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Steven Universe: ¿Soy que? Sobrecarga - Capítulo 41

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41: Capítulo 41: Elegancia Rápida 41: Capítulo 41: Elegancia Rápida Nota del autor: Sí, ahora mismo estoy cayendo en la locura.

He pasado un día entero analizando los próximos veinte capítulos y, sinceramente, si alguna vez tardo más de dos semanas en sacar uno nuevo, es porque me les fui.

Gracias por el apoyo, de verdad.

Sin nada más que decir, nos vemos en el siguiente.

Continuemos.

Steven estaría sumido en un entrenamiento que solo podía describirse como diabólico, una rutina que parecía no tener final y que drenaba más su mente que su cuerpo.

No era para menos.

Cada día despertaba con esa sensación punzante en el estómago, un pánico que no desaparecía ni siquiera cuando respiraba hondo.

Vivía con la idea fija de que en cualquier momento Jasper o Peridot podrían caer sobre ellos como una tormenta impredecible, una sombra pesada que lo obligaba a mantenerse alerta incluso cuando cerraba los ojos.

A veces pensaba en lo peor.

¿Y si lo atacaban mientras dormía?

¿Y si un descuido bastaba para que todo lo que había logrado se desmoronara?

Ese pensamiento lo perseguía como un eco incansable, uno que no podía ignorar por más que tratara de concentrarse en las respiraciones o en los ejercicios que Pearl le había enseñado.

Era un peso que cargaba sin que nadie más pudiera tomarlo por él.

Incluso había tomado decisiones difíciles, como alejar a Connie de aquellas zonas.

No quería que ella estuviera cerca del peligro, no quería arrastrarla a la incertidumbre que él mismo enfrentaba cada día.

Ella se había enojado un poco, claro, pero aun así entendió que su intención nunca fue apartarla por egoísmo sino protegerla de algo que ni él mismo podía definir por completo.

Esa mezcla de culpa y alivio lo acompañaba como una sombra, recordándole que a veces amar implicaba tomar distancia.

Saldría de la habitación de su madre con una concentración absoluta, como si cada paso pudiera activar una alarma invisible.

Observaba cada rincón, cada detalle, cada resplandor de luz que chocaba contra las paredes, porque cualquier cosa podía significar peligro.

Su mirada solo se suavizaría un poco cuando viera a Lápiz, quien practicaba su control del agua con una precisión perfecta, tan perfecta que parecía desconectarse del mundo mientras lo hacía.

Pero incluso eso le generaba inquietud.

Sabía que Lápiz podía perderse en sus propios pensamientos, en sus emociones turbulentas, y eso la hacía vulnerable.

Hubiera preferido dejarla en el granero, ese lugar al que su padre lo llevó años atrás, un espacio tranquilo lejos de todo el caos.

Pero mientras Jasper siguiera libre, no podía permitirse dejar a Lápiz sola.

Podía imaginarlo con demasiada claridad: Jasper recurriendo a trucos psicológicos, manipulando, provocando, buscando una fisura emocional para presionar a Lápiz y hacer que se fusionara con ella nuevamente.

Y no permitiría algo así.

No esta vez.

No después de todo lo que Lápiz había soportado.

No mientras él pudiera evitarlo.

Steven respiraría hondo, sintiendo cómo el peso en su pecho no desaparecía pero sí se acomodaba lo suficiente para permitirle moverse.

Sabía que cada día era una batalla nueva, incluso sin enemigos presentes.

Sabía que su propio miedo era parte del campo de guerra.

Pero aun así continuaba, porque detenerse no era una opción y porque proteger a los demás siempre había sido más importante que protegerse a sí mismo.

Steven avanzaría hacia afuera con la mente todavía enredada en sus propios pensamientos.

Lápiz lo miraría de reojo y lo saludaría de manera tranquila, como siempre, sin moverse demasiado de su sitio.

No iría con él porque observar sus entrenamientos la aburría, aunque en el fondo había momentos en los que lo encontraba fascinante, pero solo cuando Steven peleaba de verdad y no cuando repetía ejercicios.

