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Steven Universe: ¿Soy que? Sobrecarga - Capítulo 34

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34: Capitulo 34: Una rosa Pálida.

34: Capitulo 34: Una rosa Pálida.

Nota del autor:Este capítulo lo hice un poco rápido porque actualmente tengo bastantes estudios, pero sobre todo quería publicarlo para celebrar que esta serie llegó a las 80mil visitas.

Increíble, ¿verdad?

A mí me parece totalmente fascinante.

He invertido bastante tiempo, esfuerzo y corazón en esta historia, y realmente ustedes lo valen.

Hagamos un trato: si llegamos a 60 o 80 piedras de poder, sacaré rápidamente el siguiente capítulo.Ustedes deciden.Y si pueden dejar varios comentarios, sería genial.Los quiero muchísimo.

<3 continuemos.

Steven avanzaba con tranquilidad por uno de los recuerdos de su madre, rodeado por aquella sensación extraña que siempre dejaban estos viajes a la memoria.

Hacía poco había recorrido un recuerdo que no le resultó precisamente agradable, uno que lo obligó a enfrentar la manera en la que había sido creado.

Y no, no se refería al momento en que su madre entregó su forma física, sino a algo más profundo y difícil de digerir.

Aun así, decidió apartar ese pensamiento y centrarse en el presente, porque había aprendido que perderse en sus dudas solo lo hundía más.

Observó a su alrededor el lugar que alguna vez fue el planeta madre.

Seguía siendo imponente, incluso si no lucía exactamente igual que en la serie que él recordaba.

Era un sitio tan vasto y magnífico que dejaba claro, incluso después de tantos años, cuán lejos estaban los humanos de alcanzar un nivel de evolución similar.

Caminaba envuelto en una mezcla de asombro y nostalgia, como si cada paso reavivara sentimientos que nunca terminaban de ordenarse.

Siguió de cerca a Diamante Rosa, que acababa de dejar atrás a Espinel.

Steven anotó ese detalle en su mente, intentando pensar en alguna manera de ayudarla a regresar a su hogar o, al menos, a lo que quedaba de él.

No sabía si Espinel podría confundirlo con su madre o si reaccionaría atacándolo, y esa era una posibilidad que prefería evitar por ahora.

De momento, lo más sensato era seguir a Diamante Rosa, su madre, o al menos la versión de ella que ese recuerdo conservaba.

Para simplificar las cosas, decidió seguir llamándola simplemente su madre.

Continuó avanzando detrás de ella, todavía con algunas lágrimas resbalando por su rostro, aunque ahora eran mucho más pequeñas.

Trató de tomárselo con humor, porque era la única manera de no romperse por dentro.

Al menos ya sabía que debía descubrir sus poderes manualmente, algo que agradecía a su madre con una mezcla de ironía y afecto.

Murmuró un pequeño agradecimiento que solo él pudo escuchar, acostumbrado ya a sus propios reclamos al aire, porque más de una vez había maldecido todo lo que se le cruzara con tal de encontrar la salida de ese lugar.

Sin embargo, mientras las cosas se desarrollaban, empezaba a darse cuenta de que tal vez era mejor observarlo todo con calma.

Había algo fascinante en ver cómo era antes, cómo funcionaban las gemas en su origen y cómo se desenvolvían en lo que recordaba como su primera etapa o primera era, o algo así.

Tal vez, después de todo, entender estos recuerdos era parte del camino para comprenderse a sí mismo.

De la nada el campo entero cambió sin que yo tuviera la menor intención de hacerlo.

Todo se transformó frente a mí, como si la memoria hubiera decidido saltar a otro punto por su cuenta.

Frente a mi madre, y frente a mí también, aparecieron tres figuras imponentes, mujeres gigantes cuya presencia hacía que Diamante Rosa, mi madre, pareciera tan pequeña como un niño de pie entre sus padres y un abuelo de la era de piedra que mide dos metros.

Esos son.

Lo dije sorprendido, porque aunque ya había visto a Amarillo y a Azul, a quien aún no había tenido la oportunidad de observar tan de cerca era a Diamante Blanco.

Diamante Amarillo.

Diamante Azul.

Y la más majestuosa, la más elevada, la más deslumbrante de todas…

Diamante Blanco.

