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Steven Universe: ¿Soy que? Sobrecarga - Capítulo 20

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  3. Capítulo 20 - 20 Capitulo 20 Una Fusión enorme
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20: Capitulo 20: Una Fusión enorme.

20: Capitulo 20: Una Fusión enorme.

…

Eso era lo que estaba pensando al ver semejante torre.

Eran varios bloques apilados de forma tan irregular que no lograba entender cómo podía mantenerse en pie, mucho menos servir como una zona de comunicación.

Steven observó a las gemas a su alrededor: Amatista, la cual parecía distraída y con su clásica actitud despreocupada; Garnet, firme como siempre, aunque algo tensa desde aquel incidente con el agua; y Perla, quien se mostraba nerviosa, pero a la vez emocionada.

Entonces qué hacemos aquí, pregunté nuevamente, esperando una respuesta clara.

Ah, respondió Perla parpadeando varias veces antes de salir de su pequeño trance.

Estaremos desarmando esta torre.

Es importante que la eliminemos para evitar que otras gemas corrompidas se comuniquen con la Tierra.

Miré la estructura una vez más, cruzándome de brazos.

Era enorme.

Pero no es muy grande, o sea, podemos hacerlo, pero no creen que tardaremos demasiado.

El silencio se hizo por unos segundos, hasta que Garnet habló con su habitual serenidad.

Nos fusionaremos.

Abrí los ojos como platos.

No me apunto, dije sin dudar.

Las tres se quedaron quietas.

En mi cabeza, los pensamientos se agolpaban.

La idea de fusionarme todavía me generaba una especie de miedo irracional.

No era por falta de confianza en ellas, sino por mí mismo.

Tenía demasiadas cosas en la mente, pensamientos que parecían no ser míos, voces que no siempre callaban.

Sentía que, si me fusionaba, algo podría salir mal, algo podría escapar.

Solo con Connie me sentía realmente tranquilo para hacerlo, y ni siquiera era algo que ocurriera muy seguido.

No es necesario si no quieres, dijo Garnet con voz suave.

Luego miró a Perla y a Amatista.

Necesitamos fuerza.

Fuerza, repitió Perla, arqueando una ceja y mirando a Amatista, que solo sonrió con picardía.

Ah, fuerza.

Perla suspiró y se colocó a mi lado, con el ceño fruncido.

Ni te enojes conmigo, dije con una media sonrisa, mirándola de reojo.

Ella desvió la mirada, incómoda, y enfocó su atención en Garnet y Amatista.

Oigan, dije algo nervioso, esa combinación no creen que es un poco peligrosa.

Me vino a la mente Sugalite, la fusión que habían formado antes.

La recordaba bien: pura fuerza bruta y cero control.

No te preocupes viejo, respondió Amatista con una sonrisa traviesa, esto será rápido.

Garnet asintió y dijo sincronización.

Ambas comenzaron a moverse con una coordinación extraña, casi hipnótica.

Las miré confundido.

Qué están haciendo, pensé, están bailando.

Mi cara debía de ser un poema.

Qué vulgar, murmuré lo suficiente para que me escucharan, aunque evidentemente no lo hicieron.

De pronto sentí que Perla me tapaba los ojos con las manos.

Muchas gracias, dije levantando el pulgar.

Ni lo menciones, respondió ella con el tono serio de quien preferiría estar en cualquier otro lugar.

El baile se intensificó y, francamente, parecía más una competencia de ritmo que una ceremonia de fusión.

Esto ya es demasiado, pensé viendo apenas por los huecos de los dedos de Perla.

Las dos estaban moviéndose de una manera tan exagerada que no sabía si estaba presenciando una fusión o un concierto de música urbana.

Perla, con el rostro enrojecido, murmuró entre dientes que eso era indigno.

Yo solo asentí, conteniendo una carcajada.

Y justo entonces, una explosión de luz llenó la zona, haciendo que el aire vibrara.

Oh no, pensé, mientras la sombra colosal de la nueva fusión comenzaba a tomar forma frente a nosotros.

Jajajaja, es bueno estar de vuelta, bebé.

Soy Sugalite, la más fuerte y poderosa.