La fusión entre Garnet y él no se había hecho en mucho tiempo, no porque Garnet no quisiera, sino porque no había espacio para ello.

La visión futura estaba completamente descontrolada, un caos impreciso que mantenía a Garnet nerviosa, alerta, observando todos los rincones como si algo pudiera saltar de las sombras.

Steven estaba por salir y ya tenía la mano extendida hacia la puerta cuando un sonido familiar, profundo y vibrante, resonó desde la sala.

Era el portal.

La sangre se le heló por un instante.

Giró sobre sus talones con reflejos tensos y levantó su escudo sin pensarlo, brillante y firme como un latido.

Lápiz, que ya había percibido el ruido, reaccionó aún más rápido.

Sus alas de agua se desplegaron con un susurro fluido y voló hacia su lado, aterrizando apenas a unos centímetros de él, con la mirada fija en el portal que emitía una luz pulsante.

Ambos aguardaron, sin moverse ni respirar demasiado, atentos al más mínimo detalle.

Cuando la luz finalmente se apagó, quedaron allí…

Las chicas.

Pearl, Garnet y Amatista estaban de pie, respirando agitadas, visiblemente cansadas.

Parecía que cada una había corrido una maratón emocional.

Un silencio incómodo cayó sobre toda la casa, pesado, casi físico.

Lápiz fue quien lo rompió con un simple saludo, suave pero firme.

Hola.

Algo nuevo?

Las tres gemas intercambiaron miradas y negaron con lentitud, exhalando un suspiro colectivo que revelaba más tensión que alivio.

Pearl, Garnet y Amatista caminarían hacia el área principal y se dejarían caer en los asientos, como si las horas anteriores hubieran sido una búsqueda interminable.

Steven y Lápiz se acercarían con cautela, manteniendo la guardia alta hasta que finalmente la postura del resto mostró que no había amenaza inmediata.

Hablarían de manera breve, casi murmurada, intercambiando información sin mucha estructura.

Habían recorrido varios lugares sin encontrar ni rastro claro de Jasper o Peridot.

Lo primero que habían revisado era el centro de comunicaciones, un lugar que recordaban como un desastre absoluto.

Y seguía viéndose así…

o eso asumieron.

Lo que no sabían era que Peridot había dejado el sitio tan perfectamente reconstruido, tan meticulosamente arreglado, que cualquier diferencia quedaba oculta a simple vista.

Si no miraban con verdadera atención, parecía exactamente igual de destruido que antes, un camuflaje accidental, una obra demasiado bien hecha.

Todas concluyeron que no había señales nuevas.

Nada que indicara un ataque inmediato, ni un rastro sólido que seguir.

Solo más incertidumbre.

Pero el ambiente seguía pesado, cargado de esa sensación de que algo estaba a punto de ocurrir.

Y Steven lo sabía.

Lo sentía en el pecho como un eco constante.

un recuerdo le golpearía la mente como un relámpago silencioso, casi incómodo, uno de esos pensamientos que regresan sin que nadie los llame.

peridot.

la señal.

aquella transmisión en la serie que nunca llegó a ningún lado.

ese detalle enterrado en algún rincón de su memoria de fan se abrió paso con fuerza, tan inesperado que steven sintió un pequeño escalofrío recorriéndole la espalda.

su mirada cayó lentamente sobre la televisión, un aparato que no encendían desde hacía muchísimo tiempo, y aun así, algo en su interior le decía que debía revisarla.

caminó hacia ella con total calma, aunque en su pecho todo temblaba.

las chicas lo siguieron con la mirada, confundidas, esperando alguna explicación que nunca llegó.

steven simplemente encendió la televisión y se quedó inmóvil frente a la pantalla llena de estática.

pasaron unos segundos, densos, silenciosos, casi extraños.

viejo, ¿qué haces?

amatista se dejó caer a su lado, rascándose la cabeza, inclinando la mirada para ver la pantalla.

