Steven Universe: ¿Soy que? Sobrecarga - Capítulo 55
- Inicio
- Steven Universe: ¿Soy que? Sobrecarga
- Capítulo 55 - 55 Capitulo 55 Amarme a mi mismo
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
55: Capitulo 55: Amarme a mi mismo.
55: Capitulo 55: Amarme a mi mismo.
Nota del autor: ¡Hola!
Solo paso para agradecerles el apoyo constante.
Aunque no siempre lo diga, ustedes saben que al llegar a las 50 o 40 piedras, o incluso al sobrepasarlas, les traigo nuevos capítulos.
La verdad estoy bastante impresionado por el apoyo que le han dado a esta historia.
Así que, gracias a todo ese apoyo, me inspiré a sacar otro fanfic de Steven Universe, por si lo quieren leer.
Se llama: Steven Universe: ¿Soy una Sílica?
Si pueden apoyarlo tanto como han hecho con esta historia, se los agradecería muchísimo.
Ahora sí, continuemos.
“Stevo!”, dijo Amatista totalmente alegre.
“¿Cómo vas con tu entrenamiento de esa cosa que te hace rosa?” …
…
Estaba totalmente furioso, pero rápidamente salí de mi forma rosa.
El color se disipó como humo espeso.
Suspiré.
“Voy bien”, dije, aunque desvié la mirada hacia un lado, justo donde Perla y Peridot estaban discutiendo otra vez.
“¿Ellas?
Las frikis”, dijo Amatista totalmente desinteresada, rodando los ojos.
“¿Estás bien, amigo?”, preguntó mientras me abrazaba desde la espalda y me sacudía la cabeza, como si intentara aflojar todo lo que tenía acumulado.
Ese gesto funcionó más de lo que quería admitir.
“Ya hace tiempo que no hacías esto”, dije después de unos segundos.
“Ya hace tiempo que no pasamos tanto tiempo juntos”, respondió mientras comenzaba a darme pequeños masajes en los hombros.
Sonreí sin querer.
“Pareces la hermana que nunca tuve”, dije con sinceridad.
Amatista se quedó quieta un segundo, pero enseguida retomó el masaje.
Aun así, se notaba lo feliz que estaba, incluso en la forma en que me sacudía la espalda.
Suspiré otra vez.
Miré de nuevo hacia donde Peridot y Perla discutían, aunque no dejé de notar cómo Peridot se agarraba la mano, justo donde aún quedaban restos de corrupción.
Ese detalle no se me escapaba nunca.
“Por cierto…
¿y Garnet?”, pregunté mientras levantaba la vista.
“No la has visto?”, dijo Amatista con una sonrisa extraña.
“No”, respondí confundido.
“Aquí estoy”, dijo Garnet a mi lado.
“¡Hijo de puta!”, solté mientras daba un salto y, por puro reflejo, mi cuerpo volvió a tornarse rosa.
“¿Qué carajos?
¿Cómo apareciste aquí?”, pregunté totalmente alterado.
“Magia”, respondió Garnet con su aura misteriosa, tan tranquila como siempre.
Me quedé mirándola unos segundos, todavía con el corazón acelerado, mientras el color rosa se desvanecía lentamente de mi piel.
“que susto”, dije mientras mi forma rosa finalmente se desvanecía, sintiendo como la presión en el pecho se iba poco a poco.
garnet me observó con atención, sentada con las piernas juntas mientras se acomodaba las gafas con calma medida.
“esa forma rosa…
nunca la había visto en rose”, dijo con voz seria, analítica.
“yo qué sé, no la vi”, respondí encogiéndome de hombros, tratando de relajar el cuerpo como si nada de eso importara realmente.
ese comentario hizo que garnet se tensara apenas, lo suficiente para notarse si uno sabía mirar.
había hablado de mi madre como si fuera algo cotidiano, como si no pesara, pero ella no dijo nada, solo guardó silencio.
“sabes qué”, dije después de unos segundos, “vamos a entrenar, garnet”.
empecé a caminar hacia un prado cercano, el pasto moviéndose con el viento suave de la tarde.
garnet me siguió con la mirada antes de ponerse de pie y caminar detrás de mí.
antes de avanzar del todo, giró lentamente la cabeza hacia amatista.
