Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Steven Universe: ¿Soy que? Sobrecarga - Capítulo 54

  1. Inicio
  2. Steven Universe: ¿Soy que? Sobrecarga
  3. Capítulo 54 - 54 Capitulo 54 El trabajo
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

54: Capitulo 54: El trabajo 54: Capitulo 54: El trabajo Mientras Steven salía del cuarto del templo, dejó atrás a Perla, quien se marchó en silencio por el tubo que conectaba las distintas secciones del lugar.

No la siguió con la mirada.

En cambio, sus ojos se desviaron hacia la sala principal, donde Lápiz tenía a Peridot sentada rígidamente en el sillón, completamente inmóvil, mientras ella la observaba fijamente, sin parpadear.

Steven frunció el ceño, confundido por la escena.

Preguntó qué estaba haciendo, sin ocultar la extrañeza en su voz.

Lápiz respondió con total calma que solo estaba observando que no la cagaran otra vez, mientras tomaba un poco de agua y la dejaba caer lentamente por el cuello de Peridot.

La gema verde reaccionó con un chillido agudo, parecido al de un pájaro siendo apaleado por gatos, sacudiéndose de forma exagerada.

Steven se quedó en silencio unos segundos.

Le dio igual.

Solo pidió que no la matara, antes de girarse y caminar hacia su habitación.

No añadió nada más.

Cerró la puerta y se dejó caer en la cama, quedándose dormido casi de inmediato.

…

Al día siguiente.

La voz de Connie sonó desde el comunicador con su tono habitual, aunque con un ligero matiz de preocupación.

Preguntó cómo iba todo.

Steven respondió que bien, que solo había hecho unas cuantas misiones aquí y allá, nada fuera de lo normal, y que ya tenían varias gemas capturadas.

Lo dijo con naturalidad, como si realmente no pasara nada.

Connie no pareció convencida.

Lo miró a través de la pantalla con los ojos entrecerrados, dudando.

Preguntó cuáles exactamente.

Steven dudó un segundo.

El silencio se volvió incómodo.

Tres gotas de sudor parecieron recorrerle la frente mientras buscaba algo creíble que decir.

Entonces, de la nada, fingió una interferencia.

Dijo algo sobre que la llamada se estaba cortando.

Antes de que pudiera terminar, la voz de Connie explotó al otro lado, reclamándole que no se atreviera a colgarle.

Steven miró el teléfono mientras comenzaban a llegarle mensajes uno tras otro, sin descanso.

Suspiró.

Alzó la vista hacia la ventana y negó lentamente con la cabeza.

Decidió que lo mejor era entrenar.

Se levantó y salió rápidamente, pero antes de irse, sus ojos se detuvieron por un instante en la melena de León.

La observó fijamente, con atención, como si algo no terminara de cuadrar en su cabeza.

No le dio importancia.

O al menos, no por ahora.

Pasaron tres días en los cuales entrené mi poder.

El poder rosa era bastante complicado de manejar; podía acceder a él, pero lo malo eran las emociones.

Me sentía estúpido, tonto, idiota, y muchas cosas malas más.

Incluso me sentí monstruo por varios instantes.

“Necesito entrenar más”, anoté en una libreta que siempre dejo en la habitación del templo.

Mi madre holográfica estaba regando unas plantas imaginarias.

Sinceramente no sé qué pensé al darle ese libre albedrío dentro de la habitación, pero de igual manera tenía cuidado.

“Me voy, madre holográfica.

Esto no afecta en nada mi estado mental”, dije.

El holograma solo me miró con gotas de sudor en la nuca.

“Adiós, hijo real y de carne, que no le afectó en su cordura…” Definitivamente debería quitarte algunas ventajas, pensé mientras salía, observando la mirada de pánico del holograma.

Salí del cuarto y, sin decir más, caminé hacia la sala.

“Eh?”, dijo Peridot al salir de su miseria.

“¿Pasa algo, Steven?” La miré fijamente y ella se encogió.

“Vamos a trabajar en el Cluster, te veo muy tranquila.” “Eh?”, dijo ella en pánico y rápidamente se puso de pie.

