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Steven Universe: ¿Soy que? Sobrecarga - Capítulo 52

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52: Capitulo 52: ¿una nueva aliada?

52: Capitulo 52: ¿una nueva aliada?

Peridot estaba sentada en la sala mientras yo le preparaba té.

Le expliqué que ayudaba a relajar las tensiones del cuerpo, aunque ella me respondió que no tenía cuerpo.

La callé antes de que siguiera, porque técnicamente sí lo tenía…

solo que no quería entrar en detalles.

Mientras esperaba, me miró con curiosidad.

“¿Quién es el sabio?”, preguntó de pronto.

No respondí de inmediato.

Ella simplemente se quedó sentada mientras yo le explicaba con calma toda la situación, desde el Cluster hasta el pequeño detalle de que el mundo podía explotar si algo salía mal.

Entonces Peridot habló otra vez, esta vez con dudas claras en la voz.

“Entonces…

¿quieres que te ayude con el Cluster, no?” Asentí sin rodeos.

“Bueno”, dijo después de pensarlo un poco.

“Necesito mis partes robóticas para ayudar.” …

…

Guardé silencio con una sonrisa forzada.

“Ni puta idea”, dije con toda la sinceridad posible.

…

Peridot también se quedó en silencio.

“¿En serio?” “En serio”, respondí con absoluta seguridad, como si no fuera un problema gigantesco.

Negó con la cabeza lentamente, claramente decepcionada, mientras de vez en cuando se sobresaltaba por algún ruido extraño del templo.

Le dejé el té frente a ella y le enseñé cómo tomarlo.

Para mi sorpresa, realmente se relajó.

Fue justo en ese momento cuando el portal se abrió.

No noté nada al principio.

Lápiz apareció cubierta de arena, Garnet tenía fuego en el cabello y sus gafas rotas, Perla estaba llena de vendas y Amatista llevaba otra camisa que definitivamente no era la original.

Cuando ambas partes se vieron, la tensión llenó la sala en un instante.

Yo quedé justo en medio del problema.

“Calmen las gemas”, dije levantando una mano.

Ambos lados se relajaron lo suficiente como para no empezar una pelea inmediata.

“Primero que todo”, continué mientras me acomodaba la chaqueta, “¿cómo les fue en la misión?

Porque por lo que veo, les fue de la verga.” …

“Fue horrible”, dijo Lápiz mientras se quitaba más arena del cabello.

“Había como cinco gemas y no había agua, así que solo fui soporte”, añadió con un suspiro resignado.

“A mí me fue bien”, dijo Amatista mientras sacaba una pieza de metal que estaba seguro no tenía antes.

“Esto es comestible”, agregó antes de comérselo de forma épica.

Garnet negó con la cabeza.

“La misión fue un éxito, aunque costó más de lo que mi visión futura predijo.” Perla se quitó las vendas mientras hablaba.

“Sí, además Amatista volvió a fisurar su gema.

¿La ayudas, Steven?” Miré a Amatista con una ceja levantada.

Ella rechinó los dientes y se acercó resignada.

“Saliva para ti”, dije mientras tocaba su gema.

Esta brilló al instante y la fisura desapareció.

Fue entonces cuando noté a Peridot.

Tenía los ojos abiertos como platos, observando toda la escena.

“Qué poder”, dijo en voz alta.

Y, como era de esperarse, todas las miradas volvieron a posarse sobre ella.

“Este…”, dijo ahora apenada.

“Tranquila, que las asustan”, dije mientras levantaba a Peridot en el aire, sosteniéndola como a Simba en El Rey León.

“¡Iiii!”, soltó un chillido agudo.

Todas la miraron de inmediato y notaron algunas manchas extrañas en su cuerpo, lo que hizo que la tensión regresara al ambiente en cuestión de segundos.

“Tranquilas”, les dije con calma.

“La sané antes de que se propagara.” Peridot asintió frenéticamente, como si su vida dependiera de ello.

Y, bueno, más o menos era así.

“Ella nos ayudará con el Cluster”, añadí.

Todas la observaron con evidente desconfianza, y no podía culparlas.

“Hablando del Cluster”, dije mientras miraba a León.

“Oye, ¿la Luna no tenía algo?” “¿Sí?”, preguntó Peridot, interesada.

“Pues vamos”, dije sin darle más vueltas, cargando a Peridot mientras con la otra mano jalaba a Perla, que se veía claramente nerviosa.

Metí más o menos a Peridot dentro de la melena de León, quien ya estaba bastante furioso por la interrupción.

…

“Vamos”, dijo Garnet mientras agarraba a Amatista y a Lápiz, saltando con ambas al lomo de León.

El mencionado me miró con puro rencor.

Yo solo lo acaricié con calma.

“Luego te doy un buen pescado.” León se levantó con tanta energía que casi todos salimos volando.

“Ruar”, gruñó, como preguntando a dónde íbamos.

“A la Luna”, respondí sin dudar.

León se quedó rígido por un segundo.

“¿Ruar?”, dijo, como si creyera haber escuchado mal.

“Sí.

Hoy tendrás bastante chamba y, por ende, más pescados.” León se quedó procesando la información y, con un rugido rápido, empezó a abrir portales uno tras otro.

“¡¿Qué es esta cosa?!”, gritó Peridot mientras atravesábamos los portales a una velocidad absurda.

“Mi león mágico”, dije con alegría mientras sentía cómo cada vez íbamos más rápido.

“¡Me voy a caer!”, gritó Perla presa del pánico, justo cuando Garnet la sujetó, sin soltar tampoco a Amatista.

“¡Llega rápido, León, carajo!”, gritó Amatista con auténtico terror.

Con un último rugido, León abrió el portal final y nos teletransportó directamente a la base lunar.

León dio varias vueltas al aterrizar, haciendo que todos saliéramos disparados a diferentes partes del lugar.

Me levanté de inmediato y corrí hacia él.

“¿Estás bien, amigo?”, pregunté con preocupación.

“Ruar”, respondió León, un poco débil.

Saqué saliva rápidamente y empecé a untarle, por si acaso tenía alguna herida.

Parecía que sí, porque su expresión cambió casi al instante.

“Buen chico”, le dije.

“¿No fue muy apresurado?”, preguntó Amatista totalmente mareada.

A eso le siguió la voz de Lápiz, a quien Garnet y Perla le habían caído encima.

“Para nada”, dijo Peridot mientras se levantaba y comenzaba a tocar las paredes con interés.

“El Cluster es algo que podría destruir el planeta completo.” Todas se tensaron de inmediato.

“¿En serio?”, dijo Perla, confundida y visiblemente preocupada.

La miré de reojo.

Ella notó mi mirada y se puso aún más tensa.

…

Volví a mirar a Peridot, que seguía tocando las paredes, analizando cada detalle con atención.

“Aquí está”, dijo Peridot mientras apretaba un botón.

De inmediato, unas escaleras emergieron del suelo y varias luces se encendieron a lo largo del pasillo, iluminando el camino para que nadie se cayera.

Antes de avanzar, me acerqué a León una última vez, lo acaricié con cuidado y le di un beso en la cabeza.

“Espéranos, campeón.

Ya regresamos.” León solo se acomodó mejor en el suelo, dispuesto a descansar mientras recuperaba energías.

“Vamos”, dije mientras levantaba a Peridot, ya que claramente no alcanzaba las escaleras, y empecé a flotar para subir.

Las demás subieron sin problema.

Todas…

menos Lápiz, que desplegó sus alas y comenzó a volar detrás de mí.

Sentía su mirada clavada en la nuca, pero decidí no darle importancia.

Pasamos por una habitación que reconocí de inmediato.

“Torre de vigilancia”, dijo Perla sin poder contenerse.

Aproveché ese pequeño desliz.

“¿Qué es?”, pregunté con una ceja levantada.

Perla respondió como si fuera lo más normal del mundo.

