Steven Universe: ¿Soy que? Sobrecarga - Capítulo 38
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
38: Capitulo 38: Smoky.
38: Capitulo 38: Smoky.
Nota del autor: Hola, solo quería decirles que este capítulo es importante para la trama.
Para poder traerles el siguiente y saber que esta historia les está gustando, la meta de piedras será de 70.
Si pueden dejar comentarios con sugerencias también sería genial; me ayudan bastante a mejorar y seguir dándoles lo mejor.
Sin más que decir, bye.
Al día siguiente me desperté un poco adolorido, pero nada grave, nada que una buena saliva sanadora no pudiera arreglar.
Abrí los ojos y vi a Lapiz con el pie casi encima de mi cabeza como si yo fuera una almohada alternativa, así que solo solté una pequeña gota de sudor mientras me hacía a un lado.
Me levanté y caminé hacia la sala, donde estaba León observándome con una mirada sospechosa, como si le debiera dinero desde hace tres siglos.
Yo solo respondí mentalmente que sí, que ya estaba pagado, y le entregué el pescado que tenía guardado en el congelador.
Él pareció satisfecho y se fue a comer afuera, aunque antes dejó muy claro que no quería que yo volviera a dejar un desastre en la casa.
Me quedé con una sonrisa tranquila mientras caminaba hacia el baño para cumplir con mis hábitos matutinos, y así pasaron unas tres horas mientras me preparaba para el entrenamiento de ese día.
Lapiz ya se había despertado y anunció que quería acompañarnos para ver cómo entrenábamos.
No tuve motivos para negarme, así que acepté, además de que sería buena idea sacarla un poco de su zona de confort.
Las gemas salieron y me hicieron una señal para caminar hacia el portal.
Lapiz y yo avanzamos y en cuestión de segundos fuimos teletransportados a la arena celestial.
Ella se quedó maravillada por unos segundos, como si aquello fuera un parque temático divino, pero luego lo dejó pasar y fue directo a las gradas para observar lo que harían las demás gemas.
Amatista me miró con una sonrisa mientras me preguntaba si ya estaba preparado.
Yo solo necesitaba estirarme un poco, así que comencé a aflojar los músculos con algunas pequeñas flexiones.
Después de unos minutos, Perla y Garnet se apartaron para practicar por su cuenta, así que solo quedamos cerca Amatista, Lapiz y yo.
Lapiz seguía jugando con mi teléfono, todavía en medio de aquella batalla interminable del juego que llevaba días enfrentando, ahora contra dos usuarios, y aún así se los estaba comiendo vivos como si nada.
Cuando preguntó qué haríamos, Amatista respondió que se fusionarían para practicar distintas tácticas de combate y así mejorar sus habilidades en batalla.
Lapiz solo asintió con entendimiento y de inmediato comenzó a tomar fotos con mi teléfono como si fuera una fotógrafa profesional en una pasarela intergaláctica.
Desde que descubrió la aplicación llenó por completo mi memoria y seguía sobrecargándola sin piedad.
Suspire en silencio mientras pensaba que definitivamente necesitaba comprar una memoria más grande.
Miré hacia adelante mientras Lapiz continuaba tomando fotos sin control, mientras Perla y Garnet ya habían empezado a pelear con total seriedad.
Comencemos, viejo, dijo Amatista mientras empezaba a bailar.
La miré con cara de palo, pero al final la seguí, acomodando mis pasos para no parecer completamente torpe.
Nos acercamos lentamente, y Lapiz estaba ahí grabando todo, como si fuera un documental de nuestras habilidades.
Cuando unimos nuestras manos, un brillo nos envolvió, fundiéndonos en algo nuevo.
Lapiz parpadeó, sorprendida, y aunque las otras dos gemas que peleaban perdieron por un segundo la concentración, pronto siguieron como si nada.
Dos gemas se habían unido para formar a una nueva gema.
Lapiz me miró con los ojos abiertos, claramente sorprendida por la forma que tomó la fusión frente a ella.
Me miré los brazos, ahora grises, notando que solo tenía dos.
Era un poco más alta que yo y tenía el cabello blanco, parecido al mío, solo que más largo, hasta los hombros.
Mi cuerpo mostraba los resultados del entrenamiento, fuerte y pulido, aunque un poco regordete, sin perder mi esencia.
Mis ojos eran negros con pecas, y al mirar a Lapiz le hice un gesto de amor y paz, provocando que sacara varias fotos sin parar.
Primero lo primero, dije, mirando mis nuevas manos.
Veamos, ¿un nombre?
Que nombre me pondré…
ya sé.
Smoky, pensé, recordando la vez que me fusioné con Rose.
Bueno, ¿para qué cambiarlo?.
Soy muy perezosa para cambiarme el nombre.
