Steven Universe: ¿Soy que? Sobrecarga - Capítulo 23
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23: Capitulo 23: Tiempo.
23: Capitulo 23: Tiempo.
Nota del autor: Muchas gracias por todas las piedras de poder.
Esta semana rompimos un récord con más de cuarenta, algo que realmente me sorprendió.
También llegamos a casi cuarenta mil vistas, y eso me emocionó muchísimo.
Sigan trayendo sus piedras de poder y dejando sus recomendaciones, porque de verdad eso me motiva a seguir escribiendo y traerles nuevos capítulos.
Hagamos un trato, chicos: si llegamos a cincuenta piedras de poder (sé que es difícil, pero confío en que podemos lograrlo), traeré tres capítulos el mismo día pero seria la otra semana, ya que luego me da un derrame cerebral.
¿Qué les parece?(Recordatorio es solo 1 día hasta que vuelva a poner una meta).
Y si pueden dejar sus reseñas para tener una tabla de estrellitas más específica, sería genial.
Muchas gracias a todos por el apoyo <3.
Por cierto, este capítulo es una recomendación, aunque con un toque personal mío.
Gracias de verdad por el apoyo <3.
Steven se quedó mirando con expresión confusa, alzando una ceja mientras observaba a las gemas.
Quería que fuera una misión acuática o algo así.
Amatista solo sonriendo, como si la idea le pareciera divertida.
Bueno, murmuró Steven bajando los hombros.
Era temprano por la mañana, y solo Amatista y Perla estaban en la cocina preparando los últimos detalles.
Entonces, preguntó con un tono desconcertado, ¿quieren que vayamos a una misión solo nosotros tres?
Perla respondió con un sí algo apresurado, confirmando la idea.
Garnet quería ver cómo se desenvolvían en una misión sin su ayuda.
Amatista lo repitió con una sonrisa de entusiasmo.
Entonces qué, viejo, ¿vamos?
¿Tengo elección?, respondió Steven con un tono seco.
No, dijo Amatista divertida mientras lo cargaba como si fuera un saco de papas y lo llevaba directo al portal.
Sabe, puedo caminar, protestó Steven con el ceño fruncido.
Lo sé, contestó Amatista divertida mientras lo sacudía un poco.
Perla solo negó con la cabeza, suspirando mientras los seguía con paso elegante.
Oigan, pero ¿puedo comer?
No, respondieron ambas al mismo tiempo.
Steven suspiro resignado.
El portal se activó con un sonido vibrante, envolviéndolos en una luz que los llevó a una nueva aventura.
El zumbido del portal se desvaneció, y las tres figuras emergieron en un paisaje submarino.
Steven observará el entorno, con burbujas que se desplazarán lentamente a su alrededor y una tenue luz azul que se filtrará desde la superficie.
Esto se me hace familiar, pensó mientras miraba a su alrededor.
Bienvenido, Steven, dijo Perla con ese tono suyo que mezclaba sabiduría y dramatismo.
Bienvenido al Santuario del Mar, un monumento gema que alberga el reloj del tiempo.
Es a lo que venimos.
Este lugar es muy peligroso, necesitamos tener cuidado.
Si escogemos mal uno de los muchos relojes que existen aquí, podría activar una trampa mortal para cualquiera que no sea una gema.
Incluso nosotras, por la presión submarina, podríamos perecer.
Amatista cruzó los brazos, observando el lugar con desinterés.
En sí, Steven, no agarras nada y déjanos analizar a nosotras, las grandes, cuál reloj es el importante.
Steven no respondió.
Estaba de mal humor por no haber desayunado, así que solo las espantó con un movimiento de mano.
Vayan, yo caminaré y no tocaré nada.
Así, los tres se separaron en distintas direcciones, cada uno perdiéndose entre las sombras azuladas del santuario.
Steven caminaba por los largos pasillos del santuario, recordando que en la serie aquello parecía un lugar pequeño, pero ahora todo se veía mucho más amplio.
Con una sonrisa pensó que probablemente lo habían remodelado.
Observó los cristales reforzados que mantenían la estructura estable bajo el agua y que, además, ofrecían una vista espectacular del océano exterior.
Debería estar asustado, pensó, después de todo, Diamante Azul había venido a la Tierra.
Pero ya no lo sorprendía tanto.
La había visto en aquel sueño, aunque según recordaba, en la serie ella visitaba a menudo el sitio donde estaba el palanquín en el que Diamante Rosa había sido destruida.