“este futuro es tu culpa”, dijo con total seriedad mientras seguía avanzando.
“¿eh?”, respondió amatista, completamente confundida.
“¡amatista!, ¡ven carajo!”, se escuchó la voz de perla a lo lejos, claramente peleando por algún pedazo de metal que nadie más consideraría importante.
“JAJAJAJAJA”, amatista estalló en risa sin pensarlo dos veces y salió corriendo hacia el desastre como si fuera el mejor espectáculo del día.
lapiz, por su parte, estaba tranquilamente sentada encima del granero, completamente ajena al caos, concentrada mientras jugaba minecraft como si el mundo no estuviera a punto de caerse a pedazos.
El prado estaba tranquilo.
El viento movía la hierba con suavidad y el cielo ya estaba pintado de tonos naranjas y morados, como si el día se resistiera a terminar.
Steven caminaba unos pasos delante, intentando ordenar su cabeza, pero la presión en el pecho seguía ahí, esa que siempre aparecía justo antes de perder el control.
Garnet se detuvo a unos metros de él y cruzó los brazos, observándolo con atención.
“Entonces”, dijo con calma, “¿qué quieres entrenar exactamente?” Steven exhaló despacio antes de responder.
“Quiero entrenar el control emocional, ¿sabes?
Es difícil con esta cosa.
Tal vez por eso no lo viste en mi madre, ya que por lo que escuché en las historias, ella era muy gentil.” Garnet se quedó en silencio al escuchar lo que Steven decía.
No lo interrumpió.
Solo lo dejó continuar.
“¿Qué es lo que sientes?”, preguntó después de unos segundos.
Steven se sentó en la hierba, sintiendo el pasto frío bajo las manos, mientras a lo lejos se escuchaba la risa inconfundible de Amatista.
Apretó el puño con fuerza y miró a Garnet, quien se sentó frente a él, firme y atenta.
“Lo que siento…
siento ira, tristeza, alegría.
Cada emoción se siente…
se siente demasiado fuerte.
Si alguien me cuenta un chiste podría reír hasta morir.
Si alguien me dice que aplastó una mosca, lloraría hasta que mis ojos se queden secos.
Y si alguien dice algo de mí…
siento que lo quiero golpear hasta dejarlo irreconocible.” Las palabras salieron pesadas, como si llevaran tiempo atrapadas.
Garnet lo miró en silencio, sin juzgarlo, sin apartar la vista, dejando que ese silencio pesara tanto como las emociones que Steven acababa de confesar.
“Parece ser algo dentro de ti, Steven”, dijo Garnet mientras se sentaba frente a mí y me observaba fijamente a través de sus gafas.
Su voz era firme, pero no dura, más bien tranquila, como si estuviera hablando de algo que ya había visto muchas veces.
“Eres una persona que se ha guardado muchas cosas.
Es normal, todos lo hacen.
Todos tienen secretos, Steven.
Pero en tu caso…
parece que eso afecta directamente tu estado emocional cuando entras en esa forma.” Guardé silencio, escuchando.
“Eres bueno.
Una buena persona”, continuó.
“El humano que mejor me ha caído en los milenios que he estado en la Tierra.” Eso me tomó por sorpresa.
Sentí un nudo en la garganta.
…
…
…
La miré expectante.
Siempre me había gustado hablar con Garnet.
Había algo en ella que me hacía sentir seguro, como si nada malo pudiera pasar mientras estuviera cerca.
Y entonces pasó.
Todo el lugar se volvió azul.
No fue gradual.
No fue lento.
Simplemente ocurrió.
“¿Eh?”, dije totalmente confundido.
La tierra bajo mis pies era azul.
El cielo era azul.
La hierba, el aire, incluso la luz…
todo estaba teñido de un azul profundo y silencioso.
“¿Qué carajos…?”, murmuré, mirando a todos lados sin entender nada.
“Tienes los ojos cerrados, Steven”, dijo Garnet con suavidad.
Parpadeé.
“¿Qué es esto?”, pregunté, sintiendo una mezcla de inquietud y curiosidad.