Vuelvo a mirar mi cuerpo con curiosidad, no estoy tan delgada ni tan gordo, solo un término medio extraño pero cómodo.
Invoco el escudo de Steven para revisar cualquier diferencia y me sorprendo al instante.
Se ve más grueso, más sólido, como si hubiera pasado por una actualización inesperada.
No siento peso extra, lo cual también me extraña, así que lo lanzo hacia una de las columnas para probar su impacto.
El golpe resuena por toda la arena como un trueno, y quienes estaban atentos alcanzan a ver cómo el escudo queda incrustado a una profundidad absurda.
Me lleno de ánimos al ver ese detalle y saco la libreta de la chaqueta de Steven.
Empiezo a anotar rápido todas las diferencias que noto, y cuando termino vuelvo a guardar el libro en la chaqueta para luego quitarme la prenda y lanzarla hacia Lápiz, quien estaba grabando la pelea entre Perla y Garnet.
Lápiz apenas tiene tiempo para reaccionar cuando la chaqueta le cae en toda la cara, y su expresión de confusión es tan pura que casi me hace reír.
Le pido que me la guarde mientras me estiro, y ella responde un simple ok, ya completamente acostumbrada a mis rarezas, aunque igual saca todo lo que Steven guarda ahí como si quisiera descubrir qué tan profundo es ese bolsillo infinito.
Pronto termina leyendo la libreta mientras yo sigo perdida en mis pensamientos.
Decido hacer una prueba más y salto lo más alto posible.
Llego mucho más arriba que Amatista sola o incluso Steven, algo que esperaba pero que igual me emociona sentir en carne propia.
Cada detalle queda anotado, aunque admito que soy un poco más sosa anotando así que cuando estoy fusionada como Cuarzo Arcoíris.
Pero meh.
Miro mis dos armas recién formadas.
El escudo ya lo probé, pero el látigo se ve más largo, más flexible y muchísimo más práctico.
Cada vez que me fusiono con alguien, las armas siempre reciben una mejora sustancial, y me pregunto si esto se debe a la mezcla de personalidades o simplemente al caos que llevamos dentro.
Lo anoto sin pensarlo demasiado.
Luego fusiono ambas armas.
De la unión nace un yo-yo enorme y completamente distinto a lo usual.
Su nivel de estiramiento parece casi infinito, obviamente no lo es, pero transmite esa sensación de que puedo lanzarlo a cualquier distancia y seguirá extendiéndose como si la física no quisiera pelear conmigo.
Me preparo para lanzarlo hacia las columnas para comprobar su potencia…
Y oh sorpresa, además de ser muy flexible y práctico, el yo-yo tenía tanto potencial que si no hubiera experimentado antes con la parte de Steven y su telequinesis débil, habría pensado que lo estaba controlando con la mente.
Pero no, simplemente estaba bien hecho, perfecto para lo que necesitaba.
La parte de Amatista predominaba muchísimo en la fusión.
Eso regalaba un montón de trucos, giros y movimientos locos que Lápiz grabó durante un rato, aunque eventualmente se aburrió y volvió a pelear contra noobmaster67 con esa furia competitiva que ya era marca registrada suya.
Smoky hojeó su libreta mientras anotaba y evaluaba más detalles.
Intentaba obtener algo de información interna de la parte de Steven, pero él no quería soltarla.
Todo mundo tiene secretos, y la fusión también respetaba eso…
aunque igual empezó a revisar el libro, y leyó una parte que la detuvo por completo.
Amatista es alguien que admiro aunque a veces se pasa con sus bromas.
Bueno, es prácticamente mi hermana.
Me gusta pasar tiempo con ella.
Ella siempre fue la primera en apoyarme.
Aun sabiendo que tomaría su tiempo, dedicó su tiempo.
Smoky quedó mirando esas palabras durante unos segundos, con el corazón golpeando raro.
Pasó algunas páginas más y encontró otra nota.
Hoy Amatista me dio una paliza, pero ya es algo normal.
Siento que gracias a ella podré hacerme fuerte.
De verdad, de verdad.
La fusión sonrió con una mezcla de orgullo y ternura, y una lágrima cayó del ojo izquierdo directo sobre la hoja.
Recuperó la compostura rápido, aunque ese pequeño instante le quedó guardado bien adentro.
Terminó de escribir en la libreta y comenzó a entrenar nuevamente, aunque no tan eficientemente como antes.
Miró hacia Perla y Garnet, quienes descansaban mientras Lápiz les mostraba —con un poco de vergüenza pero también de emoción— todas las fotos que les había tomado.
Perla se veía sinceramente feliz y Garnet también.
Smoky respiró hondo y decidió llamarlas.
Oigan, chicas.
Las tres voltearon con signos de interrogación sobre sus cabezas.