“Aquí es donde las Diamantes observan sus colonias”, dijo sin pensar.

Amatista y Garnet la miraron fijamente.

A Lápiz le dio igual.

Peridot tampoco reaccionó demasiado.

Yo miré a Perla con la ceja aún más levantada.

Ella se dio cuenta de lo que acababa de decir y se tapó la boca al instante.

“Luego hablamos”, dije con seriedad.

Seguimos avanzando hasta llegar a la consola principal de la base lunar.

“Haz lo tuyo”, dije mientras dejaba a Peridot sentada frente a los controles.

Ella se tensó de inmediato.

“No, aquí no.

No puedo sentarme, esto es de una Diamante y y y—” “Shhh”, la interrumpí, haciéndole un gesto con la mano.

“Aquí no hay Diamantes.

Ponte vergas.” …

…

Peridot no dijo nada más.

Tampoco se bajó.

Simplemente empezó a teclear con rapidez.

“Muy anticuado”, murmuró, pero siguió trabajando como si nada.

“Esto es el Cluster”, dijo finalmente, mostrando la pantalla.

“Aquí no hay nada”, comentó Amatista, viendo solo un holograma del planeta.

“¿Ah?”, dijo Peridot confundida.

“Ah, ya.

Se me olvidó activarla.” Presionó un comando más.

El holograma cambió de golpe.

El planeta comenzó a deformarse, explotando en múltiples puntos.

Enormes grietas se abrían desde el núcleo, rayos de energía atravesaban la superficie y estructuras monstruosas parecían empujar desde dentro, como si algo quisiera nacer rompiendo el mundo en pedazos.

Era grotesco.

Era aterrador.

Una auténtica monstruosidad.

Para todas…

excepto para Peridot.

“Increíble”, dijo ella, con los ojos brillando mientras procesaba la imagen del Planeta Madre en su mente.

Las demás gemas la miraron como si acabara de cometer el peor crimen imaginable, como si hubiera matado a su abuela y la hubiera enterrado frente a ellas.

Yo no.

Literalmente la habíamos sacado de una burbuja hace unas dos horas como mucho, y sinceramente no había tenido tiempo ni de procesar todo esto.

Así que no, no me sorprendió.

Pero sí me preocupó.

“¿Sabes la ubicación?”, pregunté con seriedad antes de que las gemas la fusilaran con la mirada.

“Ah, sí”, respondió Peridot rápido, claramente agradecida por el cambio de tema, mientras manipulaba la consola con agilidad.

En la pantalla apareció un punto exacto.

“Está aquí”, dijo señalándolo.

“Es en la granja de la familia”, añadí con cierta gracia.

“Qué coincidencia”, pensé con una sonrisa involuntaria.

“Nos vamos ya”, dije mientras tomaba a Peridot.

Noté cómo agarraba un comunicador de las Diamantes, pero decidí no darle importancia por ahora.

Aun así, me mantuve atento a cada uno de sus movimientos.

Regresamos todos a la casa.

Yo cumplí mi promesa y le di a León su pescado.

El condenado empezó a comer como si no hubiera un mañana.

“Mañana iremos al granero.

Por ahora, descansen”, dijo Garnet mientras caminaba hacia el templo.

“Perfecto”, respondió Perla, intentando huir de la escena.

No lo logró.

Estiré la mano y la detuve colocándosela en el hombro.

“¿A dónde vas, Potter?”, dije con total seriedad.

“Es…

este…

yo no soy Potter”, respondió nerviosa.

“Me da igual”, dije mientras la levantaba como si fuera un saco de papas.

“Nos vemos.

Tengo que hablar con ella”, añadí antes de entrar a mi habitación del templo con una Perla completamente aterrada.

La puerta se cerró detrás de nosotros.

En la sala, Peridot se quedó inmóvil, atrapada entre una Amatista con la ceja levantada y una Lápiz claramente molesta.

…

…

“¿Qué hago?”, pensó Peridot, entrando lentamente en pánico.

Fin del capítulo 52.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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