¿vamos a ver tele?

ya tiempos no miro la verdad…

lapiz descendió flotando y se sentó junto a steven, observando la estática como si esperara que algo saliera de ella.

garnet y perla, más tranquilas, asumieron que steven solo estaba intentando salirse de la rutina, y sin pensarlo demasiado se acomodaron cerca de él.

pero steven no estaba simplemente viendo la estática: estaba esperando algo.

¿por qué no pones nada?

preguntó perla, frunciendo el ceño cuando notó que steven no tocaba ningún botón más.

ya lo hice, respondió él, mostrando el control con el canal 3 seleccionado.

¿estará dañado?

garnet se levantó con la precisión de quien revisa un detalle técnico y se acercó a la antena para ajustarla.

no, dijo steven con un tono bajo, sin apartar los ojos de la pantalla.

mueve las antenas, pero la señal está bien.

garnet no discutió; simplemente asintió y comenzó a mover las antenas con movimientos lentos, metódicos.

durante unos segundos no ocurrió nada…

hasta que la pantalla parpadeó.

primero fueron manchas.

fragmentos entrelazados de luz verde, como si una figura tratara de formarse entre capas de interferencia.

después una línea cruzada, luego otra, y finalmente…

una voz.

aquí perido…

necesito refuer…

mis…

diamante…

los mensajes se escuchaban rotos, incompletos, como si la transmisión llegara desde un lugar muy lejos, demasiado deteriorado para sostenerse.

la voz sonaba urgente, casi desesperada, pero cada frase se ahogaba antes de terminar: …rebeldes…

…energía agot…

…comunicado fallido…

y luego, finalmente, la señal se cortó.

la pantalla volvió a la estática.

un silencio incómodo se apoderó de toda la casa, tan pesado que parecía que incluso el aire dudaba en moverse.

lapiz seguía sujetando el brazo de steven, apretándolo con fuerza, como si aún no procesara del todo que peridot acababa de “llamar a las diamante” desde quién sabe dónde.

steven tragó saliva, sintiendo la presión del agarre azul, una gotita de sudor corriendo por su sien.

bien, dijo finalmente, aplaudiendo una sola vez para romper el silencio.

todas dieron un pequeño salto del susto.

maldita peridot, gruñó amatista, lanzándose hacia la televisión con intención clara de golpearla si eso ayudaba en algo.

por suerte garnet aún estaba lo suficientemente cerca para sujetarla del cuello de la camisa antes de que destruyera el aparato.

perla, por su parte, ya estaba analizando todo.

sus ojos se movían rápidamente, su mente reconstruyendo la lógica.

el centro de comunicaciones…

ella misma, junto a garnet, lo habían destrozado.

no debería poder transmitir nada.

nada.

oye…

no lo destruimos nosotras?

preguntó perla finalmente, con una mezcla de duda y preocupación.

garnet se cruzó de brazos.

su postura decía que también había algo que no le cuadraba.

debería, respondió con seriedad.

aunque…

los recuerdos no son claros.

ajustó sus gafas y su expresión se volvió más grave.

deberíamos revisar.

gems, vamos.

las tres se levantaron casi al mismo tiempo, la tensión recorriendo sus cuerpos como electricidad.

steven las observó, aún sentado, hasta que perla se giró hacia él.

¿vienes?, preguntó con suavidad.

sí, respondió él casi de inmediato.

luego miró a lapiz.

¿vienes tú también?

lapiz no tardó en asentir.

no quería quedarse sola.

no cuando peridot, jasper y quién sabe qué más estaban moviéndose por ahí.

así, sin más palabras, los cinco caminaron hacia el portal.

steven respiró profundo.

lapiz apretó su brazo una vez más antes de soltarlo.

y con un sonido brillante, el portal los tragó a todos.

al llegar, el mundo pareció dar un giro extraño.

no aterrizaron donde querían, ni siquiera cerca.

simplemente fueron arrojados a un lugar aleatorio, como si el portal hubiera estornudado y escupido sus cuerpos sin ninguna precisión.

la luz se disipó y todos quedaron parados en medio de un espacio desconocido.

el silencio cayó sobre ellos como una manta pesada.

nadie hablaba.

nadie respiraba más fuerte de lo necesario.

simplemente…

estaban ahí, intentando procesar lo que acababa de pasar.

lo rompieron, ¿verdad?, murmuró perla finalmente, con esa expresión de decepción que solo ella podía lograr.

recordó con claridad la fusión descontrolada que habían tenido días antes y cómo, entre golpes y empujones, probablemente habían dañado el mecanismo que conectaba el portal al centro de comunicaciones.

creo que sí…, admitió amatista, rascándose la cabeza con expresión culpable.

antes de que alguien pudiera decir algo más, el portal se encendió de nuevo de manera abrupta, envolviéndolos en luz y devolviéndolos directamente a la casa, como si el universo les dijera “no, ahí no”.

steven suspiró, soltando el aire que había retenido sin darse cuenta.

traeré a león, dijo mientras giraba hacia la habitación donde el león rosado dormía profundamente, acostado tan tranquilamente que parecía un adorno mullido de peluche grande.

por suerte, ni los portales ni las preocupaciones parecían afectarlo.

camino hacia él, y el gran felino levantó la cabeza apenas sintió su presencia.

hola, león, dijo steven mientras le acariciaba la frente con cariño.

necesito un cambalache tuyo.

quiero que nos lleves al…

one piece.

león resopló con suavidad, como si entendiera perfectamente la mezcla entre chiste, urgencia y costumbre del chico.

luego se incorporó despacio, estiró las patas, arqueó la espalda y agitó su melena.

las gemas observaron sin decir una palabra.

no porque no quisieran, sino porque ya conocían este proceso y en el fondo sabían que discutir contra león era inútil.

pasaron unos segundos y león inclinó la cabeza de cierto modo, un gesto bastante claro para quienes ya lo conocían.

dense prisa, dijo steven con un movimiento de manos.

súbanse primero.

garnet, amatista y perla subieron sin protestar.

lapiz y steven, para mayor comodidad, fueron directo a la melena.

steven la levantó un poco y ayudó a lapiz a meterse primero, luego él mismo se deslizó dentro.

la sensación de entrar a la melena siempre era rara, como atravesar una nube tibia que vibraba con energía antigua.

león…

¿sabes dónde queda el centro de comunicaciones?, preguntó steven, acomodándose dentro del espacio luminoso.

león asintió lentamente.

bueno…

ahí necesitamos ir.

león no dudó.

soltó un rugido profundo, casi musical, y la energía se arremolinó en el aire.

un portal se abrió frente a ellos, brillante, con los tonos rosados y dorados de siempre, y el león saltó hacia adentro con confianza absoluta.

steven nunca dejaba de maravillarse.

el interior del portal siempre era un túnel hipnótico lleno de colores que danzaban como auroras mezcladas.

era hermoso, vibrante, casi pacífico, tan distinto a todo el caos que vivían afuera.

apenas estaba por observar mejor el camino lumínico cuando salieron disparados al otro lado.

el portal se abrió justo en el centro de comunicaciones.

las gemas dieron unos pasos afuera, observando el lugar.

a primera vista, se veía exactamente igual que antes: un completo basurero.

cables por todos lados, restos de metal, estructuras partidas, piezas tiradas…

el mismo desastre.

todos se bajaron y empezaron a avanzar en silencio, analizando cada rincón.

quédate aquí, ¿sí?

te necesitaremos para volver, dijo steven mirando a león.

león simplemente asintió y se sentó, tranquilo, como un guardián rosado esperando la siguiente orden.

Steven volvería la vista hacia las gemas, que lo esperaban con paciencia mientras él intentaba ordenar todo lo que pasaba por su cabeza.

Caminó hacia ellas, atento a cada detalle del lugar y sintiendo cómo la situación se volvía más extraña a medida que avanzaban.

Después de unos minutos recorriendo las torres y dando vueltas alrededor del centro de comunicaciones, las anomalías comenzaron a hacerse evidentes.

Si aquel extraño mensaje no hubiera aparecido en la televisión, jamás habrían prestado atención al desorden que los rodeaba, pero ahora todo era distinto.

Cada sombra y cada cable torcido parecían gritar que el lugar estaba trucado.

Amatista, convertida en un ave pequeña y descansando en el hombro de Garnet, observó todo con una mezcla de asombro y burla.

Pensó que, pese a lo absurdo, aquello funcionaba sorprendentemente bien, tan raro que casi resultaba impresionante.

Garnet observó el centro de comunicaciones con su calma habitual, consciente de lo necesario.

En su mente ya estaba decidida, así que después de unos segundos lo dijo con naturalidad: debían destrozarlo.

Amatista negó de inmediato, sin intención alguna de traer a Sugilite a la ecuación nuevamente.

Garnet lo entendió y dirigió su mirada hacia Perla.

Perla sintió aquella mirada como una invitación celestial.

Sus ojos se iluminaron y su emoción creció tanto que terminó abrazando a Steven por la espalda, justo cuando él seguía atrapado en sus propios pensamientos.

Steven, sin medir mucho sus palabras, soltó una idea clara y directa.

Era mejor destruir todo sin dejar rastro, así nadie tendría que venir a repararlo de nuevo en el futuro.

Y también evitaría que Perla se obsesionara con fusionarse con Sardonyx cada vez que pudiera.

Qué listo eras, Steven.

Perla lo apretó con más fuerza, llena de emoción, y enseguida se preparó junto a Garnet.

Las dos se colocaron en posición, listas para lo que venía.

Comenzaron a bailar de una forma tan natural y fluida que cualquiera habría notado la alegría en cada mirada que compartían.

Un brillo enorme se extendió frente a todos y una figura se materializó con elegancia.

Cuatro brazos estilizados, una postura increíble, una cabeza con ciertas líneas que recordaban a Peridot pero con una mezcla inconfundible entre Garnet y Perla.

Una fusión diseñada para deslumbrar.

Era, en cada sentido, una presencia elegante.

La recién formada Sardonyx giró con gracia, saludó al aire imaginario y se presentó ante su querido público.

Amatista se dejó caer al suelo con la intención clara de echar una siesta, mientras que yo apenas podía evitar imitarla.

Lapiz simplemente observó a la fusión para luego mirarme a mí, con esa neutralidad que igual decía mucho.

Sardonyx avanzó hacia las columnas del centro de comunicaciones con una sonrisa amplia, como si estuviera iniciando un espectáculo.

Cada movimiento era un acto, cada golpe una coreografía bien pensada.

Elevó dos brazos y, con una delicadeza majestuosa, empezó a romper las columnas una por una.

Las fracturaba como si fueran parte de una presentación teatral calculada, dejando que cada pedazo cayera con el dramatismo perfecto para el cierre de un espectáculo.

El edificio crujió, tembló, cedió y terminó desplomándose en una mezcla de polvo, metal y ecos del pasado.

Y justo en el instante final, Sardonyx dio una reverencia elegante antes de dejar que la luz de la fusión comenzara a disolverse.

Garnet y Perla regresaron a su forma original con suavidad, como si el escenario les hubiera regalado un aplauso silencioso.

La destrucción estaba hecha.

Y había sido, por lo menos, espectacular.

Qué elegante, dije mientras observaba lo que acababan de hacer.

Lapiz y Amatista me miraron con una expresión llena de confusión.

Intenté aclararme mientras caminaba hacia León, y Lapiz voló a mi lado casi de inmediato.

Las demás simplemente siguieron en lo suyo sin mayor reacción.

Perla y Garnet permanecían completamente absorbidas en su propio mundo, felices por haberse fusionado de nuevo, y Amatista terminó posándose en mi hombro mientras dejaba que las dos gemas celebraran a su manera.

Después de unos minutos, en los que Perla y Garnet continuaron disfrutando de su entusiasmo, finalmente recuperaron la compostura.

Perla corrió hacia nosotros con esa energía característica que tenía cuando algo la emocionaba demasiado.

Nos pidió que las esperáramos justo cuando ya estábamos montados sobre León.

Garnet la siguió con una sonrisa tranquila, como si todo aquello hubiera sido el cierre perfecto del momento.

Fin del capítulo 41.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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