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Steven Universe: ¿Soy que? Sobrecarga - Capítulo 44

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44: Capitulo 44: ¿¡Tio!?.

44: Capitulo 44: ¿¡Tio!?.

Nota del autor:Hola, solo vengo a decirles que aunque este capítulo no salió exactamente como quería, lo hice con mucho cariño.

A partir de este punto voy a comenzar a pedir piedras.

Para el próximo capítulo pediré unas 60.

Los quiero mucho.

Buenos días, dijo el ahora conocido como Tío Grandpa, apareciendo con una naturalidad tan absurda que solo él podía tener.

Ambos nos miramos fijamente durante varios segundos en un silencio tan incómodo como surrealista.

O bueno, silencio mío, porque él estaba tranquilamente jugando ajedrez consigo mismo mientras yo me hundía en un remolino de pensamientos caóticos.

Finalmente solté un suspiro y dije en voz alta que había caído definitivamente en la locura.

Aquello llamó su atención y levantó la vista.

Para nada, niño, respondió con una tranquilidad tan desarmante que solo empeoró mi crisis interna.

Vengo a ayudarte.

Lo observé sin hablar, pasé una mano por mi cabello y sentí un temblor en mis dedos.

Realmente estaba llegando a la locura, ¿no?

La duda me carcomía y mi propio cerebro parecía ya no confiar en sí mismo.

Tal vez, respondió él mientras me ofrecía una pizza que tomé casi automáticamente.

Empecé a comer sin pensar, como si aquello fuera lo único cuerdo en el universo.

Entonces, ¿qué carajos haces aquí, Tío Grandpa?

Lo dije con una mezcla de risa nerviosa y desesperación.

Nada de aquello debía ser real.

Él no podía estar allí.

Debía estar soñando.

Sí, eso era.

Un sueño raro, intenso y completamente absurdo.

Seguro despertaría en cualquier momento.

Vine a que invoques tu escudo, dijo con total tranquilidad, como si estuviera pidiendo pasar la sal.

Lo miré en silencio sin saber si debía reír, llorar o simplemente aceptar mi destino.

Mi escudo, repetí con más dudas aún.

Sí, eso dijo mi bolso.

¿O no, Bolso Belly?

Claro que sí, Tío Grandpa, respondió el bolso mientras sacaba una lengua enorme y mostraba una fotografía de mí.

Aunque este Steven parece más fuerte que el de la foto, añadió con descaro.

La imagen, claramente, era del otro Steven.

El de Future.

Es otro Steven, murmuré después de unos segundos de silencio mientras una sensación fría recorría mi columna.

Eh, dijo Tío Grandpa mientras observaba la foto con varios ojos que no sabía que podía tener.

Yo ya lo puedo invocar, mencioné, y acto seguido invoqué mi escudo frente a él.

La reacción fue tan exagerada que casi me hizo retroceder.

Se sorprendió tanto que sus ojos, su lengua y hasta su piel salieron disparados, dejando solo el esqueleto como si eso fuera lo normal.

Lo miré con aún más confusión y apenas pude preguntar si ya había caído completamente en la locura.

Rápidamente, como si nada hubiera pasado, Tío Grandpa volvió a recomponerse en un segundo.

Esto nunca había pasado, Bolso Belly, dijo Tío Grandpa con una seriedad extraña mientras flotaba ligeramente sobre el aire.

Debemos ayudar a ese niño.

Luego me miró directamente, como si de pronto yo fuera la pieza clave de su plan absurdo.

Y tú vienes conmigo.

Ya que puedes invocarlo, deberías ayudarme.

Abrí la boca para responder, pero no tuve ni siquiera tiempo de formar una palabra.

Un agujero negro apareció repentinamente bajo mis pies, tragándome con una fuerza brutal.

TÍO GRANDPA, HIJO DE PU– No terminé, porque el agujero se cerró de golpe y cortó mi grito a la mitad.

Qué vocabulario, comentó Bolso Belly con indignación.

Ni que lo digas, respondió Tío Grandpa mientras flotaba boca arriba, girando lentamente como si fuera un satélite absurdo.

Después murmuró algo completamente inentendible, una mezcla extraña entre palabras al revés y sonidos místicos: ragell ed oroh, oresorg le noc naivnen em euq selatro.

