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Steven Universe: ¿Soy que? Sobrecarga - Capítulo 49

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49: Capitulo 49: Soy el agua, el poder.

49: Capitulo 49: Soy el agua, el poder.

Mientras ambas fusiones se observaban, una de ellas habló con la voz quebrada por el odio.

“Bastarda” murmuró la fusión de Jasper.

“¿Te crees importante?” Estela solo flotaba en el aire, observándola con una calma que parecía imposible en aquel caos.

No respondió.

No era necesario.

En ese silencio, el mundo temblaba más que con cualquier insulto.

De pronto, enormes columnas de agua empezaron a elevarse alrededor de Estela, formando un círculo inquebrantable.

Jasper no tardó en ponerse tensa.

“Podemos hablarlo, Rose…” dijo con la voz cargada de rabia reprimida.

Las columnas cayeron de golpe frente a Jasper, y el suelo se abrió bajo sus pies, arrastrándola a una cueva submarina gigantesca.

Estela descendió tras ella, cayendo en charcos que brillaban con luz rosada.

El tamaño de la caverna era tan absurdo que la inmensa fusión de Jasper no alcanzaba ni la mitad de su altura.

Estela caminó lentamente alrededor de su enemiga.

Observó con atención cómo las manchas corruptas se extendían con rapidez, trepando por cada fragmento de su piel.

“Tendré que hacerlo rápido” pensó Estela.

“Necesito a Peridot intacta.” Jasper escupió saliva contra el suelo.

Miraba a la destructora de su Diamante con un resentimiento visceral.

Podía sentir dentro de su cuerpo a las tres gemas atrapadas, luchando desesperadamente por liberarse.

Un esfuerzo inútil.

“Esfuerzo nulo” gruñó, levantándose mientras pedazos de roca caían de su cuerpo gigante.

Su mirada se clavó en Estela.

La veía como Rose, incluso fusionada.

Creía que hacía lo mismo que ella, que Rose estaba al mando y mantenía a Lápiz silenciada, como alguien perfecto debería hacer.

¿Era eso la perfección?

¿O solo lo decía para convencerse de que no era la corrupta entre las dos?

Estela la miró sin emoción, pero pronto habló con voz firme.

“Jasper, te daré una oportunidad.” Jasper parpadeó, confundida, pues no esperaba eso.

“Te desfusionas y podrás permanecer fuera de una burbuja” sentenció Estela.

“O…” levantó un montículo de agua tan afilado como una lanza.

“Lo hacemos por las malas.” Jasper quedó en silencio un segundo antes de que su risa explotara como una avalancha.

“Ja.” “Jaja.” “Jajaja.” “¡JAJAJAJAJA!” Se reía con desprecio, con locura, con orgullo roto.

“¿Crees que tú tienes derecho sobre mí, Rose?

¡¿Estás tonta?!

No, peor que eso.” Un casco se formó en su cabeza, y muchas piedras empezaron a flotar violentamente.

De repente, invocó un escudo amarillo y una espada, como si quisiera burlarse de las armas que Estela podía usar.

Estela se puso seria al instante.

“¿Crees que podrás ganarme, Rose Cuarzo?” rugió Jasper.

“¡Somos cuatro!

¡No, soy yo contra ti!

¡La perfección!” Y sin más palabras, se lanzó directamente contra Estela.

“Tendré que lucirme un poco” pensó Estela, sintiendo cómo la energía corría por su cuerpo.

No muchas veces tenía la oportunidad de salir a la luz como una fusión y no iba a desaprovecharlo.

Voló directo hacia Jasper, chocando con fuerza.

Ambas comenzaron a golpearse sin descanso.

Lápiz jamás habría pensado en combatir de forma tan directa, pero con la fuerza de Steven y el impulso de la fusión, podía permitirse actuar con confianza.

Uno.

Dos.

Cuatro.

Veinte.

Cien.

Cuatrocientos golpes acumulados como un martilleo frenético contra roca pura.