Perla levantó una ceja, Garnet la miró como si ya supiera exactamente lo que iba a pasar.
Smoky cruzó las manos detrás de la espalda, infló el pecho y habló con todo el orgullo posible.
Bueno, alguien de ustedes tendría el honor de entrenar conmigo.
Realmente no veo tan eficiente hacerlo sola.
Perla levantó la mano al instante.
Garnet ya le había dicho antes que Smoky necesitaría a alguien, así que estuvieron descansando justo para ese momento.
Al levantarse, Perla le dio una sonrisa juguetona, casi desafiante.
Veamos si eres más fuerte que Cuarzo Arcoíris.
Smoky solo respondió con una sonrisa de come mierda, lista para demostrar exactamente de qué estaba hecha.
-Ambas nos pusimos frente a frente.
Veamos qué tienes, dijo Perla mientras invocaba su arma.
Yo sonreí y rápidamente saqué mi yo-yo, aunque todavía no lo desplegué del todo.
Nos miramos fijamente, listas, hasta que la voz de Garnet nos sacó de la concentración.
Comiencen, dijo con ese tono calmado pero firme.
Las dos corrimos una hacia la otra.
Perla intentó atacarme directo con su lanza, moviéndose con esa gracia perfecta que tenía.
Yo no era tan flexible como ella, pero tenía otra ventaja.
Me agaché tanto que básicamente mi espalda chocó con el piso, y cuando Perla vio la oportunidad se lanzó de frente…
pero no esperaba lo que pasó.
Sentí cómo mi cuerpo rebotaba en el suelo como si fuera de goma y aproveché el impulso para invocar el escudo justo a tiempo.
Su lanza chocó contra mi escudo, y por la posición y la fuerza salí ganando en el choque.
Perla salió volando varios metros antes de recomponerse en el aire.
Nada mal, dijo ella, cambiando su postura a una más seria.
No respondí con palabras.
Simplemente fusioné el látigo y el escudo en el yo-yo y lo lancé con fuerza hacia ella.
Como ya estaba preparada, lo esquivó fácilmente…
pero cuando el yo-yo rebotó en la pared y volvió hacia atrás, la escuché maldecir por lo bajo mientras comenzaba a correr por toda la arena.
Me concentré al máximo para seguir cada movimiento, guiando el yo-yo como si tuviera vida propia.
Perla seguía esquivando, saltando, haciendo piruetas, pero al final encontró un punto ciego detrás de mí.
La muy lista lanzó su lanza directo hacia mi cara.
Por puro reflejo invoqué el escudo y el yo-yo desapareció en un destello.
Es ahora, pensó ella.
La vi venir con un impulso tan rápido que no tuve tiempo de reaccionar.
El golpe me dio de lleno y salí volando hasta chocar con una columna.
Escuché su voz detrás.
Parece que gané.
Pero ella no vio mi sonrisa.
Un segundo después, mi cuerpo rebotó como si nada y salí disparada directo hacia su espalda.
Perla apenas tuvo tiempo de girarse, los ojos muy abiertos, cuando puse el escudo al frente.
El impacto la mandó a volar y Garnet tuvo que atraparla antes de que cayera peor.
Perla está fuera de combate, dijo Garnet muy tranquila, mientras Perla veía rositas flotando alrededor de su cabeza.
Yo empecé a festejar con un baile de victoria bien ridículo, hasta que sentí algo frío cayéndome encima.
Miré hacia arriba.
Genial.
Lluvia en plena arena celestial.
Maldición, dije mientras el cabello mojado me caía sobre la cara.
Terminaremos por hoy, dijo Garnet con esa voz sabia mientras miraba hacia el cielo como si estuviera reuniendo aura, aunque sabía que solo estaba viendo si la lluvia iba a caer con fuerza.
Lápiz también miró al cielo y sin decir nada caminó hacia el portal.
La seguí todavía fusionada, y Garnet cargó a Perla como un saco de papas mientras ella murmuraba incoherencias sobre bebés rosas.
Así los cuatro llegamos a la casa.
Yo seguía fusionada porque quería medir cuánto podía durar, aunque ya sabía que en cuanto llegara la hora de dormir de Steven, adiós fusión.
Caminaré un poco, aquí todavía no llueve, dije mientras salía.
Nadie me detuvo.
Garnet ya sabía que necesitaba este tiempo, y lo mejor era dejarme.
Lápiz por su parte estaba gritando en audios directos a unos niños que le tiraban hate a la cuenta de Steven, donde él subía recomendaciones de ejercicios.
Humanos insolentes, decía ella mientras revisaba uno de los posts, esta es la mejor forma de hacer tríceps, si ustedes no han entrenado en su vida no es culpa de Steven.
Garnet la observaba con una gota de sudor y decidió meterse a su cuarto antes de que la furia de agua se enfocara en ella.