Caminaba con las manos en los bolsillos, atento a cualquier detalle, mientras reflexionaba sobre lo sucedido.
Si realmente me hubiese expuesto de alguna manera, sería un error tremendo, se dijo.
Aún recordaba la presión que sintió en aquel sueño; si no fuera por su rapidez mental, probablemente habría colapsado.
Una leve sonrisa se dibujó en su rostro mientras pensaba que si hubiera sido el Steven original, ni tres segundos habría durado allí.
Ya estaba alcanzando un nivel superior, aunque todavía le faltaba aprender a volar.
Salió de sus pensamientos al llegar a una gran cúpula.
Era mucho más grande de lo que recordaba y estaba repleta de relojes distintos a los anteriores.
Vaya, murmuró antes de gritar con entusiasmo.
Chicas, lo encontré, vengan.
Pasaron unos segundos antes de que las gemas llegaran.
Las otras zonas no llevaban a nada, dijo Amatista con frustración, rascándose la cabeza.
Realmente tienes suerte, Steven.
Perla asintió mientras analizaba cada reloj con cuidado.
Miremos todos, pero por favor, no toquen nada.
No queremos ahogarnos aquí o, peor aún, ser destruidas.
Amatista sintió un escalofrío y asintió de inmediato, mientras los tres se distribuían por la cúpula para observar los relojes.
Este se ve bien, dijo Amatista señalando uno al azar.
No, respondió Perla con firmeza.
Recuerdo que era más redondo y más grande.
¿Será este?
preguntó Steven solo para mantener las apariencias, señalando el reloj más grande de todos.
Ay, mi pequeño Steven, eres muy joven, dijo Perla dándole unas palmaditas en la cabeza.
Steven la miró confundido.
¿Qué tiene que ver la edad con eso?, preguntó con curiosidad genuina.
No sabes cómo es, respondió ella con simpleza.
¿Y tú sí?, replicó él alzando una ceja.
Unos segundos incómodos pasaron mientras Perla cerraba los ojos y se quedaba completamente quieta.
Finalmente suspiró y murmuró con voz baja.
Es redondo y grande.
En pocas palabras, dijo Steven con una sonrisa pícara, no sabes cuál es.
Amatista no pudo contenerse y estalló en carcajadas, mientras Perla se sonrojaba de la vergüenza.
Bueno, ¿y qué?, respondió con un resoplido de falsa indignación.
Oh, vamos, dijo Steven mirando a su alrededor.
Sabes qué, este es redondo, pero es pequeño, comentó señalando un reloj diminuto.
Las dos gemas miraron en silencio durante unos segundos y luego se echaron a reír tan fuerte que Steven pensó que algunos relojes se habían roto con la vibración.
Qué diría secamente.
Oh, vamos, diría Amatista con su tono burlón, ¿crees que de alguna manera el Reloj del Tiempo sería esa pequeñez?
Se perdería en cualquier lado, agregó Perla con una sonrisa.
Sabes, es este, diría ella agarrando el reloj que había señalado, olvidando por completo las risas que impedían que cualquiera se moviera.
Perla y Steven la mirarían con una expresión robótica.
Mierda, diría Amatista al darse cuenta.
De la nada, un sonido que claramente no anunciaba la llegada de pasteles llenó el lugar.
Corran, carajo, grité mientras tomaba el Cristal del Tiempo.
Amatista y Perla agarraron cualquier reloj que encontraron y salieron corriendo.
Carajo, carajo, carajo, repetíamos los tres.
Y si nos fusio— intentó decir Perla, pero Steven gritó desesperado: ni lo pienses, carajo, ¡corre más, corre, Forrest, corre!
Los tres alcanzamos el portal justo en el momento en que íbamos a sumergirnos en él.
Bueno…
Garnet salía de su habitación, tranquila, convencida de que aunque la misión fallara, los chicos preferirían regresar con las manos vacías antes que causar un desastre.
Luego iríamos los cuatro a una nueva misión y podría hablar con Steven; todo planeado.
Qué lista que eres, Garnet, pensó con una sonrisa satisfecha.
Pero algo la interrumpió: el portal se activó.
¿Eh?, murmuró apenas.
Y con un chasquido, de la nada, el océano entero se vino encima de ella.
Este futuro, pensó Garnet con una gota de sudor bajando por su sien.
El océano se vació por completo dentro de la casa y, entre el caos, aparecieron tres figuras.
Steven estaba incrustado en una columna, de cabeza, con un pez en la boca.
Amatista sostenía un delfín en las manos, mirándolo totalmente confundida.
Y Perla…
bueno, Perla corría desesperada por encima del agua, mientras dos cangrejos la pellizcaban sin piedad.
Garnet los observó en silencio, completamente confundida ante el espectáculo frente a ella.
No preguntaré, dijo secamente, manteniendo su compostura mientras los tres chapoteaban.
Pero…
¿por qué?, alcanzó a decir finalmente, sin entender absolutamente nada.
Un error, diría yo desde arriba.
Cosas pequeñas, pensaba mientras observaba el pez que tenía en las manos y que, por alguna razón, seguía vivo.
Sin pensarlo mucho, lo lancé por la puerta abierta y lo dejé caer al mar…
si es que seguía con vida.
Garnet me miró confundida, pero luego dirigió la vista a Perla, esperando que ella explicara lo que acababa de pasar.
Amatista gritaba mientras unos cangrejos la pellizcaban sin piedad.
Garnet la observó con esa expresión imperturbable de siempre, mientras Amatista, sosteniendo un reloj en la mano, trataba de justificarse.
Bueno…
dijo encogiéndose de hombros al notar la mirada juzgadora de Garnet, estábamos hablando y…
se me olvidó a qué íbamos.
Así que agarré lo primero que tenía a la mano, ¿de acuerdo?
Garnet permaneció en silencio varios segundos.
Su silencio era tan incómodo que hasta los cangrejos dejaron de moverse.
Finalmente suspiró y dijo con calma: saben qué, hagan lo que quieran, me voy.
Dicho eso, se dirigió a su habitación sin añadir palabra, pero Steven notó un pequeño destello antes de que la puerta se cerrara.
Luego otro.
Y justo antes de poder ver algo más, la puerta se selló por completo.
Steven parpadeó confundido.
¿Y ahora por qué se separaron?, pensó bajando los hombros antes de levantarse.
Bueno, ya que Amatista hizo este desastre, ella lo limpia.
Y antes de que digas algo, añadió mirándola con seriedad, Amatista abrió la boca, pero decidió cerrarla sin decir nada.
Lo limpias bien, no como tu habitación.
Agarré los peces y a los cangrejos, que para la frustración de Perla no me hicieron nada, y con gusto se subieron a mis hombros.
Nos vemos, dije con una sonrisa mientras me cambiaba de ropa y salía de la casa junto a mis nuevas mascotas.
Perla miró a Amatista.
Te voy a ayudar…
solo por hoy.
Gracias, dijo Amatista con una sonrisa agradecida.
Gracias otra vez, repitió mientras se levantaba.
Solo…
hagámoslo, murmuró Perla negando con la cabeza.
Steven caminaba por la playa dejando a los animales de regreso en el mar.
Hasta luego, maripositas, dijo, antes de quedarse en silencio pensando en la tontería que acababa de decir.
Bueno…
murmuró sacudiendo la cabeza, tal vez me coma unas papas.
No he comido nada, añadió con una gota de sudor, mientras buscaba dinero en los bolsillos de su chaqueta para comprarlas.
Ah, sí, dijo de pronto al ver la burbuja del tiempo que flotaba a su lado.
La observó durante varios segundos y, con una sonrisa traviesa, murmuró un poco en voz alta.
¿La uso?
La miró otra vez, pensativo.
Tengo la posibilidad de morir en una distorsión del tiempo o viajar a una línea paralela…
¿cómo hicieron esto las gemas?
Ni idea.
¿Por qué?
Tampoco tengo idea.
Luego miró hacia su gema y habló como si alguien pudiera responderle.
Tú qué dices, madre, ¿vamos a otro tiempo o al pasado o…
a donde sea que me lleve esta cosa?
Uno para no, dos para sí.
Obviamente brilla, dijo alzando la voz.
Unos pájaros lo observaron con cara de piedra mientras su gema emitía dos destellos seguidos.
Perfecto, exclamó con una risa maniática.
¡Por la ciencia!, gritó mientras activaba el artefacto.
Llévame hacia el futuro.
Un destello lo envolvió por completo y desapareció.
Y así, Steven apostó por ver un futuro suyo…
o quizás algo peor.
Apareció flotando en el aire.
Parpadeó, confundido, mientras miraba en todas direcciones.
¿Eh?, murmuró con duda mientras se limpiaba los ojos.
¿Y esto qué…?
Le resultaba vagamente familiar.
Un momento, aquí fue donde me encontré a la cabra, recordó con una gota de sudor resbalando por su mejilla.
Tremendo artefacto, comentó mirando la esfera, que brilló un instante antes de apagarse.
¡Roberta!, gritó de pronto.
O…
¿cómo se llamaba esa cabra?, pensó, ya que lo había olvidado por completo.
Bueno, pero no aparece, dijo finalmente, caminando hacia el portal.
Dio una última mirada a su alrededor y se fue a través de él.
No muy lejos de ahí, una cabra junto a varias cabras más grandes miraban a su alrededor, confundidas, antes de volver tranquilamente a donde vivían.
Mientras tanto, Garnet estaba en casa, sentada frente al televisor, cambiando de canal con el control remoto.
Vamos, chicas, dijo mientras usaba su visión futura para buscar algo interesante que ver.
Steven está con Connie afuera…
desde que las Diamantes lo tienen al límite.
Bueno, en realidad, no tiene un límite, suspiró Garnet.
Se lo hemos dicho muchas veces: es humano.
Pero bueno…
nunca nos hacen caso.
Perla asintió lentamente.
Las Diamantes todavía creen que, en algún momento, Steven despertará los recuerdos de Rose, como si no hubiera abandonado su forma física…
y como si no le hubieran quitado las gemas cuando era más pequeño.
Los tres se tensaron de inmediato ante aquel recuerdo.
Amatista estaba a punto de decir algo cuando, de pronto, el portal comenzó a encenderse.
¿Esperan a alguien?, preguntó Perla con cierta duda.
Para nada, respondió Amatista, un poco molesta por la interrupción.
El portal se desvaneció y, en su lugar, apareció una figura.
¿Steven?, dijeron las tres al unísono, completamente confundidas.
Recién llego y ya tengo a tres gemas del futuro, pensó Steven con una gota de sudor deslizándose por la mejilla.
Hola, saludó con una sonrisa.
Solo vengo por algo y me voy, añadió, caminando hacia la habitación, notando que había cambiado un poco…
parecía la de su versión futura, o algo parecido.
Viejo, ¿no estabas con Connie afuera?
Y…
¿por qué estás más pequeño?, preguntó Amatista arqueando una ceja.
Aunque te queda bien, añadió con una sonrisa juguetona.
Solo vine por algo, repitió Steven con una sonrisa.
¿Y qué pasa?, ¿no puedo cambiar de forma?, bromeó mientras salía de la habitación.
Nos vemos, chicas, dijo levantando una mano.
Pero justo en ese momento…
Steven adulto apareció en el portal.
Chicas, creo que no funcionó eso del casamiento, debería—.
Se detuvo en seco al ver a una versión más joven de sí mismo frente a él.
El joven Steven lo miró fijamente.
¿Qué me ves, wey?, dijo secamente, mientras su versión adulta lo observaba como si viera un espejismo.
¿Eres…
eres yo?, preguntó el mayor, totalmente confundido.
No, soy Batman, respondió el más joven con una sonrisa pícara.
El silencio se volvió tan espeso que solo se escuchó el zumbido del portal.
…
…
…
???
???
???
¿Batman?, repitió Steven grande, completamente confundido.
Eres yo, grande, dijo el pequeño fingiendo inocencia mientras lo señalaba con un dedo.
¿Cómo estás aquí, pequeño?
—preguntó el Steven mayor, empezando a sospechar la causa—.
No me digas que…
Por esto, respondió el joven con una risita, levantando el reloj del tiempo frente a su cara.
Ese reloj…
murmuró Steven grande con una mueca de malos recuerdos.
Es mío, así que no te lo vas a quedar.
Le saqué la lengua en respuesta, triunfante.
Steven grande permaneció en silencio, mirando con resignación.
Bueno, dijo finalmente el joven, creo que esto es algo confuso.
Tú serás Steven futuro, y yo seré Steven guapo.
¿Qué te parece?
¿Eh?
—dijo Steven futuro con dos gotas de sudor bajándole por la nuca—.
Soy guapo, ¿no crees?
Tú estás gordo, comentó Steven guapo con una sonrisa pícara.
¿Qué me pasó en esa línea del tiempo?, exclamó Steven futuro con la cara llena de incredulidad.
Así diría Amatista levantando una ceja.
Viejo, ¿qué nos ibas a decir sobre Connie o cómo era?, preguntó, claramente interesada en el chisme.
Ah, sí…
—dijo Steven futuro bajando la mirada, mientras el pequeño, Steven guapo, se quedaba al lado con tres rayitas de enojo flotando sobre su cabeza—.