Estela reaccionó con rapidez y, aprovechando una apertura, creó una espina rosada y la hundió en el estómago de Jasper.

La fusión escupió saliva de inmediato, pero lejos de rendirse, tomó la espada de una de las Topacio atrapadas dentro de su cuerpo y trató de atravesarla.

Estela invocó el escudo de Steven y se vio obligada a retroceder hasta una pared.

La cueva entera comenzó a temblar.

Rocas, minerales, incluso trozos de hierro crudo desprendidos de la tierra, comenzaron a salir disparados hacia Estela.

“Carajo…” pensó mientras volaba esquivándolos a toda velocidad.

“¡Te mataré, Rose Cuarzo!” rugía Jasper mientras daba vueltas en espiral, aumentando la potencia de sus ataques, rodando por el interior de la cueva como un destructor de piedra.

Jasper estaba lista para gastar absolutamente todo lo que tenía.

“Si lo dará todo, entonces es hora de darle un recuerdo” pensó Estela, rememorando la primera vez que Steven y Jasper se enfrentaron.

Jasper cargó contra ella envuelta en un aura de fuerza bruta.

Estela sonrió.

Fue una sonrisa vacía, casi burlona.

Jasper lo notó tarde.

“¡EXPANSIÓN DE DOMINIO, CABRONA!” gritó Estela, invocando al instante una burbuja enorme que atrapó a ambas.

“¡Caraj—!” alcanzó a decir Jasper mientras su cuerpo era comprimido.

Intentó reducirse, pero con su tamaño descontrolado y las otras gemas tratando de liberarse dentro, apenas podía mantener el equilibrio.

La burbuja siguió achicándose, presionándola como si exprimiera su arrogancia junto con su cuerpo.

Estela notó que Jasper estaba llegando a su límite.

No quería romper gemas.

No todavía.

Decidió deshacer la burbuja.

Ambas cayeron, regresando a su forma original.

Estela sintió un sabor metálico y escupió sangre al suelo.

Se tocó la boca, sorprendida.

“Con que esto se siente ser orgánico, ¿eh…?” murmuró, sacudiéndose la cabeza.

Frente a ella, Jasper estaba aún más inestable.

Las manchas corruptas se extendían como si quisieran devorarla desde dentro.

“No tengo más tiempo que perder” pensó Estela.

Invocó agua a su alrededor y formó espinas afiladas como lanzas.

Jasper lo notó e intentó recomponerse a la fuerza.

“¡ROSE CUARZO!” gritó con rabia, mientras otra lluvia de rocas se lanzaba hacia Estela.

“Actúas como una niñita buscando atención” respondió Estela con dureza, subiendo a una roca de forma altiva, con la misma postura arrogante que alguna vez usó su Diamante.

Ese detalle hizo que Jasper abriera los ojos como platos, paralizada por un recuerdo que jamás quiso ver otra vez.

“Llegó mi turno” sentenció Estela.

“Y no te librarás.” Jasper abrió los ojos con furia descontrolada.

Sin siquiera respirar, lanzó aún más rocas en una lluvia frenética, como si el suelo hubiese decidido asesinar a la intrusa.

“Ni la gema más perfecta podrá contra nosotras” murmuró Estela, con una calma aterradora.

Levantó la mano.

“Yo soy la reina del agua eterna, y tú…

vas a sufrir.” El mar respondió a su voz.

Una serpiente gigantesca surgió desde el charco oscuro, formada por agua densa, reforzada con espinas rosadas que gritaban la presencia de Steven en cada filo.

Era una criatura que unía lo mejor de él y lo más aterrador de Lápiz.

“Soy el poder” rugió Estela.

La serpiente se elevó detrás de ella, lista para atacar.

Miró a Jasper directamente a los ojos.

La fusión temblaba, ampliando sus pupilas aún más, incapaz de apartar la vista.

“¿Oyes mi nombre y no puedes pensar en otra mierda?” Estela sonrió con desprecio.

“Muy bien.

Aquí está tu Rose Cuarzo, puta.” Su voz retumbó en la cueva inundada.

