su punto de vista.

Asentí con la cabeza y le dije que comprendía, que algún día crecería y podría llevar a la gloria al clan.

Ella solo atinó a darme un abrazo y salir de la casa rápidamente.

Eso me dejó desconcertado.

No podía recordar la última vez que me había abrazado desde que nací.

Una sonrisa se formó en mi rostro y me juré protegerla a ella y a todos en esta nueva vida.

Los meses pasaron.

Ahora ya tenía cuatro años y podía salir libremente a pasear sin temor a que me regañaran.

Mi madre solo me dijo que no molestara a nadie ni hiciera travesuras.

Le respondí con un rotundo: —Sí, señora.

Y aquí estamos, recorriendo la aldea.

Me encontraba en el campo de entrenamiento, observando a los novatos entrenar junto con mi tía como su instructora.

Ella ya estaba acostumbrada a mis visitas.

A veces simplemente enviaba a su loba a jugar conmigo, o me decía que no me acercara demasiado para evitar un accidente.

El campo de entrenamiento no era un juego.

Todos estaban concentrados en mejorar sus habilidades.

Tenían que graduarse para cubrir las vacantes que dejaron los antiguos guerreros.

Por mi parte, después de jugar un rato con la loba, observaba cada uno de los movimientos y ejercicios.

Gracias a mi haki de observación podía captar cada detalle y, en conjunto con mi memoria muscular, estaba seguro de que podía hacerlo a la perfección.

Pero una vez mi tía me descubrió imitando los ejercicios.

Me gritó, me dijo que aún no estaba listo… y luego no pude ir por una semana porque se lo contó a mi madre.

¡Diablos!

Esa golpiza sí que me dolió.

Hasta ahora siento esa comezón en mis nalgas.

Después de ese desafortunado incidente, solo practiqué mi haki.

Ya podía sentir a la gente en un radio de veinte metros y captar los movimientos de los aprendices con más facilidad.

Después de mi observación diaria, pasé por el mercado, un lugar donde se reunían los pobladores para recibir sus raciones de comida o comerciar con productos traídos del exterior por algunos guerreros.

Hasta ahora no había visto el hangar de las naves, pero sabía que teníamos tres.

De ellas, dos se usaban para misiones de mercenarios; eran los principales proveedores de beskar para el clan, material destinado a la construcción de armaduras y a la defensa.

Aún no conocía a ninguno de esos guerreros, pero se decía que eran muy buenos y siempre cumplían con su misión.

Aunque, por encima de todo, priorizaban la vida de sus integrantes.

Lo cual me parecía excelente, considerando los pocos guerreros experimentados que quedaban.

Caminé entre la gente.

Todos, al darse cuenta de mi presencia, me cedían el paso.

Ya me conocían, no solo por ser el hijo de la jefa, sino porque siempre saludaba a todos y habían oído ciertos rumores de que yo había descubierto ese alimento tan mágico.

Llegué a una extraña tienda donde servían comida en brochetas: carne de un animal parecido a un ciervo que a veces traían nuestros cazadores.

Comí un par con el dinero que me daba mi madre, di las gracias y seguí mi camino de regreso a casa.

Así terminó un día más en esta extraña galaxia.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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