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Steven Universe: ¿Soy que? Sobrecarga - Capítulo 50

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50: Capitulo 50: El color de la Perfección.

50: Capitulo 50: El color de la Perfección.

Me pregunté en voz alta qué le pasaría a Steven mientras observaba cómo la perspectiva se acercaba lentamente a su cabeza.

Pude notar que estaba sudando, lo cual solo hacía que la inquietud aumentara.

Y entonces entendí que, como lectores de esta historia, estábamos a punto de presenciar la cosa más esquizofrénica jamás escrita por mí, y lo digo completamente en serio.

Me encontré de pronto dentro de un vacío en mi propia mente, nada fuera de lo normal al inicio.

Todo era negro, completamente silencioso, hasta que dejó de ser negro.

¿Blanco?

¿Por qué blanco?

Sin aviso alguno fui jalado hacia algún lugar desconocido.

Lo único que salió de mi boca fue un grito de desesperación mientras era arrastrado sin control.

Qué mierda pasa ahora, puta madre, pensé mientras sentía cómo mi cuerpo era arrastrado hacia cualquier dirección sin lógica alguna.

Solo quería descansar.

Me lo dije a mí mismo en forma chibi, cansado y resignado, mientras seguía siendo llevado a través de un túnel que claramente no había visto antes.

Tremendo, ahora tengo actualizaciones de cómo ser arrastrado al sueño de alguien o qué.

Hace poco fui lanzado al sueño de Sadie y sinceramente no quiero volver a ver a Lars sin ropa nunca más.

Solo recordarlo me hizo temblar del asco.

Carajo, debería buscar alguna manera de controlar esta cosa.

El Steven original pudo, si mal no recuerdo.

Ese era el tipo de pensamientos que cruzaban mi mente mientras la corriente de sueño me seguía arrastrando sin compasión hacia lo desconocido.

De la nada observé cómo estaba volando por el espacio.

Solté un wuawm con mi voz totalmente alocada mientras cruzaba la nada a una velocidad extrema hacia un punto indefinido.

O al menos eso creía, porque sinceramente no soy tan bueno guiándome en el espacio, ¿saben?

Mientras veía cómo todo alrededor se estiraba al estilo Star Wars, una nave apareció a mi lado.

Me quedé quieto durante unos segundos, con puntos suspensivos literales flotando en mi cabeza.

Giré la vista hacia el interior de la nave y noté a una gema verde acompañada de un escuadrón completo que, por el equipamiento y la actitud, claramente estaba haciendo trabajo de gemas.

Solo los observé un instante antes de ser jalado otra vez, aún más rápido que antes.

Nueva gema, pensé, recordando de inmediato la forma que tenía.

Volví la vista hacia arriba, o al frente, o hacia donde fuera, realmente no tenía ni idea de la orientación.

Planetas y estrellas pasaban a mi alrededor en un caos visual impresionante.

Primera vez que me pasa esto, murmuré para mí mismo.

Parecía que me había inhalado crack por esta madre.

Aunque, siendo sincero, después de la fuerza que usé contra Jasper tampoco me sorprendería tener efectos secundarios.

Y sin previo aviso, aparecí en un lugar completamente blanco.

¿Eh?, dije mientras tenía una expresión chibi completamente confundida.

Me quedé mirando a mi alrededor sin entender nada.

¿Y ahora dónde carajos estoy?, murmuré mientras alzaba la vista y no veía absolutamente nada.

Solo blanco.

Todo blanco.

Un blanco tan blanco que hasta daba miedo.

Solté unos puntos suspensivos en mi mente mientras seguía girando la cabeza.

¿Y qué, estoy en el cielo o por qué tan blanco?

En el cielo no estás, dijo una voz justo detrás de mí, tan de la nada que me puso completamente tenso.

¿Quién eres, criatura?, dije con el alma al borde de salirse del cuerpo.

Giré lentamente hacia la dirección de la voz y me quedé con cara de palo, acompañado no de tres, sino de seis gotas de sudor cayéndome por la nuca.

Porque justo ahí, detrás de mí, había una mujer colosal, una figura gigantesca de un blanco absoluto.

La mencionada dirigió la mirada hacia donde sentía mi presencia.

¿Qué eres, criatura inferior?, dijo con tanta arrogancia que instantáneamente me salieron tres líneas negras de enojo.

¿Cómo que inferior, wey?

¿Qué te pasa?, solté irritado.

La figura, con las manos en una T pose tan ridícula como perturbadora, me observó…

o al menos apuntó su atención hacia mí.

Oh, vamos, presencia insignificante.

Hizo una pausa dramática, como si estuviera anunciando el clima o algo así.

Eres un ser orgánico, ¿no?

¿Y por qué te respondería?, dije levantando una ceja que ella claramente no vio porque no tenía ojos visibles.

O no sé, su cabeza era demasiado blanca para distinguir algo.

Ella se llevó la mano a la boca con una elegancia exagerada.

Jajaja…, rió como si acabara de escuchar un chiste de alta comedia.

Te ves bien rarita de esa forma, dije con total sinceridad.

Blanco se quedó paralizada.

Era evidente que nunca nadie le había hablado así.

Ra…

rara?, repitió como si la palabra fuera un insulto arcano prohibido durante milenios.

Yo, dándome cuenta demasiado tarde de que acababa de insultar accidentalmente a un ser que probablemente podía aplastarme con un pensamiento, solo sentí tres gotas extra de sudor correr por mi nuca, pero igual seguí hablando.

Total, estaba en un sueño, ¿qué era lo peor que podía pasar?

Blanco fijó su atención directamente en mí y lanzó un rayo blanco sin avisar.

¡Carajo!, grité mientras me lanzaba hacia un lado para esquivarlo.

Oye, ¿qué te pasa?, le dije con tres líneas negras marcándoseme en la frente.

Soy la perfección, declaró Blanco con voz solemne.

Soy la paleta de colores perfecta.

No permitiré que un sucio orgánico venga a manchar mi legado de milenios.

Me quedé callado, esquivando rayo tras rayo como si estuviera en un minijuego infernal.

No quería usar mis poderes.

¿Y si los usaba y esta mujer descubría quién era realmente?

Ni cagando me arriesgaría.

Ya ya pues, eres perfecta…, dije con un sarcasmo tan grande que podría haber llenado el espacio en el que estábamos.

Esquivaba otro rayo mientras lo decía, sudando como loco.

Blanco adoptó una pose aún más altiva.

A su lado apareció una Perla igualmente blanca, ambas en T pose como si hubieran ensayado la escena.

¿Ves?

No era tan difícil, dijeron al mismo tiempo con la soberbia inflada al máximo.

No que no te importaba lo que pensaran los orgánicos…, pensé con tres líneas negras de enojo mientras me preparaba mentalmente para lo que viniera.

Notando cómo simplemente me ignoraba, me dediqué a observar con más calma todo el lugar.

Solo había blanco.

Blancura absoluta.

Incluso las columnas eran blancas, impregnaban el espacio de una manera absurda, como si alguien hubiera puesto el brillo al máximo.

Caminé por todo el lugar con tranquilidad, aunque siempre mantuve la mirada en Blanco, que a veces me seguía como si pudiera verme, aunque sabía que en realidad solo percibía mi presencia.

¿Y qué haces?, dije finalmente, porque sinceramente empezaba a creer que no podía hacerme daño.

O no mucho.

Ella me miró desde su perfecta y ridícula pose en T.

Trabajando, dijo con solemnidad.

El imperio perfecto debe ser perfecto, y para que sea perfecto debe ser manejado por alguien perfecto.

Solté unos segundos de silencio mental.

Ajá.

Claro.

Como si no hubiera escuchado esa frase mil veces en villanos random.

Ah ya, murmuré mientras observaba a la Perla.

Mi propia gema brilló un poco, aunque ella no lo notaría porque eso pasaba en el mundo físico.

¿Este eres tú?, dije levantando una ceja.

Blanco se sorprendió por unos segundos, aunque rápidamente recuperó su pose altiva.

¿Por qué lo dices?, preguntó con curiosidad.

No sé, es bastante obvio, respondí.

Por ejemplo, ambas son blancas.

Muchas gemas son blancas, dijo Blanco con rapidez, casi molesta.

Pero no como esta, comenté mientras caminaba alrededor, notando cómo la Perla seguía exactamente mi mirada.

Además, dije con una sonrisa que no pude evitar, normalmente solo me puede ver una gema.

Y como ella me sigue la mirada al mismo tiempo que tú…

Blanco quedó sorprendida por mi hipótesis, aunque claramente no pensaba decirle que yo ya sabía ese dato desde hace tiempo.

Pero valió verga.

Eres interesante, dijo finalmente Blanco con una calma peligrosa.

Oye, ya que andamos de comadres…, murmuré mientras tomaba la mano de la Perla.