Las tres estaban frente a mí, y aun cuando yo no estuviera realmente presente, podía sentir la presión y el peso de sus presencias como si estuviera respirando el mismo aire que ellas.

Entonces una voz resonó a través de todo el salón.

El eco era tan profundo que parecía vibrar en cada rincón.

El lugar estaba vacío, y tenía sentido; ni siquiera las Perlas estaban ahí.

Este era un encuentro que solo pertenecía a las Grandes Diamantes.

Una voz suave, pero tan dominante como un trueno controlado, se alzó desde lo alto.

Mi pequeña estrella dorada, cómo estás.

Diamante Blanco descendió la mano y tomó a mi madre con tanta delicadeza como si estuviera levantando una figura de cristal.

La acercó a su rostro del mismo modo que una persona cargaría a una hermanita pequeña para ver qué travesura había hecho ahora.

Mi madre exhaló con molestia, y tres líneas negras cruzaron su rostro, señal de que estaba bastante enojada.

Oh vamos, Blanco, no me trates como una gema recién creada, sabes.

Diamante Blanco soltó una risa suave, casi musical, y la devolvió al suelo como si fuera una pluma.

Para mí siempre serás mi estrella dorada, dijo mientras le daba unas palmaditas en la cabeza, cosa que solo consiguió que mi madre apretara aún más los labios.

Yo observaba todo en silencio, fascinado y confundido a partes iguales.

Era extraño ver a las cuatro Diamantes, estas figuras que en público actuaban como dictadoras absolutas, comportarse de una manera tan…

cercana.

No podía decir que fueran amigables, porque incluso así seguía sintiendo ese aire de peligro, esa sensación de que podían desestabilizar gemas al azar solo porque sí.

Pero al mismo tiempo había algo familiar entre ellas.

Algo que solo podía describirse como una familia extremadamente disfuncional.

Un político común en América, pensé mientras una gota de sudor resbalaba por mi frente.

Cambio de perspectiva Connie estaba realmente preocupada.

Desde el momento en que Garnet le había dicho que Steven prácticamente estaba al borde de la muerte, su mente no había tenido descanso.

El miedo se le quedó clavado como una espina en el pecho y, sin poder contenerse, decidió contárselo inmediatamente a su madre.

Connie respiró hondo antes de hablar, intentando mantener la compostura, pero su voz temblaba solo con pensar en todo lo que podría estar ocurriendo lejos de ella.

Madre, crees que podamos ir con Steve, dijo mirando a su mamá con verdadera desesperación en los ojos.

La señora Maheswaran la observó de reojo, todavía con el teléfono en la mano luego de haber terminado una llamada importante.

Hubo un silencio corto, pero suficiente como para aumentar la ansiedad de Connie.

Steve, que necesitas de él, preguntó con calma, aunque mostrando una ligera inquietud.

Connie apoyó sus manos en su cabeza, frotándose el cabello con frustración, como si intentara acomodar sus pensamientos.

Era evidente que estaba a punto de quebrarse.

Madre, suspiraría, Steven hace poco me mandó un mensaje diciendo que tenía que salir y realmente no sé si tuvo un accidente.

Su voz sonó frágil, casi un susurro.

La madre de Connie dejó sus cosas a un lado y se giró completamente hacia su hija, ahora con una expresión más seria y preocupada.

A qué te refieres hija, preguntó, sintiendo que la preocupación de Connie era demasiado genuina como para ignorarla.

Connie desvió la mirada por unos segundos y luego habló con rapidez porque temía quebrarse si hacía pausas.

No sé, llamé a Garnet y solo me dijo que estaba en recuperación o algo parecido.

Obviamente omitió la parte en la que prácticamente le habían dicho que le avisarían si Steven moría, porque incluso pronunciarlo se sentía como una puñalada.

La señora Maheswaran la miró fijamente, algo que provocó que Connie se tensara aún más.

Luego de varios segundos su madre colocó suavemente sus manos sobre los hombros de su hija para tranquilizarla.

Hija, mírame, dijo con una voz cálida pero firme.

Connie obedeció lentamente, con los ojos ya brillosos por las lágrimas contenidas.

Mira, yo como madre sé que si te pasara algo estaría un poco…

no, lo corregiría inmediatamente negando con la cabeza, realmente perdería la cabeza.

Mis nervios estarían por los cielos y siento que eso mismo podría estar pasando allá.

Supongo que cada persona tiene maneras distintas de enfrentar las situaciones difíciles, y quiero que lo entiendas.

Connie bajó la cabeza y comenzó a llorar silenciosamente, tratando de no sollozar, pero finalmente terminó hundiendo su rostro en sus manos.

Su madre no dudó ni un segundo y la abrazó con fuerza, acogiéndola en un abrazo cálido que decía más que cualquier palabra.

Diferentes personas enfrentan las cosas de forma distinta, y no puedo imaginar cómo sería si algo le pasara a Steven, continuó mientras acariciaba su cabeza con suavidad.

Las pocas veces que hablé con Garnet me di cuenta de que no es alguien fácil de leer, así que quizás ella solo se expresó a su modo.

No te lo tomes personal.

¿Te dijo dónde estaba Steven?

Connie negó con la cabeza mientras se aferraba a su madre, sin poder dejar de llorar.

La señora Maheswaran la mantuvo cerca, y mientras le acariciaba el cabello pensó en lo mucho que adoraba a su hija y lo protectora que era con sus emociones.

Por eso la hacía estudiar tanto, no por obligación sino para mantener su mente ocupada, enfocada y segura.

Solo quiero que te desahogues, no quiero que guardes nada.

Si Steven te llama, habla con él.

Si necesitas verlo, podrías quedarte una noche en su casa, una sola, no más ni menos, pero quiero que estés tranquila y que duermas con la mente en paz.

Tomó el rostro de Connie con ambas manos y le dio un beso en la frente, sosteniéndola con un cariño enorme.

Tienes todo mi apoyo en lo que hagas, dijo con una sonrisa suave mientras la observaba de arriba abajo.

Después soltó una pequeña risita, como quien intenta romper el hielo con ternura.

Parece que estás entrenando, no, ¿es por Steve?

Connie se sonrojó de inmediato y tapó su rostro con vergüenza, mientras su madre reía discretamente al verla así, enternecida de más.

Cambio de perspectiva Steven estaría caminando ahora por un mar de recuerdos.

Era una sensación extraña, casi como un sueño interminable, y según cálculos mentales que ni él mismo entendía, ya habían pasado varios días.

La preocupación empezaba a instalarse en su pecho como una piedra fría, pero no podía escapar, solo avanzar y observar.

El paisaje se transformaría lentamente hasta convertirse en una zona de guerra, el mismo lugar donde Rose Cuarzo luchó con sudor, dolor y convicción por sus creencias, por el planeta que alguna vez gobernó y luego decidió liberar.

Qué ironía, pensó Steven, observando el contraste entre el pasado glorioso y la realidad emocional que él cargaba.

Frente a él se manifestó una escena intensa.

Perla se interponía detrás de su madre, recibiendo una apuñalada que detuvo el ataque dirigido a Rose.

Ese acto hizo que Rose se diera la vuelta con furia y atacara sin vacilar a la gema que había querido destrozarla por la espalda.

En cuestión de segundos Perla emergió de su gema recuperada, adoptando una postura de batalla impecable, decidida a proteger sin importar cuántas veces tuviera que regenerarse.

Steven la miraba con una mezcla de confusión y tristeza, notando algo que siempre había ignorado.

Perla se veía enamorada, o tal vez era solo una consecuencia de ser su Perla, su gema, su protectora.

Para él en ese instante daba igual, pero dentro de su mente lo anotó como un pensamiento importante.

Las voces dentro de su cabeza comenzaron a surgir sin control.

Algunas eran lógicas, otras extrañas, otras sonaban como recuerdos de una vida anterior, como si su conciencia fuera un rompecabezas mezclado entre universos.

Sentía que su mente corría con un IQ absurdo según él mismo, pero ese no era el problema.

Lo realmente alarmante era que pensaba una vez y escuchaba varias respuestas, algunas positivas, otras oscuras, otras simplemente caóticas.

La sobrecarga emocional, psicológica y visual provocó que su mente colapsara, implosionando todo aquel escenario.

Los colores desaparecieron de golpe, el tiempo se quebró y el mundo se deshizo en una expansión silenciosa.

Todo quedó sumido en un negro profundo, y Steven quedó suspendido, flotando en una nada infinita sin capacidad de reacción.

Sus ojos permanecían abiertos, fijos en la oscuridad, como si hubieran olvidado cómo parpadear.

Ahora estaba atrapado en un vacío sin dirección.

——————- Mientras tanto, en la vida real ya habían pasado dos días completos sin que Steven despertara.

Seguía sumergido, pero en intervalos lo sacaban para revisarlo, y aquel era uno de esos momentos críticos.

Amatista lo secaba cuidadosamente, intentando mantener su temperatura estable.

Garnet utilizaba su energía para darle calor y estimular su cuerpo debilitado.

Perla revisaba meticulosamente la temperatura y los signos vitales con pequeñas máquinas que había improvisado a partir de tecnología gema.

Lapis mantenía limpio cada centímetro del cuerpo de Steven, convencida de que, si iba a despertar, debía hacerlo en un estado digno.

Según ella, el agua representaba pureza y renacimiento.

Lapis observaba el rostro de Steven con intensidad.

Era imposible ignorar que incluso inconsciente, Steven no dejaba de llorar.

Sus lágrimas parecían salir por su propia voluntad, como si su mente estuviera viviendo un duelo que nadie podía escuchar.

En su interior, Lapis pensaba con tristeza profunda.

No sabía que te pondrías así.

Si hubiera tenido más valentía, tal vez no estarías en esta situación.

Solo intentaré ayudarte en lo que pueda.

Amatista compartía pensamientos similares, aunque trataba de ocultarlos con su típica actitud.

Pero si Garnet había dicho que ese era uno de los mejores futuros posibles, entonces solo podían tener paciencia y esperanza.

Perla estaba completamente concentrada, sin permitir que la angustia la dominara.

Revisaba cada detalle, la temperatura, la respiración, el pulso, la rigidez corporal y el estado de las pupilas.

Aunque no veía señales de conciencia, los signos vitales estables le daban un pequeño respiro emocional.

Miró alrededor y notó que todas estaban inmersas en sus propias tormentas mentales, incluso Garnet, quien estaba sin sus lentes mirando fijamente a Steven con sus tres ojos abiertos, lo cual solo ocurría cuando algo realmente significaba peligro o cambio.

Entonces Perla volvió a ver a Steven y su corazón dio un vuelco.

Los ojos de Steven ya no eran normales.

Estaban totalmente rosados, brillantes, con un tono profundo y cristalino como diamante, observándola directamente sin pestañear.

Perla abrió los ojos con horror y retrocedió tres pasos de inmediato, provocando que todas las demás se sobresaltaran y la miraran con total confusión.

Perla volvió a mirar a Steven con una mezcla de duda y temor.

Su rostro seguía exactamente igual que antes, con esa mirada perdida que no mostraba ninguna señal de lo que acababa de ocurrir, como si nada hubiera pasado.

Perla se obligó a negar con la cabeza frente a las demás, haciéndoles entender que no había ocurrido nada relevante, y todas volvieron a lo suyo con aparente normalidad.

Aunque Perla no podía hacer lo mismo, porque su mente estaba envuelta en pensamientos que no podía detener.

Perla estaría pensando.

Por qué vi esos ojos, se parecían tanto a los de ella cuando era, cuando era, era Diamante Rosa.

La idea le causaba un escalofrío interno y un nudo invisible en el pecho, mientras intentaba mantenerse enfocada en lo que debía hacer.

Después de varios minutos, Steven fue regresado nuevamente a las lágrimas sanadoras.

No sabían si realmente funcionaba, pero al menos evitaban la posibilidad de que su cuerpo sufriera algo grave como un paro o una falla orgánica, y por eso preferían mantenerlo en el lugar más seguro posible.

Perla miró hacia el sitio donde antes estaba Greg.

Él ya se había marchado porque no podía ayudar de manera directa, aunque lo intentó con lo que pudo.

Su forma de colaborar fue ordenar la casa de Steven para que, si llegaba a despertar, al menos se encontrara en un ambiente tranquilo y cómodo, libre de caos y desorden.

Perla suspiró levemente y volvió a dirigir la mirada hacia el agua donde Lapis mantenía a Steven bajo su control, sin apartar los ojos de él ni un solo segundo.

Garnet estaba firme apoyada en una columna, con la postura de alguien que no descansaría aunque el tiempo dejara de existir.

Amatista, en forma de ave, sobrevolaba las alturas del lugar, vigilando cualquier señal de peligro, especialmente por si Jasper o Peridot aparecían sin previo aviso.

El silencio entre ellas se volvió tan pesado que parecía material.

Perla levantó la vista hacia el cielo, como si buscara una respuesta que ninguna gema, visión, habilidad o tecnología pudiera darle.

Qué pasaría si Steven muriese, pensó con un miedo tan profundo que ni ella misma esperaba sentir.

Una lágrima solitaria recorrió su mejilla, pero la retiró rápidamente con la misma precisión con la que limpiaría una espada ceremonial.

No quería que ninguna de las demás la viera vulnerable, ni que esa pregunta flotara en el aire con voz propia.

Al final, igual que todas, solo pudo esperar.

Esperar a que Steven despertara.

Esperar a que no fuera demasiado tarde.

Esperar a que el destino no hubiera decidido otra cosa.

Steven seguía flotando exactamente en el mismo lugar, atrapado dentro de aquella oscuridad infinita donde no existía ni forma, ni dirección, ni sonido.

Su mirada se mantenía perdida, completamente vacía, sin reacción alguna.

El tiempo ahí carecía de significado.

¿Segundos, minutos, horas, días?

No podía saberlo.

Estaba consciente, pero al mismo tiempo no lo estaba, como si su mente se encontrara encerrada dentro de sí misma sin poder escapar ni comprender su situación.

Era como estar prisionero dentro del propio subconsciente, sin sentir dolor ni calma, solo una neutralidad abrumadora donde ni siquiera podía identificar quién era.

No tenía recuerdos claros, no sabía qué había ocurrido, ni si en verdad su mente se había sobrecargado.

Preguntas como quién era, qué hacía allí, qué había sucedido y por qué no podía pensar con coherencia se acumulaban dentro de su mente humana hasta formar un torbellino insoportable.

Y fue en medio de ese caos silencioso que algo llamó su atención y lo obligó a mirar hacia arriba.

Una luz rosada.

Steven entrecerró los ojos, cubriéndose con el antebrazo por reflejo, y en ese mismo gesto notó algo fundamental: podía moverse otra vez.

Probó mover brazos, piernas, manos y cuello, como si hubiera despertado de una larga parálisis.

La sensación era tan liberadora que por un momento creyó sentirse mejor que nunca dentro de aquella conciencia desierta.

La luz descendió lentamente, suave y brillante, haciendo que Steven la observara con asombro casi infantil.

Después de unos segundos, la figura de la luz se materializó frente a él, revelando algo que lo dejó sin palabras.

Era él mismo, o más bien, una versión suya, completamente rosada, con una presencia que parecía sólida pero al mismo tiempo celestial.

Sin embargo, lo que realmente lo inquietó fue la sombra que se proyectaba detrás de esa figura.

Esa sombra era diferente, como si perteneciera a otro ser.

La figura rosada entrelazó sus manos detrás de su espalda y mantuvo la mirada fija en Steven, sin parpadear, transmitiendo una mezcla de paz y autoridad que lo desarmó al instante.

Ese era Justin, su vida anterior, su yo del pasado.

Steven tragó saliva, sorprendido al reconocerlo.

steve: este, eres, digo, son yo?.

Las figuras no respondieron, solo mantuvieron la mirada con una calma absoluta, como si los dos supieran algo que él aún no entendía.

Después de unos segundos, ambas sonrieron con una expresión cálida, y un brillo intenso surgió desde sus cuerpos, cegando a Steven.

Se cubrió los ojos con ambas manos para evitar la luz, sintiendo cómo un pulso energético atravesaba su entorno.

Cuando la luz disminuyó, Steven abrió los ojos lentamente y observó algo aún más increíble.

Las figuras habían desaparecido y en su lugar había una rosa.

Era la rosa más hermosa que había visto en sus dos vidas, vibrante, perfecta, sin una sola imperfección, como si fuera una flor creada por un dios y no por la naturaleza.

Un eco resonó por todo el vacío.

-Soy lo que necesitas, soy lo que eres y soy lo que serás.

-Soy quien te ayudará.

Steven quedó completamente en silencio.

Había escuchado esas palabras con su propia voz, pero también con la voz de su vida pasada, como si ambas identidades hubieran hablado al mismo tiempo.

Era el sonido de su alma dividida convergiendo.

La rosa brilló aún más fuerte, pulsando con una energía que parecía latir al ritmo de un corazón.

Steven cerró los ojos y extendió la mano con firmeza, decidido a tomarla sin miedo.

En cuanto sus dedos tocaron la flor, esta comenzó a fusionarse con su cuerpo, desintegrándose en destellos rosados que lo envolvieron por completo, haciendo que su ser comenzara a brillar desde dentro como si su esencia estuviera renaciendo.

-en la realidad.

Las gemas seguían pendientes del cuerpo de Steven.

Ya había pasado un día completo más sin señales claras de mejora y la preocupación comenzaba a sentirse como una nube pesada sobre todas ellas.

Amatista observó el cuerpo inmóvil del chico con ansiedad acumulada.

chicas, creen que Steven bueno…, no terminó la frase, como si pronunciar la posibilidad le diera poder.

Perla respondió con una voz muy suave y temblorosa, aunque intentó sonar firme.

yo sí creo que despertará, estoy segura, susurró casi para convencerse a sí misma, y de inmediato miró a Garnet en busca de una señal.

Garnet se ajustó las gafas y asintió lentamente antes de volver su mirada hacia Steven.

Ese pequeño gesto fue suficiente para tranquilizar a quienes conocían la visión de los futuros posibles.

Amatista respiró un poco más lento, Perla aflojó la tensión de sus manos y Lapis, aunque no dijo nada, mantuvo silencio respetuoso.

Ella sabía lo que implicaba callar en este tipo de momentos.

De pronto Lapis notó algo extraño.

Steven se movía, no de forma brusca, sino como pequeños temblores involuntarios que interrumpían su control del agua.

disculpen gemas, hacer esto también es normal, dijo intentando sonar serena mientras elevaba un poco el cuerpo del chico, que comenzaba a temblar.

Pero Perla entró en pánico inmediato.

¡No!, no lo es, bájalo, sácalo del agua.

Amatista se sobresaltó de la impresión y empezó a mover los brazos desesperada para que detuvieran la acción, incluso Garnet sintió cómo el miedo le recorrió el alma al percibir un cambio peligroso en la energía.

Lapis obedeció rápidamente y colocó a Steven fuera del agua, pero en cuanto lo hizo, el chico comenzó a retorcerse con dolor, arqueando su cuerpo como si algo invisible lo estuviera consumiendo por dentro.

Las gemas quedaron paralizadas, sin saber qué procedimiento era el correcto.

Cada segundo parecía eterno y cuando por fin se dispusieron a intervenir, Steven se quedó completamente quieto.

Todo quedó en silencio.

Perla sintió cómo la vista se le nublaba, casi desplomándose.

Amatista palideció hasta volverse casi gris pastel.

Garnet no soportó la tensión y su fusión colapsó, separándose en Rubí y Zafiro, ambas sollozando con los ojos muy abiertos, incapaces de aceptar lo inevitable.

Lapis quedó con la boca entreabierta, incapaz de procesar lo que veía, como si el tiempo se hubiera quebrado sobre ella.

Dentro de la mente de Steven, este observó su propio cuerpo con incredulidad.

No sentía dolor físico, pero su percepción mental era completamente distinta.

El caos que antes lo atormentaba ahora se sentía más ordenado y silencioso.

Todavía escuchaba voces, recuerdos y ecos, pero ya no eran un huracán incontrolable, sino ideas que flotaban y se organizaban con calma.

Negó con la cabeza mientras respiraba profundamente, o al menos eso sentía dentro de su conciencia, y percibió un cambio súbito y lleno de poder en su interior.

Supongo que esto es lo que decía madre, pensó con tono reflexivo mientras miraba su mano, ahora más tonificada, casi con una fortaleza espiritual completamente distinta a la humana.

El vacío que lo rodeaba comenzó a moverse, como si el cielo invisible se agitara o se abriera sobre él.

Parece que el mundo me llama, dijo sonriendo con una expresión amplia y segura, justo antes de que aquel espacio se quebrara por completo como si su mente hubiera roto el cascarón de un huevo destinado a renacer.

Y entonces regresó.