Connie no quiso casarse conmigo.
Dice que somos muy jóvenes, explicó con un suspiro derrotado.
Todas las gemas intentaron animarlo, aunque yo solo lo miré con cara de palo.
Qué mierda, solté secamente.
Todos me miraron como si me hubiera peinado con una ola brillante y luces de fondo.
¿Qué?
Qué lenguaje, muchacho, dijo Perla con una risita nerviosa.
Steven guapo suspiró.
Sinceramente…
me voy, me la pelan, murmuró secamente mientras activaba el reloj y desaparecía rumbo a otro tiempo.
Steven grande se quedó mirando el aire.
¿…Qué?, alcanzó a decir todavía sin procesar nada.
Steven apareció en una zona desconocida.
La playa, murmuró dudando un poco, mientras observaba a su alrededor con calma.
Notó algo que le llamó la atención.
No está la casa.
Colocó una mano en su mentón y sonrió.
Elemental, mi querida gema, elemental.
Giró con curiosidad y notó una valla a lo lejos.
Interesante, dijo intrigado, caminando hacia donde recordaba que debía estar la casa.
Qué bonito, comentó observando el lugar.
Si sus recuerdos no le fallaban, todo se veía incluso mejor que en persona.
El suelo, la cueva, la estructura.
Se ve mejor que mi casa, pensó un poco atónito.
Caminó hasta el portal y decidió probarlo.
Si puedo teletransportarme…
interesante.
Se acercó a la puerta y con un brillo la intentó abrir.
Para su sorpresa, se abrió sin problema.
Sin decir nada, entró con calma.
De repente, apareció una figura familiar: una Rose Cuarzo, aunque era solo la versión predeterminada que él había configurado.
Vaya, dijo con la mano en el mentón, parece que mis configuraciones se mantienen.
Pero mejor la borro, luego me confundo.
Procedió a borrarla, aunque algo lo detuvo.
Una voz diferente, pero a la vez conocida, resonó detrás de él.
¿Quién eres?
Esa voz…
Steven se puso serio.
Miró tranquilamente hacia donde provenía el sonido y la vio.
Hola, mami, dijo con una sonrisa.
¿Eh?, respondió la mencionada, con evidente sorpresa.
Era Rose Cuarzo.
Tenía el cabello rosado, rizado, tan hermoso como su rostro redondeado pero delicado, que transmitía pureza y naturalidad.
Vestía un largo vestido blanco.
“¿Qué significará eso?”, pensó Steven mientras observaba a su madre del pasado.
¿Quién eres?, preguntó rápidamente Rose, recobrando sus sentidos.
No deberías poder entrar aquí.
¿Por qué no podría?, respondió con tranquilidad.
Era la primera vez que hablaba frente a frente con alguien que sinceramente había querido conocer.
Levantó su camisa, revelando su gema.
Eres una Cuarzo, dijo Rose con total confusión.
No una Cuarzo, corrigió Steven, levantando la mirada para verla directamente.
Un Diamante.
El silencio inundó el lugar.
¿Quién eres?, preguntó Rose ahora con mayor seriedad.
Soy tu hijo.
Bueno, no uno que nazca pronto, la verdad.
Digamos que soy una variante de tus decisiones.
Soy alguien que, si juegas bien tus cartas, solucionará los desastres que dejaste en tu larga vida.
Miró a su madre con una sonrisa cansada.
Seré tu descendencia, tu prójimo.
Digamos que soy una creación sin proyección.
Soy tú, pero a la vez no.
Soy alguien nuevo gracias a ti.
Alguien que puede, y lo hará.
Seré quien arregle el desastre que dejaste.
Rose se tensó, pero lo observó de otro modo.
Usaste el reloj del tiempo, ¿no es así?
Efectivamente, respondió con una sonrisa.
Eres muy inteligente.
Un punto para ti, añadió con un aire burlón.
Entonces…
¿tienes mi gema?, dijo Rose mirando hacia su estómago.
Y bueno, investigué algo sobre los humanos, comentó Rose con una mano en el mentón.
Vaya, pensó sorprendido Steven, esa parte no la mencionaban en la serie.
¿Entonces eres una decisión mía?, preguntó Rose.
Steven asintió con la cabeza mientras creaba una mesa, dos sillas y un par de tazas de té.
Tienes experiencia, comentó Rose saliendo de sus pensamientos.
Gracias, respondió Steven con una sonrisa.
Experiencia pura.
Pero déjame decirte, no fue fácil entrar a este cuarto.
Literalmente amenacé con destruir la puerta para que me dejara entrar.
Rose lo miró con otros ojos.
Entonces…
como lo llaman los humanos…
¿hijo?
Tú eres mi hijo.
Y si mal no recuerdo, bueno, necesito un macho, ¿no?
Steven se quedó mirándola con cara de “qué demonios”.
Bueno…, pensó tratando de imaginar su propio nacimiento.
Si ves a un humano pequeño, con el cabello largo y buen estilo musical, ese será la clave.
Rose lo miró en silencio.
Ah, sí, añadió Steven con naturalidad.
Tienes que ir a un concierto.
Si no sabes qué es, investígalo.
A mí no me digas nada, tú eres la que quiere un macho.
Dijo despidiéndose con la mano.
Rose solo lo observó con confusión.
Bueno, dijo finalmente, ¿necesitas algo?
Una pregunta, respondió Steven mirando su propio estómago.
Bueno, no vine porque quisiera.
Solo le pedí al reloj que me llevara a donde fuera.
Hace poco vi un futuro diferente, pero sinceramente no me gustó.
Pero volviendo al tema…
realmente creo que puedo tener algo bueno.
Solo tengo una duda.
Claro, dime, dijo Rose con calma.
¿Cómo puedes volar?
Mis poderes van con mis sentimientos, pero realmente he intentado todo.
Rose lo miró con una expresión serena, como alguien que había vivido demasiado.
Siendo sincera, mis sentimientos son la clave.
Si realmente no lo has conseguido, significa que aún no estás listo.
Puede que haya dejado algunas pistas para que las desbloquees mediante entrenamiento, una emoción muy fuerte o simplemente al azar.
Así que tienes varias opciones.
Steven se quedó callado en su silla, con tres rayitas de enojo en la frente.
Entonces, dependo totalmente de la suerte.
En pocas palabras, dijo Rose ahora con una sonrisa de oreja a oreja.
Bueno, estoy con las manos cruzadas, respondió Steven con resignación.
Fue un gusto, madre.
Realmente no quiero encariñarme y luego no querer volver a mi tiempo.
Pero si alguna vez necesitas algo de mí…
bueno, busca el reloj del tiempo.
Le mostró el reloj mientras sonreía.
Es este, no otro.
Así que sí, dijo mientras se acercaba a ella.
Sin decir más, la abrazó.
Rose se tensó al principio, pero al notar cuánto necesitaba ese gesto, simplemente permaneció en silencio, correspondiendo al abrazo.
Gracias, murmuró Steven, realmente lo necesitaba.
Al separarse, Rose notó las lágrimas que caían por las mejillas de su hijo del futuro.
Bueno, dijo Steven limpiándose los ojos, creo que es momento de volver a mi tiempo.
No quiero desaparecer de golpe.
Caminó hacia cualquier dirección, y Rose, en silencio, lo siguió.
Ambos salieron de la puerta del cuarto y caminaron hasta la playa.
Steven se giró hacia ella.
Sabes, madre, realmente fue una experiencia verte en persona.
No es lo mismo imaginarte que sentirte de verdad.
Sonrió ampliamente.
Espero estar a la altura de tus expectativas.
Sacó el reloj del tiempo, la miró una última vez y, con una sonrisa nostálgica, dijo: ¿Algunas palabras, madre?
Rose permaneció callada unos segundos antes de responder con una sonrisa que iluminó su rostro.
Te quiero.
Lo sé, murmuré, mientras una lágrima traicionera caía por mi mejilla y mi cuerpo comenzaba a desvanecerse en un brillo suave.
Rose miró el lugar donde antes estaba su futuro hijo.
Realmente parece que tengo mucho que hacer, murmuró con una sonrisa.
Parece que debo prepararme con antelación.
Dicho eso, caminó de regreso a su habitación.
Y así, sin darse cuenta, Steven viajó hacia su propio pasado.
Un pasado donde, si realmente no hubiera llegado, simplemente no habría nacido.
Nota del autor: Te preguntarás por qué Steven no viajó hacia su futuro.
Bueno, porque ese futuro aún no está escrito.
Él es el presente, el pasado y el futuro próximo.
No hay futuro…
porque él lo es.
Un poco confuso, ¿verdad?
Gracias por el apoyo.
Si llegamos a unas veinte estrellitas, intentaré traerles otro capítulo lo más rápido posible.
Fin del capítulo 23.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com