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Steven Universe: ¿Soy que? Sobrecarga - Capítulo 21

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21: Capitulo 21: Arcoiris.

21: Capitulo 21: Arcoiris.

Ambos se tensaron al instante.

No era que Sugalite tuviera un odio personal hacia Steven, pero su locura parecía demasiado precisa, como si una fusión hubiera perdido la cabeza y, a la vez, pretendiera demostrarle algo a alguien.

Aquella demencia tenía método y filo.

Antes de que Perla fuera aplastada por la masa morada, lancé el escudo directo al ojo central de Sugalite.

Ella, al notar el proyectil, bajó el brazo para cubrirse y eso le dio a Perla el margen que necesitaba para esquivar.

Derecha, izquierda, dije en voz baja como un impulso que se convirtió en comando.

Ambos salimos corriendo.

Agarré el escudo antes de que Sugalite lograra partirlo en dos y alcé la voz con una mezcla de desafío y cansancio: hola chicas, parece que les gusta estar fusionadas, ¿no?

¿qué tal si hablamos por separado?

Sugalite cayó en una risa grave que retumbó en la arena.

Separados, dijo con una sonrisa malvada, si somos fuertes juntas, ¿para qué querríamos estar separadas?

Somos más fuertes que ustedes.

Ahora, pequeñín, te aplastaré hasta hacerte mierda.

La furia de la fusión vino como un huracán dirigido a mi cabeza.

Me maldije por haber abierto la boca y, por reflejo, esquivé un golpe descomunal que dejó tras de sí un cráter del tamaño de un coche.

La tierra vibró bajo mis pies y un olor a polvo y metal quemado llenó el aire.

Sin pensarlo, me deslicé hacia los brazos de Sugalite mientras ella, confundida por la velocidad, abrió lo que parecía un hueco entre sus defensas.

Alcancé su torso con la palma abierta y lancé un golpe seco hacia el ojo que había quedado desprotegido.

La sorpresa la sacó de quicio.

¡Ah!, gritó Sugalite con una voz que mezcló dolor y estupor, porque le había acertado justo donde antes no había podido.

La fusión tambaleó, sacudiéndose como si un peso invisible la hubiera golpeado desde adentro.

Arena y pequeños fragmentos de piedra volaron a nuestro alrededor.

Perla aprovechó el hueco que abrí con mi golpe y acertó otro directo al ojo lateral de Sugalite.

La fusión se llevó las manos a los rostros como si quisiera arrancarse la furia de la cara, y en ese gesto sacó los guantes de Garnet.

Reaccioné rápido y conjuré una burbuja para cubrirme, pero Perla no tuvo la misma suerte.

Cuatro puños, gigantescos y encadenados, chocaron contra nosotros.

Mi burbuja amenazó con romperse; no cedió por dureza, sino porque la sangre empezó a brotar de mi nariz, precio de la resistencia que consumió aquel impacto.

Mierda, pensé mientras salía volando; Perla salió despedida hacia el mar.

Me limpié la sangre con la mano y la curé como siempre, con la saliva y la costumbre, sintiendo el cosquilleo de las heridas cerrándose.

Sugalite se inclinó sobre mí con todo su odio concentrado, crees que podrás contra mí, ¿solo tú?

No estoy solo, respondí con una sonrisa, tengo a Perla, grité, aunque al mirar al lugar donde había caído vi a Perla flotando, inconsciente, pálida sobre la superficie como una muñeca de porcelana.

Mierda, no alcancé a terminar la palabra antes de conjurar otra burbuja, y esta vez la avalancha de puños la sacudió hasta hacerme tambalear.

Mierda, mierda, mierda, cojones, carajo, rezaba mi cabeza en un bucle feroz mientras sangraba y me curaba en oleadas, cada golpe llevándome al límite.

En ese fragor, mis pensamientos más esquizofrénicos se apagaron por un momento; quedó sólo una claridad primitiva: proteger a los que estaban a mi lado.

Arriba, los golpes de Sugalite retumbaban como martillos gigantescos, marcando el compás de una demolición que amenazaba con devorar la playa.

Perla, de espaldas a la superficie, miraba al cielo como si intentara leer un fallo en las nubes.

Soy débil, susurró mirando el vacío, Rose, te fallé, no pude proteger a tu hijo, a tu legado.

Mi diam…

no alcanzó a terminar la palabra; se cubrió la boca con las manos y dejó escapar un llanto que se perdió entre los estampidos.

Sus lágrimas pesaban más que el agua cuando caían.

Un grito desgarrador se escuchó: era Steven, dándolo todo en un esfuerzo que nadie había imaginado; su entrenamiento nunca había sido para esto.

En ese instante Perla recobró la conciencia y salió de sus pensamientos.

Perla gritó el nombre de Steven y corrió a toda prisa.

Él estaba cubierto de sangre, pero la burbuja seguía en pie.

Sugalite lo miró con altivez y dijo que quizá no era tan fuerte como ella, la gran Sugalite, y que iba a aplastarlo para que su gema hiciera poof.

Steven sudaba frío; no sabía si su conciencia era su gema, pero si no lo era, todo estaba perdido.

Rápidamente pensó una táctica y observó cómo Perla se acercaba con reticencia a hacer algo que no le gustaba, pero que tenía que intentar.

Se miraron; con una sonrisa de cansancio, Steven desactivó la burbuja y corrió hacia Perla.

Ella, al notar el movimiento, apretó el paso.

Estuvieron a centímetros de tocarse cuando Sugalite, sintiendo que algo malo iba a ocurrir, tomó su arma completa y la lanzó contra ambos.

Antes de que el proyectil llegara, Steven creó otra burbuja y, con el contacto de una mano medio humana y una gema entera, produjo un brillo que cegó a Sugalite temporalmente.

La fusión gigante no pudo apartar enseguida los ojos llorosos por el resplandor y recibió un puñetazo tan fuerte que sus ojos se abrieron por la sorpresa.

Sugalite gritó mientras salía disparada hacia el mar con saliva corriendo por la boca; al recobrar la vista, enfocó a una mujer.

La nueva fusión parecía igual de sorprendida; otra mujer, se dijo con una gota de sudor, esto es nuevo, aunque enseguida dirigió su atención de nuevo a Sugalite.

La mujer, furiosa, preguntó quién era, con una rabia capaz de romper la montaña detrás de la recién formada fusión.

La otra, con la mano en el mentón, se preguntó su propio nombre, y Sugalite, desconcertada, espetó que era el momento de ponerle un nombre y que qué clase de broma era eso.

Antes de que la tensión escalara más, la fusión recién formada juntó el escudo de Steven y la lanza de Perla en una nueva arma: un paraguas con una diferencia visible respecto al original, cubierto de púas y un poco más rudo.

Sabes, mi nombre no lo cambiaré: seré Cuarzo, Cuarzo Arcoíris, dijo ella.

Sugalite la miró confundida, pero de inmediato corrió hacia ella diciendo que la mataría, totalmente furiosa.

La fusión recién formada, Cuarzo Arcoíris, sonrió, se subió encima de su paraguas y empezó a volar.

Sugalite no entendía y Cuarzo Arcoíris, con una sonrisa burlona, dijo que no parecía tan fuerte y la llamó come mierda.

Sugalite respondió que era la más fuerte y salió volando hacia ella; Arcoíris la esquivó con varias posturas, con clase y burla, diciéndole que podía dar más, que era su vida, su terroncito de azúcar, pequeñita.

Sugalite, furiosa, lanzaba golpes al azar.

Arcoíris se estaba partiéndose de risa según los pensamientos de Steven; se cubrió la boca para que Steven no supiera algo que no debía.

Cuarzo, con los ojos un poco entornados, miró a Sugalite con una sonrisa pícara y la llamó gorda pequeña.

Sugalite, hecha una furia, levantó su arma que se plegó como un látigo extraño y fue hacia Cuarzo Arcoíris.

La mencionada corrió con una sonrisa desquiciada y, cuando el guante estuvo apunto de golpearla, hizo un backflip totalmente necesario; con un tirón de su paraguas lanzó el guante con aún más fuerza hacia Sugalite.

Sugalite soltó una maldición que no llegó a completarse porque un PUF retumbó.

La gema grande se rompió con el golpe.

Amatista y Garnet estaban en el suelo como si la batalla las hubiera agotado; Cuarzo Arcoíris bajó con total tranquilidad, como si no hubiera destruido a una fusión de tres, y saludó a las chicas con una sonrisa.

Amatista, todavía jadeando, dijo algo incomprensible mientras se recuperaba; Amatista, sacando una gota de sudor, estuvo totalmente de acuerdo.

Garnet, con la cara en la arena, respondió sin comentarios.

Arcoíris sonrió y dijo bueno.

Amatista se incorporó un poco y, confundida, preguntó por qué seguían fusionadas.

Cuarzo Arcoíris se quedó en silencio y una gota de sudor frío le recorrió la sien: Steven no estaba tan bien y si se desfusionaba caería desmayado, así que decidió llevarlo a su cuarto.

Y nosotras, preguntó Amatista con miedo al ver que el agua casi le llegaba a los pies.

Si puedes destrozar a Steven, pueden caminar, respondió Arcoíris.

Así pasó el día: una fusión que casi los mata, Steven resignado a desfusionarse, Garnet más asustada por los comentarios de Steven y Amatista, bueno, solo era Amatista.

Fin capítulo 21.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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