En la realidad, ya casi lo estaban velando en vida, con una mezcla de desesperanza y dolor.

Perla estaba tomada del pecho, respirando entrecortado, Rubí y Zafiro lloraban abrazándose entre sí, Amatista temblaba sin saber qué hacer y Lapis mantenía una expresión vacía como si su alma se hubiera roto.

Pero todo cambió cuando los ojos de Steven se abrieron de repente y él se incorporó con tranquilidad, observando lentamente a su alrededor mientras recuperaba el enfoque visual.

Tardó unos segundos en procesar lo que veía.

No notaba nada extraño, solo rostros desesperados, ojos hinchados por el llanto y silencio total.

Después de unos segundos incómodos y confusos, todas reaccionaron al mismo tiempo.

¡STEVEN!, gritaron las cinco gemas corriendo hacia él para abrazarlo como si fuera lo más importante de sus existencias.

Steven quedó aún más confundido al sentir tantas manos sobre él al mismo tiempo.

Rubí y Zafiro, al estallar de emoción, se fusionaron nuevamente en Garnet, quien apretó aún más el abrazo colectivo.

Perla lloraba sin contenerse, derramando lágrimas como si su alma hubiese esperado una eternidad.

mi bebé volvió, mi bebé está aquí, mi niño, repetía con una voz quebrada.

Amatista lloraba de forma exagerada mientras lo abrazaba de la pierna, habiendo llegado desde el aire convertida en un ave y cayendo directamente sobre el grupo.

Nadie se quejó.

Lapis terminó encima del cuerpo de Steven, abrazándolo mientras lloraba sin parar.

Le pedía disculpas una y otra vez, con la voz más rota que nunca.

Steven apenas estaba regresando a la realidad, así que correspondió el abrazo de forma muy torpe, sin estar completamente presente todavía.

estoy, estoy bien?, sí, tranquilas, solo necesito ver si puedo pensar, recién me levanto saben?, dijo con una pequeña risa débil que provocó que todas lo abrazaran aún más fuerte.

¡Ay!, se quejó suavemente, lo que provocó que todas se detuvieran con lágrimas temblando en sus rostros.

Amatista habló primero con voz quebrada.

oh vamos viejo déjanos verte y abrazarte un poco más, fueron días difíciles, solo déjanos aquí, sí?.

Perla lloraba aún más mientras le tomaba el brazo.

sí Steven solo déjanos aquí, nos preocupaste mucho, no pensamos que estarías tan dañado, déjame estar aquí, sí?.

Garnet, aún detrás de él, habló con una voz cargada de vulnerabilidad mientras se quitaba las gafas.

vamos Steven, solo déjame…

digo, déjanos, a mí, Rubí y Zafiro, queremos estar a tu lado, nos tenías demasiado preocupadas, tu padre estaba preocupado junto a Connie.

En cuanto Steven escuchó esos dos nombres, se incorporó rápido y trató de girar para ver su entorno.

¿dónde están?, dijo con emoción, sin darse cuenta del peso que todavía tenía encima.

Unos quejidos suaves lo hicieron mirar hacia abajo.

Encontró a Lapis con expresión de cachorro lastimado.

perdóname, me perdonas?, preguntó abrazándolo aún más fuerte por la cintura, provocándole una mueca de dolor.

Steven respiró profundo, y a pesar de la confusión, posó suavemente su mano temblorosa sobre la cabeza de Lapis para tranquilizarla, lo que despertó un sentimiento de celos en las demás.

Con delicadeza, levantó el mentón de Lapis usando su mano, y ella lo miró con lágrimas todavía corriendo, aunque menos intensas.

Steven suspiró con la mente aún nublada y dijo lo primero que sentía.

no es tu culpa, yo quise pelear contra Jasper, si no lo hacía yo no lo haría nadie, y me culparía más si les pasaba algo a ustedes, así que si lo veo bien, no les pasó nada, verdad?.

Las gemas negaron con la cabeza, todavía llorando en silencio.

¿ven?, además por qué hace frío aquí?, preguntó confundido mientras miraba a ver si llevaba su camisa favorita, pero quedó paralizado al verse.

…

…

…

Steven se quedó completamente blanco y gritó con desesperación.

¡Y MI ROPAAAAAAAA!

Fin capítulo 34.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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