Su cuerpo empezó a desvanecerse en partículas brillantes hasta desaparecer como si nunca hubiera estado allí.

Lápiz levantó la vista desde la cama, confundida.

Parecía haber escuchado mi voz a lo lejos, pero al notar que yo no estaba simplemente negó con la cabeza y volvió a recostarse, envolviéndose más entre las mantas como si nada extraño hubiera ocurrido.

Mientras tanto, yo estaba flotando en un vacío absoluto.

No había luz, ni piso, ni cielo.

Solo un silencio infinito que hacía eco en mis pensamientos.

Pasaron unos segundos que se sintieron eternos, y luego el mundo decidió dejar de ser amable.

De pronto empecé a caer.

MIERDAAAAAAA, grité mientras descendía en caída libre hacia una superficie que parecía arena.

Cerré los ojos con fuerza, esperando el impacto brutal contra el suelo.

Pero antes de que pudiera comerme medio desierto, una mano gigante surgió y me atrapó en el aire.

Buenos días, dijo la voz de Tío Grandpa con una calma irritante, bajándome con una suavidad exagerada, como si fuera un bebé recién nacido.

Apenas mis pies tocaron el suelo me tambaleé.

Estaba mareado, confundido, y definitivamente incapaz de seguir el ritmo caótico de este personaje.

Sentía que mi cerebro estaba a dos pensamientos de renunciar a su trabajo y declararse en huelga permanente.

Parece que estás en una pieza, dijo Tío Grandpa con una sonrisa inocente, como si no hubiera hecho absolutamente nada malo.

Yo solo solté un suspiro largo y cansado mientras miraba hacia la casa.

Era familiar…

pero a la vez no lo era.

Era como ver un recuerdo que no pertenecía del todo a mi cabeza.

Así que aquí era donde deberíamos estar, no?, dije levantando una ceja con resignación.

Claro que sí, respondió Tío Grandpa mientras una mano extra aparecía de la nada y sostenía una lista.

Era una lista completamente escrita en un código que no tenía sentido para ninguna mente sana.

Parecía más un manuscrito lovecraftiano que cualquier cosa útil.

Me acerqué por encima de su hombro y al verla simplemente me rendí.

Termines con esto, tengo a una Jasper furiosa en mi mundo, dije mientras comenzaba a caminar hacia la casa como quien intenta irse antes de que la situación empeore.

Toda la razón, dijo Tío Grandpa siguiéndome como si estuviéramos en un paseo casual.

Ambos llegamos a la puerta.

Y cómo hacemos?, pregunté levantando una ceja de nuevo porque obviamente nada sería normal.

Pues tocamos con nuestro aparato tocador de puertes 8000, dijo con total naturalidad.

Sacó aquel aparato de un rincón imposible del universo y presionó un botón.

Primero salió una guitarra que empezó a sonar sola, luego una mano extra que marcó un ritmo extraño, después emergió un violín que fue tomado por un gato multicolor que tocaba con la gracia de un músico de taberna interdimensional.

Finalmente ese gato chifló con fuerza y un ave carpintera apareció para golpear la puerta como si fuera una batería de rock.

Me quedé en silencio.

Por extraño que fuera, aquello se parecía demasiado a algunos pensamientos que no me gustaba admitir que tenía.

Buenos días, dijo Tío Grandpa sin darme tiempo a procesar nada.

Apenas cruzamos la puerta, mis ojos se encontraron con mi yo más joven.

O bueno…

con el otro yo de este universo.

Era más bajo, más redondito, adorablemente confundido.

Aunque nuestras estaturas no diferían demasiado, la percepción lo hacía ver aún más pequeño.

Él medía tal vez uno sesenta y siete, yo bordeaba uno setenta y cinco.

No era un gran salto, pero para mi edad y comparado con el original se notaba bastante.

Eh?, dijo el Steven chiquito mientras nos miraba con los ojos entrecerrados, confundido y curioso.

Pero en cuanto vio a Tío Grandpa su rostro se iluminó por completo con una sonrisa que yo personalmente jamás había visto tan grande en alguien.

TÍO GRANDPAAAA, gritó con una felicidad desbordante que casi me tiró para atrás.

