Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Steven Universe: ¿Soy que? Sobrecarga - Capítulo 59

  1. Inicio
  2. Steven Universe: ¿Soy que? Sobrecarga
  3. Capítulo 59 - 59 Capitulo 59 Capas del abismo
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

59: Capitulo 59: Capas del abismo.

59: Capitulo 59: Capas del abismo.

estaba volviendo de la misión aún fusionada en Stela, ya que, bueno, tenía la fuente de energía que pidió Garnet.

¿Lo malo?

Todo se fue al carajo por culpa de una babosa de agua.

me estremecí mientras seguía caminando hacia el portal y, con un chasquido, volví a la base.

al regresar ya me esperaba Garnet, completamente quieta, con los brazos cruzados.

“¿y cómo te fue?”, dijo con tranquilidad.

la miré fijamente por varios segundos, en completo silencio.

“si hay algo en lo que Lápiz y Steven están de acuerdo”, dije finalmente, “es que no volverán a aceptar una misión tuya”.

Garnet parpadeó, visiblemente confundida.

“siempre…

siempre me encuentro con algo”, continué, “bueno, Steven, bueno yo…

siempre termino encontrándome con una babosa, y ahora entiendo por qué las odia”.

lo dije mientras la baba todavía chorreaba por partes de mi cuerpo.

…

Garnet guardó silencio mientras recibía el motor, o mejor dicho, la fuente de energía.

“haz con ella lo que quieras”, añadí con fastidio, “me voy a bañar”.

y con eso, de un portazo, la fusión entró al baño.

…

Garnet miró la puerta cerrada durante unos segundos y luego se ajustó las gafas.

“bueno”, dijo para sí misma.

sin decir nada más, se fue por el portal para continuar con el taladro.

luego de por fin asearse, la fusión se cambió de ropa y se sentó tranquilamente en el sillón mientras usaba el teléfono de Lápiz.

En ese momento solo quería sentirse libre, ligera, como ella.

Steven había decidido mantenerse fusionado como parte de su entrenamiento y también como una forma de alejarse un poco de todo, y Lápiz, sinceramente, no tenía razones para negarse a eso.

“¿qué juegas?”, murmuró la fusión mientras deslizaba el dedo por la pantalla.

“algo simple”, dijo con voz distraída, “cinco noches con animatrónicos horribles”.

“eso no suena simple”, respondió la fusión con una risa baja.

la pantalla mostró un pasillo oscuro.

Todo estaba en silencio.

“esto está demasiado tranquilo”, dijo la fusión, entrecerrando los ojos, “no me gusta”.

de pronto, un ruido metálico sonó desde el teléfono.

“ah—”, alcanzó a decir.

la cara del animatrónico apareció de golpe en la pantalla.

“¡MIERDA!”, gritó la fusión, levantándose del sillón de un salto y casi lanzando el teléfono al aire.

el corazón le latía con fuerza.

“ok”, dijo después de unos segundos, respirando hondo, “esto definitivamente no es relajante”.

la pantalla volvió al menú principal.

“…otra vez”, murmuró, con evidente desconfianza, pero sin apagar el juego.

y así pasó toda la noche hasta entrada la madrugada mientras jugaba, hasta que finalmente el cansancio empezó a alcanzarla.

“¿eh?”, dijo la fusión al sentir el peso en el cuerpo.

“con que esto es a lo que Steven se refiere”, murmuró mientras caminaba hacia la habitación y observaba la cama con atención.

“sí que quepo en esa cama”, dijo, ladeando un poco la cabeza mientras la analizaba.

“¿dormiremos juntos?”, se preguntó a sí misma, más curiosa que nerviosa, observando el colchón como si fuera parte de un experimento.

“quiero ver si afecta mentalmente mantener la fusión”, continuó pensando en voz baja, “Garnet puede hacerlo, pero ella es completamente gema…

yo no, así que tengo mis hipótesis”.

se respondió sola mientras se recostaba, dejando que el cuerpo se relajara poco a poco, y fue ahí cuando Lápiz comenzó a soñar.

y fue también ahí donde Lápiz descubrió cómo Steven era arrastrado de vez en cuando a sueños de sus amigos humanos, imágenes confusas, voces lejanas y rostros que no conocía del todo.