“Es algo que puedo hacer”, respondió.
“Estamos dentro de nuestras gemas.” Sentí un escalofrío recorrerme la espalda.
“Conecté la mía con la tuya para que puedas observar tu interior.
Lo que sientes que eres.
Lo que serás.” Miré mis manos.
No parecían exactamente manos.
Eran más…
una idea de ellas, hechas de luz azulada.
“Aquí”, continuó Garnet, “es donde nuestras gemas, o corazones en tu caso, hablan por nosotros.
No somos nosotros hablando por ellas.” El lugar se sentía enorme y vacío al mismo tiempo.
Como si estuviera dentro de algo vivo…
dentro de mí mismo.
Tragué saliva.
“Entonces…
¿esto es lo que soy por dentro?”, pregunté en voz baja.
Garnet asintió lentamente.
“Es una parte”, dijo.
“Y no es una parte pequeña.” Sentí una presión en el pecho, pero no era dolor.
Era reconocimiento.
Como si algo que siempre había estado ahí, por fin, me estuviera mirando de frente.
Y por primera vez…
tuve miedo de mí mismo.
Garnet me miró directamente y comenzó a hablar.
Su presencia era firme, pero no pesada, como si cada palabra estuviera pensada para quedarse conmigo el tiempo necesario.
“Tómate un tiempo para pensar, Steven.
Sé flexible con tus acciones y con las opiniones que tengas.
Debes confiar en ti mismo, amarte a ti mismo y también a las personas que te rodean.” Luego, con un gesto lento, se quitó las gafas y miró hacia un lado.
Instintivamente, yo volteé en la misma dirección, como si supiera que algo importante estaba a punto de mostrarse.
“¿Sabes?”, continuó.
“Yo también tuve ese mismo pensamiento…
y cuando ocurrió, me alarmé.” Bajó la mirada hacia sus gemas, observándolas con una expresión difícil de describir, y luego hacia las siluetas de Rubí y Zafiro que estaban a su lado, formadas por aquella luz azul que lo envolvía todo.
Yo no dije nada.
Estaba absorbiendo la información como una esponja, sin interrumpir, sin pensar demasiado, solo dejando que todo entrara.
Ante nosotros apareció la imagen de una Rubí defendiendo a una Zafiro de unas sombras oscuras que parecían surgir del suelo mismo.
Se movían con desesperación, luchando, hasta que aquellas figuras comenzaron a correr sin rumbo y finalmente cayeron hacia un barranco infinito.
Garnet volvió a hablar.
“Tal vez nos sentimos dolidas por lo que pudieron decirnos.
No fue fácil escuchar ciertas cosas después de que nos fusionamos por accidente…
y luego de interrumpir esa fusión.” Las imágenes cambiaron.
Garnet observaba cómo pasaban escenas en las que Rubí y Zafiro recorrían la Tierra, experimentando cada etapa de lo que en ese tiempo solo podía llamarse su ‘amistad’.
Momentos torpes, peligrosos, silencios largos y decisiones apresuradas.
“Tal vez nuestra forma de actuar no fue la más agradable”, dijo.
“Rubí dijo cosas que…
¿cómo decirlo?” La miré, buscando la palabra adecuada.
“¿Como un enjambre?”, sugerí.
Garnet asintió.
“Así es”, respondió, mientras seguíamos observando cómo Rubí y Zafiro sobrevivían juntas a las bestias de la Tierra, cayendo y levantándose una y otra vez.
Sentí algo apretarse en mi pecho.
No era tristeza exactamente.
Era comprensión.
Como si esa historia, aunque no fuera mía, estuviera conectándose lentamente con lo que yo era.
Y entendí que no solo estaba viendo el pasado de Garnet.
Estaba viendo lo que significa aprender a aceptarse…
incluso cuando duele.
“Perdí mi visión, Steven.” Las palabras salieron de los labios de Garnet entrecortadas, mientras lágrimas caían lentamente de sus tres ojos.
“Perdimos todo lo que fue nuestro alguna vez…
la sensación de poder estar con otras gemas a cambio de sobrevivir.