Tío Grandpa abrió los brazos como si estuviera recibiendo a un viejo amigo querido, y entonces comenzó la conversación.

Tío Grandpa explicó con toda la emoción del mundo que había llegado para asegurarse de que todo estuviera en orden, que los hilos cósmicos del destino no se enredaran y que el universo no se convirtiera en un batido confuso de líneas temporales.

Dijo que el tiempo, el espacio, la realidad y el desayuno debían mantenerse en equilibrio.

También mencionó que su deber era visitar versiones alternativas de personas importantes, especialmente cuando su energía emocional, cósmica y heroica estaba a punto de desbordarse.

Luego lo señaló a él, al Steven bajito, y le dijo que también tenía un papel importante, porque un Steven siempre influía en otro Steven aunque no se conocieran, ya que los Stevens estaban conectados por una especie de instinto protector universal que ni él mismo sabía explicar bien.

Finalmente me señaló a mí con una seriedad repentina y dijo que yo estaba ahí porque había cosas que no podía resolver solo en mi mundo, y que cruzar realidades era parte del proceso de aprender a no romperme por dentro antes de romper algo por fuera.

Solo te vengo a ayudar a invocar tu escudo, dije mientras me dejaba llevar por mis instintos.

Aunque estaba frente a Tío Grandpa y a una versión mía…

o no mía…

bueno, daba igual; era momento de dejar salir todo lo que tenía dentro.

Invocaría mi escudo con una sonrisa confiada, y enseguida el Steven más pequeño abrió los ojos con un brillo tan grande que parecía que le iluminaba toda la cara de oreja a oreja.

Cómo hago eso?, dijo el pequeño mientras señalaba mi escudo con emoción desbordada.

Me pidió que se lo dejara ver, y yo simplemente se lo di como si no pasara nada.

Él lo tomó con ambas manos y empezó a examinarlo como si fuera un tesoro ancestral.

Tocó su textura, observó el brillo, la luz que emanaba, la curva exacta del borde.

Todo lo vio con esa concentración de un niño absorbiendo conocimiento multiversal a través de los dedos.

Yo solo lo miré con una gota de sudor bajándome por la frente, sin palabras, preguntándome si alguna vez yo había tenido tanta energía.

Y cómo lo invocas?, me dijo el Steven más joven con esa cara tan gordo mamón que me recordó por qué jamás quise volver a ser así de redondito.

Esa carita era peligrosa.

Era capaz de hacer que cualquiera confesara todo.

Iba a explicarle.

De verdad.

Abrí la boca para decirle lo básico, pero antes de que pudiera pronunciar una sola palabra Tío Grandpa me tapó la boca con una cinta adhesiva que apareció de la nada.

Me quedé congelado, mirándolo con una ceja levantada y un insulto moral atorado en la garganta.

Oh no, Steven grandote, dijo él moviendo un dedo como si yo fuera un niño travieso.

No puedes decirle así nomás.

Él tiene que experimentar, saber lo que hiciste, sentir lo que hiciste para invocar tu escudo.

Así que…

—dijo mientras giraba hacia el portal con esa sonrisa que anunciaba caos— vamos a una zona que me gusta mucho.

Nos agarró de las manos sin pedir permiso y dijo: Es hora de ir por la verdad del universo.

Y así los tres desaparecimos en la luz del portal sin que nadie cuestionara por qué demonios Tío Grandpa podía abrir un portal multiversal como si fuera una puerta del baño.

Mientras tanto, Amatista, Garnet y Perla estaban en la entrada de la habitación de Steven.

Antes discutían sobre cómo ayudarlo con su problema del escudo, buscando formas de animarlo, apoyarlo, enseñarle a controlarlo.

Estaban listas para entrar con palabras de aliento.

Pero lo que vieron al abrir la puerta simplemente no entraba en ningún tipo de lógica aceptable.

Steven.

Con dos sujetos.

Uno viejo, con barriga, con un diseño completamente absurdo…

pero extrañamente familiar para ellas, aunque no sabían por qué.

Y el otro…

otro Steven.

Similar a él, pero más fuerte, más seguro, más alto.

Con una mirada que se perdía en algún punto lejano, como si estuviera parado en dos realidades al mismo tiempo.

Acabamos de ver cómo Steven se lleva a Steven?, preguntó Amatista con la boca abierta, como necesitando confirmación porque su cerebro ya estaba dejando de funcionar.

Mi bebé está en problemas, dijo Perla sin permitir que Garnet dijera nada más.

Garnet intentó ver una visión del futuro, pero la línea temporal estaba tan distorsionada por la presencia de Tío Grandpa que sus lentes brillaron con estática.

Perla no esperó más.

Agarró a Amatista del brazo y empujó a Garnet hacia adelante, y sin pensarlo dos veces las tres saltaron hacia el brillo del portal, desapareciendo en una ola de luz que se tragó sus figuras.

Steven estaba seguro de que acababa de ver al dios que lo había traído hasta allí, mientras Tío Grandpa los teletransportaba por una cantidad absurda de lugares.

Pasaron tantos escenarios distintos que al final tuve que agarrar a mi versión mini antes de que se perdiera flotando entre tantas realidades.

Fueron minutos eternos de saltos dimensionales donde Tío Grandpa solo negaba con la cabeza como si estuviera revisando una lista cósmica.

Eso es Hora de Aventura?, dije con una cara completamente inexpresiva.

Sinceramente, este día estaba empezando tan bien…

hasta que apareció Tío Grandpa.

Bueno, dijo Tío Grandpa con calma, ese es Finn.

Algún día tendré que ayudarlo.

Lástima que no está en prioridades.

Él puede solo, aunque sea solo un niño, añadió con una sabiduría que no concordaba en absoluto con su personalidad caótica.

Antes de que pudiera procesar el comentario, desvió la mirada hacia un lado y dijo: Aquí es.

Nos teletransportó de golpe y aparecimos en un espacio amplio y extraño.

Qué es esto?, dijo el Steven pequeño, mirando cada esquina con esa curiosidad suya que no descansaba ni medio segundo.

Aquí, mi querido Steven chiquito, es…

—dijo Tío Grandpa con dramatismo— la zona de entrenamiento de Pizza Steve.

Genial, no?

Este lugar es tan resistente que puede recibir sus ataques más poderosos.

Yo lo miré en silencio, sin fuerzas para cuestionar nada más.

Simplemente me senté y esperé a ver qué tenía planeado el anciano multidimensional.

Recordé esa serie en la que hubo un episodio donde ayudó a Steven…

el otro Steven.

Lo que estaba pasando ahora se parecía tanto a eso que por un momento me sentí dentro de una parodia.

Pero no tenía ánimos para lidiar con mi versión mini.

No lo odiaba, solo sentía que era demasiado infantil…

algo que claramente no correspondía con su estatura ni con lo que yo era ahora.

Miré cómo Tío Grandpa le explicaba cosas al Steven pequeño, y este se llenaba de una sonrisa gigante mientras empezaba a probar de todo: empujones, poses, gritos, vibraciones, movimientos absurdos, casi un baile ritual.

Todo porque pensaba que así iba a sacar su escudo.

Las perspectivas seguían cambiando sin aviso.

Primero estuvimos en una playa.

Luego en un desierto.

Después en un bosque.

Luego en la luna.

Luego en el espacio.

Llegamos incluso al Planeta Madre; ahí sí me re cagué del susto, pero Tío Grandpa sintió mi miedo y nos transportó directamente hacia la melena de León.

Ni siquiera me pregunten cómo funcionaba todo eso.

Solo puedo decir que, aunque el tiempo pasaba, terminé disfrutando el momento.

Incluso me metí más en la conversación, mostrándole al Steven pequeño cómo volaba.

Ese momento me sacó una carcajada sincera al ver cómo me miraba con admiración, como si yo fuera un superhéroe.

Después de varias horas en las que los tres estuvimos intentando encontrar la forma en que el pequeño Steven invocaría su escudo, al final llegamos a una conclusión…

la cual, para ser honestos, yo ya sabía desde el principio.

Miré a Tío Grandpa.

Él asintió para que fuera yo quien se lo explicara.

Steven, dije, haciendo que el chiquito me mirara fijamente.

Sé que esto es nuevo para ti.

Incluso ahora no puedes invocarlo, pero realmente necesitas hacerlo.

No es presión…

pero lo necesitarás.

El Steven pequeño respiró hondo y asintió con firmeza.

Solo…

“suspiro” debes tener un sentimiento claro.

El sentimiento de calor.

El sentimiento que te haga sentir protegido.

Otro que también necesitas es el amor.

El aprecio hacia algo o alguien.

Lo miré fijamente, y él me observaba como si le estuviera explicando la receta secreta de la Coca-Cola.

Sonreí.

Solo tienes que dejarlo fluir.

Si lo fuerzas, no podrás invocarlo.

Si te estresas, tampoco podrás.

Le di unas palmaditas suaves en la cabeza.

Él hizo un puchero adorable, inflando las mejillas como queriendo protestar, pero sin decir nada.

El pequeño cerró los ojos con una determinación temblorosa.

Había escuchado cada palabra, aunque sus manitas temblaban un poco por la emoción.

Steven grande lo miraba con un orgullo extraño, casi paternal, mientras respiraba hondo y murmuraba que confiaba en él, que sabía que podía hacerlo, que solo debía dejarlo fluir.

El pequeño apretó los puñitos como si estuviera agarrando el mismísimo calor del universo.

La habitación de entrenamiento quedó en silencio.

Incluso pizza Steve el cual no se sabia en que momento estaba estampado en una pared cercana, parecía contener la respiración.

El pequeño Steven tomó aire, pensó en algo cálido, pensó en su madre, en su casa, en su coraje recién descubierto.

Por un segundo no pasó nada…

y luego una pequeña chispa rosada apareció frente a él.

Tembló como una burbuja al borde de romperse, pero no explotó; al contrario, creció y se expandió hasta formar un pequeño escudo brillante.

Los ojos del pequeño se abrieron de golpe y un grito de emoción se escapó de él sin permiso.

Steven grande parpadeó con sorpresa antes de ponerse de pie tan rápido que casi pierde el equilibrio en el aire.

Tío Grandpa lanzó un chillido de celebración tan exagerado que hizo eco en todo el salón antifracturas.

Steven grande fue el primero en reaccionar.

Se lanzó hacia adelante para abrazar al pequeño con fuerza, levantándolo del piso mientras lo giraba una vez.

El escudo se desvaneció en un destello brillante, pero el logro quedó grabado en sus rostros.

El pequeño reía con un sonido tan puro que, por un segundo, Steven dejó de sentir el peso de todo lo demás.

Tío Grandpa se unió al abrazo, apretando a los dos con tanta fuerza que prácticamente los dejó sin aire, afirmando que estaba increíblemente orgulloso, que su pequeño Steven ya era todo un maestro del amor y del calor interno, aunque Steven grande fruncía el ceño porque no sabía si eso último se escuchaba raro o no.

Al final, los tres quedaron juntos, riendo, felices y respirando un aire que parecía más ligero, como si el universo les hubiera dado permiso para existir así de bien, aunque fuera solo por un rato.

El pequeño Steven miraba a su versión mayor como si acabara de conocer un futuro que no le daba miedo, y Steven grande, por primera vez en mucho tiempo, sintió que tal vez él mismo también podía confiar en ese futuro.

Los tres pasaron un rato tranquilo mientras el pequeño Steven seguía invocando su escudo una y otra vez.

Cada intento salía más brillante, más definido, y cada logro arrancaba risas y celebraciones espontáneas.

Era un día bonito, uno de esos que Steven grande rara vez se permitía disfrutar.

El pequeño lo miraba como si hubiera encontrado un héroe secreto, y Tío Grandpa flotaba alrededor lanzando comentarios exagerados que hacían eco en esa sala indestructible.

Oye, dije mientras miraba a Tío Grandpa.

“¿Qué pasa, hijo?”, respondió él mientras observaba a cuatro hormigas con metralletas recrear la guerra en Ucrania como si fuera algo normal.

“¿Alguna vez te volveré a ver?

Me parece que faltó mucha gente sin conocer.” Tío Grandpa me miró con una sonrisa exagerada.

“Claro, de hecho ¿sabes qué?

Te los presentaré ahora.” Su mano atravesó la pared como si fuera gelatina, dejándome con una gota de sudor frío bajando por la frente.