Ella, por un instante, cambió a un tono rosa, aunque solo yo lo noté y Blanco no.

Me quedé en silencio un momento, sorprendido por ese detalle, pero me recompuse enseguida.

Ya que andamos de comadres chismosas, dije, viendo cómo Blanco alzaba una ceja blanca que ni se notaba pero igual se sentía.

¿No te duele tener las manos como el meme?, dije con una risita contenida.

¿Meme?, repitió Blanco totalmente confundida, pero antes de que pudiera preguntar algo más, una alerta pareció llegarle.

Su actitud cambió de inmediato.

Mandó a la Perla rápidamente, aunque la Perla tardó unos segundos más en soltar mi mano espiritual.

Tomé nota mental de eso con rapidez.

Y entonces, sin previo aviso, Blanco me lanzó varios rayos más.

Uno me dio.

¡Ughh!, grité mientras me agarraba la pierna, que ahora estaba echando humo.

Literalmente humo.

Me quedé mirando a Blanco, que había escuchado perfectamente mi sonido de dolor y ahora tenía en el rostro la sonrisa más come mierda que había visto en años.

¿Qué te ríes, we?, dije con enojo.

Claramente no fue lo más inteligente que pude soltar.

Pasaron unos segundos en los que fui brutalmente apaleado por los rayos de Blanco.

Era básicamente una sesión de electrocutación premium sin anestesia ni previo aviso.

Un silencio pesado invadió toda la habitación blanca.

¿Ya te moriste?, preguntó Blanco desde su pose en T.

Si uno miraba con atención, podía notar una expresión de asco escondida en sus ojos perfectos de come mierda.

Ya quisieras, pino blanco, respondí con humo saliéndome del cuerpo.

No tenía heridas visibles, pero sentía cómo me drenaba la energía de una forma que no me gustaba para nada.

Ella me tiró otros nueve rayos, solo por si acaso.

Puta madre, deja de tirar tus rayos láser, dije ya encabronado.

Vete.

No eres lo suficientemente perfecto para estar en mi presencia.

Si no he muerto es porque soy fuerte, ¿no?, respondí después de unos segundos.

Ella no dijo nada, pero me miró de reojo, aunque seguía en esa maldita pose de palito parado.

Oye, ya en serio, ¿no te duele estar en esa pose?, pregunté.

Eso me ganó otros ocho rayos más directo al alma.

Puta madre…, gruñí desde el suelo, hecho mierda.

Eres resistente, comentó al fin.

Gracias por el halago, dije con sarcasmo mientras me levantaba.

El sudor me caía como río, como si estuviera a punto de evaporarme.

Espero que esto no duela mañana, murmuré para mí mismo.

¿Cómo te llamas, criatura inferior y orgánica?, preguntó Blanco.

Suspiré pesadamente.

Oye, de verdad eres como rarita.

Si cualquier ser del universo te escuchara hablar, te etiquetaría como rara.

Tu forma de expresarte no es perfecta, es de subnormal.

No eres perfecta.

La perfección no existe.

Solo porque naciste con el color blanco no quiere decir que seas la perfección.

He visto seres mucho más perfectos que lo que tú llamas perfección.

No eres nadie, solo un color nacido por suerte.

Y si la suerte es perfección, entonces eres solo eso: suerte.

Una gota más en la infinidad del universo.

Seguramente más allá hay alguien mejor que tú en todo, y tú aquí creyéndote superior solo por ser blanca.

Y viéndolo bien…

eso es racista, ¿no?

Blanco se quedó callada ante mi arrebato.

Normal que me desquitara después de recibir tantos rayos que casi me fríen el alma.

Ella negó con la cabeza.

No entenderías la perfección, respondió.

Óquelá, no jodas entonces, dije mientras me alejaba.

¿Dónde está la salida de aquí?

No quiero estar encerrado con alguien con menos de cuarenta de IQ.

La palabra IQ claramente la irritó porque no sabía qué significaba, y eso la molestó aún más.

Me lanzó otro rayo, pero esta vez lo esquivé sin pensarlo.

Loco, ya deja de joder con tus rayos, dije con tres líneas negras imaginarias sobre la cabeza.

De pronto sentí un tirón en mi ser, como si alguien hubiera halado de mí desde afuera.

¡Por fin!, grité mientras notaba cómo mi consciencia empezaba a regresar.

La perfección me la puedo pasar por el prepu—.

No terminé la frase porque Blanco alcanzó a lanzarme un último rayo justo antes de que desapareciera.

Y así, mi presencia se desvaneció de la habitación blanca.

El silencio volvió a invadirlo todo.

Patético.

Lo dijo, pero una pizca de duda se me clavó en el pecho.

Nunca había hablado con nadie por tanto tiempo, ni siquiera con mis hermanas, ni siquiera con Rosa.

Negué con la cabeza mientras me preparaba para recibir a Azul, porque quería una audiencia conmigo desde hace tiempo, y sinceramente sí quería hablar un poco más con mis hermanas.

Qué estrés, murmuré, justo cuando la Perla Blanca apareció como si nunca se hubiese ido.

Le pregunté qué opinaba y solo se limitó a sonreír como un títere.

Me llevé una mano a la boca y solté una pequeña risa mientras comentaba que se me olvidaba lo perfecta que era ahora, aunque la duda ya estaba más que implantada.

Mientras tanto, Steven volaba de regreso a su casa cuando sintió un dolor fantasma recorrerle el cuerpo entero.

Su gema brilló, percibiendo el dolor, y expulsó un brillo rosa que lo atravesó.

Su cuerpo cayó como un meteorito directo a la Tierra, justo hacia donde descansaba su forma física.

Blanco hija de puta, grité con dolor mientras humo salía de mi cuerpo.

Las cuatro gemas que estaban discutiendo se quedaron paralizadas, y todas me miraron de manera mecánica mientras yo observaba alrededor sin entender nada.

Ya estoy en este plano astral, dije completamente confundido.

Miré hacia donde estaba León y el muy desgraciado estaba echado como si no me hubiese llevado a la zona de guerra hace unos minutos.

Me giré hacia las gemas.

Perla estaba llena de mocos, observándome como si hubiese recuperado a su mascota perdida.

Garnet parecía más tranquila al verme moverme.

Amatista, bueno, era Amatista; me levantó el pulgar aunque se le notaba el estrés.

Y Lapis…

ella estaba jugando Minecraft.

Me vio de reojo, me sonrió y siguió construyendo su casa.

Totalmente normal, suspiré.

De qué me perdí.

De repente fui tacleado por una Perla salvaje que me hizo caer de nuevo en mi cama.

¡Ahg!, gemí mientras Perla me ahogaba con su abrazo.

Mi bebé, exclamó.

Me preguntó si quería comida, si quería mi favorita, si me sentía bien, si quería fusionarme con ella.

Tres líneas negras aparecieron en mi mente.

Sí, sí, sí y no, respondí mientras la apartaba.

Me unté saliva en las partes donde más me dolía y sentí cómo me curaba.

Qué relajante, dije mientras me levantaba y me estiraba.

Lapis, ¿cuánto tiempo pasó?

Diez horas, respondió.

Diez horas, repetí sin poder creerlo.

Sí.

Bueno, Perla, me vas a hacer la comida o la hago yo.

Voy yo, siéntate, dijo rápidamente mientras corría hacia la cocina.

Perla, ¿me haces a mí también?, gritó Amatista mientras corría detrás.

¿Te has portado bien?, preguntó Perla.

Awebis, respondió Amatista.

Entonces sí, contestó Perla entre risas mientras ambas desaparecían en la cocina.

Hola, Garnet, dije mientras bajaba a la sala y me sentaba a su lado.

Le pregunté cómo les había ido en la misión que tuvieron.

Nada nuevo, comentó Garnet con total normalidad.

Entramos a un templo antiguo de gemas, había dos mutantes, pero las desaparecimos.

Costó un poco, eran gemas guerreras.

Tarareé mientras buscaba en mi armario de la sala.

Ropa nueva, dije con alegría al encontrarla.

Me la puse mientras dos gemas me miraban fijamente.

Qué me ven, dije con tres líneas negras en mi cabeza.

Nada, nada, respondieron Garnet y Lapis al mismo tiempo.

Resoplé con fuerza.

Nos quedamos en un silencio cómodo.

Se escuchaban los sartenes de fondo junto a las risitas de Perla y Amatista en la cocina.

Garnet y Lapis comentaban cómo un aldeano de Minecraft les había puesto mala cara a ambas.

Yo solo sonreí.

Esperaba que eso durara para siempre.

Sentí la energía de mi gema recorriéndome y supe que necesitaba controlar mi nuevo poder.

Tres líneas de cansancio me cruzaron la mente mientras también pensaba en algo más.

Y también necesito, murmuré mientras miraba hacia Perla, hablar…con ella.

Fin Capitulo 50.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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