Las pequeñas cosas que podíamos hacer: ir al espacio, enviar a otras gemas…
sin saber que lo que hacíamos estaba mal.
Teníamos una sola visión: la del planeta madre.
No podíamos aprender más cosas, solo un punto de vista.” Hizo una pausa, y su mirada se perdió en la distancia.
“Y cuando fuimos…
¿desterradas?
No sabría decirte cómo fue.
Fue algo que nos confundió…
nos confundió bastante.
Casi nos perdemos, ya que vagamos varios días por la Tierra sin tener un propósito aparte del planeta madre.” Las formas de Rubí y Zafiro se mostraban confundidas en esas ilusiones azules.
Cada una reflejaba una emoción: tristeza, alegría por lo nuevo que descubrían, enojo por lo que habían perdido.
Sus movimientos eran torpes, casi vacilantes, pero llenos de sinceridad.
Garnet volvió su mirada hacia mí.
La encontré firme, pero vulnerable al mismo tiempo.
“Toma tu tiempo, Steven”, dijo con suavidad.
“Las emociones son sanas, es normal que las tengas.
Si una gema se siente mal o siente felicidad, es normal.
Tómate un tiempo para procesarlo todo y pregúntate.” “¿Sentiré la furia, la tristeza o cualquier emoción todo el tiempo?” pregunté con un hilo de voz.
Garnet negó con suavidad.
“Si me preguntas a mí…
no.
Sentir todo eso está bien.
Déjalo salir.
Necesitas desahogarte, Steven.
No es sano guardar todas esas emociones para ti.
Así que dime…
¿qué sientes?” Steven la miró suavemente, con algunas lágrimas resbalando por sus mejillas, pero intentaba hacer lo mismo que Garnet: concentrarse, analizar, sentir sin dejarse desbordar.
Dirigió la mirada hacia el lado opuesto, donde todavía veíamos las visiones de Rubí y Zafiro, y Garnet siguió su mirada.
Allí, un Steven más pequeño se movía, casi como un eco de sí mismo, atrapado entre recuerdos y emociones.
“He estado pensando…”, dijo Steven con voz temblorosa, y una sonrisa amarga cruzó su rostro mientras sus ojos se fijaban en la furgoneta donde casi le habían quitado la gema.
“Tal vez me alarme más de lo que debería…
pero soy humano.
Creo que soy más sensible a ustedes.” Garnet solo se tensó ligeramente, manteniéndose en silencio, dejando que hablara sin interrumpir.
“Lo que dijeron…
lo que opinaron…
¿soy alguien?
¿Soy otra persona?” continuó, su voz apenas un susurro.
“Muchas de esas opiniones realmente me dolieron.
Aunque no las sentí en el momento, ahora que soy…
no grande, pero sí consciente, duele lo que pueden decir de mí, de mi madre, de ustedes.
¿Las dañarán?
Son cosas que no puedo sacar de mi cabeza.” Las ilusiones cambiaron de nuevo, mostrando a un Steven niño entrenando junto a su padre.
Se veía cómo muchas veces ignoraba a su padre solo para concentrarse, para intentar mejorar.
“Mi forma de actuar…
no fue agradable en esos tiempos”, dijo, sus ojos fijos en la escena.
“Me enfoqué en lo que ustedes necesitaban, pero…
¿qué necesitaba yo?” Observó cómo su padre parecía algo decepcionado cada vez que lo ignoraba.
“Dije cosas que pudieron ser como un enjambre, ¿no?
Son cosas que salen de mis manos.
Era un niño…
pero son cosas que me marcan como ser humano.
¿Humano-gema?
No sé lo que soy…
soy único en mi especie.” Steven bajó la mirada hacia sus manos, con lágrimas cayendo libremente.
Su cuerpo empezó a brillar con un tono rosa que se extendía lentamente, reflejo de su intensa mezcla de emociones y de la conexión con su poder.
Perdí la visión por varios momentos, sumido en la confusión de lo que debía hacer como heredero de esta gema que llevo en mi estómago.