Literalmente lanzó a Perla dentro y cerró la puerta.
Yo caminé por la playa, notando cómo las horas se habían pasado rápido mientras probaba comida en fusión solo por curiosidad.
Se sentía diferente, raro, pero entretenido.
Me senté en la arena, viendo el horizonte.
El atardecer pintaba todo con ese color naranja suave que hacía que la playa se viera casi mágica.
No dije nada al principio.
Era tranquilo, demasiado tranquilo para lo que tenía dentro.
Al final terminé hablando conmigo misma.
Amatista, estás bien.
Hubo un silencio dentro de mí.
Tardé unos segundos en responderme.
Lo estoy.
Amatista.
Qué pasa.
Sé que no estás bien.
Qué te preocupa.
Sabes que puedes contarme lo que necesites.
El silencio regresó más pesado.
Por un momento pensé en separarme, pero no lo hice.
Es por la guardería y lo que pasó allí, ¿verdad?
Sentí cómo mi cuerpo tensaba cada músculo.
Asentí en silencio.
Lo entiendo.
Y lo sabes, te lo dije antes.
Miré la arena con culpa.
Esa culpa que no se quitaba con nada.
Si no fuera por mí, no estaríamos en este problema.
No es tu culpa, Amatista.
Solo adelantaste algo que iba a pasar igual.
Homeworld ya tenía planes.
Y para ser sincero, el nombre Pepe también me daba risa.
Una risita se escapó sin querer, acompañada de lágrimas.
Oh vamos, admítelo.
Finalmente la luz empezó a envolvernos y la fusión se deshizo con suavidad.
Amatista y yo quedamos sentados uno al lado del otro mirando el mar, que ahora se veía incluso más hermoso con el cielo teñido de rosa y naranja.
No fue tu culpa ni nunca lo será.
Siempre me tienes a mí.
Si algo te pasara no me lo perdonaría.
Quiero que lo recuerdes.
Te quiero.
Eres como una hermana para mí.
Y si quieres desahogarte peleando, aquí estoy.
Al final, soy prácticamente un tanque.
Amatista no pudo más y me abrazó con fuerza.
Lloraba mientras sonreía al mismo tiempo.
Yo solo la abracé de vuelta, dejando que todo saliera con calma mientras el sonido del mar nos envolvía.
Ambos regresaron a la casa.
Amatista se dirigió directamente a su habitación, según ella ya había tenido más que suficiente carga emocional por un solo día.
Yo me senté junto a Lapiz, que seguía discutiendo con el teléfono mientras este se cargaba.
La observé en silencio por unos segundos, pero terminé negando con la cabeza.
Después me levanté para darme una ducha tranquila y, ya aseado, saqué unos libros de anatomía humana y energía física.
Ambos temas me llamaban la atención; siempre me ha gustado estudiar, aunque no lo diga mucho.
Lo escribo aquí para no olvidarlo, porque sé que luego se me pasa mencionarlo.
Así pasó la noche, mientras Steven meditaba en sus próximos pasos y en lo que podría hacer, sin notar que algo se aproximaba desde muy lejos.
En otro lugar del planeta, una gema solitaria viajaba en su nave mientras maldecía en voz baja.
La habían enviado a ese planeta ridículo para enfrentar a una rebelde que se suponía estaba muerta.
Intentó vengar a su Diamante y, después de todo, ¿qué había logrado?
Nada.
Una pausa incómoda llenó la cabina mientras la palabra que detestaba se formaba en su mente.
Perdí.
La sola idea le revolvía el estómago.
¿Cómo podría vencerlos?
No podría hacerlo sola.
Tenían a Rose, que aunque la superó gracias al entorno, seguía siendo una amenaza.
Y además estaba esa fusión repugnante.
Se detuvo en seco cuando la idea apareció.
Fusión.
Lo dijo con asco, pero también con una chispa de estrategia.
Necesitaba encontrar a Peridot; era la única salida.
Caminó con mayor rapidez, convencida de que esa era la decisión correcta.
Mientras tanto, lejos de allí, en un paisaje solitario rodeado solo de monte, Peridot intentaba comunicarse con cualquier cosa que pudiera responderle.
Por razones obvias, nada funcionaba.
Maldijo sus propias herramientas y examinó su panel de dedos, buscando alguna solución, hasta que encontró un dato útil.
Centro de Comunicación.
Tal vez eso me ayude.
El pánico le recorrió el cuerpo por un instante, pero pronto recuperó la compostura.
Si encontraba a Jasper sería aún mejor.
Juntas escaparían de ese planeta inútil antes de que explotara.
Con esa idea en mente, Peridot emprendió su caminata como si buscara el One Piece…
digo, el Centro de Comunicaciones.
Fin del capítulo 38.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com