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Steven Universe: ¿Soy que? Sobrecarga - Capítulo 32

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Capítulo 32: Capitilo 32: Un sentimiento.

Nota del autor: ¡Hola! Solo quiero decirles muchas gracias por todo el apoyo. Ya tenemos más de 64k de vistas, algo que realmente me sorprendió bastante. Esta historia parece que les ha gustado más de lo que yo mismo llegué a imaginar, y por eso les traje este capítulo. Este capítulo tiene varios días de preparación, aunque no lo crean, tiene más de 5000 palabras: el capítulo más largo de la historia actualmente. Creo que después de esto tomaré un descanso de una semana, a lo mucho… o quién sabe, si llegamos a una meta de 100 piedras de poder, tal vez caiga un capítulo ahí de la nada. Sí, sí, lo sé, algo difícil, pero bueno, ¿quién dijo que no vale soñar? Sigan apoyando, así como yo se los agradezco con los capítulos. Comenten, compartan y dejen sus sugerencias. Aquí su escritor de pasatiempo, Isau, se despide. ¡Chao! <3

Un solo pensamiento estaba en la mente de Steven.

¿Perdí? Lo pensó de una manera en la cual se notaba una notable frustración. Tantos planes, tantas horas de ejercicios rigurosos… no valieron la pena.

Estaría en su celda recién despertado, sanando sus heridas con su saliva. No sanaban muy bien, pero, ¿eh?, algo es algo, ¿no lo creen?

Steven miraría hacia un punto en específico; se escucharía un canto, el cual sabría perfectamente de quién era.

Safiro, murmuró con una voz ronca que poco a poco recuperaba su tono tranquilo.

Steven se preguntó qué podría hacer ahora. Lo dijo con frustración.

Estuvo pensando por varios segundos hasta llegar a una conclusión.

Tendré que cambiar un poco la historia.

Se levantaría ahora con más tranquilidad mientras miraba la barrera y acercaba su mano.

Espero que no duela, se dijo a sí mismo mientras su mano tenía contacto con la barrera.

Un sentimiento extraño recorrió a Steven mientras observaba cómo su mano tenía líneas que se conectaban entre sí. No era dañino, por lo menos para él, pero sí se sentía raro.

Esto es perfecto.

Saldría poco a poco de la celda y miraría hacia todos lados con sus sentidos al máximo, mientras caminaba hacia el sonido de la voz de Safiro.

Tengo que tener en cuenta que por algún lado de aquí estará Jasper con una furia tremenda… y si acaso podría ir directo a mi celda, tendré que apurarme.

Steven correría por los pasillos mientras la voz de Safiro se hacía cada vez más fuerte, pero también se detendría frente a una ventana que daba hacia la negrura del espacio interminable.

Hermoso, dijo para sí mismo mientras observaba muchos lugares que, para él, se veían bellos.

Sacudió su cabeza para volver a su misión autoencomendada.

Tengo que enfocarme, se dijo mientras seguía corriendo por los pasillos con una nueva determinación.

Daría la vuelta por un pasillo y se detendría en seco.

Jasper gritó: ¡Deja de cantar!

Dio un golpe fuerte a la pared, justo donde estaba Safiro, quien cayó obedientemente.

¿Crees que me importa la misión ahora, Peridot?

La miró con desdén, a la gema verde que estaba frente a ella.

Chisme, pensó Steven para bajar un poco los nervios.

Jasper miraría ahora con furia a Peridot.

Esta misión cambió. Dile a Diamante Amarillo que encontramos a una rebelde, y hazlo bien. No quiero que lo hagas con tus sucias manos de robot; lo quiero en la cabina, con video y todo. Y si por alguna razón no le hiciste caso…

Se tomaría los dedos, con una clara advertencia.

Pasarás un mal rato.

Peridot tragaría saliva y asentiría obedientemente.

Patética, dijo Jasper con desdén mientras se daba la vuelta y caminaba hacia un lugar sin especificar.

Una misión fácil, dijeron ellas. Unas recompensas grandes, me dijeron. Pero no… me tocó con una Jasper incompetente.

Se rascaría el pelo con los dedos y caminaría hacia la cabina, pero sin prisa. Tenía un largo camino por recorrer.

Steven saldría de su escondite con tranquilidad y miraría hacia donde se habían ido las dos gemas. Escuchó cómo sus pasos se alejaban y sintió alivio.

Perfecto, ya que no están aquí.

Miró hacia Safiro, quien lo observaba con interés.

Parece que necesitas ayuda, pequeña. ¿Quieres que te saque?

Steven fingió no conocerla para evitar problemas.

Safiro lo observó por varios segundos antes de decir:

Eres sabio, Steven Universe. Si puedes sacarme de aquí, te deberé un gran favor.

Todo sea por una amiga gema, respondió Steven mientras apoyaba su mano en la barrera, creando un espacio por el cual Safiro pudo pasar.

Muchas gracias, Steven.

No hay de qué. ¿Tienes a alguien por aquí a quien quieras ayudar? Aprovecha, que estas naves no pueden contenerme.

Safiro asintió con la cabeza.

Dame tu mano, dijo, por lo cual no dudé y le di la mía.

Con rapidez ambos corrimos hacia un lado en específico. Steven le seguía el ritmo tranquilamente, pero en su mente ya estaba por usar su plan C. Si el A y el B no funcionaron, tendría que ser por las malas.

Safiro llegaría a una celda en la cual habría una gema roja, la cual por cierto estaba enrollada como una bolita.

Qué tierno, dije sin pensar, por lo cual la gema roja me vio rápidamente.

¿Eh?, dijo Rubí sin entender nada, pero no le hizo caso a Steven al ver a su amada a su lado.

Safiro, lo dijo con una alegría que incluso a Steven le hizo sonreír, aunque esa sonrisa se borró enseguida cuando Rubí corrió torpemente hacia la barrera, haciendo que tanto Safiro como yo soltáramos una gota de sudor.

¡Ay!, exclamó mientras su mano se pixelaba. ¿Cómo salgo?, dijo con pánico mientras miraba hacia todos lados. Steven simplemente extendió su mano y abrió un espacio en la barrera.

Rubí no perdió tiempo y con un impulso salió directo hacia Safiro, quien la recibió con los brazos abiertos.

¿Te lastimaron?, ¿estás bien?, preguntó Rubí.

Estoy bien, ¿a quién le importaría?, respondió Safiro.

A mí me importa, dijo Rubí mientras hacía que Safiro la mirara a los ojos. Entonces, con un beso, ambas comenzaron a bailar de una forma tan armoniosa que Steven quedó alucinado por tanto amor.

Ese baile de fusión era diferente; no representaba lo que antes le habían enseñado. Era incluso poético, algo que no podría describirse, pero se notaba el sentimiento que transmitía mientras una luz envolvía a ambas y una fuerte risa resonaba por toda la nave.

¡¡¡Steven, gracias!!!

Steven miró con tres venas de enojo a Garnet, quien notó que él se había irritado de un momento a otro.

¿Qué pasa?, preguntó genuinamente confundida, pero un ruido la dejó petrificada.

¿¡Dónde están!?, rugió una voz furiosa que se escuchó por toda la nave.

Eso dijo él secamente. Quiero que vayas con las otras, y no aceptaré un no por respuesta.

Steven, no puedes enfrentarte a ella. Si no pudiste antes, ¿por qué crees que podrás ganar ahora?, dijo Garnet preocupada.

Steven la miró en silencio, lo que hizo que la fusión sudara frío.

Saca a todas las gemas que estén aquí, incluyendo a Lápiz Lazuli. Si no lo haces, me enojaré contigo, lo dijo con una sonrisa pícara.

Garnet lo miró seriamente.

Tengo fe en ti, mi pequeño, pero no me perdonaría si te pasa algo.

Steven alzó su mano para detenerla.

Tranquila, Garnet. ¿No lo recuerdas? Saliva sanadora. Mientras tenga la oportunidad de darme al menos una gota, podré recuperarme. Así que vete, antes de que llegue y no podamos escapar luego.

Garnet guardó silencio mientras se ajustaba las gafas para poder ver los futuros. Luego de unos segundos, suspiró. Espero no arrepentirme. Cuídate, Steven.

Lo haré, dijo Steven con una sonrisa confiada.

Así, Garnet rápidamente corrió hacia las celdas de las otras gemas.

Steven levantó la mirada y rápidamente corrió hacia donde se escuchaban los ruidos de Jasper.

Llegó a una sala que parecía ser donde la Garnet original había peleado, y con un suspiro mantuvo sus emociones bajo control, haciendo que la furia predominara sobre las demás para ganar fuerza bruta y velocidad. Era algo que había descubierto hacía un año, aunque tenía un efecto secundario: desgastaba bastante a Steven.

De la nada se escuchó un golpe, proveniente de Jasper, quien lo miraba con una furia apenas contenida.

Rose Cuarzo, ¿te atreves siquiera a salir de tu prisión?, patético, resopló mientras lo observaba de frente.

Tienes un serio problema con mi madre, dijo Steven mientras se tocaba el cuello. Sabes, deberías tomarte unas vacaciones para olvidarla. Ya hasta parece que te gusta.

Jasper apretó los dientes con más furia y sacó un desestabilizador de gemas, mostrando una sonrisa sádica.

¿Sabes lo que hace este artefacto? Es el mismo con el que desestabilicé a tu amiga. ¡JAJAJA! Estás débil, Rose. Prepárate para ser enjuiciada por las Diamantes.

Steven sonrió mientras la observaba.

Oh, vamos, ¿crees que no tengo nuevos trucos? Un desestabilizador no me hará nada, ni cosquillas. Así que vamos, Jasper, veamos qué gema es más perrona.

Frente a frente, una batalla por el destino de las gemas y posiblemente de la Tierra.

La primera, una gema que luchó con mano dura en la guerra y siguió conquistando planetas en nombre de su difunta Diamante. Una gema creada por la perfección misma, siendo la más fuerte de su género.

Contra el niño mitad humano y mitad gema, el primero en su especie y, por ende, el más poderoso. La batalla que decidiría si los frutos de su entrenamiento valieron la pena.

La gema más fuerte de la historia vs. el híbrido más poderoso de la actualidad.

Que arranque esta mierda, dijo Steven con una sonrisa de locura, mientras sus emociones estaban al máximo para sacar todo su potencial.

Jasper sonrió con la misma locura y corrió hacia él.

Un choque de puños resonó por toda la nave mientras dos bestias daban todo de sí por sus visiones del mundo.

Steven sintió un dolor tremendo en la mano, pero rápidamente ideó una estrategia. Invocó burbujas como guantes y, con aún más furia, arremetió contra Jasper.

Patético, dijo Jasper mientras invocaba su casco y lanzaba golpes y cabezazos.

Derecha, izquierda, abajo, salto, izquierda, abajo, derecha, arriba… esos eran los pensamientos de Steven mientras se adaptaba poco a poco al estilo de lucha de Jasper.

¿Se está adaptando?, pensó Jasper justo cuando Steven bloqueó un puño y le dio un golpe en el estómago, lanzándola contra la pared.

¿Qué pasa? ¿Por qué ahora golpea más fuerte que antes?

¿Me estoy volviendo débil? ¡No! Rose se está adaptando a la pelea, y con ella aumenta su fuerza.

¿Acaso ella es como yo? ¿Una gema perfecta, pero que no fue vista de la misma manera por mi Diamante?

Pensamientos como esos rondaban en la cabeza de Jasper mientras se levantaba y miraba seriamente a Steven, quien se sanaba con su saliva para prolongar su resistencia.

¿Qué pasa?, dijo Steven mientras veía cómo Jasper lo miraba con curiosidad. ¿Por qué me miras con esa cara?

Jasper guardó silencio unos segundos y luego preguntó:

¿Rose, eres como yo?

Steven la miró confundido.

Jasper notó su desconcierto y con una mueca de fastidio continuó.

¿Eres perfecta? Así como yo, una gema que no tuvo ningún desperfecto al nacer. ¿Tuviste envidia de mí, ya que tú también naciste perfecta? ¿Y por eso…?

Apretó los puños.

¿¡Y por eso destrozaste a nuestra Diamante!?

Steven la miró en silencio, mientras Jasper lo observaba con furia tras ese último comentario.

Sabes, Jasper, dijo Steven mirándola fijamente.

Yo no destruí a nuestra Diamante. Alguien tomó mi forma. Solo ese dato puedo darte.

Jasper estaba sorprendida mientras lo miraba.

¡Mientes!, gritó con furia, cargando contra Steven.

Él rápidamente invocó su burbuja y, con el impacto de Jasper, ambos atravesaron varios pisos hasta llegar al núcleo.