Las ilusiones cambiaban constantemente, mostrando a un Steven que disfrutaba de la vida, que probaba cosas nuevas, que se reía, que aprendía…
pero también aparecían versiones de mí mismo egocéntrico, triste, inseguro, y muchas más a lo largo de mi vida.
“La sensación…”, dije con lágrimas cayendo a mares, mientras mi forma rosa se hacía más intensa y poderosa.
“Las pequeñas cosas que pudieron cambiarme…
es lo que soy.
Pero, ¿es eso lo que el mundo necesita?
¿El nombre de Steven Universe, la persona que lo lleva, estará realmente de pie para lo que le prepara la vida?” Mis palabras se quebraban, mi mente atrapada entre miedo y responsabilidad.
“Eso…
eso me…
eso me confunde”, admití finalmente, mientras el brillo rosa de mi cuerpo empezaba a desvanecerse.
“Creo que incluso podría perderme a mí mismo, intentando ser alguien que los demás quieren que sea…” Miré a Garnet, buscando algo de guía, algún ancla en medio de mi tormenta interna.
“¿Qué debo hacer, Garnet?” miré a garnet con los ojos llenos de lágrimas, sintiendo como la confusión y el miedo me ahogaban.
lo que debo hacer, repetía en mi cabeza una y otra vez, pero no encontraba la respuesta, solo un remolino de emociones que me hacían sentir cada vez más rosa, más fuerte y más perdido.
garnet me miraba fija, sus tres ojos brillaban con una calma que parecía poder sostener mi caos, y por primera vez sentí que no estaba solo en esto.
steven, dijo con suavidad, todo esto que sientes está bien, no tienes que controlarlo todo ahora, cada emoción que surge tiene un propósito, incluso la ira, incluso la tristeza, incluso la alegría que te desborda.
asentí lentamente, intentando que sus palabras llegaran a mí, mientras mi forma rosa temblaba como si mi cuerpo entero estuviera escuchando y sintiendo cada emoción al mismo tiempo.
piensa en lo que eres, continuó garnet, piensa en lo que quieres ser, no en lo que los demás esperan de ti, no en lo que tu madre fue, no en lo que las gemas creen que debes hacer.
sentí como el mundo a nuestro alrededor empezaba a calmarse, los tonos azules que antes mostraban mis emociones mezcladas ahora eran más suaves, como si garnet estuviera dibujando un camino dentro de mí.
cada lágrima que caía, cada respiración pesada, cada emoción que sentía, garnet las aceptaba y me enseñaba a aceptarlas yo también.
deja que salgan, dijo garnet, no las reprimas, no las escondas, permite que tu corazón hable, permite que tus emociones sean tu guía, porque solo cuando sabes lo que sientes puedes saber lo que debes hacer.
cerré los ojos un momento y me dejé llevar por esa sensación, imaginando cada miedo, cada tristeza, cada enojo transformándose en luz rosa dentro de mí, expandiéndose y mezclándose con mi poder.
al abrir los ojos, garnet seguía frente a mí, seria y firme, pero con una calma que me daba fuerzas.
está bien, dije finalmente con un suspiro, voy a intentarlo, voy a sentir cada cosa y usarlo, no a esconderlo.
garnet asintió suavemente y me sonrió, la primera sonrisa verdadera que parecía entenderme sin palabras, y supe que no estaba solo, que podía enfrentar esto, que podía aprender a controlarme y seguir adelante.
gracias, garnet, dije mientras abría los ojos y volvíamos a aparecer en el césped.
no te preocupes, steven, dijo garnet, la cual no se había movido del lugar, pero sí noté las gotas de agua en el suelo.
steven…
eres una persona que me inspira, eres tan bueno que no sabría decir si alguna vez podría ser como tú.
espero que esta plática te ayude en algo, así como tú nos has ayudado a nosotras a lo largo de estos años.
solté algunas lágrimas y me levanté, abrazando fuertemente a garnet.
quiero abrazarlas, ¿puedo?, dije entre lágrimas.
garnet se desfusionó, y rubí y safiro aparecieron con lágrimas en los ojos mientras nos abrazábamos los tres.
gracias, confío en que puedo aprender a amarme a mí mismo, dije entre lágrimas.
Fin capitulo 55.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com