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Steven Universe: ¿Soy que? Sobrecarga - Capítulo 25

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25: Capitulo 25: Robots 25: Capitulo 25: Robots Amatista cruzaría los brazos con expresión cansada mientras observaba el lugar.

Vamos chicas, si ya vencimos a la gema de la babosa del viento, ¿qué más hacemos aquí?

pensaría mientras se balanceaba en una rama, moviendo los pies en el aire con evidente aburrimiento.

Vamos Amatista, si Garnet nos dijo que nos quedáramos fue por algo, ¿verdad Garnet?

diría Perla con tono tranquilo.

La mencionada estaba de pie, concentrada, dejando que el viento pasara a su alrededor mientras farmeaba aura.

Así se farmea, ¿verdad Steven?

diría Garnet dirigiendo la mirada hacia el chico.

Por supuesto, respondería Steven con una sonrisa confiada, aunque tiene un efecto secundario.

Serás brutalmente apaleada después de farmear tanta aura.

Garnet lo miraría confundida, sin entender a qué se refería.

¿Y por qué no me dijiste ese efecto?

preguntaría ella con seriedad.

Para saber si este efecto también es en gemas, es una hipótesis.

Toda hipótesis debe ser comprobada, ¿sabes?

diría Steven con aire científico.

Garnet lo miraría con una gota de sudor bajando por su sien y sin decir más seguiría farmeando aura.

“Qué aurora” pensaría Steven con orgullo, inflando el pecho como si acabara de descubrir algo importante.

Bueno, ¿y qué esperamos?

diría Steven saliendo de su pequeña esquizofrenia momentánea.

Garnet seguiría concentrada, y con una pose digna de JoJo sacudiría sus lentes y diría, esperamos que pase algo.

Pasarían unos segundos en los cuales nadie diría nada.

“Increíble información” pensaría Steven con el rostro inexpresivo.

Sinceramente, mejor hubieras dicho algo más sabio, -100 de aura Garnet.

Sigue así y perderás todo lo ganado, agregaría con tono burlón.

Luego voltearía a ver a Perla y Amatista con una sonrisa traviesa.

Entonces chicas, ¿unas damas o qué?

Por qué no, diría Amatista bajando tranquilamente del árbol.

Perla sacaría el tablero de damas y los tres comenzarían a jugar mientras Garnet continuaba farmeando aura como si nada.

Pasarían literalmente doce horas en las cuales Steven y Amatista serían brutalmente derrotados por Perla, quien se jactaba con una sonrisa de locura por ir ganando 200 a 0.

“Parece una villana de cuarta” pensaría Steven rendido.

El chico estaba en una posición tan patética que cualquiera podría notar lo destruido que se sentía por tantas derrotas, y Amatista simplemente le seguía la corriente, ambos recostados dentro de un hoyo que habían cavado para dramatizar su derrota.

No sean exagerados, diría Perla intentando contener la risa ante la escena ridícula.

No nos levantaremos, dijo Amatista con una firmeza exagerada, estaremos aquí hasta que venga el guerrero dragón.

Steven miraría al cielo estrellado con calma.

“Qué buenas estrellas” pensaría con una sonrisa serena, ignorando completamente que a su lado Amatista y Perla ya estaban empezando a pelear.

Garnet se sentaría a su lado luego de haber estado de pie todo ese rato.

Son bonitas, ¿no?

diría ella después de unos segundos en silencio.

Por supuesto, si tienes una imaginación como la mía, mirarás cosas que nadie puede ver, respondería Steven con confianza, señalándose con el pulgar.

Ah, ¿sí?

preguntaría Garnet con una ceja levantada.

Por supuesto, diría Steven mientras señalaba unas estrellas agrupadas.

Mira esas, se parecen a una pirámide egipcia donde dentro hay una colonización maya.

Garnet solo lo observaría en silencio con una expresión que mezclaba confusión y resignación.

Oh, vamos, diría Steven insistente mientras señalaba otro grupo de estrellas.

Esta está fácil, tiene apariencia de león.

Garnet miraría hacia arriba y asentiría lentamente con tono robótico.

Sí, claro, lo que digas.

A ver, señala una, diría Steven recostándose y colocando las manos detrás de la cabeza.

Garnet miraría el cielo al azar y apuntaría hacia cualquier dirección.

Esa, esa tiene figura de un plátano.

“¿Plátano?” pensaría Steven con la mirada en blanco.

Plátano, repetiría Garnet totalmente segura de sí misma.

Steven volvería a mirar las estrellas, intentando encontrar lo que ella veía, pero ni en su imaginación más loca podría visualizar algo parecido a eso.

“Si eso te hace feliz” pensaría mientras soltaba una pequeña risa nerviosa, con una gota de sudor bajándole por la sien.

Voltearía la mirada hacia donde estaban Perla y Amatista.

La última se había transformado en Perla y ambas reían y bromeaban sin parar.

Steven sonreiría con calma, disfrutando el momento mientras volvía a mirar las estrellas.

Tremendo, diría un poco más alto de lo normal, haciendo que Garnet lo mirara con curiosidad.

¿Qué pasa?

preguntaría ella.

Creo que la falta de sueño ya me está afectando, diría Steven parpadeando varias veces.

Estoy viendo una estrella que parece estar cayendo hacia aquí.

Garnet se levantaría de inmediato, su expresión se volvería seria y miraría hacia el cielo.

Y efectivamente, una luz descendía a gran velocidad.

Eso no es una estrella, diría ella con tono grave.

Perla y Amatista detendrían su pelea y mirarían hacia arriba, notando cómo aquella supuesta estrella se estrellaba a la distancia, levantando una enorme columna de humo.

Amatista, modo helicóptero apache, ordenaría Steven poniéndose de pie.

A la orden, jefe, respondería ella transformándose en un helicóptero con una sonrisa confiada.

Los cuatro se elevarían hacia el cielo, surcando el aire mientras Steven observaba desde lo alto la densa nube de humo.

“Eso está demasiado bien apuntado, ¿no creen?” pensaría en voz alta.

Esto es raro, diría Perla con preocupación.

En todos los años que hemos estado aquí, nada igual había pasado.

Los cuatro aterrizarían cerca del cráter y mirarían hacia el interior del meteorito con una mezcla de tensión y curiosidad.

creen que sea un alien diria con una mano en el menton, si es asi, le pido ponerle raul, amatista se subiria a mis hombros y estaria feliz, ahora si, si es una alien es raul, raul el alien meteoro, amatista y steven estarian hablando en como la metorito ahora se llamara raul.

“¿Creen que sea un alien?” pensé con una mano en el mentón.

“Si es así, quiero ponerle Raúl.” Amatista se subió a mis hombros riendo y levantó los brazos como si celebrara.

“Ahora sí, si es un alien, será Raúl, Raúl el alien meteoro.” Ella y Steven empezaron a hablar emocionados sobre cómo el meteorito ya tenía nombre.

Garnet, dijo Perla en un tono más serio, ¿crees que sea de ese lugar?

Garnet permaneció en silencio unos segundos antes de responder.

Probablemente.

En ese momento se escuchó un ruido dentro del humo.

Amatista y Steven se pusieron serios, mirando hacia la densa nube gris que cubría el cráter.

El humo comenzó a disiparse lentamente, y cuando se fue por completo, todos nos quedamos con la misma expresión: cara de palo.

“¿Una pelota verde?” dijo Amatista atónita.

“Podremos jugar baloncesto.” Steven la observó con curiosidad.

“Me parece conocida…” pensó, llevándose la mano al mentón.

Perla, dijo Garnet invocando sus guantes.

Entendido, respondió Perla con firmeza.

Ambas se posicionaron al norte y sur del objeto.

“Es pequeña…” comentó Amatista rascándose la nuca, mientras Steven caminaba hacia la bola sin decir una sola palabra.

“Puede ser peligroso,” advirtió Garnet con voz grave.

Perla y ella apuntaron con sus armas listas.

Steven seguía avanzando sin inmutarse, lo que hizo que las chicas se tensaran aún más.

“Steven, quédate quieto, no te muevas, es peligroso,” dijo Perla, un poco asustada.

“Tranquilas, Raúl es pacífico,” comentó mientras levantaba la bola verde para verla mejor.

“Interesante,” añadió con la mano en el mentón.

Al notar que no pasaba nada, las chicas se acercaron con cautela.

“Eso fue peligroso,” murmuró Garnet mientras me daba una palmada en la nuca.

Y con su guante, vaya que dolió.

“Ay,” me quejé, rascándome la cabeza antes de dejar caer la esfera.

Esta golpeó el suelo con un sonido sordo.

Miré hacia abajo, y las chicas hicieron lo mismo.

La bola comenzó a temblar suavemente.

“Ostia, se puso nervioso,” pensé con una risita, mientras las demás se mantenían alerta.

De pronto, unas piezas superiores se separaron, formando unas patas extrañas.

La bola comenzó a girar sobre sí misma hasta quedar de pie.

Antes de que las chicas pudieran atacar, el silencio se apoderó del lugar, y todos contuvimos la respiración, expectantes ante lo que estaba a punto de suceder.

Se volteó hacia todos lados, observando su entorno con curiosidad, hasta que su mirada se detuvo en el portal que se encontraba a lo lejos.

Caminó tranquilamente, como si no estuviera rodeado por cuatro gemas que podrían hacerlo papilla sin esfuerzo.

Antes de que alguna intentara atacarlo, Garnet levantó una mano frente a las chicas para detenerlas.

Perla la miró confundida, preguntándose qué hacía.

Garnet permaneció en silencio, observando al ser con atención antes de decir que lo dejaran ir y que lo siguieran.

Steven, que todavía estaba viendo fijamente a la criatura redonda y verde, asintió después de unos segundos y empezó a correr detrás de ella junto a las demás.

Amatista, algo confundida, notó que la criatura se dirigía hacia el portal, mientras Perla, sin dudarlo, se colocaba en posición frente a la puerta luminosa.

La criatura, sin embargo, se movía con una lentitud desesperante.

“Eso, criatura, tú puedes, deberías llegar aquí cuando ya muera de viejo”, pensé con falso entusiasmo mientras el tiempo pasaba y cada segundo se hacía eterno.

Finalmente, la criatura llegó.

Amatista, ya aburrida, murmuró algo con fastidio justo cuando el portal se activó.

En ese instante, una columna de luz nos envolvió a todos.

Durante el viaje, a Steven se le ocurrió la genial idea de preguntarse qué se vería al otro lado del portal.

Y claro, sin medir consecuencias, se colocó una burbuja en la cabeza y, ante las caras pálidas de las tres gemas, asomó la cabeza por la luz.

Mientras observaba por todos lados, noté algo inquietante.

“Obviamente no somos los únicos.” Amatista, que no necesitaba oxígeno, hizo lo mismo y observó conmigo, totalmente confundida.

Las otras chicas la imitaron, y sus expresiones no fueron menos sorprendidas.

“Tremendo”, murmuré con voz distorsionada por la burbuja.

Al salir, llegamos a una zona repleta de portales.

Perla, con las manos en la boca, parecía horrorizada, como si aquella estructura hubiese destruido a toda su familia.

Garnet mantenía los puños cerrados, conteniendo una furia silenciosa.

De pronto, el portal detrás de nosotras comenzó a parpadear como una discoteca intergaláctica, brillando intermitentemente por varios segundos, hasta que aparecieron los hermanos de la esfera.

“Son pequeños Raúles”, pensó Amatista con diversión.

Yo simplemente observé con una mano en el mentón, intentando procesar lo que estaba viendo.

Garnet seguía seria, sin moverse, y Perla esperaba una orden que nunca llegó.

Confundida, Perla preguntó si no íbamos a destruirlos, pero Garnet se limitó a ajustarse las gafas durante varios segundos antes de responder con calma que los dejáramos hacer lo que tuvieran que hacer.

Todos quedamos en shock, menos Steven.

Aunque las cosas eran diferentes a la historia que recordaba, él mismo sabía que era el cambio.

Las cuatro gemas observaban atentamente lo que hacían los Raúles “”””los cuales eran las esferas, pero prefería seguir llamándolos así porque me daba demasiada risa pensarlo”””””.

Los pequeños seres rodearon el portal más grande, el del centro, y comenzaron lo que parecía una invocación.

Sentí una gota de sudor recorrer mi frente.

De la nada, todos se abalanzaron contra el portal, rodeándolo como piojos en un cabello.

Las chicas los miraban confundidas mientras las pequeñas esferas sacaban algo que parecía una pajita.

A primera vista parecía inofensiva, hasta que comenzó a disparar un líquido de dudosa procedencia.

En cuestión de segundos, el portal quedó completamente cubierto, y después de un breve resplandor, puck, estaba como nuevo.

Steven observó aquello con una mezcla de asombro y diversión, retrocediendo unos pasos.

“Qué loco”, pensó mientras las gemas aún no procesaban lo que acababan de ver.

Perla, con los ojos abiertos de par en par, empezó a balbucear.

Estaba completamente aterrada.

No podía creer lo que veía.

Se sacudió la cabeza con desesperación, murmurando entre incredulidad y horror que habían reparado el portal.

Amatista, por su parte, seguía siendo Amatista; observaba la escena con media sonrisa, sin entender del todo pero disfrutando del caos.

Garnet se mantenía seria, sus lentes reflejaban la luz del portal recién restaurado.

Antes de que pudiera decir algo, los pequeños robots se reunieron y emitieron una señal, como si estuvieran avisando a alguien más.

A muchos años luz de distancia, en el planeta madre, una Peridot caminaba mientras manipulaba sus dedos, que se reacomodaban formando una especie de pantalla táctil.

En ella podía ver el progreso de su misión actual, marcada con el nombre “Cluster”.

Aquello la mantenía con la gema en tensión; era un trabajo difícil, incluso para alguien como ella.

Si no fuera una de las mejores —si no la mejor Peridot, según sus propias palabras, por supuesto— ya habría sido evaporada.

Mientras caminaba por los pasillos metálicos, saludando con orgullo a sus superiores, una notificación parpadeó en la esquina de su pantalla.

Peridot la notó de inmediato y, con una sonrisa desquiciada, salió corriendo a toda velocidad.

Las rubíes que estaban cerca se apartaron al instante, sabiendo lo peligroso que era interponerse en el camino de una Peridot emocionada.

“Está loca”, comentó una rubí con la gema en la mejilla.

“Totalmente”, respondió otra con la gema en la pierna, mirando hacia donde había desaparecido su compañera.

“¿Y si vamos a ver si encontramos a la legendaria Jasper?” “Totalmente”, dijo la otra, con un brillo emocionado en los ojos, antes de que ambas salieran corriendo también.

Mientras tanto, Peridot llegaba al portal más cercano.

Una Perla encargada de seguridad le hacía la inspección de rutina, revisando que no llevara nada fuera de protocolo.

Peridot, impaciente, ya tenía sus herramientas preparadas.

Cuando finalmente le dieron el paso, adoptó una expresión seria y, con un destello brillante, desapareció en el resplandor del portal.

Volviendo con nuestros protagonistas, los tres estaban peleando cuando un sonido los paralizó por completo.

Un escalofrío les recorrió el cuerpo.

Era el sonido del portal a la distancia, uno que conocían demasiado bien.

Años de experiencia les habían enseñado a temer ese tipo de vibraciones.

En un instante, Garnet, la más rápida del grupo, reaccionó de inmediato.

Tomó a Perla y a Amatista del brazo y, con una patada, lanzó a Steven fuera del rango del peligro.

El pobre casi cayó al agua, pero Garnet lo atrapó justo a tiempo.

Steven quedó con una expresión de chibi desanimado, con un golpe en la cabeza del tamaño de una pelota mientras la miraba molesto.

“Solo dime que me tire, ya estaba en la esquina”, pensó con fastidio.

Garnet, sin mirarlo, solo murmuró con firmeza que se callaran.

Hizo que los cuatro fijaran la vista en el portal que se acercaba lentamente.

Pasaron unos segundos que parecieron horas hasta que el brillo comenzó a desvanecerse.

…

…

…

De pronto, una figura alta emergió del portal.

Su cuerpo era delgado, de un tono verde intenso que, aunque parecía no combinar con nada, se veía perfectamente equilibrado en ella.

Tenía unas gafas extrañas y una gema triangular invertida incrustada en la frente.

Sus manos y pies parecían de tecnología avanzada, casi robóticos.

La recién llegada observó el lugar con curiosidad, como si no entendiera por qué las diamantes habían escogido aquel sitio milenios atrás, en especial la diamante rosa.

Caminó lentamente, examinando todo con una mezcla de asombro y decepción, hasta murmurar algo que las gemas alcanzaron a escuchar.

“Parece que este lugar está muy viejo.

De milagro aún funciona el portal.

Si pudiera traer algunas herramientas de Bismuto, sería más eficiente.” Rápidamente anotó algo en su pantalla de dedos y luego revisó los demás portales.

En la misma interfaz activó una señal, y los Raúles que estaban quietos comenzaron a moverse.

Las gemas de cristal palidecieron al ver cómo los pequeños seres empezaban a reparar los portales que los rodeaban.

Dios mío, pensó Perla mientras observaba a la gema recién llegada trabajando con precisión.

Amatista, rascándose la cabeza, preguntó quién era.

Garnet respondió con voz seria que no lo sabían, que era una gema nueva, probablemente proveniente del planeta madre.

Su mirada se desvió hacia Steven, que aún se sobaba el golpe en la cabeza.

Garnet sintió un pequeño remordimiento, aunque lo disimuló enseguida, enfocándose de nuevo en la gema verde que no sabían si era aliada o enemiga.

La extraña observaba satisfecha cómo los portales eran restaurados y, con una sonrisa, tocó su pantalla para enviar un mensaje.

“Comando de informe, aquí Peridot Facet-2F5L Cut-5XG.” Amatista ladeó la cabeza.

“Se llama Peridot”, pensó con curiosidad.

Perla la miró sin entender, preguntándose qué tipo de gema podía tener un nombre así.

Garnet, por su parte, seguía en silencio; su visión futura no le mostraba nada de esto.

Steven, mirando la escena, pensó con asombro: “Vaya…

esto es nuevo.” La gema verde, ahora identificada como Peridot, se acercó al portal principal y comenzó a tomar fotos con su pantalla.

“Necesito pruebas de esto.

Luego me pasa lo mismo de antes”, murmuró con un toque de miedo.

Tomaba fotos de todo, del suelo, de los portales, hasta de los Raúles.

Pero de repente, uno de ellos tropezó y golpeó su pie.

Peridot entrecerró los ojos con desprecio.

“Qué patético.

Solo sirves para reparar portales.

Asco.

Si no fueras mi boleto a un premio de las diamantes, te daría a una rubí inútil.” Garnet escuchó eso y estuvo a punto de lanzarse sobre ella, pero Perla y Amatista la detuvieron con esfuerzo.

Entonces se escuchó un sonido seco, como algo rompiéndose.

Los cuatro voltearon a ver el lugar donde antes estaba Raúl…

o al menos lo que quedaba de él.

Amatista lo miró en silencio, con la voz apenas audible.

“Raúl…

segundos.” Steven solo la observó con una expresión vacía, la cara completamente en blanco.

Asco, pensó Peridot con desdén.

De su cintura sacó un pequeño dispositivo y lo sostuvo frente a sí con una sonrisa de superioridad.

En su pantalla se leía una frase que heló el ambiente: “Hasta luego, planeta patético…

o bueno, los días que te quedan.” Soltó una carcajada desquiciada que resonó en todo el lugar mientras su cuerpo era envuelto por el brillo del portal, desapareciendo en segundos.

Cuando el resplandor se apagó, el objeto que había dejado atrás comenzó a emitir un pitido breve y, de repente, los robots se desactivaron uno por uno, cayendo como muñecos inertes.

Era como si nunca hubieran existido.

…

…

…

El silencio invadió el lugar mientras los cuatro subíamos lentamente a la plataforma.

Perla, con la voz temblorosa, fue la primera en hablar.

Decía entre tartamudeos que el planeta madre tenía en la mira al planeta Tierra.

Amatista repitió esas palabras en voz baja, más seria de lo habitual.

En los últimos días, ambas habían hablado mucho de eso.

Sabían que el planeta madre había empezado a mostrar interés en la Tierra gracias a las investigaciones de Perla y, en parte, por la información de Garnet.

Garnet, con los puños apretados, caminaba entre los portales verificando que aún funcionaran.

Mientras tanto, Steven se acercó al portal central.

A su alrededor, todo era un cuadro extraño: Perla en un colapso emocional, Amatista intentando evitar que se rompiera, y Garnet furiosa con algo que no podía expresar.

Steven suspiró.

“Definitivamente, un día normal”, pensó, y las tres gemas lo miraron con una mezcla de incredulidad y exasperación.

“¿Qué?”, preguntó levantando una ceja.

“Se estresan por nada.” Invocó su escudo, que creció hasta alcanzar casi ocho metros de diámetro.

Con una sonrisa traviesa lo lanzó al aire, se apartó del portal principal y, con un simple gesto, hizo que el escudo descendiera con fuerza, rompiendo el portal en mil pedazos.

Las gemas se quedaron con la boca abierta.

Garnet había considerado hacer exactamente eso, pero Steven se le había adelantado.

El chico sonrió y murmuró: “Esa gema me puede pelar lo que viene sie—”, aunque no alcanzó a terminar, porque Perla rápidamente le tapó la boca.

“Lenguaje, muchacho”, le dijo con una lágrima en el rostro que nadie supo si era de felicidad, miedo o puro trauma.

Amatista, inspirada por Steven, se transformó en una versión gigante y musculosa de sí misma, comenzando a destrozar todos los portales, excepto el que los llevaba de vuelta a casa.

Garnet no tardó en seguir su ejemplo, golpeando con furia cada estructura que encontraba.

Perla, en cambio, se quedó a mi lado, mirándome con serenidad.

Me dijo que todo iba a estar bien.

“¿Lo dices por mí o por ti?”, pensé levantando una ceja.

“Ambos”, respondió sin dudar.

“Na, es justo”, añadí mientras observábamos cómo las demás seguían destruyendo el lugar.

“Bueno, bueno”, dije alejándome de Perla.

“Me voy.

Ustedes tienen que investigar una gema verde que parece la Navidad al revés, así que adiós.” Levanté una mano en señal de despedida.

“¿Hacia dónde vas?”, preguntó Perla con preocupación.

“Con Connie”, respondí antes de desaparecer entre los destellos de un portal.

El silencio volvió a reinar.

Las tres gemas quedaron atónitas mirando el punto donde Steven había estado segundos atrás.

“No parece preocupado, ¿verdad?”, comentó Amatista con una media sonrisa.

“Posiblemente sí, posiblemente no.

Quién sabe qué pasa por esa cabeza”, respondió Perla con frustración.

Garnet se ajustó las gafas, cerró el puño y, con una voz firme, declaró: “Tenemos que prepararnos.” Fin del capítulo 25.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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