Ambos se darían golpes. De un momento a otro, Jasper le daría un golpe que impactaría en el estómago de Steven, haciendo que este escupiera sangre. Pero con la misma sangre que escupió se embarraría la mano para curarse. Con esa misma mano agarraría la cara de Jasper, la cual estaba sorprendida por el agarre, y de un puñetazo la estrellaría repetidamente contra el suelo.

Jasper agarraría la mano de Steven y, con una fuerza sobrehumana, lo lanzaría hacia una pared. El escudo de Steven quedaría tirado, pero este no desaparecería.

Solo tengo una oportunidad.

Jasper correría hacia Steven, quien aprovechando la pared comenzaría a correr a una velocidad tal que le permitiría trepar por la misma.

No huyas, Rose.

Ambos correrían por las paredes.

Steven atraería su escudo con rapidez, golpeando la nuca de Jasper, la cual se desequilibró. Aprovechando el impulso, Steven le daría un rodillazo tan fuerte como podía, haciendo que ella escupiera saliva por montones.

Ambos se apartarían y se mirarían con sudor en la frente.

Salto de perspectiva

Garnet, Perla y Amatista veían a su líder frente a ellas.

Garnet: No hay tiempo que perder.

Rompería las celdas y diría: Steven no está consiguiendo tiempo.

Perla: ¿A qué te refieres, Garnet?

Amatista: No me digas que se enfrenta a esa gema.

Garnet asintió.

Perla entraría en pánico y miraría con furia y miedo hacia Garnet.

Perla: ¿¡Por qué lo dejaste!? ¿¡Crees que un humano que apenas ha vivido por poco más de catorce años puede luchar contra una gema que ha vivido milenios y que es perfecta en todo!?

Garnet la miraría con una seriedad nunca antes vista, haciendo que Perla guardara silencio.

¿Es el mejor futuro, no?, dijo Perla con tristeza en la voz.

Garnet: Lastimosamente sí, y si queremos que Steven llegue a ese futuro, tenemos que bajar esta nave antes de que envíen el mensaje al Planeta Madre. Así que, gemas, saquen a Lápiz y corran hacia la cabina.

—Entendido —dijeron ambas al mismo tiempo, corriendo por diferentes lados. Una fue por Lápiz. Garnet dio órdenes claras: era por las buenas o por las malas.

Garnet rápidamente corrió tras Perla, quien iba hacia la cabina.

Perla miraría con frustración hacia Garnet y tenía una duda.

Perla: ¿Crees que Steven esté bien?

Garnet guardó silencio y solo asintió.

Perla se puso seria. —Pues vamos por la gema Peridot.

La mencionada gema estaría en su tableta, sentada en la cabina tranquilamente, pero escucharía un ruido y pensaría que era Jasper dando otra vuelta por la nave.

Peridot: Para la próxima pido unas rubias, son más obedientes, no como esta Jasper —gruñiría por lo bajo mientras miraba su misión del Clúster.

Peridot no saldría de la órbita del planeta por una razón: no quería regresar. Sabía que si volvía sin cumplir su misión tendría un castigo, aunque viendo que llevaban a la gema Rose Cuarzo, tal vez ese castigo sería un premio.

Esas dudas condenaron a la gema, que no tuvo tiempo de reaccionar cuando un guante del doble de tamaño la golpeó en la cara, dejándola inconsciente.

Perla: Qué ruda —lo dijo mirando hacia Garnet—. No hay tiempo, ve por los controles de la nave e intenta regresar a la Tierra.

Por supuesto, pero un temblor las haría casi caer.

Perla: ¿¡Qué pasa!? —lo dijo con pánico.

Es Steven —dijo Garnet con seriedad mientras miraba hacia un punto específico. Perla, dándose cuenta de que no tenían mucho tiempo, corrió hacia los controles de la nave. Metiendo las manos rápidamente, su mente se llenó de información, logrando que la nave diera un giro para regresar a la Tierra.

Cambio de perspectiva

Amatista corría rápidamente por los pasillos buscando a alguien en específico.

Amatista: ¿¡Por qué tenía que buscarla yo!?

Recordaría cómo metió la pata en aquella misión y, con un suspiro, siguió adelante hasta encontrar a la gema.

Amatista: ¡Lápiz Lazuli!

La gema simplemente la miró de reojo y volvió a ver sus rodillas, hecha bolita en una esquina.

Amatista: Vamos, chica, no tenemos tiempo, tenemos que…

No terminaría, ya que Lápiz la interrumpía.

Lápiz Lazuli: ¿Por qué siguen luchando? Ya no hay nada de valor en ese planeta. No tienen a nadie. Si recuerdo bien, la luz de las Diamantes hizo que muchas, si no es que todas las gemas, fueran rotas, ¿no?

Lápiz miraría hacia Amatista.

Lápiz: Eres una Amatista. ¿Por qué luchas? ¿Por qué te defiendes? Tienen a una Jasper y a una Peridot, además de todo el Planeta Madre, con la mira en este estúpido planeta.

Lápiz intentaría seguir adelante con su diatriba, pero Amatista la interrumpiría.

Amatista: Oh, vamos chica, no caigas en esa depresión —le haría un gesto con la mano—. Sabes, tal vez no tengas por qué pelear, pero yo sí tengo… la comida, más que todo. Nunca has probado una buena pizza.

Lápiz Lazuli: ¿Pizza?

Amatista: Eso no importa —haría un gesto—. Seré breve: no querrás que tu salvador haga un sacrificio en vano, ¿no?

Lápiz levantaría tan rápido la mirada que Amatista pensó que su cuello se rompería.

Lápiz Lazuli: ¿Steven está bien? ¿Sigue con vida? Por favor, dime que está bien.

Amatista notaba cómo la gema estaba en pánico solo con nombrar el nombre de Steven y rápidamente pensó un plan.

Espero y me perdones, lo dijo en su cabeza hacia Steven.

Amatista: Bueno, él está dando su vida para sacarte de aquí. Si no quieres que se sacrifique de gratis, es mejor que nos sigas.

Lápiz Lazuli miraría con pánico hacia Amatista.

Lápiz Lazuli: ¿¡Pelea contra Jasper!?

Antes de que Amatista pudiera responder, se sentiría un temblor tremendo por toda la nave.

Parece que ya van hacia abajo —dijo Amatista mientras los temblores se hacían más fuertes cada segundo.

Amatista: Si no quieres que la persona que, antes de ir a pelear, dijo específicamente que te fuéramos a salvar se sacrifique en vano, sígueme.

Rompería un lado de la nave, haciendo que la malla de luz desapareciera.

Amatista: Vamos, chica, no tenemos tiempo. Hazlo por Steven. Haz que él se sienta orgulloso.

Lápiz dudaría unos segundos, pero de igual manera le daría la mano.

Vamos, chica, detrás de mí —dijo Amatista mientras ambas corrían hacia la cabina.

Espero y estés bien, Steven, pensaron ambas con preocupación.

Cambio de perspectiva

Steven estaba en el núcleo junto a Jasper. Ambos estaban muy golpeados, pero Steven aún más. Sin embargo, este mismo se sanaba rápidamente con su saliva.

Jasper escupiría un poco de saliva hacia el suelo y tronaría su cuello.

Jasper: No mostraste ese poder antes, Rose. ¿Por qué?

Steven tendría una sonrisa pícara, que contenía un poco de dolor, pero este lo contenía.

Steven: No me dejaste pensar. Eres una cobarde atacando en el peor momento.

Jasper se enojaría tanto que intentó dar un giro, pero Steven no se lo permitiría.

Steven: Oye, Jasper, una duda —lo dijo mientras caminaba más cerca de ella.

La mencionada lo miraría con curiosidad y enojo.

¿Puedes cambiar de forma?

Jasper: ¿…?

Jasper estaría confundida, pero escucharía algo que no entendería, aunque sentiría un peligro enorme.

Expansión de dominio, paquete real.

Una burbuja de gran tamaño cubriría a ambas gemas, las cuales estaban en lados opuestos.

Jasper: ¿Y este intento patético? —lo dijo con desdén—. ¿Crees que una burbuja pueda contenerme?

Steven solo daría una sonrisa de dolor.

Esto dolerá mañana —dijo mientras los brazos, que estaban extendidos, se juntaban, haciendo que rápidamente la burbuja se hiciera tan pequeña que apenas una pelota de tenis podría entrar en ella—.

¡Mierda! —se escuchaba la voz de Jasper, la cual rápidamente se hizo pequeña para soportar el lugar tan reducido—. Steven hizo lo mismo, encogiéndose rápidamente para resistir la presión, convirtiendo la situación en un concurso de quién aguantaría más tiempo en su forma más pequeña.

¡Bastardo! —dijo Jasper mientras le daba un puñetazo débil—. Pero eso fue suficiente para que la burbuja se rompiera.

Ambos saldrían volando hacia lados opuestos. Jasper iría directamente hacia el punto de energía de la nave, y Steven caería contra una columna.

El plan falló exitosamente —dijo Steven con una sonrisa llena de sangre.

Explicación

Te preguntarás cómo Steven pudo hacer eso si en la serie original nunca se vio. Bueno, aquí tengo mi respuesta y una suposición.

Primera razón: Desde el episodio de las manos de gato se notó que Steven tiene un mejor dominio para cambiar sus formas, y lastimosamente, por el trauma de convertirse en gato, no pudo volver a hacerlo.

Segunda razón: Steven siempre pudo cambiar de forma, hacerse pequeño o grande. Estos fueron los principios en los que me basé para crear ese ataque: Expansión de dominio. ¿Por qué lo llamé así? Porque se oye más genial. Obviamente, no tiene lo que debería tener un dominio con golpe seguro, como pudieron ver, además de que era muy frágil.

Steven en la serie siempre mostró un desgaste aterrador al cambiar de forma, y bueno, cambiar a una forma tan pequeña hace que su gema trabaje al máximo, especialmente considerando que su cuerpo es orgánico y no de luz como el de las gemas. ¿Qué quiero decir? Que Steven solo puede hacer ese ataque una o dos veces al día, si no quiere caer tieso al suelo sin poder moverse.

Y la pregunta que varios se harán: ¿cómo las gemas de ambos pudieron llegar a ese punto?

Siempre que tengan esa duda, recuerden: un hechicero lo hizo. O tómelo como que en ese mundo las gemas pueden agrandarse o encogerse según la conveniencia. Esos fueron mis datos para dar. Si tienes más dudas, puedes hacerlas en los comentarios.

Fin de la explicación

Steven seguía mirando cómo Jasper gritaba de dolor por el núcleo de la nave, y de repente se escuchó un sonido atronador.

Cuchau, digo…

¡KABOOM!

Todos los que estaban en la nave sentirían cómo esta comenzaba a caer rápidamente hacia la Tierra.

Carajo —dijo Steven mientras se levantaba con dificultad, mirando a Jasper, que también se incorporaba con esfuerzo.

Ambos se miraron fijamente, pero Jasper comenzó a reír con locura.

Steven: ¿Eh? ¿Quedaste loca por el golpe o qué? —lo dijo mientras escupía sangre en su mano, mezclándola con saliva, y empezaba a untársela en la piel para recuperarse un poco físicamente—.

Jasper: Para nada —dijo mientras ponía un pie tembloroso en el suelo—. Esta pelea fue una de las mejores que tuve durante mis milenios de existencia. Podría agradecerte, pero sabes que no lo haré, Rose Cuarzo. Eres la primera en llevarme a estos límites, pero…

Jasper daría un golpe rápido al suelo, haciendo que una burbuja verde la envolviera.

Steven abrió los ojos con pánico, pues según sus conocimientos, ese tipo de naves solo debía estar en la cabina.

Steven: ¡MIERDA!

Invocó su escudo rápidamente, y antes de que la nave cayera al planeta, este la lanzó con fuerza, desviando su caída hacia un lugar incierto.

Steven: ¡Carajo! —dijo mientras corría con dificultad hacia la cabina—.

Las chicas estaban en pánico, sin saber qué pasaba. De repente, la nave empezó a caer.

Amatista: ¿¡Qué hacemos!? ¡Si caemos con esta cosa moriremos! —lo dijo llena de pánico—.

Perla: No sé, se supone que hay cabinas de escape, pero no las encuentro.

Garnet: Encuéntralas rápido, no sabemos si Steven necesita una.

Lápiz estaba en una esquina, acurrucada contra la pared, rezando que Steven estuviera bien.

Peridot, que recién se levantó, notó que estaba amarrada con un lazo morado cortesía de Amatista. Murmuró un “carajo” y observó cómo las gemas estaban distraídas con la cabina.

Debo aprovechar esto. Si me quedo aquí, moriré y no podré completar mi misión —se dijo a sí misma mientras se movía con cuidado para que las gemas no la notaran—.

Logrando posicionarse en un punto clave, golpeó con su cabeza, haciendo que las chicas se alarmaran.

Perla: ¿Qué hace?

Amatista: ¿Está loca?

Garnet: ¡Está haciendo algo importante, deténganla!

Lápiz levantó la mirada y vio, con miedo, cómo Peridot era envuelta en una burbuja verde, saliendo disparada hacia la Tierra junto con otra esfera verde que caía a gran velocidad.

Lápiz Lazuli: ¿Qué? —lo dijo totalmente confundida al ver una nave dirigirse hacia un punto específico mientras otra caía al mar—.

Pero un grito de furia la sacó de sus pensamientos.

Garnet: ¡Escaparon! —lo dijo con pánico mientras corría hacia donde estaba Steven—.

Las demás la siguieron. Amatista cargó a Lápiz como un saco de papas, y esta no opuso resistencia.

Garnet: ¡Steven! ¿Dónde estás?

Perla: ¡Mi bebé! ¿Estás bien?

Amatista: ¡Vamos, viejo, esto no es gracioso, sal ya!

Las chicas gritaron a los cuatro vientos, hasta que vieron una figura.

¡Steven! —dijeron emocionadas, pero al acercarse se quedaron paralizadas. Lápiz, que estaba de espaldas, se giró al notar el silencio repentino y también quedó helada.

Steven estaba totalmente ensangrentado. Su ropa era un desastre, incluso una parte de su cabello estaba quemada. Pero lo que más preocupó a las chicas fue la sonrisa que traía.

Steven: ¡Chicas, están bien! Eso es bueno.

Dio unos pasos hacia ellas, que solo lo miraban con horror ante el estado de su prácticamente hijo.

Steven volteó hacia la ventana, y con un pánico tremendo corrió hacia las gemas, que aún procesaban su imagen ensangrentada.

Steven: ¡Burbuja, carajo! —gritó tan fuerte que las sacó de su estado de shock—.

¡Steven, estás b…!

No pudieron terminar la frase, ya que al mismo tiempo que una burbuja los envolvía a los cinco, la nave se estrelló. Con un sonido que resonó a kilómetros de Ciudad Playa, la nave explotó en miles de pedazos.

Cambio de perspectiva

Greg estaba en su camioneta, ya lejos de Ciudad Playa. Pero algo lo hizo sudar frío: la nave, que había subido hace una hora como mucho, ahora bajaba en caída.

Un rugido lo sacó de su pensamiento. Era León, que se posicionó encima de la camioneta mirando fijamente hacia la nave que caía directo a la playa.

¡RUAARRR! —el rugido de León se escuchó por todos los alrededores.

Greg, saliendo de su preocupación, entendió lo que León quería decirle.

Entendido —dijo mientras aceleraba al máximo rumbo a Ciudad Playa.

Cambio de perspectiva

Qué extraño —dijo Connie. No tenía su teléfono, pero justo ese día sentía que algo malo estaba pasando. Esa sospecha se confirmó al ver una llamada perdida de Steven.

Connie: ¿Qué le pasará a Steven? —dijo mientras se llevaba el teléfono a la oreja.

Por cada segundo que pasaba, su expresión se volvía más confundida. ¿Misión peligrosa? ¿Más peligrosa que un robot de otro planeta? ¿Qué podría ser más peligroso que un robot de otro… planeta…?

¡Mierda! —dijo, sorprendiendo a su madre, que estaba a su lado.

¿Qué pasa? —preguntó con dudas.

Connie: Nada, nada. Perdón, fue una noticia que me vino de golpe. Nada más. Perdón por mi vocabulario.

Su madre solo la miró de reojo y volvió a sus notas.

Connie suspiró con alivio.

Connie: Espero y Steven esté bien… Steven…

Marcó su número, pero este no contestó. Dejó un mensaje de voz:

Steven, si escuchas esto, dime qué pasa. Estoy preocupada por ti. Llámame, ¿sí?

Colgó.

Connie miró por varios segundos su teléfono, pero una voz la sacó de sus pensamientos.

¿Terminaste? —era su madre, que la miraba confundida.

Perdón —dijo Connie, volviendo a sus deberes, los cuales eran exagerados para una niña de su edad.

Cuídate, Steven —fue su último pensamiento.

Cambio de perspectiva

Había destrozos por toda la playa. Pedazos de metal y fragmentos verdes estaban esparcidos por la arena. Entre los escombros, algo comenzó a moverse lentamente. Eran las gemas, que observaban hacia el centro del desastre. Allí, en medio de todo, estaba Steven, sangrando por los ojos y los oídos.

Perla, al verlo, se lanzó hacia él y lo abrazó con cuidado, recostando su cabeza sobre su regazo mientras las lágrimas se acumulaban en sus ojos.

Amatista gritó desesperada que no podía haber resistido toda la explosión de una maldita nave. Garnet se inclinó sobre él, tratando de mantener la calma mientras le hablaba con firmeza. Le pidió que aguantara, que le dijera cuántos dedos tenía frente a su cara, pero Steven apenas podía seguirle la mirada.

Lápiz Lázuli observaba la escena con las manos sobre la boca, aterrada por el estado del chico que había arriesgado todo por salvarlas. En su mente solo se repetía la misma frase: si tan solo hubiera ayudado, si tan solo hubiera hecho algo más.

De pronto, un leve sonido se escuchó. Steven tosía con dificultad.

Con un esfuerzo casi sobrehumano, giró la cabeza y posó su mirada en Lápiz. Ella se acercó rápidamente, esperando escuchar algo importante.

Steven apenas pudo pronunciar su nombre, y cuando Lápiz respondió con preocupación, él solo preguntó con voz débil cómo había quedado la moto.

Todas se quedaron en silencio. Lápiz lo miró sin comprender, mientras las demás entendían perfectamente que ese era su modo de quitarle gravedad a la situación.

Perla sonrió con lágrimas en los ojos, le dio un beso en la frente y le susurró que la había preocupado demasiado. No fue la única que lloró; Amatista y Garnet también lo hacían, aunque trataran de ocultarlo. Solo Lápiz no derramó lágrimas, porque aún no entendía la broma de la moto.

Steven suspiró con cansancio, murmuró que se tomaría un sueñito y pidió que, por favor, no mataran a nadie. Enseguida cayó inconsciente.

Perla lo sostuvo entre sus brazos, acariciándole el cabello con ternura. Amatista se dejó caer a su lado, tratando de procesar todo lo ocurrido. Garnet, por su parte, mantenía la mirada fija en un punto de la playa, como si esperara algo.

Entonces se escuchó el sonido de un motor acercándose rápidamente. Un vehículo se detuvo de golpe, y de él bajaron León y Greg.

Greg apenas alcanzó a preguntar qué había pasado, pero al ver a Steven perdió el conocimiento y cayó al suelo.

Lápiz, que estaba cerca, le dio una leve patada para comprobar si seguía con vida, y preguntó con genuina curiosidad si estaba bien. Amatista la apartó suavemente y aseguró que se encargaría de él, cargándolo al hombro como si fuera un saco de papas.

León saltó al suelo y se acercó a Steven. Las gemas se hicieron a un lado; sabían que era un ser muy cercano a Rose y que, en cierta forma, también le importaba Steven. Sin embargo, lo que hizo las dejó sin palabras: levantó a Steven sobre su lomo y luego las miró, haciendo un gesto claro con la trompa para que se subieran también.

Amatista dudó unos segundos, pero Perla recordó que León pertenecía a Rose y concluyó que debía tener un destino específico. Garnet asintió, diciendo que no le sorprendería.

Se subieron una a una: Garnet primero, luego Amatista con Greg todavía desmayado. Garnet miró a Lápiz y le preguntó si venía. Ella, algo insegura, respondió con dudas si realmente podía hacerlo. Garnet le sonrió con calma y le aseguró que sí, que si Steven había pedido salvarla era porque confiaba en ella.

Lápiz subió con timidez y se sujetó de la cintura de Perla, quien se puso rígida por el contacto, pero no dijo nada. Garnet preguntó si León podría con todos, y el majestuoso felino asintió con su trompa antes de rugir con fuerza.

Un portal rosado se abrió ante ellos, y en un destello brillante los seis desaparecieron dentro.

¿A dónde los llevaría León? ¿Qué destino los esperaba al otro lado del portal? Eso quedará para descubrirlo en el siguiente capítulo.

Fin del capítulo 32.

Tremendo capítulo, ¿no? Bueno, al menos por mi parte me encantó escribirlo. Espero que les haya gustado tanto como a mí. Que Dios los bendiga… y para los ateos, bueno, buenas tardes.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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