Digamos que no le agradó en absoluto llegar al sueño de ese tal Ronaldo y, con suerte, esperaba no volver a hacerlo.

la mañana llegó sin aviso.

la fusión despertó y, casi de inmediato, ambas partes se separaron.

miré mis manos, notando que mientras hubiera suficiente concentración no sentía ningún efecto extraño.

Luego miré a Lápiz, que seguía profundamente dormida, así que la dejé en la cama mientras me estiraba con calma.

“cuatro días para que llegue Connie”, pensé, “y creo que hoy bajaremos”.

Lápiz, aún en la cama, se movió inquieta al sentirse rara por un instante, pero al notar que ya era ella misma no le dio demasiada importancia.

Se levantó poco después y, tras arreglarnos sin demasiadas palabras, nos preparamos para ir al clúster.

sin decir más, activamos el portal y partimos.

al llegar, bueno…

fue imposible no notarlo.

“¡llegaron!”, dijo Peridot casi saltando en su lugar mientras corría hacia nosotros y señalaba con ambas manos hacia afuera.

salí del portal y lo primero que vi fue la nave.

me quedé quieto unos segundos.

la estructura tenía esa forma extraña, como dos ojos errantes gigantes, pero al revés, diseñados no para escapar del planeta, sino para descender directo hacia él.

Las superficies brillaban con un tono metálico verdoso mezclado con detalles rosas y amarillos, líneas geométricas recorriéndola como venas, y los mecanismos internos se movían lentamente, como si la nave respirara.

“funciona”, dijo Peridot con una sonrisa que casi no le cabía en la cara, “bueno…

aún no la encendemos del todo, pero funciona”.

Perla se acercó con pasos cuidadosos, rodeando la nave mientras la observaba de arriba abajo.

“el diseño es…

sorprendentemente eficiente”, dijo, tocando una de las placas exteriores, “la distribución del peso está pensada para una caída controlada, no para un despegue”.

“eso fue idea de Steven”, dijo Peridot rápidamente, señalándome.

levanté las manos casi por reflejo.

“solo dije que bajar es más difícil que subir”, respondí, “lo demás lo hiciste tú”.

Peridot infló un poco el pecho, orgullosa.

Amatista estaba sentada sobre una de las rampas aún sin terminar, balanceando las piernas.

“ok, lo admito”, dijo, “esto está…

bastante genial”.

Garnet observaba en silencio, con los brazos cruzados, analizando cada detalle detrás de sus gafas.

Caminó unos pasos alrededor de la nave y luego se detuvo frente a Peridot.

“¿resiste presión?”, preguntó con calma.

“sí”, respondió Peridot sin dudar, “presión, vibraciones, cambios de energía y…

bueno, posibles gritos de pánico”.

Amatista levantó la mano.

“eso último es importante”.

Garnet asintió levemente.

me acerqué un poco más a la nave, observando las entradas, los estabilizadores, los símbolos que reconocía vagamente como tecnología del planeta madre, aunque modificada, adaptada, casi…

domesticada.

“no pensé que se vería así”, dije en voz baja.

Peridot me miró de reojo.

“no quería que pareciera una jaula”, confesó, “ni una nave del imperio.

Esto es…

diferente”.

Perla cerró los ojos por un segundo y luego sonrió con suavidad.

“lo es”, dijo, “muy diferente”.

por un momento nadie habló.

Solo el sonido del metal acomodándose, de los sistemas ajustándose por última vez.

miré a Peridot.

“hiciste un gran trabajo”.

ella se quedó quieta unos segundos, como si no supiera qué hacer con esas palabras, y luego asintió rápido.

“aún falta probarla”, dijo, intentando sonar seria, “pero…

sí, creo que está lista”.

Garnet dio un paso al frente.

“entonces”, dijo, “estamos más cerca”.

miré la nave una vez más.

sí, definitivamente lo estábamos.

y una vez dentro de la nave, el ambiente cambió por completo.

“ok, ok, atención todos”, dijo Peridot mientras se subía a una pequeña plataforma central que claramente había adaptado para sí misma, “esto es una guía rápida de qué hacer si algo sale mal…

o muy mal”.

Amatista se dejó caer en uno de los asientos, apoyando los pies en el panel de enfrente.

“¿eso incluye explotar?”, preguntó con interés.

“especialmente explotar”, respondió Peridot sin dudar.

Perla ya estaba sentada derecha, observando cada pantalla con una concentración absoluta.

“¿cuántos sistemas de navegación tiene?”, preguntó.

“tres principales, dos de respaldo y uno que improvisé anoche por si acaso”, respondió Peridot mientras señalaba distintas proyecciones, “si las luces se ponen rojas, no toquen nada.

Si se ponen moradas, tampoco.

Si se ponen rosas…

bueno, eso es normal”.

Garnet se apoyó contra la pared, cruzando los brazos.

“continúa”.

yo tomé asiento cerca del centro, mirando alrededor.

La nave por dentro era más amplia de lo que parecía por fuera, con paredes curvas cubiertas de patrones geométricos y símbolos del planeta madre, muchos de ellos modificados o directamente tachados.

El suelo vibraba suavemente, como si la nave estuviera esperando una orden.

Peridot activó una pantalla principal y apareció una representación del subsuelo del planeta.

“bien”, dijo, “el objetivo está aquí”.

señaló una zona profunda, llena de líneas irregulares y pulsos de energía.

“el Cluster”, murmuró Perla.

“exacto”, respondió Peridot, “la nave no va a volar hasta él.

Va a caer, pero de forma controlada, excavando”.

Amatista levantó una ceja.

“eso suena sano”.

“lo es”, dijo Peridot rápidamente, “más o menos”.

yo miré a Garnet.

“todo saldrá bien, ¿no?”.

ella giró ligeramente la cabeza hacia mí.

“hay múltiples futuros”, respondió con calma, “pero en la mayoría…

llegamos abajo”.

“me quedo con eso”, dije.

Peridot saltó de la plataforma a su asiento y comenzó a teclear con rapidez.

“activando sistemas de excavación”, anunció.

la nave emitió un sonido grave, profundo, como un rugido contenido.

Las luces se atenuaron por un segundo y luego se estabilizaron en un tono suave.

“¿eso es normal?”, preguntó Amatista.

“sí”, respondió Peridot, “creo”.

desde las paredes laterales comenzaron a escucharse mecanismos girando.

Grandes paneles se abrieron lentamente y, uno a uno, emergieron los taladros.

no eran pequeños.

eran enormes estructuras en espiral, de metal reforzado, cubiertas de símbolos diamante y líneas de energía rosa que recorrían toda su superficie.

Giraban despacio al principio, como probándose a sí mismos.

Perla se levantó ligeramente de su asiento.

“son…

precisos”, dijo, sorprendida, “no están diseñados para destruir al azar”.

“no”, respondió Peridot con orgullo, “están calibrados para perforar justo en los puntos donde la estructura del planeta lo permite sin causar un colapso inmediato”.

Garnet asintió.

“inteligente”.

los taladros comenzaron a girar más rápido.

el sonido llenó toda la nave, una vibración constante que se sentía en el pecho.

A través de una de las pantallas frontales, vimos cómo el terreno se acercaba rápidamente.

“posición fijada”, dijo Peridot, “descenso en tres…

dos…

uno”.

hubo un impacto seco.

no violento, pero sí contundente.

la nave se inclinó ligeramente y luego se estabilizó.

Los taladros entraron en contacto con el suelo y comenzaron a perforar.

Roca, tierra y capas cristalinas desaparecían en espirales de polvo y energía mientras la nave descendía.

Amatista se agarró del asiento.

“ok, ok, esto sí es genial”.

yo sentí el movimiento bajo mis pies, constante, decidido.

“va directo”, dije.

“si”, respondió Peridot, “estamos siguiendo la ruta exacta.

Si todo sale bien, nadie allá abajo sabrá que llegamos hasta que sea demasiado tarde”.

Perla observaba las lecturas con atención.

“la presión está aumentando”.

“dentro de los parámetros”, respondió Peridot, aunque sus dedos no dejaban de moverse.

Garnet permanecía tranquila, pero atenta.

“mantén el ritmo”, dijo, “no aceleres”.

“lo sé, lo sé”, respondió Peridot, respirando hondo, “esta nave no es para apresurarse”.

el descenso continuó.

las pantallas mostraban capas y más capas del planeta, algunas brillando con energía antigua, otras completamente inertes.

El sonido de los taladros era constante, casi hipnótico.

yo miré mis manos por un segundo.

“entonces…

ya estamos en esto”, murmuré.

Amatista me miró y sonrió.

“sip”, dijo, “ya no hay vuelta atrás”.

Garnet habló entonces, con una calma que contrastaba con todo lo demás.

“mantengan la concentración”, dijo, “esto es solo el comienzo”.

la nave siguió cavando.

directa.

decidida.

hacia el corazón del problema.

mientras descendíamos, la nave cortaba capa tras capa de tierra y roca, adentrándose en lo profundo del planeta.

Cada estrato tenía su propio color, textura y aroma metálico, y se notaba cómo el silencio del exterior era reemplazado por el zumbido constante de los taladros y el suave crujido de las paredes que ceden al paso de la excavación.

“¿Cuánto tardaremos?”, pregunté, mirando a Peridot, quien estaba concentrada, sus dedos danzando sobre los botones mientras ajustaba la presión y la dirección de los taladros.

Perla mantenía firme una palanca, la tensión visible en cada músculo de sus brazos.

“En aproximadamente cinco horas si todo sigue estable”, respondió Peridot sin apartar la vista de los controles, mientras sus ojos reflejaban tanto el brillo de las pantallas como la preocupación por cada microajuste que realizaba.

Cerré los ojos por un momento, intentando calmar el vértigo que sentía al hundirme lentamente en la tierra del planeta.

El negro del túnel se expandía ante mí, mezclándose con la vibración constante de la nave, y por un instante, sentí que estábamos flotando en un vacío eterno, donde cada segundo parecía durar minutos.

“Espero que todo salga bien…”, pensé, mientras mi mente se sumergía en un extraño sueño, un puente entre la concentración de la misión y la ansiedad de lo desconocido.

El rugido de los taladros retumbaba como un tambor de guerra, la tierra temblaba bajo nosotros y, a pesar del ruido, cada uno de los miembros de la tripulación mantenía la calma, atenta a cada detalle.

Cada segundo contaba, cada ajuste podía significar éxito o desastre.

Abrí los ojos un instante y vi cómo los taladros perforaban capas cristalinas de roca que brillaban con tonos rosas y azules, reflejando luces fantasmales sobre los rostros concentrados de Peridot y Perla.

Cada chispa de energía liberada parecía marcar un paso más hacia el corazón del Cluster, hacia lo desconocido, hacia el momento decisivo que definiría el futuro de todo lo que conocíamos.

Me recosté levemente en mi asiento, sintiendo cómo la adrenalina se mezclaba con la calma calculada, con la certeza de que estábamos haciendo lo correcto.

Y mientras la nave seguía su descenso, casi podía escuchar en mi mente la voz de Garnet: “Mantengan la concentración.

Esto es solo el comienzo”.

El corazón del planeta nos esperaba, silencioso y poderoso, y yo sabía que cada segundo de estas horas sería un recordatorio de que lo que estábamos a punto de enfrentar no era solo un trabajo, sino una prueba de nuestra fuerza, paciencia y unión.

Fin del capítulo 59.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo