Steven Universe: ¿Soy que? Sobrecarga - Capítulo 27
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27: Capitulo 27: Amarillo.
27: Capitulo 27: Amarillo.
Steven estaba con cara de palo, pensando qué ancestro había maldecido para tener esa suerte.
Frente a él se encontraba una figura enorme de tono amarillo, sentada con elegancia en un trono que parecía hecho de pura luz.
A su lado había otra gema, también amarilla, que la observaba con cierta confusión, intentando no cometer ningún error.
Mi diamante, dijo la gema haciendo el saludo tradicional que Steven ya había visto antes.
No la escuchaste, Perla, pronunció la figura con voz grave y dominante.
Por su color, no era difícil deducir quién era: la mismísima Diamante Amarillo.
Mierda, pensó Steven en voz alta, con un hilo de desesperación.
Diamante Amarillo levantó una ceja y dirigió la mirada hacia donde se suponía que él estaba, dejando a un lado la tableta que revisaba con atención.
Realmente no la escuchaste, repitió la gema con tono severo.
No, mi diamante, respondió su subordinada con rapidez, la Perla Amarilla, segunda al mando y claramente nerviosa.
Crees que he trabajado demasiado, preguntó la líder mientras se sobaba la frente con cansancio.
Perla titubeó, dudando entre decir la verdad o mentir para no acabar pulverizada.
Finalmente, optó por lo más seguro.
Realmente ha trabajado mucho estos milenios, no ha descansado nada, mi diamante, dijo con respeto y la voz algo temblorosa.
Diamante Amarillo la observó unos segundos en silencio, como evaluando sus palabras.
Tal vez necesite un descanso, murmuró finalmente.
Realmente sí, agregó Steven, sabiendo que ella no podía verlo.
Si por alguna razón lo atacaba, simplemente despertaría con el corazón a mil, así que decidió aprovechar la oportunidad para divertirse un poco a costa de una líder galáctica.
Diamante Amarillo guardó silencio unos instantes.
¿Qué eres?, preguntó de pronto, con la mirada fija en el vacío.
Soy tu conciencia, respondió Steven desde otro lado, intentando contener la risa.
La gema giró la cabeza con cautela, pero no encontró nada.
Solo podía sentir una presencia extraña a su alrededor.
Steven sonrió para sí mismo.
Si mis cálculos no fallan, pensó, este poder que he estado entrenando debe ser una rama de mi habilidad de conexión, una especie de acceso a los sueños.
Puedo entrar e interactuar sin ser notado.
Aunque, sinceramente, no quiero que una líder de una dictadura intergaláctica me descubra, y menos ahora que Peridot está a punto de llegar a la Tierra.
Diamante Amarillo permanecía pensativa, pero ambas salieron de sus pensamientos cuando Perla recibió un mensaje urgente.
Mi diamante, anunció con una reverencia, Diamante Azul acaba de llegar al planeta madre tras completar nueve nuevas conquistas.
Desea verla personalmente.
Perfecto, respondió Diamante Amarillo tras unos segundos.
Tráela.
Y cuando llegues, quiero que solo ella entre.
Las perlas se quedarán afuera.
No quiero a nadie husmeando.
¿Entendido?
Su voz se tornó más severa y unos rayos eléctricos recorrieron sus manos.
Entendido, mi diamante, respondió Perla con miedo, saliendo corriendo hacia la puerta hasta desaparecer.
La tienes bien domada, comentó la voz de Steven con tono burlón.
¿Quién eres?, preguntó Diamante Amarillo con seriedad, sabiendo que aquella presencia no pertenecía a su corte.
¿Quién soy?, respondió Steven, adoptando un tono tranquilo.
Soy Universe, alguien que está aquí por accidente.
Créeme, si por mí fuera ya me habría ido a ochenta millones de años luz de aquí.
Diamante Amarillo guardó silencio.
¿Y qué quieres?, preguntó finalmente, recostándose en su trono con calma.
Realmente nada, respondió Steven mientras se sentaba frente a ella, aunque la gema no podía verlo.
Solo creo que es interesante estar aquí.
Aunque no me agrade del todo, me intriga este imperio.
¿Eres el más grande del universo?, preguntó con curiosidad genuina.
Diamante Amarillo se quedó callada.
Notó que aquella voz no sonaba como la de un enemigo ni un invasor, sino como alguien que observaba con verdadera curiosidad.
Recordó las palabras de Diamante Azul sobre la compasión y la duda, y por un instante, aquella voz desconocida le pareció…
demasiado sincera.
Diamante Amarillo suspiró, masajeándose las sienes con gesto cansado.
Realmente no te veo.
¿No quieres mostrarte?
preguntó con una sonrisa claramente fingida, intentando mantener una falsa calma.
No, gracias.
De igual manera, no se respondió Steven con una gota de sudor bajándole por la sien.
Diamante Amarillo mantuvo aquella expresión que intentaba parecer amable, aunque su mirada decía lo contrario.
En serio, qué mal, deberíamos hablar en persona para hacerlo civilizadamente, dijo con tono dulce pero cargado de amenaza.
Esa no te la crees ni tú, pensó Steven, con una enorme gota de enojo formándose en su frente.
De repente, las puertas principales se abrieron de par en par, resonando con un eco que hizo temblar todo el salón.
Ambas miradas se dirigieron hacia la nueva figura que cruzaba el umbral con elegancia y una presencia imponente.
Para la llegada de la grandiosa, la más bella, la más sentimental, Diamante Azul en su máxima esplendidez, anunció con exageración una perla azul, con una reverencia tan dramática que hasta el eco pareció avergonzarse.
El silencio se volvió denso.
Diamante Amarillo y Steven la miraron con la misma cara de palo.
Perla, ¿qué te dije?, exclamó Diamante Amarillo con el ceño fruncido.
En cuestión de segundos, la Perla Amarilla apareció casi teletransportándose, tomó a la perla azul como si fuera un saco de papas y la arrastró fuera de la sala sin decir palabra.
Steven no pudo evitar pensar que aquella escena no era la primera vez que ocurría.
Tras unos segundos incómodos, Diamante Azul habló con voz suave y elegante.
Hola, Amarillo.
¿Cómo has estado después de tantas décadas sin vernos?
Diamante Amarillo se levantó de su trono, provocando un leve temblor con el movimiento, y la saludó con una inclinación de cabeza.
Parece que no te has movido mucho últimamente, comentó Azul con una ceja alzada, apenas visible bajo su capucha.
No es eso, suspiró Amarillo, simplemente tengo a alguien que me está molestando y no sé cómo deshacerme de él.
¿Alguien?, repitió Azul, con curiosidad.
¿Y por qué no mandas a una de tus gemas para encargarse?
Hablando de eso, una Ágata mía tiene a una Lápiz de primera generación.
Podría servirte.
Amarillo arqueó una ceja, pero luego negó con la cabeza.
Agradezco la oferta, tal vez use a la Lápiz, pero el problema no es físico, dijo con tono más serio.
Alguien me habla…
pero no puedo verlo.
Diamante Azul la observó en silencio, como si analizara sus palabras con escepticismo.
¿Y eso qué tiene de raro?, preguntó finalmente.
Me molesta, respondió Amarillo con fastidio, extendiendo la mano en dirección al vacío y lanzando un rayo de energía.
Steven apenas logró esquivarlo; el rayo le rozó el hombro y una gota de sudor fría le recorrió el cuello.
¿Ah sí?, dijo Azul, ahora más alerta y mirando a su alrededor.
¿Y qué es exactamente esa cosa o especie que te está molestando?
Se hace llamar Universe, contestó Amarillo con una mueca.
Dice que es mi conciencia o algo así.
Diamante Azul se quedó en silencio unos segundos.
Luego, su expresión cambió a una mezcla de sorpresa y ligera emoción.
¿Universe?, repitió en voz baja, casi con curiosidad infantil.
Amarillo notó de inmediato ese cambio en su tono y la miró con sospecha.
¿Lo conoces?, preguntó con confusión.
No mucho, pero sí hablé con él, respondió Azul, con una leve sonrisa que dejó a Amarillo aún más intrigada.
Steven permanecía inmóvil, escuchando con genuina atención.
Si esto era un sueño, al menos valía la pena aprovecharlo; tal vez escucharía algo importante antes de despertar.
Universe, dijo Diamante Azul con un tono algo entusiasmado, como si aquel nombre le trajera recuerdos.
Aquí estoy, respondió Steven luego de unos segundos.
¿Qué haces con Amarillo?, preguntó Azul con una leve confusión.
Steven pensó por un instante antes de responder.
Me creerías si te dijera que vine aquí porque soñé con una zona amarilla.
Omitió mencionar la parte rosada del sueño, prefería no levantar sospechas innecesarias.
Zona amarilla, repitieron al mismo tiempo Diamante Amarillo y Azul, con curiosidad.
Bueno, ya puedes irte.
No sé qué quieres, pero no me apetece hablar con alguien invisible.
Así que shu, dijo Amarillo con un gesto de la mano, intentando despacharlo como si fuera una molestia.
Oh, vamos, Amarillo, intervino Azul con tono conciliador.
Mientras ambas diamantes conversaban como viejas amigas que se reencontraban después de siglos, intercambiando comentarios sobre colonias, avances y creaciones de gemas, Steven solo las miraba con una cara inexpresiva.
Caminó hacia la puerta del enorme salón, decidido a probar si podía atravesarla.
Sin embargo, antes de hacerlo, la puerta se abrió de golpe, resonando por todo el lugar.
Las diamantes se giraron de inmediato, y Steven dio un paso atrás al ver quién osaba entrar.
Era una pequeña Rubí, con la mirada fija en el suelo.
Su voz temblorosa se alzó apenas lo suficiente para ser oída.
Por Diamante, no encuentro a Jasper.
Me dijeron que estaba por aquí, pero no veo nada.
¿Por qué las Diamantes no dejaron un manual de instrucciones para esta base?
El silencio que siguió fue aterrador.
Las perlas, que no habían notado su presencia antes por lo baja que era, empalidecieron.
Lentamente giraron la vista hacia las Diamantes, que mantenían una expresión tan serena que resultaba más peligrosa que cualquier grito.
Las perlas comenzaron a retroceder con pasos temblorosos, rogando internamente por el alma de la pobre Rubí.
Steven hizo lo mismo.
Dio varios pasos atrás, ochenta para ser exactos, solo por precaución.
Ya había tenido suficiente con esquivar un rayo, no pensaba experimentar lo que era ser alcanzado por uno.
La Rubí levantó la vista al darse cuenta de dónde estaba, pero no tuvo tiempo de reaccionar.
Un rayo amarillo, seguido de otro azul, cayó sobre ella en cuestión de segundos.
Gritó de dolor antes de que todo terminara con una explosión sorda.
—¡¡PUFFFF!!— El sonido resonó por todo el salón.
La gema de Rubí voló por los aires, y antes de que cayera al suelo, un pie gigantesco descendió del cielo, aplastándola con un chasquido seco.
El silencio posterior fue aún más espeso que antes.
Steven estaba paralizado, su corazón golpeando con fuerza tras presenciar algo tan brutal.
Las perlas estaban pálidas, inmóviles, con el terror pintado en los rostros.
Diamante Azul se llevó una mano a la boca, horrorizada.
Pero Amarillo, dijo con voz temblorosa, ¿no crees que fue un poco exagerado romperla?
Amarillo apenas la miró.
Quitó el pie de los restos pulverizados y habló con una calma fría.
Limpien eso, ordenó.
Las perlas reaccionaron de inmediato, corriendo a cumplir su mandato sin levantar la vista.
Yo…
casi hice lo mismo una vez, murmuró Azul, recordando algo del pasado.
Recordaba a dos gemas: una Rubí y una Zafiro que murieron durante la guerra de las gemas.
Actué por impulso, cuando…
Rosa no podía controlar su colonia, dijo con tristeza, su voz quebrándose apenas.
Cuando Rosa no podía controlar su colonia, ¿no es así?, respondió Amarillo con desdén, aunque su expresión dejaba entrever un leve brillo de melancolía.
Sí, asintió Azul limpiándose una lágrima, mientras el eco de la orden aún resonaba en los pasillos y los fragmentos de Rubí eran barridos con un silencio sepulcral.
Hablando de Rosa, dijo con un poco de tristeza que intentaría ir a la Tierra más seguido.
A qué, preguntó rápidamente Amarillo con una ceja levantada, aunque con cierto interés.
Quiero limpiar lo poco que queda de ella, la estructura y todo.
Amarillo se quedó callada por varios segundos antes de responder.
Y por qué no mandas a otras gemas.
No quiero que mansillen lo que era de Rosa, respondió rápidamente Azul.
Quiero hacerlo por mi cuenta.
Amarillo permaneció en silencio, simplemente asintió.
Si puedes, tráete las cosas hacia una de nuestras colonias, sería lo mejor.
Por qué, preguntó Azul con confusión.
El proyecto Clúster está activado.
Azul abrió los ojos sorprendida.
Eh, y por qué no me dijiste nada.
No quería meterte en esto, sabes.
Has estado sufriendo, y Blanco simplemente no sale de su cueva.
Y bueno, siento que es algo bueno, respondió Amarillo con un poco de culpa.
Azul guardó silencio por varios segundos antes de hablar de nuevo.
Cuánto crees que tarde eso.
No sé, respondió Amarillo sacando su tableta.
Encargué a una Peridot de eso.
Recientemente activó los portales, pero dice que estos ya no reaccionan.
Si no fuera por las fotos y el recuerdo de la zona, pensaría que me estaba mintiendo y la hubiese destruido, dijo Amarillo con enojo.
Pero comenta que sus robots están siendo interceptados, así que hará una bola de interacción para no tener que estar presente.
Azul volvió a guardar silencio.
Me parece bien, solo díganme cuándo va a estar el Clúster.
Me voy a la bañera, dijo mientras caminaba hacia afuera.
Así solo quedaron Steven y Amarillo, quien por el problema del momento ni recordaba que él estaba allí, mientras Steven seguía en shock.
De pronto, sintió un tirón y, con un susto, vio cómo las galaxias se distorsionaban y se reducían a una luz imperceptible.
Así regresó bruscamente a su cuerpo, el cual saltó prácticamente de la cama y cayó encima de León y Perla.
Perla estaba tranquila, siguiendo su rutina de siempre, observando a Steven mientras dormía, algo completamente normal.
Pero de la nada, él saltó de la cama, y con el susto los tres cayeron al suelo.
León apenas levantó la vista, y al ver a su amo con los ojos abiertos y tembloroso, rápidamente lo tomó con una pata y lo metió en su melena para que se calmara.
Steven pensaba a mil por hora.
Y si no tengo la suerte del Steven original.
Y si destruyen mi gema sin sacarla.
Y si simplemente me destrozan así de fácil como a la Rubí.
Qué tal si hacen eso con las chicas.
Dios, no puedo, no puedo.
Su rostro reflejaba una angustia profunda.
Perla, recién levantada, lo miraba con preocupación, con la expresión de quien ve un fantasma.
Steven entró en un colapso de pensamientos y se quedó quieto por unos segundos.
Steven, preguntó Perla con voz temblorosa.
Estás bien.
León, que estaba más cerca, se acercó a su espalda, notando que algo andaba mal.
Steven, repitió Perla confundida, pero entonces vio cómo los ojos de Steven se volteaban hacia atrás y, sin emitir sonido alguno, caía encima de León.
¡¡¡¡¡¡¡Steven!!!!!!!.
Fin del capítulo 27.
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