Steven Universe: ¿Soy que? Sobrecarga - Capítulo 58
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58: Capitulo 58: Silencio entre corrientes.
58: Capitulo 58: Silencio entre corrientes.
Steven abriría los ojos.
Ya llevaban veinte días y faltaban cinco para que Connie llegara a Ciudad Playa, así que prefería no estar en la corteza terrestre cuando eso pasara.
Negué con la cabeza y quité el pie azul de una Lápiz que dormía como camión estacionado.
Apenas lo hice, el mismo pie se movió por reflejo y me dio una patada directa en la jeta, terminando de despertarme por completo.
“¡Qué fuerza, mujer!”, dije con enojo mientras mi forma rosa se activaba casi por instinto.
“¿Eh?”, dijo Lápiz mientras se incorporaba, con cara de no haber dormido lo suficiente.
Nos quedamos mirando unos segundos.
“¿Qué?”, dijo Lápiz totalmente confundida, todavía con el pie levantado en posición de patada.
“Quita ese pie”, dije en mi forma rosa, aunque por suerte no tenía los diamantes en los ojos.
“Ah, sí”, respondió mientras se levantaba tranquilamente, como si no me hubiese dejado la cara roja de un golpe, aunque con el tono rosado casi no se notaba.
Me levanté apoyando primero el pie izquierdo y empecé con mis actividades mañaneras, todavía medio adormilado.
Lápiz, por su parte, se sacudió el cabello y, con su control del agua, limpió su gema y las partes del cuerpo donde el pasto se le había pegado durante la noche, como si nada hubiera pasado.
Steven terminó de estirarse mientras el brillo rosa se iba apagando poco a poco, dejándolo solo con ese cansancio raro que ya se había vuelto costumbre.
Caminó hacia la cocina improvisada del granero mientras Lápiz lo seguía flotando a baja altura, todavía medio dormida.
Puso un par de cosas sobre la mesa, algo sencillo, nada elaborado.
Pan, algo de fruta, y una jarra de agua que Lápiz rellenó con un gesto automático, como si fuera lo más natural del mundo.
“Sigues jugando Minecraft”, dije mientras me sentaba y mordía un pedazo de pan.
“Sí”, respondió Lápiz mientras se dejaba caer frente a mí, apoyando la barbilla en la mesa.
“Estoy intentando hacer una base bajo el océano, pero siempre se me mete el agua por todos lados.” “Te falta paciencia”, dije con una media sonrisa.
“O vidrio.
Mucho vidrio.” Lápiz levantó la mirada lentamente.
“Eso suena aburrido.” “Lo es”, admití.
“Pero cuando terminas, queda increíble.” Lápiz se quedó pensativa unos segundos, moviendo el vaso de agua con los dedos.
“¿Tú juegas para ganar?”, preguntó de repente.
Me encogí de hombros.
“No siempre.
A veces solo juego para distraerme.
Construir cosas, perder el tiempo.
No todo tiene que tener un objetivo.” Lápiz frunció un poco el ceño, como si esa idea le costara procesarla.
“En Homeworld todo tenía un objetivo”, dijo en voz baja.
“Si algo no servía…
se descartaba.” La miré unos segundos, pero no dije nada serio.
No ahora.
“Aquí no”, respondí al final.
“Aquí puedes hacer una casa horrible en Minecraft y nadie te va a castigar por eso.” Lápiz soltó una pequeña risa nasal.
“Eso explica por qué tus construcciones son tan feas.” “Hey”, dije fingiendo ofensa.
“Mis casas son funcionales.” “Funcionales y horribles”, repitió, ahora con una sonrisa más clara.
Seguí comiendo mientras ella empezaba a hablarme de un juego nuevo que había probado, algo de bloques, enemigos raros y música repetitiva.
Yo asentía, comentaba alguna cosa, le decía que seguramente lo estaba jugando mal o que debía bajar la dificultad.
Nada profundo.
Nada pesado.
Solo un desayuno tranquilo, con el sol entrando por el granero y por una vez, sin pensar en el Cluster, en los Diamantes o en el fin del mundo.
Y honestamente, eso se sentía bien.
La puerta del templo se abriría con suavidad y de ella aparecería Garnet, quien me miraría a través de sus gafas mientras caminaba lentamente hasta sentarse a mi lado.
Yo seguía en mi forma rosa, con una taza de café en la mano, notando claramente cómo estaba mi estado emocional esa mañana.
“¿Qué?”, dije mientras daba un sorbo, sin apartar la vista del frente.
Garnet me observó por varios segundos, en silencio, como si estuviera midiendo cada detalle.
“¿Qué we?”, dije ahora un poco irritado, sintiendo cómo la forma rosa reaccionaba levemente a mi tono.
“Tienes una misión, Steven”, dijo Garnet con esa voz calmada que siempre usaba cuando quería sonar misteriosa.
…
…
…
La miré fijamente, sin decir nada, mientras el brillo rosa seguía firme alrededor de mi cuerpo.
“Creo que Rubí se está haciendo la misteriosa”, solté de repente, con total seriedad.
Garnet perdió la compostura por completo por un segundo, y desde el sillón Lápiz se cagó de risa sin ningún tipo de vergüenza, casi tirándose hacia atrás mientras seguía con el celular en la mano.
“Para nada”, dijo Garnet recuperando su postura, carraspeando un poco.
“Solo tienes una misión.
En dúo o en solitario, como quieras.” Miré hacia Garnet, quien deliberadamente evitaba dirigir la mirada hacia Lápiz.
Ella, por su parte, estaba totalmente ida, concentrada en el chat, peleando con alguien llamado noobmaster55 como si su vida dependiera de ello.
Negué con la cabeza y dejé la taza a un lado.
“Déjame adivinar”, dije con calma forzada.
“¿Tiene que ver con algo peligroso, emocionalmente agotador o que va a poner a prueba mi autocontrol?” Garnet no respondió de inmediato, lo cual ya era respuesta suficiente.
Mi forma rosa titiló un poco, pero respiré hondo, recordando las palabras que ella misma me había dicho días atrás.
“Está bien”, dije al final.
“Dime cuál es la misión.” Lápiz levantó la mirada apenas un segundo desde el sillón.
“Si explota algo, avisen”, dijo antes de volver a escribir furiosamente.
Garnet asintió levemente, como si el día apenas estuviera comenzando de verdad.
Garnet miró a la gema azul, que seguía absorta en el teléfono como si el mundo exterior no existiera.
“Tú vas”, dijo con total calma mientras se levantaba.
“¿Eh?”, respondió Lápiz, confundida, alzando la vista para observar a la jefa de las Gemas de Cristal.
“¿Por qué?” “Porque no vas a estar aquí de gratis”, respondió Garnet como si fuera la cosa más lógica del universo.
“Puff”, resopló Lápiz mientras se levantaba y caminaba hasta ponerse a mi lado.
Yo, sinceramente, no estaba de los mejores ánimos para bromas o comentarios sarcásticos.
“¿Qué misión?”, pregunté ya sin rastro de mi tono rosa.
“Tienen que conseguir una forma de energía resistente a los cambios espaciales”, explicó Garnet.
“En pocas palabras, una energía que cubra la nave.” “Sí, entendí”, dije mientras le daba la mano sin más dramatismo.
Garnet, con su visión de futuro, claramente ya había previsto mi reacción, así que me entregó un dibujo de lo que necesitábamos.
…
…
Miré lo que parecía ser un reloj cargado con una energía que rozaba lo nuclear y simplemente me encogí de hombros.
“Está bien”, dije mientras comenzaba a caminar hacia el portal.
“¿Al azar o con coordenadas?”, pregunté con una ceja levantada, mientras Lápiz se colocaba a mi lado.
“12333xaas, 89 3321240m”, dijo Garnet, acompañando los números con un pulgar arriba.
“Ok”, respondí justo cuando el sonido característico del portal y su luz nos envolvían a Lápiz y a mí.
“Espero que consigan eso”, dijo Garnet sin dirigirse a nadie en particular.
“Si no, solo podrá ir Steven…
y no creo que pueda hacerlo solo.” Sin decir nada más, Garnet se metió en su cuarto, cerrando la puerta con tranquilidad, esperando que el resultado fuera el mejor posible.
Ambos aparecimos envueltos por la luz del portal y, casi de inmediato, el sonido del agua nos rodeó por completo.
El aire era húmedo, pesado, cargado de sal.
Frente a nosotros se extendía una zona acuática inmensa, un océano abierto que se perdía en el horizonte, interrumpido solo por algunas formaciones rocosas que emergían como islas irregulares.
El agua se movía con fuerza, no era un mar tranquilo, sino uno vivo, inquieto, como si constantemente estuviera decidiendo hacia dónde empujarte.
Lápiz se quedó quieta apenas unos segundos.
Luego, algo en su postura cambió por completo.
Sus hombros, que usualmente cargaban una tensión constante, se relajaron.
Sus ojos se abrieron un poco más, reflejando el azul que la rodeaba, y por primera vez desde que salimos del templo, su expresión no era defensiva ni cansada, sino abiertamente alegre.
“Agua…”, murmuró, casi para sí misma.
No tardó en caminar hacia la orilla, descalzándose sin pensarlo, dejando que el agua tocara sus pies.
El mar reaccionó de inmediato, como si la reconociera.
Las olas, que segundos antes golpeaban con cierta agresividad, comenzaron a suavizarse cerca de ella, formando corrientes más controladas, casi dóciles.
Yo la observé en silencio, con los brazos cruzados.
Había visto ese cambio antes.
Cada vez que Lápiz estaba cerca de grandes masas de agua, algo en ella se encendía.
No era solo poder; era comodidad, pertenencia.
“Este lugar…”, dijo mientras levantaba una mano y el agua respondía, elevándose en pequeñas espirales a su alrededor.
“No es perfecto, pero se siente bien.
No hay paredes, no hay órdenes, no hay nadie gritándome qué hacer.” El agua giraba lentamente, como si danzara con ella.
Lápiz sonrió, una sonrisa genuina, de esas que no mostraba con facilidad.
“Supongo que aquí no te molesta tanto estar lejos de todo”, dije, observando cómo una ola pasaba cerca de nosotros con demasiada fuerza.
“Molestarme no”, respondió, sin dejar de mirar el mar.
“Aquí puedo pensar.
Aquí no siento que el cielo me aplasta.” Hubo un silencio breve, interrumpido solo por el sonido constante del océano.
Luego, sin previo aviso, una corriente más fuerte chocó contra una de las rocas cercanas, levantando espuma y haciendo que el suelo bajo nuestros pies vibrara ligeramente.
Lápiz frunció el ceño por un segundo, evaluando el entorno con más atención.
“Este mar no es estable”, comentó.
“Tiene corrientes cruzadas, cambios de presión.
Si no tenemos cuidado, nos puede arrastrar lejos…
o separarnos.” Miré el agua, notando cómo algunas corrientes parecían moverse en direcciones opuestas, invisibles pero peligrosas.
“Supongo que no vinimos a vacacionar”, respondí con tono seco.
Lápiz soltó una pequeña risa, breve pero sincera.
“Definitivamente no.” Luego me miró.
No con burla, ni con ironía, sino con una seriedad tranquila.
“Steven…
aquí puedo mover el agua, pero no todo.
Hay fuerzas más grandes.
Si una ola nos toma desprevenidos, puedo protegerme, pero no siempre puedo protegerte a ti.” Me quedé callado.
Sabía que tenía razón.
“Y tú tampoco estás en tu mejor estado emocional”, añadió, sin dureza, como si solo estuviera señalando un hecho.
“No es un reproche.
Solo…
es la verdad.” El viento sopló con más fuerza, levantando salpicaduras que nos golpearon el rostro.
El mar comenzaba a inquietarse otra vez, como si nuestra conversación fuera irrelevante para él.
Lápiz respiró hondo y bajó un poco la mano, haciendo que el agua cercana se calmara de nuevo.
“Hay algo más”, dijo, dudando apenas un segundo.
“Si vamos a movernos por aquí, lo mejor sería hacerlo como uno solo.” La miré de reojo.
“Hablas de—” “Fusionarnos”, dijo sin rodeos.
No lo dijo con emoción exagerada ni con nerviosismo.
Lo dijo como una solución práctica, lógica, casi obvia.
“Juntos tendríamos más estabilidad”, continuó.
“Más masa, más control.
Menos posibilidades de que el mar decida separarnos o lanzarnos a algún lugar no deseado.” El océano rugió a lo lejos, como si subrayara su punto.
Me quedé mirando el horizonte unos segundos.
La idea no me era extraña.
Ya lo habíamos hecho antes.
Sabía cómo se sentía, sabía lo que implicaba.
Aun así, no era algo que se tomara a la ligera.
“¿Estás segura?”, pregunté finalmente.
Lápiz asintió.
“Aquí me siento bien.
Y…
prefiero estar contigo que sola, especialmente en un lugar como este.” Sus palabras no sonaron dependientes.
Sonaron honestas.
Otra ola rompió cerca, más fuerte que las anteriores.
El agua alcanzó a cubrirnos hasta las rodillas, empujándonos ligeramente.
Suspiré.
“Está bien”, dije.
“Si es para evitar problemas…
y para que el mar no decida por nosotros.” Lápiz sonrió de nuevo, esta vez con una tranquilidad evidente.
Nos colocamos frente a frente, mientras el agua a nuestro alrededor comenzaba a elevarse lentamente, formando un círculo natural que nos aislaba del oleaje más violento.
Sentí cómo la energía comenzaba a reaccionar, cómo mi forma rosa intentaba emerger por sí sola, mezclándose con el azul que la rodeaba.
Cerré los ojos.
La fusión llegó de manera fluida, sin choques ni resistencia.
El agua respondió de inmediato, calmándose, adaptándose a la nueva presencia.
Ya no éramos dos figuras separadas sobre una superficie inestable, sino una sola entidad con un equilibrio más firme, más pesada, más consciente del entorno.
Las olas que antes amenazaban con arrastrarnos ahora se deslizaban alrededor, desviándose, como si reconocieran que ya no podían empujarnos tan fácilmente.
Dentro de esa unión, se sentía la calma de Lápiz, su alegría silenciosa al estar en su elemento, mezclada con mi necesidad de control y estabilidad.
No había conflicto, solo cooperación.
Juntos, el mar ya no era un riesgo inmediato.
“Rápidamente, ahora como Stela, hice crecer mis alas de agua y floté sobre la instalación.” “Esta zona…
está rodeada de agua, y si algo cede, todo caerá en ella.”, murmuré mientras mis ojos seguían cada corriente que golpeaba las paredes futuristas.
“No puedo permitir que eso pase.” “Los paneles y pasillos parecen estables, pero la humedad y la falta de mantenimiento los hacen peligrosos.”, susurré, extendiendo mis alas para sentir la vibración del agua alrededor.
“Cada ola, cada movimiento cuenta.” “Los reflejos de diamante rosa en las paredes me ayudan a ver la presión del agua y dónde puede ceder el suelo.”, observé mientras ajustaba mis alas.
“Debo mantenerlo todo equilibrado.” “Si un conducto se rompe o el agua sube demasiado…”, pensé, enfocando toda mi atención, “…puedo sostenerlo temporalmente.
Pero debo anticipar cada movimiento.” “Recuerdo las primeras misiones con la dama de agua.”, murmuré mientras flotaba lentamente sobre la corriente, “Cada pequeño detalle me enseña a controlar la presión y la fuerza del agua para que la instalación no se hunda.” “Todo depende de mi concentración y mis alas.”, dije con suavidad, moviéndolas con precisión para equilibrar las paredes y canales de agua, “Nada puede caer mientras esté aquí.” “Cada corriente que toca la estructura es información…
y cada reflejo de diamante rosa me indica dónde debo enfocarme.”, susurré mientras observaba la instalación desde arriba.
“No soy Steven ni Lapiz, soy Stela.
Y este lugar depende de mí.” Fin capitulo 58.
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