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Steven Universe: ¿Soy que? Sobrecarga - Capítulo 14

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14: Capitulo 14: Stevonnie.

14: Capitulo 14: Stevonnie.

¿Eh?, murmuró Stevonnie completamente confundida.

Ni siquiera se había dado cuenta de cómo había terminado allí, en medio de una selva densa y húmeda.

Los reflejos de Steven se activaron de inmediato, y sin pensarlo invocó su escudo.

La parte Connie, por otro lado, se quedó boquiabierta, fascinada por la sensación.

Así que esto se siente…

invocar tu escudo.

Es genial, ¿no?

Sí, es fascinante, respondió, manteniendo la mirada fija en el brillante escudo por unos segundos más, hasta que el gesto se volvió serio.

Bueno, no nos dieron objetivos, no nos dijeron a dónde veníamos, ni siquiera un entrenamiento básico en la fusión.

Solo…

al ataque.

La determinación se mezcló con un dejo de humor extraño.

Tendremos que usar una técnica que no usaba desde la era Heian.

¿Era Heian?

repitió para sí misma, arqueando una ceja.

Es un decir.

Como para dar a entender que fue hace mucho tiempo.

Ah…

parezco autista hablando conmigo misma, soltó con sequedad.

Así se siente Steven cuando habla solo.

Sí…

respondió nuevamente con tono seco.

¿Avanzamos o quieres seguir hablando de mi vida?

Stevonnie desvió la mirada hacia los alrededores, respirando profundo.

El ambiente era sofocante, lleno de insectos y sonidos de la selva, pero aún así parecía haber un camino que se abría entre la maleza.

Con paso firme y voz seria, proclamó: Suerte Universe, técnica definitiva.

Comenzó a caminar sin dudar, aunque irónicamente lo hizo justo en la dirección correcta.

Qué lista que eres, Stevonnie, pensó con cierto orgullo mezclado con ironía.

Nos pusieron nombre…

¿no te molesta?

Me da igual.

De todos modos combina bien.

Un rubor leve se reflejó en el rostro de la fusión, que se sonrojó consigo misma.

La escena era tan extraña como graciosa: un solo cuerpo discutiendo con dos conciencias.

Mientras avanzaba, Stevonnie bajó la vista hacia su propio cuerpo, inspeccionándolo con detenimiento.

Sus ojos se abrieron al notar detalles que antes no había percibido.

Era un cuerpo de apariencia madura, con un cabello largo que caía hasta las caderas pero mantenía un estilo desordenado al estilo Steven.

La piel blanca, ligeramente bronceada, brillaba bajo la luz que se filtraba entre los árboles.

Las caderas…

eran las de una mujer de dieciocho años.

Espera…

mujer.

Stevonnie se detuvo de golpe, clavando una mirada sombría hacia el suelo.

Soy una mujer, murmuró con la voz cargada de sorpresa.

¿Eh?

¿Sí?, respondió ella misma.

Fabricio…

masculló Stevonnie, echando una mirada fugaz hacia su entrepierna.

Pero no es tiempo de lamentos, concluyó con firmeza, avanzando rápidamente mientras un rubor involuntario, claramente proveniente de Connie, se apoderaba de su rostro.

Así, rápidamente, corrieron en una dirección.

Después de unos minutos atravesando la maleza, llegaron a un claro donde se alzaba otra pirámide, fría y misteriosa.

Si encuentro un gusano, juro que voy a bañar a León en el mar y dejaré un pescado lejos de él para que vea lo que se pierde, masculló con rabia contenida quien llevaba la voz más impulsiva.

León se quedó aturdido, sin saber muy bien cómo responder.

Un poco extremo, comentó Stevonnie con una gota de sudor recorriendo su frente.

Para nada, replicó la otra voz con total convencimiento.

Seguramente me encuentre tres gusanos más esta semana.

Bueno, al menos te enseñaré que no estoy exagerando.

Con esa mezcla de determinación y humor negro, empujaron la pesada puerta del templo y entraron.

Nota del autor: ¿Les gusta este tipo de pensamientos dentro de la fusión?

Si no, puedo cambiarlo para que solo hable la fusión sin mostrar los pensamientos internos.

Aunque aquí lo dejaré así, debido a la parte humana de Connie y su incesante necesidad de aprender.

Esto es lo que haces en tus misiones, Steven.

Sí, respondió él.

Stevonnie hablaba consigo misma, aunque poco a poco fue calmando sus pensamientos divididos.

Bueno, dejemos de hablar así.

Hablemos tranquilamente, como una sola persona.

Stevonnie asintió con serenidad, sintiendo cómo su mente se estabilizaba.

Ya más tranquila, prestó atención a su entorno.

Caminó durante unos minutos, sin un rumbo claro, hasta que el silencio comenzó a pesarle.

Qué aburrido, murmuró entre suspiros.

Sus ojos se movían de un lado a otro, observando las ruinas a su alrededor.

Las figuras talladas en piedra parecían representar antiguas gemas, aunque ninguna le resultaba familiar.

No era como el templo de arena donde había encontrado a León.

Hablando de él…

no lo había visto desde que llegaron.

Aun así, algo en su interior le decía que estaba por ahí, observando.

De pronto, un ruido seco rompió el silencio.

Stevonnie se tensó, invocando su escudo con reflejos automáticos.

El brillo rosado iluminó la penumbra del templo, y su postura se volvió firme.

Sal…

o quieres que vaya yo por ti, pronunció con una mezcla de seguridad y nervios.

Sus ojos recorrieron los alrededores con atención.

Una sonrisa temblorosa se formó en su rostro.

Ja…

La parte de Steven se mantenía tranquila, intentando analizar la situación.

En cambio, Connie estaba claramente nerviosa, su respiración algo agitada.

Ambas emociones se reflejaban en el cuerpo de Stevonnie, creando una dualidad extraña pero fascinante: el equilibrio entre la calma y la tensión, entre el coraje y el miedo.

En eso unas rocas comenzaron a moverse lentamente, vibrando como si el templo mismo despertara de un largo sueño.

¿Eh?, murmuró Stevonnie, algo confundida.

El suelo comenzó a temblar bajo sus pies.

Todo su alrededor se estremecía y, de pronto, la textura del piso cambió, volviéndose pegajosa y viscosa, casi como si fuera slime.

Stevonnie saltó instintivamente, aprovechando la fuerza extra que la fusión le otorgaba.

En el aire se dio cuenta de que su cuerpo se sentía más ligero, con una potencia que le permitía impulsarse el doble, quizá el triple de lo normal.

Cayó sobre una columna, adoptando una postura firme, sus ojos reflejaban una mezcla de nerviosismo y expectación.

¿Será una gema?, o tal vez un monstruo completamente nuevo, pensó con los ojos brillando de curiosidad.

Pero enseguida sacudió la cabeza, respirando hondo.

Concéntrate, Stevonnie.

Esto es serio.

Frente a ella, una forma alargada comenzó a tomar cuerpo entre el temblor y el líquido brillante del suelo.

Primero una masa informe, luego una figura sinuosa.

Stevonnie la observó con incredulidad.

…¿En serio?, murmuró.

¿Es en serio?

El grito retumbó en el templo, una mezcla de enojo y frustración que resonó con eco.

Frente a ella se alzaba una babosa gema, una criatura enorme compuesta de un slime azul con vetas terrosas que recorrían su cuerpo.

En el centro, visible entre la masa translúcida, se hallaba una gema circular de un tono azul intenso, manchada en algunas partes, signo evidente de su corrupción.

La furia de Steven hervía dentro de la fusión, mientras la parte de Connie se debatía entre el miedo y la fascinación.

Bueno, qué más da, pensó con determinación.

Con un movimiento firme invocó su escudo, lo sostuvo en la mano y lo lanzó con toda la fuerza de la fusión.

El escudo voló directo hacia la criatura, pero al impactar, no se escuchó el sonido metálico esperado.

En cambio, el escudo fue absorbido por el cuerpo del slime, hundiéndose sin dejar rastro.

Al menos no es ácido, murmuró Stevonnie con alivio, aunque su ceño seguía fruncido.

Me imagino que su punto débil es la gema…

Tendré que sacarla, ya que no puedo hacerle daño directamente.

En ese momento se podía ver el verdadero potencial de la fusión.

La mente estratégica de Connie unida a la experiencia de combate de Steven formaban una combinación perfecta: un genio en batalla.

En cuestión de segundos, Stevonnie había analizado a su oponente y comprendido su debilidad.

El aire alrededor vibraba.

La pelea estaba a punto de comenzar.

Aunque no hacía falta ser un genio para saber que la debilidad de una babosa cuya única parte sólida estaba en su interior era precisamente esa gema, Stevonnie no pudo evitar pensar en voz alta.

¿De dónde vienen esos pensamientos raros?, murmuró.

Connie no tenía idea de que Steven, en su mente, prácticamente mantenía un pequeño grupo de voces internas, todas dándole consejos al mismo tiempo.

Una especie de iluminación máxima…

o una divertida forma de esquizofrenia mágica, según él lo veía.

Bueno, al menos no parece hostil…

No terminó la frase cuando la criatura se lanzó hacia ella con un rugido húmedo y grotesco.

Yo y mi bocota, suspiró con una gota de sudor recorriéndole la frente.

Empezó a correr con rapidez, esquivando los fragmentos del templo que caían por los temblores.

La babosa gema se deslizaba detrás de ella, dejando un rastro azuloso que chispeaba con luz tenue.

Mientras avanzaba, Stevonnie notó unas escaleras que descendían a una zona más abierta.

Si no fuera por esta bestia, pensó, este lugar sería perfecto para entrenar.

Corrió hacia las escaleras y, en el último momento, cuando sintió el aliento húmedo del monstruo detrás, dio un salto.

En pleno aire invocó una burbuja protectora, quedando suspendida dentro de ella, y la impulsó con fuerza hacia la criatura.

Dentro del cuerpo del slime había restos de roca, polvo y fragmentos del templo; Stevonnie usó ese entorno a su favor, empujando la burbuja con energía hasta chocar directamente con la gema.

La criatura no entendió lo que sucedía hasta que fue demasiado tarde.

Stevonnie expandió la burbuja al máximo, y un estallido resonó con fuerza.

La gema salió disparada mientras el cuerpo del monstruo explotaba en mil fragmentos de piedra líquida.

El problema fue que Stevonnie no calculó los efectos secundarios de su propio impulso.

La burbuja se deshizo, y varias piedras rebotaron a gran velocidad, golpeándola en los brazos y el torso.

Pasaron unos minutos.

Stevonnie estaba sentada en el suelo, suspirando mientras miraba su ropa.

Esta era mi camisa favorita…, se lamentó observando la prenda negra con la estrella en el centro, ahora rasgada y cubierta de polvo.

Ni lo menciones, este vestido era mi favorito…, añadió la voz interior de Connie, mirando el vestido rosado superpuesto sobre la camiseta.

Con un suspiro resignado, Stevonnie se levantó, caminó hasta la gema y la encerró cuidadosamente en una burbuja, flotando suavemente a su lado.

Nah, no es mi casa, murmuró con una sonrisa al ver el desastre que había dejado el combate.

Salió caminando con paso tranquilo, y al llegar a la entrada del templo, ahí estaba Garnet, esperándola con una sonrisa enorme, tan amplia que parecía de oreja a oreja.

Stevonnie, aún con el cuerpo tenso y una expresión de puro desagrado, extendió la mano y le entregó la gema a Garnet.

La parte de Steven claramente no estaba contenta.

La próxima vez busca una que no tenga forma de babosa, murmuró con una voz cargada de frustración.

Prefiero pelear contra algo que al menos tenga forma humana.

Su cuerpo se estremeció con asco al recordar la textura gelatinosa del monstruo.

¿Eh?, respondió Garnet, confundida.

De todos los futuros posibles, jamás habría imaginado este escenario.

Había pensado que Stevonnie regresaría feliz, orgullosa de su primera misión, emocionada por la experiencia.

Pero en cambio, la fusión estaba claramente harta, con los hombros tensos y la mirada de quien solo quería olvidar el día.

Garnet observó la gema en sus manos, luego simplemente la envió flotando hacia el interior del templo, donde desapareció rumbo a su habitación.

¿Qué te pareció?, preguntó al fin, con un tono más tranquilo y maternal.

No estuvo tan mal, respondió Stevonnie, mirando sus propias manos con una expresión pensativa.

De alguna manera, siento que Steven quería que yo viviera esto…

o sea, no es lo mismo contarlo que experimentarlo, ¿sabes?

Sonrió ligeramente mientras levantaba la mirada hacia Garnet.

Garnet la observó en silencio unos segundos, y luego, con una sonrisa casi imperceptible, respondió: Y esto es solo el comienzo para ustedes dos.

Stevonnie tragó saliva, un poco nerviosa por el tono casi profético de sus palabras.

Qué emoción, pensó con una gota de sudor bajándole por la sien.

Entonces, sacó el teléfono del bolsillo derecho —el de Connie— y al ver la hora, junto con una lista interminable de llamadas perdidas, su rostro palideció.

Garnet…, dijo lentamente.

¿Sí?, respondió la gema, curiosa.

¿Cómo puedo teletransportarme a mi casa en cinco minutos?

…

La expresión de Garnet se endureció.

¡Mierda!, exclamó, agarrando a Stevonnie del brazo.

En cuestión de segundos, ambas fusiones salieron disparadas a toda velocidad, corriendo una con pánico y la otra con una sonrisa contenida directo hacia el inminente encuentro con una madre furiosa.

Todo eso vivimos…

dijo Connie con una sonrisa mientras estaba sentada en el cuarto de Steven.

Steven la observó en silencio, recordando con un escalofrío cómo la madre de Connie le había dado el regaño más intenso de su vida.

Garnet, por su parte, permanecía quieta como una estatua en la esquina del cuarto; incluso Steven había notado que parecía ligeramente asustada.

El poder de una madre…, pensó con resignación.

Connie se giró hacia él con una expresión animada.

Steven, deberíamos formar a Stevonnie más seguido.

Sé que no soy tan fuerte y todo eso da miedo, pero siendo Stevonnie no tendría tanto peligro.

Steven la miró sin decir nada.

Su silencio duró unos segundos que se sintieron eternos, hasta que Connie comenzó a inquietarse, pensando que tal vez había dicho algo incorrecto.

Connie…

dijo Steven finalmente, con un tono tranquilo pero firme.

Sé que te gustó, y con gusto puedo formar a Stevonnie contigo otra vez, pero no hagamos de eso una costumbre.

La fusión no es algo que me encante, aunque por ti lo haría…

pero no seguido, ¿de acuerdo?

Se detuvo unos segundos y bajó la mirada.

La vez pasada fuimos a esa misión, no por decisión nuestra.

Nos llevaron sin pedirnos opinión.

Tú lo sabes.

Y aunque no lo dijeras, estabas asustada.

No puedes mentirme, estábamos unidos…

sentía todo lo que tú sentías.

Connie bajó la mirada, sintiendo una punzada de culpa.

Tienes razón…

susurró con una voz casi infantil.

Steven sonrió con ternura y le revolvió el cabello con suavidad, como si estuviera acariciando a una niña pequeña.

Oye…

protestó Connie entre risas nerviosas, tratando de apartarle la mano sin éxito.

Vamos, juguemos un rato dijo Steven con una sonrisa traviesa.

Quiero descansar antes de que aparezca otra babosa.

Ambos se tensaron al recordar la criatura gelatinosa.

Connie lo miró con una expresión acusadora.

¿Aún te da asco, verdad?

¿Y a ti no?

respondió Steven con una sonrisa pícara.

Las risas llenaron el cuarto, ligeras y sinceras.

La tensión se disipó poco a poco, dejando solo la calidez de la amistad.

Así, sin darse cuenta, aquel accidente que los había llevado a fusionarse se convirtió en algo más que una simple misión.

Fue el inicio de una conexión más profunda, de una confianza que crecía con cada palabra y cada mirada.

Y quién sabe…

la amistad, a veces, solo es el primer paso hacia algo mucho mayor.

Fin capitulo 14.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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