“No te asustes.

Soy la ley de este planeta.

Y tú, Jasper, violaste cada maldita regla desde que pisaste esta tierra.” Una sonrisa peligrosa cruzó su rostro.

“Soy la forma viva, ¿sabes?

El poder de una gema…

llevando sangre.” La cueva entera tembló.

La serpiente se lanzó como un rayo líquido.

Con un sonido sordo, impactó contra Jasper, arrastrándola brutalmente.

Intentó cubrirse con el escudo amarillo, pero solo logró amortiguar parte del golpe antes de ser arrastrada contra las rocas.

Escupió saliva, gruñendo mientras las espinas la perforaban con cortes finos que desgarraban poco a poco su forma física.

Y con cada espina, perdía más control sobre la fusión.

Con un simple gesto, Estela ordenó a la serpiente que saliera de la cueva.

Su presa fue arrastrada sin piedad hacia la superficie.

Estela los siguió flotando con calma.

En sus manos se formaba una flecha de agua comprimida, reforzada con cientos de púas rosadas.

Era un arma hecha para atravesar.

Suspiró con cansancio.

“Después de esto, voy a dormir un montón.” Soltó la mano.

La flecha salió disparada.

Jasper, aún siendo arrastrada, golpeó con fuerza la cabeza de la serpiente, rompiéndola en mil gotas que cayeron como lluvia pesada.

Se rió en histeria.

“¡JAJAJA!

¡Rose Cuarzo, tu mascota no pudo conmigo!” La risa se congeló en su garganta cuando sintió algo frío atravesar su pecho.

Miró hacia abajo muy lentamente.

Una lanza de agua con púas rosadas le había perforado el torso físico.

Levantó la vista hacia Estela, quien solo la miraba con una expresión dura y silenciosa.

“No…

no pude…” murmuró Jasper, con un hilo de voz.

“Vengarte…

mi Diamante.” Su cuerpo se deformó.

Otra voz surgió como eco, una que no era suya.

“Gracias…

Rose Cuarzo.” Fue sincera.

Un estallido de luz cegó la escena.

Cuatro gemas salieron disparadas en direcciones diferentes.

Estela levantó el agua con delicadeza, deteniendo cada una antes de que cayera al mar.

Las sostuvo como si fueran pétalos caídos.

Suspiró al ver la gema de Jasper.

Sin decir nada más, las encapsuló a las cuatro en burbujas separadas.

El silencio del mar fue su única respuesta.

Miró su mano y notó cómo el brillo rosa se desvanecía lentamente.

No dijo ninguna palabra más, simplemente envió las cuatro burbujas hacia la casa y voló en esa misma dirección.

La brisa fría le golpeaba el rostro mientras avanzaba envuelta en un haz de luz, y en el cielo pudo ver a Lapis volando con Steven en su espalda, completamente exhausto.

Sus alas de agua dejaban pequeñas gotas que caían como lluvia ligera, moviéndose al compás del viento.

Aguantaste bastante, la verdad, comentó Lapis con un suspiro de alivio, como si por fin pudiera respirar tranquila.

Steven ni siquiera respondió al instante.

Solo podía dejar que el aire saliera con el dolor que sentía hasta en las ideas.

Pasaron unos segundos antes de que pudiera decir algo.

Me duelen hasta los pensamientos, murmuró mientras se aferraba a Lapis con todas sus fuerzas para no caerse.

Tranquilo, te tengo, respondió ella, notando su peso cada vez más laxo, asegurándose de que no se deslizara ni un centímetro.

El cielo se teñía de tonos naranjas y rosados, y por un momento ninguno dijo nada.

Lapis miró de reojo la forma en que Steven brillaba tenue, ese rosa extraño que aún no se desvanecía por completo.

Oye, y ese estilo rosa…

¿qué es?, preguntó con curiosidad genuina.

Steven guardó silencio un momento, como si su cerebro tardara más de lo normal en procesar palabras.

Ni puta idea, respondió con sinceridad cansada, sin fuerzas para inventarse una explicación épica.

Lapis soltó un resoplido antes de empezar a reírse a carcajadas, contagiando un ambiente que hace pocos minutos todavía estaba impregnado de tensión.

Igual te ves bien en esa forma, comentó mirando al frente, como si lo soltara con total naturalidad.

Steven solo la observó con una mezcla de vergüenza y resignación.

Sentía que ni siquiera tenía energía para discutir.

Me miro muy maricón con el color rosa, pensé con sinceridad, pero te agarraré el cumplido, porque después de todo sobreviví.

¿Qué es un cumplido?, preguntó Lapis confundida, inclinando la cabeza levemente.

…

Necesito enseñarte muchas cosas, añadí con una gota de sudor imaginaria recorriendo mi frente.

¿Tú crees?, respondió ella con un tono cargado de sarcasmo, como si estuviera probando el concepto.

Pfff…

Dejé salir otro suspiro mientras miraba a lo largo del mar.

Las olas se movían pesadas, igual que mis músculos, y el reflejo de la luz sobre el agua me mostró algo que no podía ignorar.

Prácticamente toda la batalla me había ocupado casi cinco horas.

…

¿Cómo tardé tanto?, pensé completamente confundido, viendo cómo el cielo ya anunciaba el final de la tarde, como si el universo entero me recordara lo lento que era para casi morirme.

Llegando a la casa, ninguno notaría a nadie.

Lapiz lo comentaría antes incluso de que Steven pudiera decir algo.

No están, diría con simpleza.

Yo solo asentiría con cansancio y murmuraría que, cuando regresaran, les avisara que iría a observar ovejas en mi cama.

Caminaba con cierta dificultad, sintiendo cómo mi propia saliva hacía lo suyo.

Lapiz me vería desplomarme en un sueño profundo, cayendo directo sobre la cama como si fuera un muñeco.

Negaría con la cabeza al ver semejante desastre.

Miraría hacia las habitaciones con una confusión evidente.

Se preguntaría si debía hablarles, tal vez las gemas ya habían vuelto.

Volvería a ver a Steven, completamente tieso como un venado en la autopista.

Al final suspiraría, rindiéndose.

Qué más da, pensaría mientras caminaba hacia la puerta y tocaba.

Tras unos segundos, la puerta finalmente se abriría.

Amatista la recibiría con un casual hola chica, mientras lanzaba una llanta sobre uno de los montones de basura que decoraban su habitación.

Lapiz desviaría la mirada por instinto y, por su propia salud mental, decidiría no hacerse preguntas sobre el desastre.

La saludaría con cierta duda, preguntando si podían hablar las cuatro.

Su mirada volvería inevitablemente hacia Steven, quien ahora roncaba mientras su piel soltaba un tenue humo.

La expresión de Amatista cambiaría al instante.

Correría hacia él preocupada.

Al llegar a su lado, notaría los moretones de Steven, observando cómo sanaban a una velocidad notable.

El humo era nuevo, pero no demasiado alarmante.

Rose solía hacer cosas extrañas…

aunque se recordaría a sí misma que ese no era Rose.

Buscaría rápidamente algunos pañuelos y comenzaría a colocarlos sobre Steven.

Lapiz, todavía en la puerta y completamente confundida, preguntaría qué estaba haciendo.

Amatista la miraría de reojo.

Explicaría que eso era algo que Perla hacía muy seguido cuando Steven se enfermaba o se lastimaba, aunque él ya casi ni lo notaba desde que había dejado de enfermarse.

Lapiz asentiría lentamente, procesando la información.

Diría que eso de enfermarse era cosa de humanos.

Amatista la tranquilizaría diciéndole que sí, que no era contagioso para las gemas…

o al menos eso creía.

Lapiz suspiraría y finalmente se acercaría para ayudar en lo que pudiera.

Luego de varios minutos en los que ninguna dijo nada, finalmente escuché a Amatista romper el silencio.