“¡Señor Gus!” El mencionado apareció con una sartén en la mano y lo que parecía ser un desayuno perfectamente cocinado.

Estaba completamente confundido.

“¿Eh?

¿Qué pasa Tío P?”, preguntó mientras veía no a uno, sino a dos Stevens: uno gordo, mamón, y el otro mamado… y también mamón.

“A pero si son los Steven Universe.

¿Los andas cuidando?”, dijo el Señor Gus levantando una ceja como si esto fuera lo más común del planeta.

“Yep”, respondió Tío Grandpa.

Pero de pronto, su reloj 100% real no fake empezó a sonar.

“Oh, santos bacalaos”, dijo con una cara tan graciosa que parecía que lo dibujó un niño hiperactivo con tres dedos de azúcar encima.

“Señor Gus, te dejo a ambos Stevens.

Tengo que ir a revisar si el sistema neruologoasdoasdasdfasf está bien.” El Señor Gus solo levantó el pulgar en señal de entendido, como si supiera exactamente de qué estaba hablando (claramente no tenía idea).

“Me voy, nos vemos después”, dijo Tío Grandpa mientras a su lado se abría un agujero negro multicolor y aparecía un caballo celestial, que lo cargó como si fuera Uber interdimensional.

Steven pequeño estaba mirando con la mandíbula casi en el piso, completamente impactado.

Yo, en cambio, solo tenía la cara más “XD” posible.

“Hola”, dijo ahora el Señor Gus.

“Síganme, les quiero mostrar la caravana.” En cuanto abrió la puerta, ambos entramos, y llegamos a un interior que parecía otro universo completo.

“¡Increíble!”, gritó el Steven pequeño con los ojos brillantes.

“Totalmente”, respondí mientras miraba a todos lados.

Por una ventana aparecían diferentes mundos, incluso juraría que vi el de Dragon Ball… y sinceramente no quiero meterme en ese problemón.

No me veo aguantando un Kamehameha sin seguro médico galáctico.

Negué con la cabeza y miré al sofá, en el cual… wow.

“Un tigre”, dijo el Steven pequeño mientras corría a abrazarlo sin pensarlo dos veces.

Yo solo volteé a ver al Señor Gus.

“¿Crees que tengo poco o nulo instinto de supervivencia?” “50/50”, dijo él con una mueca, cruzando los brazos.

“Pero lo bueno es que Tigresa Voladora Gigante Realista es amable.” “Qué bueno”, respondí, mientras el PNG hiperrealista de la tigresa empezaba a jugar con el pequeño como si lo conociera de toda la vida.

“¿Los dejamos?

Quiero ver lo demás de la cabaña, ¿sabes?”, dije con curiosidad.

“Bueno”, asintió el Señor Gus.

Antes de irnos, le dijo a la leona que le enseñara el lugar al niño.

“Ruar”, respondió ella con voz felina de jefa.

Mientras caminábamos, vi una pared llena de marcos.

“¿Eso es… una explosión nuclear?”, pregunté con sorpresa y ligera admiración.

“Ah, sí”, dijo el Señor Gus, como si fuera algo normalísimo.

“Fue cuando Pizza Steve hizo un backflip tan bueno que la fricción del aire causó esa explosión.

Tío P le tomó la foto para inmortalizarla.

Un momento histórico.” “Puta madre”, murmuré mientras observaba más recuerdos de Pizza Steve como si fuera un héroe nacional.

“Lenguaje”, me corrigió el Señor Gus, caminando hacia una computadora puesta en medio del pasillo como si fuera parte del feng shui.

“Ven, mira esto, Steven”, dijo mientras me mostraba un dibujo suyo.

“Qué detalles”, comenté sobre la ilustración.

“Es un fanart que hice cuando estaba aburrido”, dijo con orgullo absoluto.

“¿Esa gema en la cola no sería mejor ponerla en un lugar menos vulnerable?”, le dije con tono de sabio de anime.

“Puede ser”, respondió él, y ambos nos quedamos analizando el fanart como subnormales como si fuera un plan estratégico nuclear de alta prioridad.