Steven y Perla se quedaron paralizados, sus ojos abiertos de par en par ante la enorme figura que se alzaba frente a ellos.

Hola, pequeñín, dijo la fusión inclinándose hacia Steven con una sonrisa que destilaba pura arrogancia.

Steven la observó en silencio.

Era tal como la recordaba, aunque esta vez se veía aún más imponente.

Su cuerpo, de un intenso tono morado, brillaba bajo la luz del sol.

Tenía cuatro brazos, tres ojos y una melena salvaje que recordaba a la de Amatista, aunque con la complexión robusta y poderosa de Garnet.

Una mezcla que emanaba pura energía y descontrol.

Hola, respondió Steven con tono seco.

Mira, pequeñín, cómo destruyo toda esta estructura.

No será nada conmigo, gritó Sugalite elevando su voz en un rugido triunfal.

Hazlo y ya, quiero irme a dormir, murmuró Steven, pasándose las manos por el rostro con cansancio.

¿Dormir?

¿Por qué querrías dormir cuando puedes ver mi destrucción?

exclamó Sugalite riendo como una maniaca.

Con un gesto altivo, extendió los brazos.

De su cuerpo emanó un brillo intenso, y dos armas aparecieron ante ella: el látigo de Amatista y los guantes de Garnet.

Ambas armas comenzaron a brillar y se fusionaron, formando una sola con un diseño extraño, mitad látigo, mitad guante.

Steven observó aquello con una mezcla de asombro y resignación.

Lentamente volteó a ver a Perla, quien estaba roja como un tomate, tapándose los ojos con una mano temblorosa.

Por qué te pones roja, pensé mientras una gota de sudor recorría mi sien.

S-sabes, Steven, vámonos, dijo Perla de pronto, agarrándome de la cintura como si fuera un saco de papas.

¿Eh?, pensé mientras era arrastrado a toda velocidad.

Entonces, una enorme piedra se desprendió de lo alto de la torre y cayó directo hacia nosotros.

Mierda, exclamé, activando el portal con un gesto rápido.

En un instante, ambos desaparecimos antes de ser aplastados por la roca.

El portal se cerró detrás de nosotros con un estallido, y la conexión se rompió en mil destellos de luz.

Me quedé en silencio unos segundos, mirando el suelo bajo mis pies.

Por qué siento que esto no debía pasar ahora, o…

¿fue después?, murmuré confundido, con esa sensación de que había roto algo en la línea del tiempo, otra vez.

Ambos llegaron al templo envueltos en un destello brillante.

Perla estaba visiblemente confundida; no había sido ella quien activó el portal, pero recordando cómo Garnet prefirió fusionarse con Amatista, decidió no hacer preguntas.

Con un gesto sereno bajó a Steven, como si fuera un niño que había llegado tarde a casa, y le revolvió el cabello con suavidad.

Steven la miró con una ceja levantada, completamente desconcertado.

Qué haces, pensó, mientras Perla le sonreía.

Vamos, chico, ve a descansar, murmuró con voz maternal antes de desaparecer en su habitación.

Steven suspiró, demasiado cansado para cuestionarla.

Caminó hasta su cama y se dejó caer en ella.

En el silencio de la noche, su gema brilló suavemente, pulsando como si guardara un secreto que ni él mismo conocía.

Al amanecer, abrió los ojos con expresión neutral.

Hola, Perla, dijo con voz seca al notar que la mencionada lo observaba desde el marco de la puerta con una mirada fija y algo perturbadora.

Ambos se quedaron viéndose durante unos segundos, el aire cargado de incomodidad.

Steven, sin decir una palabra, se puso las sandalias, tomó una toalla y la lanzó sin mirar hacia la cabeza de Perla antes de salir del cuarto con toda la calma del mundo, como si aquello fuera lo más normal del día.

Perla se quedó quieta, con la toalla sobre el rostro.

Al menos mírame, pensó, dejando escapar una pequeña lágrima que se desvaneció antes de tocar el suelo.

Steven llegó a la cocina y comenzó a preparar panqueques, tarareando una melodía improvisada.

Al escuchar pasos, volteó y vio a Perla acercarse.

Quieres?, preguntó con indiferencia.

Para nada, las gemas no necesitamos comer, respondió ella con frialdad.

Comen luz, lo sé, dijo Steven sin apartar la vista del sartén.

En qué momento te dije eso, murmuró Perla, frunciendo el ceño.

Lo soñé, respondió él con una sonrisa pícara.

Perla decidió no seguirle el juego.

Steven, aún medio dormido, hablaba sin filtro.

Sabes dónde están las chicas?, preguntó de pronto.

No las he visto, aunque Amatista siempre deja una nota cuando quiere comer.

Perla guardó silencio y miró hacia los cuartos vacíos.

Creo que no han vuelto, dijo con un tono que revelaba preocupación.

Steven dejó la espátula, cruzó los brazos y recordó la escena de la torre, el caos, la risa de Sugalite.

En la serie, su padre siempre terminaba envuelto en desastres, pero ahora él estaba solo, sin un adulto humano a quien culpar.

Tal vez sigan fusionadas, murmuró Perla con inquietud.

Crees que se vuelvan locas?, preguntó Steven con la naturalidad de quien comenta el clima.

Si permanecen tanto tiempo fusionadas, podrían perder el control.

Sus personalidades no son precisamente…

compatibles, dijo ella, mirando al mar.

Steven vertió el jarabe sobre sus panqueques con calma antes de hablar.

Entonces, resumió entre bocados, ahora mismo están locas, causando un desastre, y como no tenemos a Garnet con su visión del futuro, dependemos totalmente de la suerte para encontrarlas.

Perla lo miró con una gota de sudor bajándole por la sien.

Todo eso sacaste de lo que te dije?, pensó.

Este…

sí, admitió con una sonrisa tensa.

Pero, Steven, el mar tiene una nueva montaña o estoy loca?

Cómo aparece una montaña de la nada?, respondió él alzando la vista, pero su expresión cambió en cuanto miró hacia el horizonte.

No era una montaña.

Era Sugalite.

La fusión avanzaba por la playa con paso firme, moviendo las caderas con la arrogancia de una reina demente.

Su ojo central giraba de forma errática, y su risa resonaba como un trueno.

Parece que viene a por alguien, comentó Steven con media sonrisa.

Yo no vivo aquí, añadió mientras daba media vuelta hacia el portal, probando la reacción de Perla.

La mención se puso pálida, si es que podía ponerse más, y lo sujetó del brazo.

No, no, te quedas.

Aquí vives, eres el dueño de la casa.

Tienes que detenerla.

Eh?, respondió Steven sin comprender si hablaba en serio.

Quieres que me enfrente a una fusión nivel cien siendo nivel diez?

Ambos se quedaron mirándose, confundidos, hasta que Perla, desesperada, propuso con voz temblorosa.

Podríamos dejarla aquí, abandonar Ciudad Playa y mudarnos a otro país.

Steven la observó en silencio, sin expresión alguna.

Incluso podríamos llevar a tu padre, continuó Perla, intentando bromear, lo usamos de mascota o algo así.

Perla…, murmuró Steven con una sonrisa sombría.

Ella tragó saliva.

Sabes que vienes conmigo, dijo él mientras la tomaba del brazo y la arrastraba, con tres marcas negras de enojo formándose en su frente.

Perla, paralizada, era llevada como un saco de papas.

Estás seguro de que no quieres tener una mascota?, balbuceó.

Steven ni siquiera la miró.

Solo suspiró y convocó su escudo.

Perla, resignada, invocó su lanza.

Frente a ellos, Sugalite se detuvo con una sonrisa desquiciada.

Su ojo giraba sin parar, su presencia hacía vibrar la arena.

Qué loca, pensó Steven, observándola con una mezcla de miedo y fascinación.

Sugalite lo miró, pero pronto desvió la mirada hacia Perla.

Hola, pequeñita, murmuró con voz profunda y burlona.

Por qué me miras a mí?, dijo Perla con un temblor en la voz.

Me tienes odio?

Sugalite sonrió con crueldad, inclinándose hasta quedar a su altura.

Eres débil, susurró finalmente.

Steven solo pudo mirarlas con una expresión que gritaba “qué demonios está pasando”.

Fin capitulo 20.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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