Qué pasó, preguntó mientras miraba a Lapiz.

Ella solo suspiró con cansancio.

Se encontró con Jasper, respondió.

Amatista explotó con un enorme QUE!, pero enseguida se tapó la boca al ver que yo seguía durmiendo.

Yo solo ronqué más fuerte, como si supiera que debía arruinar el momento dramático.

Cómo, dijo después en un susurro apretado que básicamente significaba explicame carajo.

Lapiz volvió a suspirar y empezó a contarlo todo.

Una explicación épica más tarde…

Amatista no dijo nada durante toda la explicación.

Solo se quedó con cara de confusión total cuando Lapiz mencionó mi forma rosa y cómo había hablado.

Aun así, se notaba que se tranquilizaba al ver que Lapiz había estado conmigo todo ese tiempo.

Entonces ya están en el templo, preguntó finalmente después de escuchar cómo habían guardado las cuatro gemas.

Sí, respondió Lapiz mientras se dejaba caer en el sofá.

Les explicaré lo que pueda a las chicas, creo que capté cada detalle.

De igual manera vamos a confirmar si las cuatro gemas fueron al templo, dijo Amatista con esa cara de qué mierda pasó en las horas que no estuvimos.

Lapiz solo respondió con un sí mientras soltaba otro suspiro largo.

Oye, dijo después de unos segundos.

Sí, contestó Amatista con confusión, como preguntando falta algo más.

Para nada, dijo Lapiz rápido.

Se quedó callada un momento antes de añadir, bueno…

en la fusión…

y empezó a jugar con los dedos de las manos, nerviosa.

Vi a Amatista mirarla con comprensión inmediata.

El poder, verdad, dijo con tono de quien ya sabe por dónde va la cosa.

Sí, respondió Lapiz mirando hacia otro lado, tímida.

Es normal, dijo Amatista.

Pero no intentes forzarlo.

La fusión es delicada, y más cuando se trata de Steven.

Lo dijo mientras me veía dormir con una expresión de concentración absurda para alguien que estaba roncando.

Steven no es fan de forzar las fusiones, aunque es abierto a ellas si son necesarias.

Creo que con quien más se ha fusionado es con Connie, pero ella está de viaje ahora mismo.

Lapiz asintió con un poco de frustración.

Crees que me pida que me fusione con él, preguntó al fin.

Amatista soltó una carcajada.

De todo lo que pasaron hoy y eso es lo que te preocupa.

Le dio unas palmadas en la espalda, haciendo que Lapiz se sobresaltara por el contacto repentino.

Solo sigue tus instintos.

Di la verdad.

Ser franca es lo mejor, y más con Steven.

Lo peor que te puede decir es que no.

Igual que Perla, que la rechazó un montón de veces.

Amatista volvió a reírse recordando eso.

Lapiz solo terminó sonriendo.

Gracias, dijo finalmente.

Ni lo menciones, respondió Amatista.

Luego miró hacia mi habitación y añadió con total seriedad, estate lista para una Perla loca que va a venir a cuidar a Steven.

Yo solo asentí con tres gotas de sudor recorriéndome la nuca mientras veía a Amatista alejarse.

Ella se despidió con un gesto tranquilo y entró a los cuartos como si nada hubiera pasado.

Me quedé sola en la sala, respirando hondo, y dirigí la mirada hacia Steven.

Estaba profundamente dormido en el sofá, pero su expresión me dejó congelada.

Tenía la cara tensa, como si estuviera concentrado en algo enorme, y además parecía enojado.

No entendía cómo podía verse tan serio incluso dentro de un sueño.

Sentí que la escena se volvía más intensa a medida que la observaba.

Era como si mi propia perspectiva se acercara poco a poco a su cabeza, intentando descubrir qué ocurría dentro de su mente.

¿Por qué Steven estaba enojado mientras dormía?

¿Por qué podía verse tan decidido incluso soñando?

La pista estaba justo ahí, evidente y oscura.

Uñas negras.

Fin Capitulo 49.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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