Y así pasamos un buen rato observando cada detalle, comentando cosas absurdas como si fueran teorías científicas y hablando de temas que no involucraran gritos, drama existencial o ataques sorpresa de aves vengativas.

Realmente necesitaba conversar con gente que tuviera al menos más de dos puntos de IQ.

No lo digo por ofender a mi universo, pero sinceramente ya me empieza a molestar un poquito.

XD Pero todo día tiene su final.

Ambos stevens fueron llevados de regreso a casa por Tío Grandpa, y apenas cruzaron la puerta, el ambiente cambió.

Steven pequeño entró corriendo con una sonrisa mientras Steven grande caminaba un poco más lento, sintiendo algo extraño en el aire.

Al salir nuevamente, tanto el pequeño como él vieron cómo Tío Grandpa desaparecía junto con el lugar entero.

Steven grande quedó en un vacío inmenso, silencioso, flotando sin ninguna señal del viejo extraño.

Alzó una ceja, confundido, hasta que una voz profunda resonó en todas partes como si viniera del propio infinito.

Sobrino mío, dijo la voz mientras el vacío vibraba.

Steven giró lentamente.

Eh?, preguntó.

¿Eres Dios?

La voz parecía genuinamente confundida.

Qué?, dijo.

No, ese es mi compadre.

Yo solo me estoy quitando el problema.

Steven no sabía si se sentía ofendido o intrigado.

Siempre estás ayudando a los demás, continuó la voz.

Sé que estás estresado, sé que estás dando todo de ti, así que te daré una ayuda.

Una guía.

Tómalas como una ayudita por otra ayudita de hoy.

Eres una de las versiones más raras que he visto de Steven, ¿sabes?

Awebo soy único, dije, provocando que la voz soltara carcajadas tan grandes que sacudieron el vacío.

Te faltan púas, respondió.

Antes de que pudiera preguntar, Steven sintió un cosquilleo en su puño.

Unas burbujas se formaron alrededor de su mano, envolviéndola antes de solidificarse en púas brillantes.

Las miró sorprendido, con la sensación extraña de que ya había hecho eso antes sin recordarlo.

Vas bien, niño.

Sigue así y podrás llevar a ese mundo hacia un nuevo rumbo.

Steven solo pudo parpadear antes de ser lanzado de vuelta a su realidad como si alguien hubiera presionado un interruptor gigante.

Apenas regresó, escuchó la voz de Belly Bag empezar a hablar desde algún lugar.

Es diferente, murmura.

Estuviste muy tranquilo hoy.

No hiciste lo que hiciste otras veces.

Mientras tanto, en algún rincón cósmico, Tío Grandpa observaba el vacío desde su camioneta espacial.

Mi compadre dijo que lo tratara bien, confesó en voz baja.

Ha sufrido bastante, aunque no lo recuerde por el tiempo en el vacío.

Pobre alma.

Negó con la cabeza mientras revisaba su teléfono, que mostraba un mensaje más inquietante de lo normal.

Nunca fue casualidad encontrarlo, dijo Belly Bag, asomándose un poco.

Para nada, respondió Tío Grandpa.

Siempre fue planeado.

Necesitaba un día de descanso.

Pero debemos seguir.

Miró su lista y murmuró un nombre.

Clarence.

Interesante.

Steven cayó de golpe en su cama, con los ojos abiertos, respirando rápido, las manos aún envueltas en las burbujas transformadas en púas.

El impacto no lo sacudió.

Parecía un cuerpo cayendo sin peso, sin resistencia.

Lápiz caminaba hacia la habitación cuando un agujero negro apareció en medio de la casa.

Vio a Steven salir disparado hacia su cama como si algo lo hubiera lanzado desde otro universo.

Lo que realmente la congeló no fue el portal, sino la expresión de Steven, una mezcla vacía y desbordante de locura que jamás había visto en él.

Steven?, dijo con angustia creciente.

Vi.

Vi.

Repetía Steven sin parpadear, como si la palabra fuera demasiado grande para su cabeza.

¿Viste qué?, preguntó Lápiz con terror.

¿Habrá visto a las Diamantes?, pensó con el corazón acelerado.

Vi a Dios.

Steven quedó pálido como un fantasma.

¿Quién es Dios?

Fin del capítulo 44.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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