“¡Vamos!” Lapiz, que estaba vigilando fijamente a Peridot mientras jugaba Geometry Dash, voló a mi lado y observó cómo Peridot se adentraba en el portal.

Peridot, al entrar al portal, no sentiría la sensación de estar dentro de él.

Miró hacia Steven con los ojos abiertos.

“¿No puedo usarlo?” La miré con una ceja levantada.

“Me imagino que es por la corrupción”, dijo Lapiz mientras ponía el codo en mi hombro farmeando aura, aunque luego se quitaría y caería al suelo épicamente.

“¡Auch!”, dijo Lapiz sin ninguna reacción más al caer.

“Bueno, me imagino que no hice tantos milagros como debería”, suspiré.

“Debería tener las otras tres esencias de las diamantes para curar lo más completamente a una gema”, pensé mientras miraba a Peridot con una ceja levantada.

La gema observada comenzó a temblar.

“¿No me vas a cosechar, verdad?”, dijo Peridot con pánico.

“¿Eh?”, dijimos Lapiz y yo totalmente confundidos.

“¿Destruir mi gema?”, preguntó Peridot con una ceja levantada, pero no dejaba de temblar como un perro bañado en cloro.

“¿Para nada?”, dije con dudas, mirando a Lapiz, quien solo se encogió de hombros mientras se metía en el portal, por si acaso era el portal el que estaba jodido.

“Uff”, suspiró Peridot mientras se quitaba un sudor imaginario.

Yo solo negué con la cabeza, agarré una página y la pegué en el lugar de siempre donde Perla revisa si hice algo.

La nota decía: “Hola, para decir que nos fuimos al granero a trabajar.

Si quieren, lleguen; la verdad da igual, pero eso sí, no quiero que se agarren a puños en mi presencia.

Att: el gordo mamón.” “Vámonos”, dije mientras activaba el portal y llegábamos al más cercano hacia el granero.

“Síganme los buenos”, anuncié mientras flotaba y agarraba a Peridot como un peluche, volando hacia el granero.

Lapiz me siguió sin decir palabra.

Al llegar, dejé caer a Peridot.

“¡Auch!”, exclamó ella al caer de nalgas al suelo.

“Haz tus análisis con toda la chatarra que recolecté”, dije mientras abría el granero.

Una montaña de objetos que había ido recolectando durante este tiempo cayó al suelo.

“¿Y esta porquería?”, preguntó Peridot.

Lapiz le dio un sape en la cabeza.

“Trabaja con lo que tienes y no te quejes”, añadió.

Peridot solo miró al suelo y caminó robotizada hacia los objetos.

“Veamos”, murmuró mientras inspeccionaba cada detalle.

“Mnnn…

sí…

no…

puede ser…

¿esta cosa qué es?”, preguntó levantando una pesa.

“Una pesa para ejercicio, úsala.

De todos modos ya ni me afecta”, respondí mientras me sentaba con las piernas cruzadas.

“No soy muy bueno en matemáticas, pero si necesitas una perspectiva en tercera persona, aquí estaré.

Si necesitas algo pesado”, señalé hacia un lago de agua bastante notorio.

“¿Le dices a Lapiz que te ayude?”, pregunté.

“¿Yo?”, dijo Lapiz confundida.

“Sí, tú.

¡Chambea, huevona!”, dije con un poco de enojo en mi voz, intentando controlar la forma rosa.

Lapiz asintió sin decir más.

Sabía más o menos cómo cambiaba mi personalidad, ya que había experimentado de primera mano los cambios de humor, que según mis palabras eran peores que los de una Connie con la regla…

aunque aún no sabía qué era la regla.

Rápidamente sentí cómo Peridot empezaba a trabajar, y Lapiz algunas veces le ayudaba con algunos taladros que traje y con partes de nave que sentí que eran totalmente necesarias, como la radio de un carro.

O sea, nada que ver, pero sí seré yo quien baje con ella, lo cual es 100 % sí o sí, ya que necesito conectarme con el Cluster para hacer una burbuja.

Bueno, eso dolerá, así que me ando preparando mentalmente para eso.

Levanté la vista para ver el cielo, ya oscuro, y solo dije: “Espero que esto salga bien.” Fin del capítulo 54.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Acerca de
  • Inicio
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo